Surrounded by boys

Capitulo 24: cierra los ojos

Me detuve más tiempo del necesario examinando su espalda y sus fornidos brazos. Es que a pesar de la oscuridad era posible distinguir que no llevaba nada más que una camiseta y un pantalón deportivo. Era el tipo más caliente del planeta.

Suspiré derrotada, no valía la pena seguir negándolo, Emmett me atraía, como nadie lo había hecho antes.

-¿Te gusta lo que ves? –preguntó de repente haciéndome sonrojar de inmediato.

-¿Qué?

–Sé que soy irresistible, no es necesario que lo niegues.

-Y muy humilde. –Comenté con sarcasmo.

Soltó una carcajada, lo que me recordó que ya era tarde y que probablemente todos en la casa estaban durmiendo.

-Shh–puse un dedo en sus labios, para hacerlo callar. Cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo lo retiré como si me quemara. –Vas a despertar a alguien.

-Es mejor que nos vayamos a dormir. –Dijo frunciendo el ceño y tendiéndome una mano. La cual me quedé observando con seriedad. -Podemos seguir conversando en mí habitación.

Esta vez fue mi turno de reír, pero me detuve al instante al ver que Emmett continuaba observándome serio.

-¿bromeas, verdad?

-No voy a dejar que duermas en el sofá, Rosalie.

-No veo el problema, el sofá es lo suficientemente cómodo.

-No más que una cama. –Argumentó.

-Tú apenas entrarías aquí. -Me reí.

-¿Quién dijo que voy a dormir aquí? –preguntó extrañado.

-¿Entonces? No creo que Bella y Alice… -Él levantó una mano haciéndome callar.

Me vio como si estuviera loca –Mi cama es lo suficientemente grande como para que podamos dormir los dos.

Por un momento pensé que me desmayaría. ¿Qué clase de proposición era esa? ¿Quería que nos acostáramos juntos?Que lo encontrase irresistible no significase que fuese a llegar a tanto. Furiosa le golpeé la mano que me ofrecía.

-¿Te volviste loco? –grité más alto de lo que debería, cuando recordé que el resto dormía. –No voy a acostarme contigo, no soy ninguna zorra.

-¡Hey! No saques conclusiones… -Agarró mis manos para que dejara de golpearlo. –Solo vamos a dormir… nada más. –Me relajé un poco. –A menos que tú quieras otra cosa… –Susurró en mi oído, por lo que volví a propinarle un golpe, esta vez en la cabeza.

Me arrastró hasta la habitación, haciendo el mínimo posible de ruido, ahora sí que no podíamos despertar a nadie, o adiós reputación.

-Tu mamá va a matarnos. –murmuré viendo hacia la puerta.

-No lo creo… -Dijo como si nada.

-¿Cómo puedes estar tan tranquilo? –pregunté al borde del colapso. –Si nos ve aquí, lo primero que pensará… -Decidí detenerme ahí, no quería pensar en lo que pasaría.

-¿Qué importa lo que piense? –se dio de hombros, yo bufé. ¿Es que no le importaba nada?

-No quiero que crea que soy una zorra. –puse mis brazos como jarra.

Emmett exhaló con impaciencia.

-Rosalie, solo vamos a dormir. –Explicó con calma. –La cama es enorme, ni siquiera vas a darte cuenta de que estoy a tu lado.

Miré de reojo la cama, nuevamente el orangután tenía razón, si me quedaba quieta durante las cinco horas que restaban de noche ni siquiera tendría que tocarlo.

-Pero… -Iba a continuar discutiendo.

-Pero nada… me muero de sueño. –Dio un gran bostezo. Tan falso como el cabello de Tanya.

Caminé pesadamente hasta la cama, sabiendo que esta era la peor idea del mundo. ¿Pero qué le iba a hacer? Emmett era incluso más cabezota que yo.

-Aun creo que es una pésima idea. –mascullé entre dientes. Él se hizo el dormido. Puse los ojos, esta sería una larga noche.

Y los malditos minutos pasaban lento, el orangután roncaba a mi lado y yo no podía dormir.

-Emmett. –Susurré golpeándolo para que despertara. -Emmett. –Grité en su oído, ya que no respondía.

-¿Qué? –murmuró medio dormido.

