Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia me pertenece.
Surrounded by boys
Capítulo 23: Es Difícil ser Diferente
‒ ¡Ey! ¿Qué haces? –Exclamé al ver que me seguía.
‒Voy contigo. ‒Respondió dándose de hombros, me paré en seco, el plan B se estaba yendo a la mierda.
‒No es necesario, sé el camino.
‒No soy idiota, Rosalie. –Puso los ojos –Sé que estas planeando algo.
‒No es cierto –Mentí, pero me delaté cuando me sonrojé al ver la mirada incrédula de Emmett ‒Vale… puedes venir. –Suspiré derrotada. –Eres desesperante.
‒Lo soy, pero te encanto. –Susurró en mi oído, haciéndome estremecer.
‒Ya quisieras. –Respondí componiéndome y restándole importancia. –Y será mejor que dejes los trucos de seducción.
‒¿Trucos? –Levantó una ceja. ‒Oh demonio, te equivocas, no necesito ningún truco… Soy seductor naturalmente. –Me guiñó un ojo, provocando que mis mejillas enrojecieran al instante. Maldito engreído.
‒Como sea. –Intente pensar en otra cosa que no fuera su puta sonrisa de hoyuelos. –Deja las estupideces. –Abrí la puerta de casa y entré sin mirar atrás, sabía que él me seguía de cerca.
‒Será mejor que te apresures. –advirtió. –Aún nos queda mucho por estudiar.
-No creo que sea necesario que te diga que te sientas como en casa. –Ironicé, al ver que ya se había acomodado en el sofá.
Sonrió con suficiencia y encendió la televisión.
Una vez en mi habitación dejé salir todo el aire de mis pulmones, miré alrededor desesperada buscando alguna excusa o tal vez una salida. Fijé la mirada en la única ventana en mi habitación, por la cual había escapado miles de veces. Pero esta vez no funcionaria, con mi suerte de seguro el orangután me atraparía en segundos.
Al parecer no me quedaría de otra que ir a dormir a la enorme casa del bosque. En otras circunstancias estaría saltando de alegría, ya que siempre había querido pasar la noche ahí. Pero ahora que la casa de mis sueños pertenecía a la familia del orangután, no me parecía nada divertido.
Después de unos minutos baje a reunirme con el orangután.
‒¿Por qué tardaste tanto? –Desvió la mirada de la televisión.
‒Estaba pensando en alguna excusa para zafarme de esto. –Admití dándome de hombros. –Desgraciadamente no se me ocurrió nada.
Emmett apagó la televisión y avanzó hacia mí riendo.
‒No entiendo ¿por qué tanto drama? Es solo una noche.
‒No me gusta la idea de dormir fuera de casa ‒Me di de hombros.
Suspiré pesadamente, desgraciadamente los recuerdos de la última fiesta de pijamas a la que fui invitada comenzaron a rondar mi cabeza. Me había prometido a mi misma que nunca más pasaría la noche en un lugar que no fuese mi casa.
‒¿En que estás pensando? ‒La voz dde Emmett me distrajo del mal recuerdo.
‒Nada, es solo que… No quiero ir. –Respondí en un susurró.
‒¿Puedes explicarme que es lo que te da tanto miedo? –Estaba serio, yo lo observé sorprendida.
–Será mejor que nos vayamos, no quiero que tu madre se preocupe. –Dije dando por zanjado el tema.
‒Está bien. –No insistió, yo me relajé –Pero ya me lo dirás. –Susurró en mi oído cuando paso por la puerta.
…
‒¿De dónde sacaste esto? –pregunté tomando un arma de bolas de pintura. –Es asombrosa.
‒La compré en internet. –Respondió sin desviar la mirada de los libros. –Rosalie, ven aquí… estoy intentando explicarte algo.
-Pero…Ya es tarde, no entra nada en mi pobre cabeza.
