- ¡Es hoy, es hoy, es hoy! – gritaba jovial Morinaga en la sala de su apartamento en Hamamatsu. La maleta estaba lista y el apartamento esta impecable; había solicitado un taxi para llevarlo a la estación de trenes que estaba a minutos de llegar.
Tomó su mochila, agarró la maleta y se dirigió fuera del apartamento, cerró la puerta y le colocó el seguro. Bajo las escaleras y en menos de un minuto llegó el taxi. Subió sus pertenencias al coche, le indicó el destino y ambos compartieron un agradable silencio. Llegó en diez minutos a la estación de trenes, pagó el taxi e ingreso a la estación. El tren que lo llevaría a Nagoya llegaba en 15 minutos; compró unos snacks y se sentó a esperar. El tren llegó puntual, abordó rápidamente, se dirigió a su asiento y se acomodó; sacó su celular y empezó a escribir.
"Senpai, buenos día, ¿a qué hora llegará al apartamento?"
No esperó mucho para una respuesta.
"Buen día, ¿para qué quieres saber?"
Morinaga rio bajito.
"Solo me preocupo por la persona a quien amo"
Esta vez Souichi tardó en contestar. Se oyó a lo lejos el sonido de un silbato, el tren estaba a nada de avanzar.
"¿Pero qué estupideces dices?, tu mente está comenzando a desvariar, ojalá y no te estés refriando nuevamente porque me niego a ir a cuidarte esta vez; ya eres adulto y sabes que no debes de malpasarte. Hoy salgo hasta la noche, estamos en la etapa final de un experimento y es sumamente cansado."
Al parecer el destino estaba a favor de Morinaga, sonrió para el mismo. El tren comenzó a moverse, rompiendo la inercia y ganando velocidad.
"No sea malo, senpai. Si se enfermara yo movería el mismo cielo para ir a cuidarlo L, que tenga éxito con el nuevo experimento, hasta la noche, lo amo, adiós."
Esta vez Souichi lo dejó en visto.
Sacó de su mochila unos audífonos, los conectó al celular y colocó una canción de manera aleatoria, cerró los ojos y se relajó, en menos de una hora estaría de vuelta en Nagoya.
Despertó cuando faltaban diez minutos para llegar a la estación de Nagoya, en ese tiempo se puso a jugar un rato en el celular; cuando llegaron a la estación Morinaga bajó rápidamente y se formó para tomar un taxi que lo llevara a su antiguo apartamento. Llegó a buena hora, después de pagar al taxi subió su maleta al piso del apartamento, sacó las copias de las llaves y abrió la puerta.
- Estoy en casa… - habló sin esperar respuesta.
Dejó sus zapatos en la entrada y caminó en calcetines, Morinaga logró ver que el apartamento era una pequeña zona de guerra, había algunos platos sucios en el lavadero, las almohadas del sillón estaban tiradas, bastante ropa sucia a un lado de la lavadora, y la ropa que estaba limpia estaba arrugada, abrió el refrigerador y no encontró nada saludable, solo unas bebidas energéticas y una que otra fruta. En los gabinetes solo encontró el envase de café vacío y varias sopas instantáneas. Morinaga frunció el ceño, caminó a la habitación de su senpai y encontró la cama desecha y arrugada.; decidió dejar su maleta en la otra habitación y empezar con la limpieza del apartamento.
Cambiando su vestimenta con algo adecuado para limpiar la casa, tomó manos a la obra; barrió todo el apartamento, sacudió los muebles, despolvó los electrodomésticos, limpió la mesa, trapeo todo el lugar, lavó los trastes sucios, entre otras cosas. También remplazó las sábanas de la cama de su senpai. Viendo que era bastante ropa y casi no había detergente de ropa decidió ir de compras a un pequeño supermercado cerca del apartamento. Tomó las llaves del apartamento y salió. Una hora después llegó cargado con demasiadas bolsas llenas desde comida, artículos de aseo personal y productos de limpieza. Fue una odisea el subir todas esas bolsas, pero todo valdría la pena; guardó cada cosa en su lugar, comenzó a cocinar, aún faltaban un par de horas para que oscureciera.
