Capítulo XLIII: Arrogancia
Cuando salió de la falsa casa de los gritos hospedaba varias emociones en él, por un lado, estaba realmente tranquilo por haber encontrado a Draco, en verdad debía hacer algo con él, no era posible que hubiera preocupado a todo el mundo solo por su comportamiento tan infantil. Pero estaba seguro y en casa y eso bastaba, por lo menos por ahora.
Por otro lado, estaba la cita, Hermione le había dicho que vería a Harry en 3 días, pero ahora no era así, tenía que ir a verlo ese mismo día. Algo en su estómago se encogió. Porque si bien, estaba aliviado de que Harry hubiera regresado sano y salvo de donde sea que estuviera, sabía que iba a ser difícil convencerlo. Sobre todo, porque él había visto con sus propios ojos como llevaba a cabo la última voluntad del profesor Dumbledore.
Entró a la verdadera casa de los gritos y ahí uso el hechizo Desilusionador, ahora que era el director de Hogwarts podía usarlo.
Cuando llegó a Hogwarts hizo llamar a la profesora McGonagall, llegó casi de inmediato, ni siquiera tocó la puerta.
- ¿Qué ha pasado Severus? ¿Lo has encontrado?
-Si Minerva, estaba encondido en la casa, no quiso salir cuando te escuchó, hizo uno de sus típicos berrinches.
-Debes hacer algo con él Severus, ya no es un niño y ambos sabemos que él siempre ha visto en ti una figura paterna y aunque pueda que no lo aceptes tú lo ves también como lo más cercano a un hijo.
El semblante del profesor Snape no cambió, pero ella sabía que lo que le decía era verdad.
-Tengo que ir cuartel de la Orden. Hablaré con el señor Potter y con el señor Weasley.
- ¿Por qué a ellos no les muestras lo mismo que a la señorita Granger y a mí?
-Porque para eso tendrían que ir a la falsa casa de los gritos, y no estoy seguro si esa sea una buena idea.
- ¿Por qué dices eso Severus?
-Fui a verlos Minerva, la señorita Granger estaba inconsciente en la cama de Draco.
- ¿Inconsciente? ¿Estaba en la casa de los gritos?
En verdad su semblante había palidecido un poco y se veía su enojo y preocupación a partes iguales en su cara.
-Si, la señorita Granger estaba en la casa de los gritos, supongo que cuando tu te fuiste del cuartel ella salió detrás de ti para buscar a Draco, por suerte no fue a ningún otro lado al parecer.
- ¿Cómo que salió a buscarlo? Yo le dije que no lo hiciera, le pedí que se quedara en Grimmauld Place con el señor Potter y el señor Weasley. Y no me has dicho por que estaba inconsciente.
Su voz temblaba, como cuando reñía a los alumnos por no hacer lo indicado, pero él sabía que era porque al igual que ella le había dicho que el veía a Draco como lo más cercano a un hijo, ella lo hacía con Hermione. Era evidente que le había pedido que se quedara con sus amigos para no ponerla en peligro, pero ella no había hecho caso.
-No te hizo caso Minerva, salió a buscarlo, y podría apostar que solo por eso Draco salió de su escondite. La señorita Granger entró a la sala de pociones de Draco y por accidente rompió un frasco de Poción para dormir sin sueños, y ella la inhaló casi por completo. No te preocupes, la reanimé de inmediato, pero hay algo que me preocupó mucho. Cuando entre a la habitación de Draco, el estaba por salir al aula de pociones de la señorita Granger, para preparar una infusión con bezoar, para poder reanimarla. ¡Para reanimarla!
La profesora no había interrumpido, pero le inquietaba demasiado, que Hermione la hubiera desobedecido y se hubiera puesto en riesgo para ir en busca de Malfoy. Ella sabía porque era, pero le costaba trabajo aceptarlo, porque al final de todo eso, Malfoy siempre la había tratado con la punta del pie.
-No entiendo que quieres decir Severus, al menos que estés sorprendido porque el señor Malfoy pensó en alguien mas que en el mismo.
-También eso Minerva, pero lo que me preocupó fue que iba a hacer una infusión de bezoar cuando la varita de la señorita Granger estaba en la bolsa delantera de sus pantalones.