‒Supongo que tienes razón. –Exhaló cerrando el libro. Gracias a Dios estaba de espaldas a mí, porque no pude evitar celebrar como una idiota. Por primera vez en horas había escuchado mis plegarias. –También estoy cansado.
‒¿Ya puedo irme a casa? –Lo vi esperanzada, eran solo las once y treinta de la noche.
‒ ¿De qué hablas? vas a quedarte –Respondió secamente. –Ya te lo dije.
‒Pero no son ni las doce.
‒No vamos a discutir sobre esto nuevamente. ‒Se pusó de pie y salió de la habitación dando grandes zancadas, yo lo segui como una idiota. Llegamos a la sala donde sus padres disfrutaban una película. Emmett se aclaró la garganta, rompiéndoles su burbuja de amor.
‒Lamento interrumpir. –Dijo notoriamente molesto.
‒¿Ya terminaron de estudiar? –Reneé preguntó curiosa.
‒No, pero estamos cansados. –respondió secamente. – Quería hablar contigo.
Renné asintió y se disculpó, ambos entraron a la cocina para conversar. Miré de reojo a Phil, por lo que había visto en la cena en casa, parecía un buen tipo.
‒¿Cómo va la escuela? –Habló para romper el silencio, yo me di de hombros.
‒Podría ser peor. –Era la típica pregunta que hacían los adultos cuando se quedaban sin tema de conversación.
‒Reneé me ha dicho que tu padre está en Seattle. –comentó, yo asentí. –Y que te estás quedando sola en tu casa.
‒Bueno si… pero no es como si fuese algo de todos los días. –Expliqué. –Es solo ahora que papá tiene mucho trabajo en Seattle. –Eso, y que su adorada novia vivía ahí.
‒Pues, de ahora en adelante te quedaras aquí. –yo tragué en seco. –Hablaré con él, no es bueno que una niña de tu edad se quedé sola por las noches.
‒De verdad no es necesario. –Murmuré.
‒Sí que lo es. –Emmett irrumpió en la sala. –Me alegra que tu también se lo digas. –Se dirigió a su padrastro. –Rosalie es la persona más testaruda que conozco. –Me sonrojé al ver que tanto Reneé como Phil nos observaban con sonrisas en sus rostros.
‒No es para tanto. –Mascullé avergonzada. –No es necesario que se preocupen por mí…. He vivido en este pueblo toda mi vida y nunca ha pasado nada.
–Para nosotros es un agrado tenerte aquí. ‒El señor Swan sonrió.
‒Gracias ‒murmuré avergonzada. Todo esto era tan extraño, no estaba acostumbrada a ser tratada con tanta cordialidad y cariño.
‒¿Hablaste con Bells? –cuestionó Emmett viendo a su madre.
‒Todavía no –Parecía avergonzada.
‒¿Y que estas esperando? –La vio con impaciencia.
‒Bueno, la verdad es que pensaba que era mejor que Rosalie me acompañara. ¿Por qué tendría que acompañarla a hablar con su hija?
Emmett pareció dudar, pero luego asintió. Tuve que contenerme para no agarrarlo a gritos frente a su madre.
‒Tal vez si van juntas no va a negarse. –Se dio de hombros.
Yo paseaba mi mirada entre él y su madre, confundida, intentando captar alguna pista de lo que estaba ocurriendo.
‒Me voy a dormir. –Dijo dirigiéndose a sus padres, y me tomó de la muñeca para alejarnos un poco de los oídos curiosos de Reneé.
‒Intenté interceder por ti, pero no fue posible. –Sonrió apenado, yo hice una mueca, no podía estar más confundida. ‒Mamá quiere que duermas en la habitación de Bella. –explicó, lo miré con los ojos desorbitados. –Con ella y Alice.
‒¿Estás loco? –me exalté, luego desvié mi mirada a donde estaban Phil y su esposa completamente concentrados en la televisión. –Van a cortarme la cabeza mientras duermo.
‒No exageres. –pidió. –Cualquier cosa, ya sabes donde está mi habitación. –Me guiñó el ojo, nuevamente mis mejillas se encendieron.