-No puedo dormir. –Dije, él se limito a exhalar con impaciencia.

-cuenta ovejas…–Habló entre dormido y molesto.

-No sirve… Ya lo he intentado, con la granja entera. –Exclamé.

-Solo duérmete Rosalie

-Estoy nerviosa. –Admití. -¿Y si tu mamá entra y nos ve?

-¿Vas a seguir con eso? –Finalmente se volteó a verme –Mamá sabe que no soy ningún santo y…

-Por eso lo digo. –Hablé molesta. –No quiero que piense que soy otra de las tantas zorras con las que te acuestas.

-Nunca he traído a nadie a casa. –me observó serio. –Y cuando estoy con ellas lo que hacemos no es precisamente dormir.

-¿Eso qué quiere decir? Felicitaciones Rosalie, eres la primera puta con la que mi hijo se revuelca en su cama. –Solté con sarcasmo.

-No estamos haciendo nada. –Volvió a repetir con cansancio.

-Pero no es lo que parece -Mordí mi labio. -¿Qué pensarías tu si entraras al cuarto de Bella y de repente la vieras durmiendo junto a Edward Cullen? –pregunté intentando hacerlo entrar en razón.

-Depende… -Respondió luego de pensarlo un rato.

-¿En qué?

-En si llevan ropa o no. –Exclamó, perdiendo la paciencia.

-¿Y eso que tiene que ver? –

Como si la primera cosa que fueras a pensar cuando encuentras a dos personas en una cama fuese ¿Cómo andan vestidos?

-Para tener sexo… hay que estar desnudos, Rosalie. –Explicó con una sonrisa ladeada. Yo me sonrojé de inmediato… había dicho la palabra con "S".

Desperté aturdida y demoré más de lo necesario en percatarme de que estaba dormida sobre el duro cuerpo del orangután, completamente abrazada a él.

Me separé de este de un salto, avergonzada y confundida. ¿Cómo demonios me había quedado dormida así con él?

Emmett despertó gracias a mi exagerada reacción, al parecer él también estaba confundido.

-Buenos días. –Dije con una mueca.

-Hola… ¿Qué hora es? –preguntó refregando sus ojos para despertar.

-Ni idea. –me di de hombros.

El orangután se incorporó y tomó su teléfono sobre la mesilla de noche.

-Las siete. –dijo viendo la pantalla del aparato. Solté un quejido lastimero, no quería ir a la escuela.

-¿Emmett? –la madre del orangután llamó a la puerta, yo salté nerviosa buscando dónde esconderme.

-No seas ridícula. –se largó a reír al ver que yo examinaba la puerta de un armario con intención de esconderme ahí.

–Puedes entrar. –Dijo con la voz lo suficientemente alto como para que Reneé lo escuchara.

-Hola cariño. –Saludó la mujer con una sonrisa, que desapareció en el instante en que me vio ahí. -¿Rosalie?

-Yo… eh… No es lo que… -Emmett me cortó.

-Rosalie no podía dormir, por lo que nos quedamos estudiando toda la noche. –Mintió sin problemas, yo me quedé viéndolo sorprendida. Era una buena mentira, tenía que admitirlo.

Renné asintió, aunque no parecía muy convencida.

-Bien… -Por un momento creí que iba a reprendernos. –El desayuno está en la mesa.

-¿Lo ves? No ha pasado nada.

-¿Qué no ha pasado nada? –Me exalté. –No le viste la cara, parecía decepcionada.

-No es cierto -Se dio de hombros. –Se lo ha tragado todo.

–Su mirada decía lo contrario.

-Es solo que no le gusta la idea de que haya una chica en mi cuarto. –Explicó, yo alcé una ceja. –No quiere que te corrompa. –Se largó a reír, haciéndome enrojecer.

-Idiota. –Mascullé entre dientes al ver que no dejaba de carcajearse.

-Voy a darme una ducha. –Dije saliendo de la habitación y yendo hasta el cuarto de baño.

Luego de vestirme, me reuní con el orangután en la cocina. Al parecer Alice y Bella estaban demorando, por lo que este ya había comenzado a desayunar.

-Eso fue rápido… -Habló tomando un sorbo de su café. –A veces se me olvida que eres una chica. –Dijo en tono de broma, pero aun así me molesté.