- ¿No la tomó?
En verdad eso si sorprendía a la profesora, porque Malfoy tenia meses sin poder usar la magia, sin tener una varita, y el Malfoy que ella conocía no hubiera titubeado en tomar la varita de Hermione, pero no lo había hecho, y coincidía con el profesor Snape, eso era preocupante.
-No, no lo hizo, lo conozco mejor que tú, sé que para Draco lo más importante es él, la magia y su madre. Si bien no lo vi preocupado porque sabía que solo estaba dormida ni siquiera esperó para intentar ayudarla y además de eso ni siquiera se percató de que su varita estaba ahí, y eso solo pudo ser porque no había nada en esa habitación que le importara más que ella. Ha pasado lo que me temía Minerva y no sé si sea algo bueno.
-Te diré lo que tú me dijiste al inicio, no debe tener el mismo final que tú, quizás para ellos sea diferente. El señor Malfoy es evidente que ha cambiado, pero también lo ha hecho la señorita Granger, aún no puedo creer que me haya desobedecido y haya estado dispuesta a ponerse en riesgo por ir a buscarlo, lo esperaría si se tratara del señor Potter o del señor Weasley, o de cualquiera de sus amigos, pero si estaba dispuesta a hacerlo por el señor Malfoy es porque definitivamente algo a cambiado, algo ha pasado entre ellos dos.
-Puedo imaginar como se siente Draco, y en verdad espero que no tenga el final fatídico que tuve yo.
Ella solo lo vio con gesto de compasión y asintió con la cabeza.
-Necesito que me hagas un favor Minerva, necesito que me lleves al cuartel.
-Sabes que aunque te lleve no puedes entrar si el señor Potter no te abre la puerta.
-Lo sé, pero sabes que no puedo verla si no me la muestra alguien que sepa donde está, y no quiero pedírselo a la señorita Granger, y dudo que cualquiera de los otros miembros de la Orden quiera llevarme.
-Cierto, no es necesario que le digas a nadie más, te llevaré ¿a qué hora irás?
-Podemos vernos aquí mismo pasada la medianoche.
-Perfecto, aquí estaré.
Ambos asintieron con la cabeza y la profesora McGonagall salió de la oficina. El profesor se quedó pensando en lo que pasaría por la noche y en lo que había visto en los ojos de Draco cuando Hermione había despertado.
Eran solo unos minutos mas de medianoche y ya estaba esperando a que llegara Minerva, sus manos sudaban un poco y podía sentir como su corazón latía en su garganta.
Se abrió la puerta de su oficina y entró:
- ¿Quieres irte ya?
-Creo que mientras más rápido pase esto mejor será.
-¿Tienes unca capa de invisibilidad? Yo no puedo usar el hechizo Desilusionador Severus, ya no soy la directora.
-Sabes que yo quisiera que lo siguieras siendo, no sé si El señor tenebroso me puso en este cargo solo por castigarme.
-Y tú sabes que de no ser tu hubiera sido Bellatrix, así que el que seas tú es lo mejor para todos.
No dijo nada de eso, pero se sintió un poco mejor saber que a ella le parecía bien que el fuera el director.
-Nos apareceremos Minerva.
-No se pueden hacer apariciones en Hogwarts Severus.
-Se puede ¿estás lista?
Ella dio un paso al frente y ambos se tomaron de las manos, en solo 5 segundos estaban a una cuadra del número 12 de Grimmauld Place.
Ambos caminaron en las sombras hasta que paso a paso se acercaron a las escaleras delanteras que llevaban al cuartel de la Orden, a cada paso se podía vislumbrar más y más.
-Bien Severus, te deseo éxito, recuerda que el señor Potter solo está confundido y dolido por lo que paso con Albus, y aún es muy joven para dejar de lado las emociones y escuchar un poco mas a la razón y no es por defenderlo aún más, pero tratándose de ti que no lo has tratado muy bien que digamos en todos estos años, no es raro su comportamiento.
-Tú sabes porque ha sido así Minerva.
-Si, pero él no lo sabe.