‒Déjate de babosadas. –le golpeé el brazo. –No te das cuenta de la gravedad de la situación.
‒No te va a pasar nada, solo ignóralas. –Bufó – Y lo que te dije antes es verdad… -Dudó entre continuar hablando o irse de ahí dejándome plantada como idiota. Obviamente se decidió por lo segundo.
‒Buenas noches. –Se despidió desde las escaleras.
Segundos después de que el orangután hubo desaparecido su madre me guio por las escaleras, hasta una puerta que estaba a solo unos cuantos pasos de la habitación de Emmett.
Ella tocó con suavidad y enseguida fue respondida por Bella, que la observaba con una mirada confundida.
‒¿Qué ocurre? –preguntó nerviosa.
‒Como Rosalie va a pasar la noche aquí –La chica abrió los ojos sorprendida –Sería bueno que le ayudes a acomodarse en tu habitación.
‒Pero… Alice va quedarse conmigo.
‒La habitación es grande. –su madre dijo algo molesta. –Estoy segura de que las tres pueden dormir ahí sin problemas.
‒No es necesario. –Salté al ver que la castaña había entrado en estado de shock –Puedo dormir en el sofá. –cruce los dedos, esperando que la señora Swan accediese, ya que a mi tampoco me apetecía compartir habitación con Alice y Bella.
‒No, nada de eso. –La mujer me agarró de la mano y prácticamente me arrastró hacia dentro. Al menos ya sabía de donde había sacado el orangután las malas costumbres de arrastrarme por todos lados.
‒Puedes acomodarte aquí.
‒Yo… -no sabía que decir, la situación estaba siendo increíblemente incomoda.
‒Supongo que Alice y yo podemos dormir en mi cama. –Habló Isabella a nuestras espaldas. –Y Rosalie en la cama de soltero.
‒Genial, ¿lo ves? todo tiene solución. –Exclamó su madre. –Rosalie, siéntete como en casa. –Dijo viéndome con cariño, yo me sonrojé.
‒Gracias. –susurré con timidez, era tan extraño que una desconocida me tratase con tanta amabilidad.
‒No se queden despiertas hasta tan tarde. ‒ Advirtió saliendo de la habitación y cerrando la puerta tras ella.
El ambiente estaba tan denso que se podría cortar con un cuchillo, Alice me observaba con el ceño fruncido y Bella parecía querer que se la tragase la tierra. Por el otro lado yo solo las observaba con una mueca, a mí tampoco me gustaba la idea de pasar la noche en compañía de ellas.
‒Bonito cuarto. –Dije intentando relajar las cosas, si iba a dormir ahí era mejor que intentase llevarme bien con ellas, si no quería que me asesinasen mientras dormía.
-Gracias. –Murmuró la dueña de casa.
‒¿Esto es tuyo? –pregunté agarrando una de esas bolas de billar que te responden todo lo que les preguntas.
‒Si… -respondió secamente, se sonrojó al ver que yo continuaba observándola. –Me la dio Emmett.
‒Oh… -Asentí volviendo a dejar la bola en su lugar, caminé por la habitación buscando alguna cosa interesante. -¿Música clásica? –Cogí uno de los Cd´s de la repisa. Mozart.
La tímida chica asintió, vi de reojo a Alice que parecía echar humo.
‒Rosalie… Ya para con tus jueguitos. –dijo la enana con voz mordaz. ‒¿Se puede saber qué haces?
‒Intento llevarme bien con ustedes. –Hice la señal de paz. –Por el bien de la humanidad.
‒Oh por favor…Eso ni tú te lo crees.
‒Mira Alice, no podemos pelearnos aquí. –respondí dándome de hombros. –Tú eres una invitada al igual que yo y…
‒A ti te invitó la mamá de Bella porque le dio pena que estuvieras sola–Soltó, yo la miré con odio.
