Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia me pertenece.
Surrounded by boys
Capítulo Veintiuno: Damisela en peligro
Una vez que esa horrible sensación de vulnerabilidad desapareció, pude concentrarme en un sentimiento con el que me sentía mucho más familiarizada.
Estaba furiosa.
Después de todos estos años siendo indiferente a las estupideces de esa arpía, finalmente le di lo que quería, dejé que sus palabras me afectaran al punto de hacerme sentir insegura y humillada. Esta vez era diferente, todo había cambiado y culpaba al orangután por eso.
Lo odiaba, solo había traído problemas a mi vida desde que llegó. De no ser por él, la loca psicópata que se había follado no sentiría la innecesaria necesidad de marcar su territorio.
Cerré el armario con fuerza queriendo descargar mi frustración en algo, ya que los verdaderos objetivos de mi rabia no estaban cerca. Pensar en mi puño golpeando el rostro de Tanya me hizo sonreír un poco.
Antes de reunirme con mis compañeras en el gimnasio, no pude evitar detenerme en el espejo y dar un ultimo vistazo a mi perfil, deteniéndome un momento en mis pechos.
No son tan pequeños… ¿O sí?
Dejé esos pensamientos a un lado y salí del maldito vestidor, preparada para enfrentar la clase de educación física y a las arpías que creían que podían romperme.
En el gimnasio, la clase apenas había comenzado, y nadie notó cuando me incorporé al grupo de chicas que oía atentamente las instrucciones de la entrenadora Clarke, que explicaba cómo se suponía que tendríamos que dividirnos para jugar una estúpida partida de voleibol.
‒Denali amarillo, Cullen Azul ‒Para nadie fue una sorpresa que la entrenadora Stevens nombrara a esas dos como capitanas, después de todo eran las favoritas del equipo de animadoras.
Aun así, Alice Cullen saltó de su lugar emocionada, como si la hubiesen seleccionado para ir a la luna, no para ser capitana de un estúpido partido de voleibol en la clase de educación física. Su irritante buen humor solo decayó cuando la profesora entregó las camisetas, que recibió con una mueca de desagrado.
‒No me veo bien en azul…‒Hizo un puchero mientras sostenía la camiseta como si fuera un pañal usado. ‒Y el amarillo es mi color. ‒Le dio una mirada rápida a Tanya.
‒Podemos cambiar. –Ofreció sabiendo que no le convenia negarle un capricho a Alice Cullen, por muy estúpido que fuese.
‒Gracias Tanya. ‒La entrenadora parecía aliviada. ‒Ahora puedes comenzar a formar tu equipo.
Cuando a Tanya solo le quedaba un turno para escoger, las únicas que quedábamos éramos Angela Weber y yo. La mirada de la oxigenada lanzaba dagas en mi dirección, me quedé inmóvil, deseando ser invisible. Cuando no llamó mi nombre finalmente pude soltar el aire que estaba sosteniendo.
No que quedar en el equipo de la enana de jardín y su nueva mejor amiga sea un sueño hecho realidad, pero parecía ser el mejor de los males, si se comparaba al ejercito de hienas que me veían desde el otro lado de la cancha. Me estremecí.
Me voltee, dispuesta a aguantar a Alice como mi capitana y a mi nuevo equipo por lo que quedaba de la clase.
‒Entonces…seremos equipo. ‒Comenté logrando que la enana pusiera los ojos, claramente molesta.
‒Chicas y…Rosalie. –Dijo dirigiéndose a "su equipo", le di mi mejor mirada de "vete a la mierda"
‒No creo que yo deba jugar. –Isabella estaba pálida, parecía realmente nerviosa con la idea de tener que participar de la partida. ‒No soy buena para estas cosas.
‒No tienes que ser buena, solo quédate ahí parada ‒La castaña aun no parecía muy convencida. ‒Tal vez, la falta de feminidad de Rosalie sirva de algo.
‒Al menos seré útil…No sé cómo demonios vas a alcanzar la red con ese tamaño de duende.
‒¿Cómo me llamaste?
La chica nueva puso una mano en su hombro intentando calmarla, no quería que su amiga se metiera en problemas con la profesora. Cómo si eso fuera posible… todo el mundo amaba a los Cullen, no había reglas para ellos.
‒ Me llamó enana, tú la oíste.
‒Duende ‒La corregí, ella me quedó viendo furiosa. ‒Pero enana te queda mejor. ‒Cuando terminé de hablar, parecía que iba a saltar sobre mi y arrancarme los ojos. Afortunadamente, en ese momento la entrenadora tocó el silbato y tuvimos que prepararnos para comenzar la partida.