Ya no le dijo nada solo se transformo en un gato y saltó al tejado. El se quedó parado justo en el pie de las escaleras, no sabía cómo se sentía, hacía mucho tiempo que no entraba al cuartel y a parte de eso tenía que convencer a dos adolescentes de que se podía confiar en él.
Tomó una bocanada de aire y comenzó a subir.
El reloj marcaba casi la 1 de la mañana y estaba comiendo el ultimo pedazo de la manzana que llevaba comiendo la ultima hora. Ron le contaba cosas sobre Egipto y de cómo ya estaban cada vez más cerca de acabar con Voldemort.
Harry lo escucha a medias, estaba atento a cualquier ruido extraño que escuchara, hacía unos minutos se había sobresaltado cuando escuchó un gato saltar al tejado vecino. Él sabía que para que Snape pudiera entrar al número 12 de Grimmauld Place tenía que abrirle la puerta antes, y a estas alturas no sabía si realmente lo haría.
- ¿Le abrirás?
Parecía que Ron había leído sus pensamientos.
-No lo sé, no estoy seguro de querer que entre, si le abro esta vez podrá entrar cada vez que lo quiera.
-Sabes que ese no es el problema. Todo se resume en saber si confías o no en lo que dijo Hermione.
-Sabes que siempre he confiado en ella tanto o más que tú, solamente que hay algo muy extraño en esta situación y principalmente en Hermione. ¿Notaste lo preocupada que estaba después de que se fue la profesora McGonagall?
-Si, lo noté, tenía demasiada prisa por irse. Pero de eso podemos ocuparnos después, ahora mismo lo importante es que tengas claro si le abrirás o no la puerta al Profesor Snape.
-Ni siquiera creo que venga ¿ya viste la hora? Es demasiado tarde como para que vaya a atreverse a venir, a parte…
No había terminado de decir la frase cuando se escuchó como tocaban la puerta principal.
Ambos se sobresaltaron.
-Es él. ¿Le abrirás?
Por la cabeza de Harry pasaron demasiadas imágenes a una velocidad impresionante. Y una se repetía una y otra vez, Snape lanzando la maldición asesina directo al pecho del profesor Dumbledore.
- ¡Harry! Debes decidirlo ya.
Caminó hacia la puerta. Vio por la mirilla y pudo ver un par de ojos negros que lo miraban, aunque sabía que eso no era posible.
-No se me ocurre que preguntarle.
-Usó la varita de la señorita Granger en la Casa de los Gritos para desarmarme.
Harry volteo a ver a Ron. Hasta donde él sabía solo los que habían estado en ese momento sabían ese dato. Ambos asintieron con la cabeza y Harry abrió lentamente la puerta. El profesor Snape dio un paso y cerró la puerta.
-Deben insonorizar esta puerta, no es bueno que los que están del otro lado escuchen si están o no seguros de dejar pasar a alguien o si ese alguien es quien dice ser.
Harry lo veía con odio y desconfianza, el profesor lo sabía. Ron en cambio era más un gesto de curiosidad y duda.
- ¿A que ha venido?
-A demostrar mi lealtad a la Orden.
-No sea cínico, no puede esperar que creamos que esta de nuestro lado después de que mató a sangre fría al líder de todo esto.
Harry sentía el coraje subir por su garganta, sentía como ésta se cerraba un poco y las palabras luchaban por salir, casi tenía que escupirlas.
-Si tiene esa mentalidad no voy a poder convencerlo de lo contrario, solo le digo que ocupa de mi ayuda para destruir el último Horrocrux, ustedes no podrán hacerlo.
-Los hemos encontrado sin su ayuda.
- ¿Ya los destruyeron?
-Bueno… no, pero sabemos cómo hacerlo.
-Yo también lo sé, y a diferencia de ustedes, ya lo hice. Tengo entendido que la señorita Granger les entregó el Guardapelo.
-No podemos confiar en usted profesor, Harry nos ha contado como asesinó al profesor Dumbledore, y eso no se puede cambiar.
-No señor Weasley, no se puede cambiar y tampoco puedo negar que lo hice, solo que las razones que me llevaron a hacerlo son totalmente diferentes a las que ustedes dos tienen en mente.
-Entonces ¿Cómo piensa probarme su lealtad?
