*DISCLAIMER: Los personajes y serie no me pertenecen, son propiedad de la mangaka Rumiko Takahashi. Únicamente el fanfic y su trama son de mi entera pertenencia. No se aceptan copias, adaptaciones y/o plagios. Muchas gracias.

*SUMMARY: A la hora de escoger "¿Dulce o travesura?" Kagome escoge "dulce", dejando implícita la ternura propia de la pareja en cada una de sus viñetas y drabbles. Porque octubre es conocido por ser un mes aterrador... Aterradoramente dulce.


DAY 9:

''Fiebre''


Kagome miró el cielo nocturno y se removió en su sitio incómoda. Esta noche era luna nueva. Inuyasha estaba de pésimo humor y esta vez no era por el simple hecho de ser humano; porque ahora, además de estar débil e indefenso... Estaba enfermo.

Un repentino estornudo hizo que bajara su vista a su regazo. La visión del cabello negro cubriendo sus piernas y parte del suelo fue casi magnífica y, si no fuera por el ceño fruncido del joven, hasta se habría animado a acariciar unas cuantas hebras de cabello. Era tan oscuro, tan sedoso, tan abundante que Kagome no podía evitar quedar embelesada por su belleza. Aunque ahora mismo dudaba que Inuyasha se tomara a bien cualquier tipo de halago hacia su apariencia. Normalmente él prefería pasar sus noches de luna nueva bien escondido y a solas, pero ahora, con un molesto resfrío dejándolo más vulnerable que nunca, le fue imposible deshacerse de Kagome y su insistencia en acompañarlo a hacer vigilia durante toda la noche. Bueno, tampoco es como si le quedaran demasiadas fuerzas para llevarle la contraria. Le dolía el cuerpo y todo lo que deseaba era descansar.

Su ceño fruncido se suavizó ligeramente al sentir un toque gentil posarse en su frente. Casi con timidez, casi como si sondeara el terreno. Sus ojos se abrieron con claro fastidio y se posaron en los luceros almendrados frente a él.

—¿Qué pasa ahora?

—Ah, ¿te desperté? —Musitó— Lo siento...

—No estaba dormido —se apresuró a interrumpir—. Sabes que no duermo en esta condición.

—Cierto...

Y aunque Inuyasha sonaba molesto, sabía que solo había intentado decirle que ella no había perturbado su intento de descanso. Suspiró con cansancio. A veces entender a Inuyasha era como intentar descifrar los acertijos más contradictorios.

Se quedaron en silencio otro par de minutos. La respiración acompasada de Inuyasha y los ocasionales suspiros de Kagome era todo lo que se escuchaba en medio de la noche... E Inuyasha aborreció la idea de escuchar cosas tan insignificantes como aquellas. No podía saber si algo vendría a atacarlos. Eso solo hacía que su ansiedad aumentase.

—¿Cómo estoy? —Se atrevió a preguntar con clara molestia. Sabía que Kagome no se apartaría de él hasta que su resfriado mejorase.

—Bueno...

Su voz dubitativa no le dio buena espina y volteó a mirarla con desconfianza.

—¿Qué?

—No estoy segura de si tienes fiebre o no.

—¿A qué te refieres con eso?

—Rompiste mi termómetro el mes pasado, ¿recuerdas? —El reproche casi con gracia hizo que Inuyasha se sintiera abochornado, por lo que se apresuró a desviar la mirada, aunque sin apartarse del calor femenino— Así que no estoy segura de si tienes fiebre o no. No tengo manera de medir tu temperatura —explicó.

—Qué fastidio.

Kagome dejó ir una risilla que por poco logra sacarle otra palabra poco amable al pelinegro, así que se contuvo de no decir algo que pudiera herir aún más su orgullo. Sabía que Inuyasha, además de débil, se estaba sintiendo increíblemente inútil y torpe. Tuvo ganas de decirle que nada de eso habría pasado si no se la hubiera pasado en la cascada hasta altas horas de la noche el día anterior, pero prefería ahorrarse una discusión innecesaria. Permaneció allí sentada mientras peinaba ocasionalmente unos cuantos mechones de cabello del humano frente a ella, disfrutando de uno de los pocos momentos en que se mostraba manso y más abierto a las caricias. Sin embargo, mientras hacía girones con las oscuras hebras entre sus dedos, no pudo dejar de preguntarse si realmente no habría una manera de medir su temperatura sin tener que utilizar un termómetro. Presionó disimuladamente su palma contra la frente humedecida de Inuyasha y se dio cuenta de que eso no era suficiente para darle una idea de su temperatura. Desearía haber comprado un termómetro nuevo cuando tuvo la oportunidad.

«¿Qué puedo hacer...?», pensó.

Entonces recordó que su madre solía medirles la temperatura dándoles un beso en la frente. Ella nunca había confiado del todo en los termómetros digitales así que solía usar su instinto maternal para confirmar los resultados.

Antes de que pudiera darse cuenta, estaba descendiendo hacia el rostro casi durmiente de Inuyasha. Solo fue consciente de lo que había hecho cuando sus labios sintieron algo tibio y sus ojos se encontraron con un par de orbes platinadas que la miraban casi con miedo, la sorpresa mezclándose perfectamente con el gris perlado de su mirada. Se separó al instante, sobresaltada y avergonzada por lo que había hecho.

—¡P-perdón! No quise...

—¡¿Qué fue eso?! —A pesar de su claro tono de molestia, el sutil sonrojo en sus mejillas le quitaba seriedad a su pregunta. Claramente estaba más confundido que molesto.

