Era una obra de tragicomedia con una duración extremadamente larga. Una obra a la que era difícil aplicarle escalas de tiempo comprensibles para un ser humano.

Ella no era humana, así que podía comprender la obra. O al menos esa era su línea de pensamiento.

Ella los había estado viendo con interés desde el terrible inicio en un mundo oscuro y vacío donde solo esas dos existencias enfrentaban sus ideales.

Primero, la existencia masculina. Era un simple mortal condenado a lo más bajo de lo bajo en una escala de poder que aparentemente había alcanzado su tope de lo absurdo.

La segunda, la existencia femenina. Alguien que había alcanzado el pináculo de la magia hasta convertirse en Dios Mágico que cambiaba el mundo una y otra vez a su antojo hasta perder el que se suponía sería el punto de retorno.

Fue durante una eternidad que los vio enfrentarse.

El universo podría haber muerto en un Big Freeze y renacido en un Big Bang cientos, miles o millones de veces durante el enfrentamiento entre ambas existencias

Un bucle que inicia en un mundo oscuro, plano, sin colores o sonido alguno.

Un mundo perfecto.

... ... ...
... ... ...

5to Otoño.

Existió un mundo perfectamente imperfecto.

Simplemente se despertó en ese lugar, sabiendo que había entrado al mismo mientras trataba de conciliar el sueño.

Lo único que le parecía extraño es que no había rastro alguno de la malhumorada mujer rubia que usaba un parche.

Vagó por una tierra abandonada donde las únicas existencias biológicas eran plantas y animales, los únicos rastros de que alguna vez existió una cosa como la raza humana eran las grandes ciudades que yacían abandonadas a merced de la naturaleza y una cantidad inusual de esqueletos apilados en gigantescos fosos a las afueras de dichas ciudades.

Llegado cierto punto, cuando las hojas se habían vuelto naranjas, cafés y el clima era húmedo en exceso por quinta vez, se aburrió de este silencio. No era lo que buscaba, era un silencio incomodo, como si esperara a que en cualquier momento alguien le dijera algo y aunque eso la molestaría, sería mejor que esto.

Así encontró la determinación para no caer en un mal sueño que la haría despertar malhumorada cuando el escenario volviera a cambiar. Buscaría a la aterradora mujer rubia del parche y le diría que volvieran al inicio, a ese mundo perfecto.

Incluso si tenía que ofrecerle una serpiente como había hecho con otros antes.

7mo Invierno.

Alguien estaba aquí.

Ambos se miraban con curiosidad.

El hombre era alto, con una piel gruesa y bronceada como prueba de su intenso trabajo bajo el sol. Una larga cabellera oscura adornaba su cabeza como una lujosa corona a la vez que portaba una poblada barba un poco mal recortada. Sus ojos azules se veían cansados, apagados, casi perdidos en las fauces de la locura.

Tenía 15 años cuando se quedó solo.

Cuando toda la raza humana a excepción de él sucumbió a una enfermedad letal.

Desde aquel fatal evento habían pasado 29 años. El hombre lo había olvidado, pero hoy era el día en que esa fatalidad cumplía un año más.

La última persona en estar a su lado fue una chica más alta cuyo nombre ya no podía recordar, solo sus hermosos ojos, un listón blanco para su largo cabello y la espada que alguna vez uso. Una espada que guardaba con recelo en un altar para aquellos que lo acompañaron hasta el final pero que cuyos nombres se habían perdido en el umbral de una demencia que lo devoraba con cada maldito día que pasaba.

Pero él viviría hasta donde su cansado cuerpo le dijera, llevaría consigo las ultimas memorias de la raza humana para cuando la parca viniera a reclamarlo y él se iría en paz, dormido plácidamente.

Ese día, todo parecía más brillante, todo parecía estar vivo y en relativa calma, inevitablemente confundiendo al hombre.

Tuvo que ser esa tarde, para cuando solo remanentes del sol quedaban detrás de las montañas y las estrellas más brillantes eran visibles en el cielo que entendió el porqué del aspecto de ese día.

No estaba solo.

El hombre sintió como si un objeto punzocortante perforara su garganta y sin remedio alguno rompió en un silencioso llanto.

Tras 30 años de soledad, de no hacer más que breves sonidos y pronunciar palabras para sí mismo y de vivir con la carga que era mantener vivas las memorias de incontables personas, supo que no estaba solo.

Ese 25 de Diciembre marco un nuevo inicio en la vida de Kamijou Touma, el ultimo ser humano en la faz de la Tierra.

14ava Primavera.

36 años desde la muerte de todo ser humano en la faz de la Tierra con una sola excepción.

14 años desde el día en que ella despertó en este escenario donde el rastro de la mujer rubia que usaba parche era casi inexistente.

7 años han pasado desde la tarde en que se encontraron.

Supo de Kamijou Touma era alguien de pocas palabras y eso le gustaba, él había vuelto el incómodo silencio de este escenario en uno mucho más agradable. Aunque algo que había quedado marcado en ella era lo que dijo aquella vez que se encontraron él pudo calmar su llanto era su comentario sobre como su ropa era demasiado inapropiada para una niña.

Él no tardó mucho en conseguirle un tipo de vestido que le había gustado, el envejecido Kamijou diciendo que eran de un estilo lolita gótica o al menos eso creía, ya no estaba tan seguro de muchas cosas.

Ahora cada 25 de diciembre le regalaba uno de esos vestidos que no eran fáciles de conseguir en un mundo desolado donde el deterioro era cada vez más evidente.