Llevábamos un buen rato en el juego y el equipo de las arpías no tenía oportunidad contra nosotras, estábamos destrozándolas, incluso con la chica nueva arruinando todas las jugadas.
Tanya estaba tan emputada, que decidió que era una buena idea burlarse de mi estúpido sujetador en el peor momento posible.
Era mi turno de sacar y ya estaba posicionada, no lo pensé dos veces antes de lanzar la pelota con fuerza directamente a su enorme cabeza. Pero la maldita cobarde lo esquivó, y terminé dándole a la pobre Ángela lo suficientemente fuerte para que el golpe la tirara al suelo como a un saco de patatas.
Joder, ahora si estaba en problemas.
La partida se detuvo inmediatamente, todas mis compañeras me juzgaban con sus putas miradas, como si realmente hubiese tenido la intención de derribar a la chica de un pelotazo. Si fuera la perra de Denali en el suelo, tal vez…
‒No fue mi intención. ‒Me disculpé poniendo las manos en alto. ‒Fue un accidente. ‒De verdad me sentía mal, Ángela siempre había sido amable conmigo. ‒Lo siento.
‒Deberías tener más cuidado. –Alice masculló yendo hasta la accidentada, con Bella pisándole los talones.
‒Pueden irse –La entrenadora dio por terminada la clase mientras se acercaba para revisar a Weber. –Acompáñenla a la enfermería. ‒‒Se volteó a verme. ‒Hablaré con usted otro día.
Mierda.
Vi a todas mis compañeras ir en dirección a los vestidores, lo que me hizo detenerme en seco. Sería mejor esperar a que todas se fueran, no quería encontrarme con Tanya, otra vez.
Y el baño de chicas parecía un buen lugar para esperar
…..
Contar baldosas no era lo mío, estaba aburrida y mi estómago reclamaba por comida.
¿Cuánto tiempo había pasado ya? Busqué mi teléfono entre mis inexistentes bolsillos, hasta que finalmente recordé que lo había dejado en los vestidores con el resto de mis cosas.
Como sea, ya es suficiente. Pensé, mientras me ponía de pie y caminaba con seguridad hasta la puerta. Y toda esa confianza que me motivó a finalmente dejar mi escondite se fue a la mierda en el momento en que giré la perilla.
Santa mierda.
Mi corazón se detuvo por un milisegundo y sentí que me faltó el aire, tuve que hacer uso de todo mi autocontrol para no entrar en pánico en ese instante…ya luego tendría tiempo para eso.
‒Hola ¿Hay alguien ahí? ‒Llamé, esperando que quien hubiese puesto llave a la maldita puerta todavía anduviera por ahí. Al no obtener respuesta, mi respiración comenzó a agitarse, se me estaba siendo cada vez más difícil mantener la calma.
–¡Que alguien habrá la maldita puerta! –Grité finalmente perdiendo el control y agarrando el estúpido pedazo de madera a golpes ‒Ayuda, por favor, estoy aquí.
Examiné alrededor con la esperanza de encontrar alguna otra alternativa, pero lo único que había era una pequeña ventana por la que ni siquiera Alice Cullen podría pasar.
Estaba perdida.
‒Tengo claustrofobia. –Exclamé comenzándome a sentir ahogada.
Luego de un rato de golpear como una desquiciada y gritar como si se me fuese la vida en ello, finalmente me di por vencida dejándome caer en las frías baldosas apoyando la espalda al pedazo de madera que me tenía prisionera.
‒No quiero morir aquí. ‒Lloré.
Ya había comenzado a imaginar mi trágica y horrible muerte cuando creí oír que alguien gritaba mi nombre, me puse de pie inmediatamente, lo oí otra vez y mi corazón se aceleró.
Esa voz…no puede ser, estoy alucinando.
Oh, Dios, Odin, Zeus ¿ya estoy muerta?
Volvió a llamar mi nombre, esta vez estaba más cerca, podía oír sus pasos, estaba tan sorprendida que casi olvido la situación en la que me encontraba.
Y eso no fue lo único que recordé…
Después de ser arrastrada dentro del drama de Tanya y gracias a eso enterarme cual había sido la verdadera razón de que me dejara esperando como a una idiota, Emmett era la ultima persona a la que quería ver en este momento.
Me quedaría en este jodido baño hasta que las vacas den cerveza.
‒Puedes irte, no te necesito. ‒Respondí apretando los dientes, estaba comenzando a enfriar y yo solo llevaba mi uniforme de educación física.
