Aquel agradable silencio fue interrumpido por el sonido de un celular, Morinaga abrió los ojos con pereza, tomó su celular y apagó la alarma; se quedó sentado en la cama un rato, mientras terminaba de despertarse por completo. Aunque le hubiese gustado dormir junto a Souichi, él sabía que el rubio merecía dormir en su propia cama para descansar su agotado cuerpo y mente. Con energía renovada, Morinaga se levantó y comenzó su rutina; hacer la cama, cambiarse el pijama por ropa de diario, abrir las persianas y dejar que la luz del sol lo bañara por unos segundos y, por último, se dirigió al baño para lavarse la cara y peinarse. Estaba cerrando la puerta de su habitación cuando escucho el típico sonido de tecleado que provenía de la sala; cuando llegó a la sala se encontró a Souichi tecleando con furia en la laptop, un vistazo rápido a la persona de Souichi y notó que aún estaba en pijama, y con unas ojeras un poco más oscuras.
- ¿Senpai? - preguntó.
Souichi se sobresaltó y dejó de escribir.
- ¡Demonios, Morinaga! ¡No aparezcas así de la nada! - exclamó furioso.
- ¡Ah! No era mi intención senpai… -
- Da igual, estoy atrasado, vuelve a dormir. - comentó indiferente mientras revisaba unos papeles.
- Pero si ya es de mañana. - Souichi dejó los papeles.
- ¿Ya amaneció? - preguntó incrédulo.
- Senpai, ¿a qué hora volvió a trabajar? - preguntó Morinaga.
- E-eh, alrededor de las tres de la mañana, desperté en mi habitación… aunque no recuerdo haberme ido a acostar. -
- ¡¿Tres de la mañana?! Senpai, dormiste sólo un par de horas… - Morinaga estaba ahora preocupado.
- Y fueron más que suficiente, necesito terminar esto. - exclamó de manera defensiva. Morinaga sabía que no lograría nada en recriminar a su senpai por ser tan descuidado, así que lo dejó pasar, sólo esta vez.
Dejando en paz a Souichi, el ex kohai se dirigió al baño a terminar con su rutina mañanera; después se encaminó a la cocina para comenzar con el desayuno. Preparó huevos revueltos con jamón, tostó unas piezas de pan de caja y cortó unos tomates cherry, también recalentó un poco de sopa de miso.
- Senpai, ¿quiere té o café para…? - la pregunta murió cuando Morinaga notó que Souichi se había quedado dormido en el sofá, quien lo diría. Sintiéndose malicioso, se aproximó a su senpai.
El primer beso fue en la mejilla, no hubo respuesta; el segundo en la nariz, nada; un tercer beso en la frente, hubo un quejido; el cuarto beso fue en el cuello expuesto de su senpai, este último logró despertarlo.
- ¿Necesitas algo? - preguntó Souichi aún adormilado.
- ¿Quieres té o café para el desayuno? - preguntó Morinaga.
- Café, por favor. - contestó, dejando salir un bostezo. Morinaga sonrió por la ahora nueva actitud de Souichi.
- Ve a lavarte la cara, yo pondré la mesa. - ordenó Morinaga. Sin quejarse Souichi obedeció a paso lento.
Morinaga regresó a la cocina y terminó de colocar el desayuno en la mesa. Estaba terminando de preparar dos tazas con café cuando su senpai llegaba a la cocina con una pinta más fresca, aunque el cansancio era más que notable en aquel científico; Souichi se sentó en el comedor y esperó a Morinaga.
El ex kohai llevó aquellas tazas a la mesa y se sentó junto a su senpai, como la noche de ayer, Souichi no mencionó nada. Agradeciendo por la comida, ambos comenzaron a comer en un agradable silencio.
- Ahora que lo pienso… ¿qué haces en Nagoya? No es que te esté echando a la calle. - preguntó Souichi, tomó un sorbo de café.
- ¡Oh, verá! La empresa me mandó a analizar un nuevo medicamento a la universidad N, yo seré quien tome la decisión de si la empresa deba o no de comprar la patente del medicamento. - explicó feliz Morinaga, tomando una pausa de comer.
- Ya veo, el medicamento antidepresivo, el departamento encargado se ha matado años para conseguir buenos resultados; la farmacéutica debe de confiar mucho en ti para tomar una decisión tan importante, ¿no es así? -
- Y eso me sorprende, soy prácticamente un novato. - dijo Morinaga con evidente nerviosismo.
- Eres un buen trabajador, Morinaga. La empresa se ha dado cuenta de eso, deberías de sentirte orgullosos por tal responsabilidad. - expresó Souichi con sinceridad, y, de manera inconsciente, llevó su mano hasta la de Morinaga, que estaba apoyada en la mesa, y le dio un ligero apretón. - Eres más que capaz - expresó.