Al final del día, Morinaga había cocinado una cacerola con pollo, huevo batido y cebolleta en una salsa dashi, además de una sopa miso con algas, ambos hervían a fuego lento; sólo faltaba que el arroz terminara de cocerse; se dirigía a tomarse un baño cuando un sonido en la entrada lo detuvo.
- Quien sea que esté dentro, date por muerto, ¡maldito ladrón! – claramente era Souichi, el de anteojos había terminado su labor del día, estaba cansado y hambriento; cuando por fin había llegado al piso de su apartamento la luz estaba encendida y escuchaba ruido dentro de su departamento; de por sí salió irritado de la universidad, ahora le estaban robado, no tendría piedad con el intruso. Sacó las llaves de sus bolsillos y de manera errática trató de abrir la puerta, haciendo sonar las llaves; cuando lo consiguió abrió con brusquedad la puerta y entró furioso. Cabe decir que al entrar vio a su tonto ex kohai con una gran sonrisa a una buena distancia de la entrada.
- ¡Bienvenido a casa, senpai! – exclamó sumamente feliz Morinaga.
- ¿Morinaga, qué demonios, que haces aquí? – preguntó sumamente confundido Souichi, de pronto volvió a la ira. - ¡Pensé que eras algún idiota queriendo robar el departamento! – Morinaga observó a su senpai, su cabello era un desastre, su ropa obviamente sin planchar, lo que le preocupó fue ver que a su senpai con unos kilos menos; la cara de Souichi se veía claramente cansada, con unas manchas oscuras debajo de aquellos ojos ámbar, además del característico ceño fruncido que tanto amaba.
- Senpai, no sea malo, y yo que me he esmerado para limpiar el departamento y darle una apropiada bienvenida. – fingía llorar Morinaga con una mano en el corazón y otra en la cabeza, posando dramáticamente.
Dicho esto, Souichi dejó de ver a su ex kohai y recorrió toda la sala con la mirada, todo estaba impecable. Una alarma sonó, Morinaga caminó a la estufa y apagó todas las flamas; destapó la cacerola donde estaba el pollo y una nube de vapor salió, lentamente la sala se llenó de un delicioso aroma; tomando una cuchara, Morinaga revolvió todo el contenido, observando con orgullo su creación. Un gruñido se oyó… ¿acaso era?
Morinaga volteo la mirada a Souichi con un aire de diversión, en cambio, Souichi estaba con un evidente sonrojo mientras evadía la mirada de su ex kohai; en las últimas semanas había descuidado por completo lo que comía, se conformaba con comida instantánea, bebidas energéticas, agua y cigarros. La comida casera que solía preparar Morinaga le trajo el apetito de manera agresiva, y sus tripas no tenían el pudor de demostrarlo. Morinaga sonrió con ternura.
- Senpai, ¿tiene hambre, verdad? –
Otro gruñido le vino como respuesta.
- ¿Por qué no deja todo en su habitación?, póngase cómodo y venga a cenar. Mientras sirvo los platos. - ordenó amablemente Morinaga.
Souichi asintió y se dirigió a su cuarto a cambiarse. Morinaga empezó a sacar los platos, sirvió una moderada sopa de miso y una generosa ración de arroz y pollo en salsa; sirvió dos tazas con té verde. Morinaga meditó un poco la situación, en este momento Souichi no estaba al cien por ciento de sus capacidades y decidió tomar un riesgo. Acomodó los platos y palillos de su senpai en su típico lugar, mientras lo de él los acomodó al lado derecho de su senpai; ya que por lo general ambos comían de frente. El sonido del lavamanos del sanitario se escuchó a lo lejos, Morinaga se sentó en su lugar y esperó a que Souichi llegase.