‒¿En serio? ‒El tono de burla en su voz solo aumentó mi enojo ‒Supongo que tus gritos me confundieron.
¿Cómo? ¿Había sido tanto mi escándalo que había atravesado todo el gimnasio hasta llegar a los pasillos? No pude evitar sonrojarme, sintiéndome avergonzada, tal vez si había sido un poco dramática.
Pero ¿por qué tenía que ser él quien viniera a rescatarme? Como siempre mi putísima suerte.
‒No tenías que venir, puedo arreglármelas perfectamente. ‒Mentí.
‒Así veo … ‒La puerta se abrió, dejando ver al orangután con el cejo fruncido.
‒ ¿Qué demonios haces aquí de todas formas? ‒Pregunté encarándolo con los brazos como jarra.
‒ ¿Así es como me agradeces?
‒Te dije que no necesitaba ayuda. ‒Me di de hombros, fingiendo indiferencia, aunque estaba increíblemente aliviada de finalmente ser libre ‒Gracias, ahora puedes irte.
‒Vine a buscarte ‒Me vio irritado, yo lo vi sin entender. ‒Tenemos que terminar de estudiar para tu examen ¿recuerdas? ‒Explicó lentamente como si temiera que yo no fuese a entender.
Parpadee varias veces, sin querer admitir que realmente lo había olvidado. Pero después de todas las putadas que me habían sucedido desde la ultima vez que nos habíamos visto ¿podía culparme?
‒Admito que fue muy conveniente el que hayas estado aquí, para rescatarme y eso…y te lo agradezco ‒Sentí mis mejillas arder. ‒Pero… no voy a estudiar contigo.
‒¿Y se puede saber por qué? ‒Era obvio que le estaba costando trabajo mantener la calma.
‒Me mentiste.
‒No te mentí, solo no lo mencioné porque no era relevante.
‒ ¿No te pareció relevante? ‒Repetí sus palabras, incrédula.
‒No lo es ¿y por qué sigues insistiendo en esto? ¿Estás celosa? ‒Sonrió de lado.
‒ ¿Q-Que? ¿Celosa? Pff, claro que no. –Solté una risotada falsa, intentando esconder mi sonrojo.
‒No te creo.
‒ ¿De que voy a estar celosa? ¿De morir a temprana edad por alguna enfermedad sexual?
Él sonrió, de la forma en la que lo hacía siempre que iba a soltar uno de sus comentarios con doble sentido, esos que me dejaban sin palabras y sonrojada de la cabeza a los pies, no podría defenderme contra uno de esos, apenas y había podido con su última pregunta.
Antes de que pudiera abrir su estúpida boca y decir alguna cochinada, comencé a caminar a paso rápido hacia los vestidores.
‒¿A dónde vas? ‒Me seguía de cerca. ‒Ya me estoy cansando…
‒Bien, porque quiero estar sola.
‒Que pena. ‒Lo vi con el ceño fruncido. ‒Yo no.
‒Entonces ve con esas zorras que tanto te gustan, seguro te sobran. ‒No pude evitar escupir con veneno mientras recordaba a Tanya y a la idiota de su hermana.
‒¿Segura no estas celosa?
‒Si. ‒Solté sin pensar, retractándome enseguida. ‒No…claro que no.
Oh…Demonios, mi lengua me había jodido otra vez.
Ambos nos quedamos en silencio, por demasiado tiempo, mucho más del que yo era capaz de soportar.
‒Voy por mis cosas. ‒Dije queriendo salir de ahí lo antes posible.
‒Espera, voy contigo. ‒Me siguió, y quise darme contra un muro.
‒No voy a perderme, Emmett.
‒¿Y si te pasa algo…de nuevo? Conociéndote es bastante posible. ‒Habló sério.
‒No va a pasarme nada. ‒ Admitía que tal vez me pasaran cosas increíblemente imposibles, pero eso no quería decir que necesitara un guardaespaldas. ‒Además, puedo cuidarme sola. ‒Cuando terminé de hablar una corriente de frio me hizo estremecer.
‒Yo no estaría tan seguro de eso –Con esa estúpida sonrisa engreída me tendió su chaqueta, y aunque en el fondo si quería recibirla, negué con la cabeza, rechazando su gesto.
No soy ninguna damisela en peligro.
‒Vas a congelarte –La puso sobre mis hombros, ignorándome. –No deberías andar así con este clima. ‒Me vio con las cejas alzadas y mis mejillas comenzaron a arder cuando entendí a que se refería.
Solo llevaba mi uniforme de gimnasia, pantalones cortos ajustados y una camiseta blanca.