-Soy practica eso es todo. –Me defendí.

-Hey, solo estaba bromeando. –Levantó las manos.

-No lo hagas. –dije sentándome frente a él. –Wow, esto huele delicioso.

Cerré los ojos concentrándome en el delicioso aroma de café de grano y panecillos recién horneados.

-Pensé que yo era el bipolar. –Murmuró, ganándose una mirada asesina de mi parte.

-Voy a ignorarte. –Me di de hombros. –Por el bien de la humanidad.

-¿Qué hice ahora? –preguntó confundido.

-Estás haciendo bromas. –respondí seria. – A estas horas de la mañana.

-Vale… -Sonrió enseñándome esos estúpidos e irresistibles hoyuelos. –Es que no puedo evitarlo.

Fruncí el ceño ¿Por qué de repente era tan bromista y relajado? Lo analicé con la mirada, hasta sus facciones parecían haber cambiado.

Decidí que sería mejor no hacer ningún comentario, no quería acabar con su buen humor.

Cuando terminamos de desayunar fuimos directo al instituto, agradecí en silencio el que Alice y Bella no nos acompañaran.

-Tengo una duda. –Soltó mientras estacionaba el jeep.

-Dime. –Dije algo preocupada. Del orangután se podía esperar cualquier cosa.

-¿Por qué aun no tienes permiso de conducir? –Preguntó con una ceja alzada y esa estúpida sonrisa burlona.

-Mi padre y mis hermanos piensan que es muy… "peligroso" –dije poniendo los ojos.

Emmett frunció el ceño, y luego asintió.

-Supongo que tienen razón. –Yo lo observé extrañada. –Con lo torpe que eres, no me imagino el desastre que serias al volante.

-Ja. –Solté sin diversión. –Para tu información soy toda una experta en coches.

-Oh por favor. –se largó a reír.

-No te rías, es verdad. –respondí molesta cerrando la puerta de jeep con un estruendo.

-Ver para creer. –levantó las cejas.

Yo solo lo veía furiosa, como odiaba ese machismo. ¿Quién dice que a las chicas no les pueden gustar los motores y la velocidad?

Cuando iba a soltarle el discurso sobre lo idiota y machista que estaba siendo, vi a Jake acercándose a mí.

-Jake. –Lo llamé al verlo dudando, entre venir a hablarme o salir corriendo lejos de Emmett.

-Hola Rose… -Saludó nervioso. – ¿Qué tal?-El orangután lo observó molesto.

-¿Y bien? –ignoré el repentino cambio de humor de mi tutor y me dirigí a mi mejor amigo.

-¿Y bien qué? –preguntó confundido.

-La moto. –le recordé, vi de reojo como Emmett me observaba fijamente.

-¿Qué moto? –rodé los ojos, mi amigo podía ser muy lento a veces.

-La Harley de Sam…

-Ah… Está en el taller. Esperando ansiosa por unos ajustes.

-Hoy en la tarde iré a ayudarte.

-Alto ahí. –Emmett interrumpió. –No puedes, tienes que estudiar.

-Pero…

-Pero nada, tienes que aprobar. –Y con eso se marchó, dejándome con la palabra en la boca.

-¿Quién se cree que es? –pregunté alzando mis brazos, Jake me observaba sorprendido.

-¿él es tu tutor? –Me veía con los ojos desorbitados.

-Si… Es un mandón.

-Vaya… -Mi amigo parecía asustado. –Ese tipo me da escalofríos.

Fruncí el ceño, por alguna razón me molestaba que hablase mal del orangután.

-No es tan malo –Dije tomando mi mochila. –Es solo una fachada. –Me sonrojé al pensar en él.

-Mierda Rosalie. –Mi mejor amigo exclamó. – ¡Te gusta!

Me detuve en seco, mis mejillas ardían como nunca y mi mejor amigo no dejaba de observarme como si me hubiese vuelto loca.

Era como si me hubiese arrojado un balde de agua fría encima. Si bien ya lo sospechaba, y no quería admitirlo. El comentario en voz alta de Jacob me había abierto los ojos y que daría por cerrarlos de nuevo.

Ella Rose McCarty