Ranma ½ y todos los personajes son creación de Rumiko Takahashi

La mascota de mi vecina… y otro vecino

Me encuentro disfrutando felizmente del emparedado especial de mamá. No es por nada pero la señora de Saotome, entre cuyas habilidades la más amada por mí es la cocina, prepara los platillos más deliciosos que cualquier persona pueda degustar. Si alguien en el mundo presume de tener buen juicio culinario, entonces ese alguien estaría de acuerdo conmigo respecto a los emparedados especiales de Nodoka Saotome. Un diez sería la calificación mínima para tan exquisito manjar.

El primer bocado es apenas el comienzo para el festín en mi boca.

-Mmm está buenísimo… -expreso para el mundo aunque el mundo está afuera y no me importa. Esta buenísimo lo que como.

El segundo bocado es todavía mejor que el anterior. Me obligo a contenerme para dar mordiscos de menor tamaño o de lo contrario acabaría mucho más pronto de lo que quisiera con la experiencia en mi paladar. No está nada mal, el pobre va a la mitad y pronto formará parte de mis recursos energéticos para los entrenamientos vespertinos con el ocioso de mi padre. A punto de dar el tercer mordisco, una conocida y melosa voz me interrumpe.

-Ay… (palabras que no entiendo) ven aquí bonito… (sonidos melosos) cosita…

Demasiada miel para ser cierto aunque no entiendo todo lo que dice pero ya me empalagué. Más importante aún, ¿qué cosa está haciendo que mi vecina suene como si no fuera ella misma?

Con lentitud y pesadez, porque esto de que me distraigan de mi alimentación es terrible, me acerco a la ventana. Desde esta posición en la casa puedo ver la entrada de la casa de a lado, son algo así como construcciones espejo, detalles más, detalles menos. Me asomo con la discreción necesaria, no es que me guste ser chismoso ni andar observando. Solamente me asomo bajo circunstancias necesarias… bueno en realidad me gusta observar, cuando estoy recostado, el enorme árbol que se encuentra en medio de la entrada de ambas casas, pero ver directamente a la familia que vive a un lado no acostumbro a hacerlo.

A no ser que escuche cierta vocecilla conocida para mí. La voz de la más joven de la familia Tendo. No es que ella me interese, claro que no, sucede que en ocasiones se mete en problemas y hemos formado una especie de alianza que me llama a cuidarla si es necesario. Es linda claro, pero no lo suficiente como para llamar mi atención. Sus ojos son bellísimos, jamás había visto un color de ojos semejante. Pero no son tan llamativos después de todo. Cuando me mira con esos ojazos me descoloca pero yo soy muy resistente a los encantos de las mujeres. ¿Encantos? ¿Akane es encantadora?

Sacudo mi cabeza. He pensado demasiado en estas cosas. ¿A qué venía a la ventana?

-¡Aaaaaww! Pero qué monada, eres lindísimo -la melosa voz me recuerda a qué venía.

No me es posible observar bien lo que ocurre. Ella está agachada y con su figura oculta lo que sea que le haga hablar como la mujer más boba del planeta. Debe tener un tamaño pequeño, pues ella no es corpulenta ni nada parecido, pero es lo suficientemente grande como para impedirme ver lo que la tiene tan cautivada. Me rasco la nuca con impaciencia, no comprendo nada de lo que sucede lo único que me queda claro es que debe ser sumamente interesante porque ella no es de las personas que se impresionan tan fácilmente ¿o sí? Aunque pensándolo bien, Akane es una chica ingenua e inocente… sí, creo que sí de deja impresionar con rapidez.

Sin poder prever su movimiento, se levanta rápidamente y gira con tanta agilidad que en una fracción de segundo se encuentra mirando hacia mi ventana. Esa acción me toma de improviso, ocasionando que deje caer de mis manos el último pedazo del delicioso emparedado que mi madre me había preparado. ¡Esto es imperdonable! Y justo en este momento mis reflejos de artista marcial tenían que fallarme. Sin poder evitarlo, el pedazo se cae dramáticamente al suelo hasta quedar semi esparcido por el suelo. Presa de una entera indignación mi lengua es más rápida que mi cerebro.

-¡Oye! -le grito al mismo tiempo que ya medio torso está asomado en su dirección.

Hasta este instante soy capaz de ver claramente lo que la tiene tan entretenida. En sus delicadas manos tiene aprisionado un pequeño animal de color negro, con rosada trompa y un pañuelo amarillo alrededor de su cuello: un cerdo negro. Pero qué tontería, solamente Akane Tendo se dejaría enamorar de un animalejo sin chiste ni gracia. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que hace unos segundos ella no me había visto, sino que más bien llevaba en sus manos al animalejo y lo alzó para observarle con mayor atención o simplemente estaba jugando con él.

Pero qué idiota soy… demasiado tarde he reaccionado.

-¡Miiira Ranma! Un cerdito, ¿no te parece adorable? -me pregunta con una enorme sonrisa.