-No sea tan arrogante señor Potter, probar mi lealtad a la Orden no tiene que ver con convencerlo a usted o no, aunque ayudaría demasiado. Minerva y la señorita Granger confían en mi palabra, aunque sé que su opinión sobre mi ayudaría demasiado no piense que es la única que cuenta.
Harry no supo que decir, cuando las palabras que acababa de decir resonaron en su cabeza, se dio cuenta de que en efecto había sonado demasiado arrogante.
-Entonces profesor ¿Cómo piensa hacerlo?
Ron le seguía llamando "profesor", esa era una muy buena señal, significaba que aún lo respetaba y eso ayudaría demasiado a influir en la decisión de Potter.
-Eso ya lo he dicho, yo sé cuál es el uno de los Horrocrux que faltan, y aunque ustedes han tenido suerte encontrando algunos, este no podrán conseguirlo sin mi ayuda.
- ¿Cómo está tan seguro de eso?
-Porque el Señor Oscuro nunca se despega de ella.
- ¿Ella?
La voz de Ron había sonado demasiado temblorosa, a su mente vino Bellatrix, aunque eso obvio no podía ser posible.
Harry en cambio no había dicho ni una sola palabra, solo se había limitado a ver y escuchar al profesor Snape.
-La lleva consigo a todas partes, le encomienda tareas altamente secretas y difíciles y cada una de ellas las hace de forma rápida, sin errores y sin ser vista.
Definitivamente era Bellatrix.
Ese pensamiento se apoderaba cada vez más de Ron, su estómago se sentía pesado y su garganta áspera, vio de reojo a Harry y no supo leer lo que sentía. No sabía si estaba pensando lo mismo que él, aunque era probable que sí.
¿Quién más podría ser?
- ¿Quién es?
La voz de Harry sonó ansiosa y un poco asustada al mismo tiempo.
-No es ¿quién? Señor Potter, es ¿qué?
Todo cuadró, no hubo duda, Harry supo al instante cual era el otro Horrocrux y odiaba tener que darle la razón, pero en efecto, sería prácticamente imposible que ellos consiguieran llegar a ella, pero no dijo nada, esperó a que él dijera que era lo que debían destruir.
Por su parte el profesor Snape no había dicho que era, solo veía la expresión en los rostros de los dos, era obvio que Ron tenía un miedo terrible y Harry era algo más cercano a la ansiedad. Como vio que ninguno de los dos dijo ni preguntó nada, prosiguió.
-Nagini es otro Horrocrux.
Ron abrió los ojos y la boca al escucharlo.
- ¿Naa.. Nagini? ¿La serpiente gigante que siempre sigue a Voldemort?
-Exactamente señor Weasley, esa serpiente. Jamás se separa de ella, sería imposible que ustedes pudieran alcanzarla.
- ¿Y por qué usted si podrá?
-La señorita Granger les mostró el guardapelo ¿No es así?
Ambos solo asintieron con la cabeza.
-Ese Horrocrux estaba bajo el cuidado de Bellatrix, lo traía colgado en su cuello, tuve que quitárselo cuando estábamos ambos en la Mansión Malfoy, con el señor tenebroso en la habitación de al lado.
Había sonado un poco molesto y también altanero, pero Harry sabía que era verdad, al tener a Nagini siempre pegada a él, era prácticamente imposible poder llegar a ella, pero no quiso decirlo de esa manera.
-Tráiganos a Nagini y se ganará de nuevo un lugar en la orden.
Ron solo veía a uno y luego al otro, pero no podía decir nada, aunque para él, el profesor Snape ya tenía de nuevo un lugar en la Orden, había recuperado el guardapelo verdadero y lo había destruido, y no solo eso, sino que se lo había quitado a la mismísima Bellatrix, quizás ella le daba más miedo que la esfinge con la que había tenido que lidiar antes.
-Escúchese, ahí está de nuevo su arrogancia, no se confunda señor Potter, como dije antes que usted confíe en mi ayudaría demasiado, pero no es la única opinión que cuenta porque si así fuera yo nunca hubiera sido parte de la Orden. Hay muchas opiniones que cuentan, cuando usted mismo entró, había muchos que se oponían.