‒Voy a acompañarte a que vayas por tus cosas ‒No era una pregunta. ‒Después a mi casa.
‒Pero… ‒Iba a replicar, pero cuando vi su mirada preferí callar –Está bien. –Suspiré derrotada.
‒No demores o voy a dejarte aquí. –Amenazó sonriendo con suficiencia.
Maldito mandón bipolar.
–No me interesa, puedo caminar a casa sin problemas.
‒Tienes que estudiar. –Se dio de hombros. –Y dudo que puedas hacerlo sola, tienes la capacidad de concentración de un pez dorado.
Le di una mirada mortífera antes de entrar a los vestidores, en los que afortunadamente ya no quedaba nadie.
Saqué mi mochila del casillero y me apresuré en comprobar la hora en mi celular, había perdido completamente la noción del tiempo. Me sorprendí al ver que tenía cuatro llamadas perdidas de Jake. Cuando ya tenía mis cosas pensé en cambiarme de ropa, pero la idea de quitarme la tonta chaqueta del orangután me deprimió.
‒¿Qué demonios te quedaste haciendo ahí dentro?
‒No fueron ni cinco minutos ‒Puse los ojos ante la exageración, después de eso mi estomago rugió como si estuviera uniéndose a sus reclamos.
‒¿Tienes hambre?
‒No, me está creciendo un Alien y te estaba saludando. –Respondí con sarcasmo.
‒Solo estaba siendo amable. ‒Gruñó.
‒No lo hagas, no te queda. –Hablé molesta.
‒Pensé que yo era el bipolar. –Se burló.
‒Me muero de hambre, puedes dejar las tonterías y caminar. –Mascullé perdiendo la paciencia. –Espero que la cafetería aun este abierta.
‒No hay tiempo ‒Me agarró del brazo para arrastrarme en la dirección opuesta.
‒No puedo estudiar con el estómago vacío. –Lloriqueé.
‒Comerás cuando lleguemos. ‒Ya estábamos frente a su enorme coche.
‒¿Tú vas a cocinar? ‒Mi tono era de incredulidad.
‒Bella…me debe un favor. ‒ Dijo como si nada, yo abrí mis ojos sorprendida.
‒Oh, no… ‒mascullé. –Tu hermana me odia, seguro le pone veneno a mi comida.
‒No tenemos veneno en casa. ‒Se burló. ‒Y Bella no te odia. ‒Comentó mientras encendía el motor del jeep.
‒Definitivamente no soy su persona favorita en el mundo.
‒No te conoce, eso es todo. –Fue lo que dijo, sorprendiéndome.
‒¿Por qué crees eso? –Pregunté cada vez más confundida. ‒Tú me conoces y me odias.
‒Yo no te odio. –Admitió luego de un rato.
‒No te entiendo ‒Murmuré desviando mi mirada. –Desde que nos conocemos has hecho lo posible por ser despreciable. –Hice una mueca. –Y créeme que lo haces de maravilla.
Lo escuché reír, y como me gustaba verlo así, todo ese semblante intimidante que tanto se esforzaba por mantener se esfumaba en segundos.
‒Lo sé, soy un idiota.
‒Un idiota bipolar. –Añadí, el frunció el ceño.
‒La verdad es que… no me siento cómodo cuando estoy rodeado de personas.
‒¿Por eso actúas como un amargado antisocial? –Salté, otra vez sin controlar mi lengua. –Lo siento.
‒Está bien…–Él sonrió con amargura. –Supongo que tienes razón.
‒¿Entonces en el fondo no eres un ermitaño gruñón? –Me observó con una ceja alzada y luego sonrió.
‒Pero solo con quienes me desagradan o no me importan.
‒Y yo soy una de esas personas.
‒No, sorprendentemente no. ‒Respondió serio.
‒ ¿En serio? ¿Entonces por qué me tratas así?
‒No lo sé, eres divertida cuando estas molesta –Yo le golpee el brazo. –Además me haces perder la paciencia con demasiada facilidad.
‒Y tú a mí.
Emmett podía ser increíblemente controlador y arrogante, pero yo tampoco era una persona fácil de lidiar, siempre había sido impulsiva y tenia serios problemas para controlar mi lengua. Nuestros enfrentamientos eran inevitables.
Pero tenía que admitir que el orangután no era tan malo después de todo.
Hola
Gracias por sus comentarios
NataliaJimenez,MaryLuna,Nadya,vaneR.S,Solange Cerezo
Nadya: No estoy recortando los capítulos, pero si sientes que falta algo por favor hazme saber, tal vez se me paso y puedo arreglarlo.
Ella Rose McCarty
