Minutos después llegó Souichi y antes de sentarse se quedó observando la mesa y a Morinaga, el ex kohai empezó a sudar frío ya que al parecer su senpai notó su pequeña artimaña; estuvo a punto de hablar cuando Souichi regresó en sí mismo y sin nada que decir se sentó junto a Morinaga a cenar.

Agradeciendo por los alimentos, comenzaron a comer en un agradable silencio; Morinaga estaba sumamente feliz ya que estaba comiendo muy cerca de su senpai y a él parecía no molestarle. Cuando Morinaga tomó su taza de té vio de reojo a Souichi, aquella escena le enterneció; Souichi comía tranquilamente, pero estaba tan cansado que parecía que cada bocado lo cansaba considerablemente, aun así, ya había terminado con la mitad de su plato. Souichi dejó su tazón y tomó aquella taza de té y bebió un largo trago.

- ¿Cuánto tiempo llevaba sin beber té caliente?... tan fresco… - comentó en un suspiro Souichi. Morinaga sonrió ante aquel comentario, más no dijo nada y continuó comiendo.

Ambos terminaron de comer, Morinaga recogió los platos y se dispuso a lavarlos terminando en pocos minutos; iba a limpiar la mesa cuando notó que Souichi seguía sentado, más el pobre investigador se encontraba con un brazo apoyado en la mesa y sosteniendo su mejilla, claramente adormilado.

- Senpai… - dijo Morinaga, más él no contestó. Iba a sacudirlo un poco cuando una idea algo arriesgada se le vino a la mente.

Con delicadeza rozó con sus dedos el brazo apoyado de Souichi, esperando que el contacto lo despertara. Aquello funcionó y Souichi abrió aquellos ojos cansados.

- ¿Morinaga?... - preguntó. El ex kohai lo miro con amor y una sonrisa; sintiéndose más confiado, Morinaga acunó con su mano la mejilla de su senpai, sin recibir rechazo del rubio.

- Senpai, claramente está cansado, por favor vaya a descansar. -

Souichi asintió y Morinaga retiró su mano, cuando Morinaga se retiraba algo o más bien alguien le tomó la mano; en shock regresó la mirada a su senpai.

- Gracias por la cena, Morinaga. - dijo Souichi. Y sin más, le soltó la mano. - Tomaré una ducha. -

Souichi caminó directamente a su habitación, dejando a un asombrado Morinaga en la sala. Aquello le sorprendió bastante, por lo general él no esperaba agradecimientos por cocinar ya que él se preocupaba más en que su senpai comiera; se sonrojo por aquellas palabras y dejó salir un pequeño chirrido de alegría. El cansancio que sentía se había desvanecido, por lo que decidió encender la televisión buscando entretenimiento mientras en su mente aquellas palabras se repetían una y otra vez, dejándole una sonrisa tonta en la cara. Un par de minutos después salió Souichi en pijamas y una toalla en la cabeza, se veía un poco más despierto y serio.

- ¿No va a descansar, senpai? - preguntó incrédulo Morinaga, no hacía poco que Souichi se quedó adormilado después de comer.

- Tengo trabajo pendiente, así que mientras se seca mi cabello avanzaré lo más posible. - contestó Souichi sentándose al otro lado del sofá mientras abría una laptop y organizaba unos papeles.

Aunque Morinaga estaba preocupado por el bienestar de Souichi, sabía que no ganaría aquella discusión y dejó que su senpai siguiera trabajando. Pasó una hora cuando Morinaga notó que Souichi empezaba a cabecear, batallando en mantenerse despierto; Morinaga se deslizó junto a su senpai y colocó su mano encima de la del rubio y apretó con suavidad, aquello llamó la atención de Souichi y lo volteó a ver, en aquella mirada había únicamente duda, ni un rastro de enojo.

- Senpai, está muy cansado para seguir, tome al menos un descanso. - comentó con suavidad mientras cerraba la laptop de su senpai y lo colocaba en la mesa, todo esto sin soltarle la mano.

- Pero… aún no termino. - dijo Souichi extendiendo su brazo para agarrar la laptop, más sus fuerzas eran nulas y no batalló mucho para conseguirlo.

- Cansado nunca lo terminará, senpai. -

- No puedo dejar esto sin terminar… - volvió a insistir Souichi.

- Que tal… si descansa al menos media hora, puedo despertarle para que continúe. - sugirió Morinaga.

Morinaga nunca hubiese predicho lo siguiente.

Souichi recostó su cabeza en el hombro de Morinaga, dejando el peso de su cuerpo recargado también en su ex kohai, Souichi retiró su mano del agarre del peliazul y terminó abrazando su brazo, quedando dormido casi al instante. Aquello lo dejó asombrado; nunca esperó algo así de Souichi, el corazón de Morinaga retumbada fuertemente en su pecho, se sentía realmente querido en ese momento que esperaba fuese eterno, con una sonrisa en la cara besó la frente de su senpai, retiró sus anteojos y continúo viendo la televisión mientras recargaba su cabeza con la de Souichi.

Exactamente media hora después Morinaga trató de despertar a Souichi, tarea que no tuvo éxito ya que Souichi ahora tenía el sueño pesado; derrotado se soltó del abrazo de Souichi y, como si fuese un niño pequeño, cargó a su senpai con dificultad a su habitación para que descansara con mayor comodidad.