-Mi madre…
-Así es señor Weasley, ella y varios otros. Se habló en esa junta con todos los miembros y como eran más lo que querían que estuviera, por eso entró. Así que nuevamente señor Potter, no cometa el error de pensar que su opinión es la única que cuenta.
Demonios, había sonado arrogante de nuevo y lo odiaba.
-No quise que sonara así, pero ayudaría demasiado como usted dice si más miembros de la Orden creemos en usted. ¿O no?
-En efecto, ayudaría demasiado, aunque creo que de todos los miembros son pocos los que no confían en mí. De cualquier forma, debe darme tiempo, no es fácil lo que debo hacer, pero en cuanto la tenga se la traeré.
- ¿Qué haremos mientras?
-Destruyan el que tienen.
Harry y Ron se voltearon a ver, el solo sabía que tenían un Horrocrux, al parecer no sabía de la daga. Pero ninguno de los dos dijo nada.
-Hermione encontró la forma, solo falta llevarla a cabo.
- ¿Puedo saber cuál es?
-Prefiero que no.
-La traeré, aunque probablemente sea tardado.
Ron dio un paso hacia el profesor Snape.
-Profesor, por la tarde vino la profesora McGonagall bastante preocupada y conversó con Hermione a solas, después de eso la profesora se fue de forma apresurada y Hermione estaba pálida y se fue un minuto después ¿puede decirnos por qué?
Parecía que la señorita Granger no les había dicho a sus amigos que se estaba quedando en una casa igual a la casa de los gritos, y mucho menos les había dicho con quién estaba viviendo. Si bien él y la profesora McGonagall le habían sugerido no decirles a sus amigos donde y con quien estaba, eso había sido antes de que ellos se fueran, ahora ya estaban en un lugar seguro, pero ella no les había dicho y él no iba a decirles si ella no había querido contarles.
-No señor Weasley, no puedo decirles, si ella no les ha contado, yo no soy nadie para hacerlo, lo que sí puedo decirles es que ya se arregló ese problema. Todo está bien.
Ron solo suspiró, pero no insistió.
-Gracias de todos modos.
-Bien, si no hay más que decir, me voy.
Ya no dijeron nada, solo asintieron con la cabeza. El profesor Snape se dirigió a la puerta y salió.
Cuando ya se había ido Ron se dirigió a Harry:
- ¿Te das cuenta? Hermione no nos contó porque no quiso hacerlo no fue porque no pudiera hacerlo.
-Lo sé, desde el funeral está demasiado extraña, ¿Qué será tan importante que no quiere decirnos? Digo, entre nosotros no hay secretos, al menos eso creo, ella nos contó de su problema, tú nos cuentas siempre todo lo que pasa contigo y yo también, siempre les cuento todo.
-No se me ocurre nada que quiera ocultarnos.
En el fondo de él, sabía que era, lo había notado desde la fatídica tarde donde el estúpido de Malfoy le había llamado por primera vez "sangre sucia", cuando caminaban a la cabaña de Hagrid entre sollozos y porque pensaba que nadie la escuchaba había dicho "¿por qué él?" Y él supo inmediatamente que se trataba de Malfoy, aunque él había intentado ayudarla, ella solo pensaba en que había sido Malfoy y no alguien más quien la había llamado así.
Eso nunca se lo había comentado a Harry, y no sabía si comentárselo justo ahora. Decidió no hacerlo, porque muy dentro de él tenía la esperanza de que no fuera así, que lo que tenía a Hermione tan preocupada y alejada de ellos no era por la persona que la había insultado desde el primer día, que no fuera por la persona de la que la defendían siempre, y no solo ellos dos, también se sumaban Ginny a veces Luna y hasta Neville.
-Podemos preguntarle la próxima vez que venga.
Harry lo sacó de sus pensamientos y se lo agradeció, porque no quería hacerse ideas que esperaba que fueran absurdas.
-Creo que debemos ir a dormir.
-Solo paso por algo a la cocina y subo a dormir.
-Bien.
Harry no tenía hambre, apenas había regresado y ya había visto al profesor Snape y no solo eso, sino que le había dado el beneficio de la duda y no estaba seguro de que eso fuera una buena idea