—Yo... Pues yo... —Incapaz de seguir sosteniéndole la mirada, desvió su atención al suelo antes de responder:— Solo estaba viendo si tenías fiebre.

—¿Fiebre?

—Mamá suele hacerlo así —explicó—. Perdón si fue inapropiado. Sé que no te gusta que te toquen sin tu consentimiento.

Pronunció lo último sin titubear, volviendo a conectarse con los ojos cenicientos. Su voz sonó tan segura que Inuyasha no pudo evitar sonrojarse otro poco y esta vez fue su turno de apartar la mirada.

—No, está bien —susurró con timidez—. Sé que lo hiciste por mi bien. —Tras un par de segundos de incómodo silencio, se atrevió a preguntar:— ¿Y cómo estoy?

—¿Eh?

—La fiebre —aclaró—. Dijiste que lo hiciste para verificar mi temperatura. ¿Cómo estoy?

Kagome agradeció internamente que ninguno de los dos estaba mirando al otro. De ser así, Inuyasha se habría percatado del nerviosismo que recorrió su cuerpo.

—Eh... No lo sé —admitió avergonzada—. Fue todo muy rápido y no pude fijarme.

—Bien.

Antes de que Kagome pudiera formular otra pregunta, Inuyasha giró su rostro para mirarla fijamente, paralizándola en el acto con aquel par de iris del color del plomo. Su mirada afilada, además de enigmática, casi parecía autoritaria a pesar de que el pelinegro permanecía en silencio.

—Puedes ver si tengo fiebre ahora. Te diré si me molesta. Ya no me tomarás por sorpresa —sentenció.

Quiso preguntar si de verdad estaba bien con eso, si estaba seguro de dejarla invadir su preciado espacio personal que cuidaba tan celosamente, pero el tono firme que usó, sin dejar lugar a dudas, le dejó en claro que hablaba muy en serio. Con mayor lentitud de la que le hubiera gustado, se apresuró a descender nuevamente sobre el rostro del pelinegro. Esta vez sus orbes permanecían abiertas, estudiando sus facciones mientras poco a poco cerraba la distancia entre ellos y el nerviosismo hizo que Kagome cerrara sus ojos para evitar sentirse presionada. Solo esperaba no terminar besando su nariz o sus párpados. Lo último que quería era hacer las cosas más incómodas.

El contacto fue sutil, breve, casi cariñoso y esta vez fue consciente de la tibieza que desprendía su piel. Casi incitándola a dejar sus labios en esa parte de su cuerpo o, tal vez, invitándola a bajar un poco más hasta encontrarse con la boca masculina. Su corazón vibró en su pecho ante la expectativa de algo tan íntimo y se apresuró a apartarse antes de seguir divagando.

—No... No tienes fiebre —sentenció en un susurro.

—¿Segura? —La duda colmando su voz— Fue muy rápido.

—Sí —asintió—, estás bien.

Tomó aire silenciosamente y se esforzó por recomponerse. Su corazón no debería latir tan deprisa. Al menos no por un beso inocente, ni mucho menos frente a escenarios tan hipotéticos como descabellados. Estaba segura de que Inuyasha jamás la vería de esa manera. Se sintió mal por aprovecharse de un momento tan privado y vulnerable para él.

—Creo que por la mañana estarás bien.

Un ruido seco de parte de él fue su única respuesta. No sonaba del todo convencido, pero tampoco disgustado.

La siguiente media hora ninguno dijo nada, no movieron un músculo, ni siquiera para reacomodarse en su incómoda posición. Kagome se sentía demasiado cohibida como para pedirle a Inuyasha que se moviera y la dejara estirar las piernas antes de que estas se entumecieran. Sin embargo, justo cuando comenzaba a olvidarse del asunto, la voz de Inuyasha rompió el silencio con inusual tranquilidad.

—Creo... Que tengo fiebre —informó. Sintió que la azabache estiraba su mano para tocar su frente, seguramente no queriendo volver a repetir el incómodo beso de antes y reprimió un gruñido a la vez que capturaba su palma abierta en el aire—. Así no. Hazlo con tu boca.

—¿Qué?

—Haz lo mismo de antes —explicó—, con tus labios.

Kagome sabía que su temperatura no había variado ni un poco en la última media hora, pero aquel par de ojos cenicientos parecían tener un poder hasta entonces desconocido y nuevamente se siente obligada a obedecer. El color inusual y reconfortante de sus iris le recuerda al fondo de un río de aguas tranquilas y siente la necesidad de zambullirse en ellos completamente, hasta el fondo. Sin darse cuenta se niega a quitarle ese pequeño capricho y, con una sonrisa en los labios, se agacha para comprobar una vez más su temperatura. El toque tibio volvía a estar allí, al igual que el repiqueteo de sus latidos en sus oídos y la resequedad se hace presente en su boca producto de los nervios. Sin embargo, lo sintió apretar su mano con cierto cariño, con un anhelo que casi se parecía al suyo. No supo si fue su imaginación o no, pero juraría que, si prestaba la suficiente atención, podría escuchar los latidos del pelinegro sonar a la par suya. Sonrió en medio del inocente beso, sin apartarse de la frente masculina... Y se dio cuenta de que tal vez no era tan urgente comprar un nuevo termómetro después de todo.


FIN


.

.

.

"Beso en la frente"

.

.

.

Gracias por continuar leyendo y votando ❤. Aprecio mucho todo su apoyo. Espero que este capítulo les haya gustado y nos leemos mañana :D

¡Los quiero! ✨

15.01.23