–Si me invitó la señora Swan o el mismísimo rey de España, da lo mismo… soy tan invitada como tú.
‒Chicas… -Isabella se colocó entre nosotras. –Por favor cálmense.
‒Yo no he hecho nada. –Me defendí.
‒Rosalie, no quiero problemas. –Habló viéndome preocupada. –Si se pelean mamá vendrá y se molestará muchísimo.
‒Bien. –Dije yendo a sentarme a la cama que me habían asignado.
‒Alice ¿Por qué no vemos esa película de la que hablabas?
-¿Qué película? –Salté curiosa, sabía que no debía meterme, pero no lo pude contener.
‒No te emociones, tu no vas a verla –El pixie demoniaco respondió con una sonrisa de satisfacción.
‒Voy a cambiarme. –Dije viendo que ambas estaban en sus pijamas. -¿Dónde está el cuarto de baño? –pregunté avergonzada.
Cuando terminé de cambiarme y cepillé mis dientes, tomé una enorme bocanada de aire, preparándome para pasar toda la maldita noche en compañía de Alice Cullen y su recién adquirida mejor amiga.
‒Entonces la mamá de Victoria le pidió que fuese a dormir a otro cuarto. –Escuché a Alice y Bella hablando.
‒¿Por qué? –La nueva preguntó intrigada.
‒Porque es una rarita, claro. –La estúpida Cullen dijo como si fuese lo más obvio del mundo.
Contuve mis lágrimas, sabía que estaba contándole a Isabella lo que había pasado en la maldita fiesta de pijama de Victoria.
Abrí la puerta con fuerza, para hacerles saber que ya estaba ahí. Me metí a la cama e intenté dormir, pero era imposible ignorar los malditos susurros de las chicas a mi lado.
Me puse de pie en silencio, y caminé con sigilo para que no me vieran. Tal vez, habría sido mejor gritarles un par de verdades y hacerles saber que las había estado escuchando todo este tiempo. Pero habría armado una pelea, y eso no sería justo con Reneé y Phil, que habían sido tan amables conmigo.
Fui hasta la sala que ahora se encontraba vacía, al parecer ya todos se habían ido a dormir. No pude evitar maravillarme con todo, la casa del bosque era aún más mágica durante la noche. Estuve un largo rato sentada en el enorme sofá, pensando, o más bien recordando. No me había dado cuenta cuando las lágrimas comenzaron a correr por mi rostro.
‒¿Qué estás haciendo aquí? –La voz del orangután me sorprendió, haciéndome pegar un saltito.
‒Por poco me matas de un ataque al corazón. –le respondí llevándome una mano al pecho.
‒Tú también me has sorprendido, no esperaba encontrarme a nadie aquí. –Aun en la oscuridad de la noche, sabía que estaba sonriendo.
‒No puedo dormir. –me di de hombros. –Mis compañeras son algo ruidosas.
Emmett se largó a reír, y luego se sentó a mi lado.
‒Estabas llorando ¿Por qué? –preguntó pasando el pulgar por mi mejilla, atrapando una de mis malditas lágrimas. Agradecí que estuviese oscuro y que no fuese capaz de ver mi sonrojo.
‒Yo no lloro. –Me hice la desentendida, sabía que era estúpido, pero no iba a admitir frente a él mi debilidad.
‒Oh vamos… Tal vez no puedo ver tus ojos hinchados, pero si puedo escuchar tu voz. –habló serio. –Dime… ¿Qué ha pasado?
‒Es solo que… -suspiré, estaba a punto de contarle todo. –es difícil ser diferente. –Me contuve, no era necesario revivir mis recuerdos, con esas cuatro palabras lo resumía todo.
‒Sé cómo es. –Busqué su mirada. Por alguna razón, sentía la extraña necesidad de verlo a los ojos y encontrar en ellos algún tipo de reconforto.
Este capitulo va dedicado a Vane R.S / Ness RS , que me convenció de continuar... GRACIAS POR TU APOYO!
Ella Rose McCarty