Ese mismo deterioro no era evidente en el lugar a donde siempre volvían, una pequeña granja con muchos tipos de animales, todos traídos al lugar por Touma.

A ella le agrado mucho más el hombre cuando este empezó a darle dulces artesanales que aprendió a hacer por curiosidad. De hecho, él era un buen chef, leyendo todo tipo de libros que recupero de devastadas bibliotecas y practicando lo que ahí decía, desde libros de construcción hasta de cocina.

También le contaba historias, en su mayoría inventadas, otras sacadas de libros, pero con su toque personal dándoles un final inesperado a lo que ella solo podía hacer preguntas que hacían al hombre reír y tacharla de niña genio.

Esta fue su rutina durante los siguientes años.

30vo Invierno.

Fue en esta época que se dio cuenta.

Estaba muriendo.

Con cada ataque de tos venia un deterioro más notable de su salud y no le costó mucho darse cuenta de lo que era.

Cáncer de pulmón.

No tenía preguntarse el por qué le estaba pasando, aunque hubiera llevado una vida saludable o nunca cayera en vicios como lo eran el consumo de tabaco y alcohol. Desde el inicio de todo tuvo este presentimiento de que hiciera lo que hiciera, su vida iba a terminar de forma abrupta.

Como si desde el Big Bang la mano invisible del universo hubiera colocado todas las piezas para que las cosas terminaran de esta forma sin importa lo que hiciera, creando un inevitable final.

Kamijou Touma río con ironía, leyó algo así en uno de los muchos libros que ahora yacían en la biblioteca que construyo bajo su granja. No era exactamente lo mismo, pero le fue inevitable comparar su pensamiento y el personaje imaginario del que leyó.

Fue llamado Demonio de Laplace.

Con pesar evidente sus azules ojos cuyo brillo apenas y se mantenía por la niña que se dispuso a ayudar en su encuentro hace 23 años, contemplo uno de los que sabia, seria de los últimos atardeceres en su vida.

Acaricio el largo, sedoso y oscuro cabello de esa jovencita a la que llegó a considerar su hija que yacía dormida en la manta que había colocado bajo un gran árbol donde solían ir de picnic. No pudo evitar el temer por lo que sería de ella una vez el partiera de este mundo. Pero a la vez tenía la certeza de una cosa y es que a pesar de lo ingenua que ella era, también era muy fuerte.

Y tenía ojos que si lo deseaba podían asustar a un oso, pensó con gracia.

Sabía que, si era ella, entonces tal vez algún día podría encontrar a otra, si no es que más personas. Eso le daba paz a su mente.

Ella estaría bien incluso sin él.

Ultimo verano.

Ocurrió en una cálida tarde de verano.

Con 61 años de edad, Kamijou Touma falleció a causa de un cáncer de pulmón metastásico cuya aparición fue repentina.

Estaba acompañado por la joven que tantos años lo mantuvo firme, su razón de seguir adelante.

Sin embargo, decir que murió en paz sería la más vil de las mentiras.

Esa chica que no había cambiado en lo más mínimo desde aquel día hace 24 años, sintió frustración y… tristeza a lo que descubrió.

Todo este tiempo, Kamijou Touma pensó que ella solo era un ancla creada por su mente para mantener la cordura. Y aun así él dijo... No, él le prometió una cosa.

Le hizo una promesa que superaría tiempo, eras, dimensiones e incluso a lo inevitable que era la muerte.

Tan solo espérame, te volveré a encontrar.

Por primera vez en su eterna existencia aquella que representaba al Infinito derramó una lagrima.

Mundo "perfecto".

La obra de teatro prosiguió sin más interrupciones hasta su final, una confrontación que entre esas desiguales existencias que termino donde comenzó, en el mundo de oscuridad y silencio que alguna vez le había parecido mucho mejor que su hogar original antes de que fuera arrebatado por el malvado soñador rojo.

Ya no era lo que quería.

Anhelaba su silencio, pero también estar junto a esa interesante persona una vez más. Quería volver junto a quien le dio un nuevo lugar que podía llamar hogar.

En esa grieta, ese abismo que era un asiento en primera fila a una trágica obra de teatro sobre el Infierno Infinito que ese chico tuvo que atravesar para llegar comprender a la triste Diosa Mágica que sostenía el despedazado cuerpo sin vida del chico, ella no fue más la serpiente Ouroboros, el Dragón Infinito.

Solo una niña buscando el camino a su casa donde su padre la estaría esperando.

Su llanto solo se detuvo cuando el "Mundo Perfecto" se desvaneció y las cosas regresaron a como estaban antes del punto de partida.

A través de un velo invisible que les impedía verse, vio como ese hombre, ahora rejuvenecido, lucho con todo lo que tenía contra la fuerza que imparable que era el mundo, todo por el bien de la chica que lo había arrojado a los Infiernos Infinitos.

Ella siempre supo que ese chico era alguien interesante pero también quería conocer a la mujer rubia del parche, cosa que no podía hacer por este velo invisible que los separa.

Para su curiosidad, dicho velo se sentía débil como si solo fuera necesario un empujón para atravesarlo, pero aun teniendo un poder que superaba con creces a Y Ddraig Goch y Albion Gwiber, ella no podía hacerlo, así que para su fastidio tenía que esperar.

Los Aeones determinaron el camino para que algún día los caminos de Kamijou Touma y Othinus se volvieran a encontrar con el de Ophis.