Las mejillas de Morinaga se tiñeron de rosa por tales palabras, su corazón brincó de alegría por aquel pequeño apretón de su senpai, un pequeño acto de cariño que logró quitarle cualquier nervio del sistema. Morinaga le regaló la sonrisa más hermosa a Souichi.
- Daré lo mejor de mí, senpai. -
Aquella respuesta dejó satisfecho a Souichi y continuó con su desayuno, al igual que Morinaga; cuando terminaron, Morinaga recogió los trastos y los llevó al lavadero. También mandó a Souichi a tomar un baño para que se despertara un poco más, puesto que el desayuno lo había dejado adormilado en la mesa. El exhausto científico asintió con la cabeza, no sin antes agradecer a su ex kohai por el desayuno libre de comida pre-preparada.
Morinaga lavó los platos sucios y comenzó a empacar un bento para su senpai, así no tendría que consumir la comida de la Universidad. Una vez empacado todo, se dirigió a su antigua habitación a cambiar su cómoda vestimenta por un traje color gris oscuro, con pantalones a juego, una camisa de vestir blanca y una corbata de tono azul marino, finalizando en unos zapatos negros bien lustrados que se pondría una vez saliera del departamento. Aquello era muy incómodo a su gusto, pero sabía de sobra lo bien que se veía; salió de la habitación a la sala y se encontró a Souichi empacando todas sus cosas en una mochila, quien ahora lucía más arreglado que la noche anterior.
- Debemos irnos ya si no queremos llegar tarde. - comentó Souichi.
- No se preocupe, senpai; ya solicité un taxi para que nos lleve a la universidad. - comentó Morinaga.
- ¿No es un abuso a tus viáticos el solicitar transporte? Los taxis no son muy baratos que digamos. -
- Como la farmacéutica no está pagando alojamiento, se destinó a mi transporte. -
Souichi asintió y se sentó en el sofá mientras terminaba de acomodar sus cosas. Morinaga se dirigió a la cocina por el bento. Minutos después el celular de Moringa sonó, indicando que el transporte ya había llegado. Una vez todo listo, ambos bajaron a la calle para encontrarse al taxi esperar pacientemente en el camino, Souichi abrió la puerta del taxi y entró primero, seguido de Morinaga. El ex kohai saludó al chófer y le indicó el destino, aquel hombre de mediana edad asintió y se puso en marcha.
Ambos científicos iniciaron una interesante charla sobre la investigación de Souichi, ignorando el tráfico que había en la ciudad, faltaban alrededor de diez minutos para llegar a la universidad. Souichi estaba cómodamente recargado en el asiento del taxi, y el cansancio le estaba pasando factura, sus parpados se sentían extrañamente pesados; se quedó dormido en menos de un minuto, Morinaga dejó salir un suspiro, su senpai se estaba malpasando al no descasar lo suficiente, lo dejó dormir el tiempo restante y estableció una charla con el conductor.
Llegaron con tiempo de sobra a la universidad, Morinaga pagó el viaje y comenzó a mover ligeramente el hombro de su senpai, no recibió respuesta; le llamó por su nombre, sin respuesta. Morinaga notó que el conductor estaba revisando su celular y, arriesgándose, llevó la mano a la mejilla de Souichi y la apretó con suavidad. Aquello hizo que Souichi abrirá los ojos con delicadeza.
- Ya llegamos, senpai. - le sonrió Morinaga.
Souichi asintió y con lentitud salió del taxi, una vez abajo se estiró su entumecido cuerpo y dejó salir un bostezo. Caminaron a las instalaciones con tranquilidad hasta el edificio donde Souichi tenía su laboratorio; cuando Souichi iba a ingresar al edificio, Morinaga lo detuvo.
- Espere, senpai, tome esto. - le entregó aquel bento, que estaba envuelto en una elegante tela negra con un diseño sencillo.
- Esto… no era necesario; podía fácilmente comer algo de la cafetería. - expresó Souichi con desconcierto, más aceptó aquel paquete.
- Nada de eso, senpai. - sonrió Morinaga. - Aún no sé cuánto tiempo va a durar mi primer día, y no creo que el día de hoy pueda ayudarle en el laboratorio. En todo caso, lo veré en el apartamento en la noche, a menos que salgamos a la misma hora hoy.
Souichi asintió ante lo dicho por Morinaga y antes de que su tonto ex kohai comenzara a alejarse, lo tomó de la muñeca con gentileza.
- Gracias, de nuevo, por la comida. - dijo Souichi mientras le regalaba una pequeña sonrisa.
Aquello hizo que Morinaga se sorprendiera, puesto que Souichi estaba siendo "cariñoso" en público, controlo el impulso de querer comérselo a besos y le sonrió con mucha alegría.
- De nada, senpai. Le tendré una buena cena, lo prometo. - dicho esto, ambos se despidieron.
Morinaga se sentía dichoso a sus adentros, y con la mejor actitud se dirigió a la facultad de Medicina que había en el campus.