-Claro, es tan adorable como una roca -mi respuesta finge desinterés. Su sonrisa puede llegar a ser mortal y más bajo los efectos del encantamiento del cerdo.

-Eres un grosero, Saotome -su respuesta deja notar la molestia que le he causado con mi comentario. Ay… ¿por qué me gusta fastidiarla? Ni yo lo entiendo. -No hagas caso pequeñito -me ignora y acerca al horrible animal a su rostro en modo cariñoso -Ranma es un gruñón, grosero, engreído y pervertido pero en el fondo es amable y buena persona.

-Graaacias, me siento muy halagado -mi respuesta es de fastidio. No es agradable que esa chica boba se exprese así del gran Ranma Saotome.

-Y todavía podría halagarte más pero no tengo tiempo para eso, ahora debo darle de comer al pobre, seguramente tiene hambre -mi encantadora vecina se dispone a entrar a su casa. Y ahora que la escucho hablar de comida y hambre, miro automáticamente la escena del crimen respecto a lo que yo estaba comiendo antes del susto que me dio al pensar que me había descubierto.

-No tan rápido Tendo -llamo su atención.

-¿Qué pasa? -su rostro es de verdadera confusión.

-Hay algo que me debes -respondo dignamente y cruzo los brazos para hacer énfasis en mi descontento.

-¿A qué… te refieres? -sigue confundida y ahora me estoy divirtiendo con su reacción.

-Me refiero a que antes de que tú y la roca en tus manos me distrajeran, estaba muy feliz comiendo, cuando de pron-

-¡Holaaa!, ¿hay alguien en casa?

Una voz masculina me interrumpe. Desde aquí veo a un sujeto que me parece bastante familiar, parado frente al portón de los Tendo. La bandana de su cabeza me ronda en la cabeza, hurgando en mis recuerdos para saber de dónde la tengo registrada. Todo parece muy extraño y no estoy seguro de que ella lo conozca, al menos no lo había visto en todo este tiempo visitar la casa de su familia pero es indudable que yo he visto en algún otro sitio. La veo dirigirse al portón.

- ¡Hola! Esta es casa de la familia Tendo, ¿a quién buscas?

¡Pero qué mujer más descuidada! Vamos Akane, dile de una vez tus horarios y cuántos viven en tu casa, no puedes ser así de confiada con las personas, cómo es posible…

-Hola, buenas tardes -el sujeto hace una reverencia -en realidad no busco a una persona, estoy buscando a un pequeño cerdo negro ¿no lo has visto pasar por aquí?

-Oh… sí claro -puedo notar la decepción en su voz.

No sé si seguir observando todo desde donde estoy, el sujeto no parece peligroso aunque puedo notar que su cuerpo es atlético, lo suficiente como para darle batalla a mi vecina. Dadas las circunstancias no sería caballeroso, como dice frecuentemente mi madre, de mi parte dejarla enfrentar a un desconocido ella sola. Sin mayor esfuerzo que un par de saltos llego hasta el sitio donde está Akane.

-Vaya, así que la pequeña roca ya tenía dueño, pensé que era tuyo -observo al animalillo más de cerca. Ciertamente se ve tierno, es de esas cosas que a las mujeres les encanta cargar y acariciar.

-Ranma, deja de ofender al pequeño P-chan

-¿P-chan?

-¿P-chan?

Preguntamos el extraño y yo al mismo tiempo. Nos observamos un momento, como tratando de reconocernos mutuamente. Pero a juzgar por su expresión, parece que él ya me ha identificado, pues su ceño se ha fruncido y la cara amable que momentos antes hablaba con mi vecina ahora ya no estaba. Me parece ver que de aquella mueca en su boca sale un colmillo. ¡Un momento! Bandana amarilla, colmillo sobresaliente, cuerpo atlético, emparedados… ¡Claro!

- Ranma Saotome, ¿qué haces tú aquí? -se adelantó a preguntar.

- Já, yo iba a preguntar lo mismo -respondí con suficiencia.

- ¿Lo conoces Ranma? -pregunta con sorpresa y curiosidad mi vecina.

-Al principio no lo había identificado, pero ahora no me queda duda -enarqué una ceja mientras miraba aun fijamente al chico frente a nosotros. -Quién diría que Japón era tan pequeño como para volvernos a encontrar, no piensas igual ¿Rioka Hibiki? -su expresión pasó de la molestia a una mayor molestia.

- ¿Cómo me llamaste? -me preguntó con lentitud, pero firmeza en su voz. Uy… parece que este asunto ya se complicó. Tengo que verlo un poco más de cerca, así que sin pensarlo lo rodeo para poder observar cada detalle de su físico, pero por más que trato, es el único nombre que viene a mi memoria.

- Mmm… sí, estoy seguro de que eres Rioka Hibiki, el chico de las peleas a la hora de comer -sonrío -cuando nos quitábamos los emparedados del almuerzo… qué buenos tiempos.

- ¿Nos quitábamos dices? Eras tú quien siempre se aprovechaba de los demás, Saotome -reclama con indignación.

-No es mi culpa que no fueran lo suficientemente fuertes para ser mis rivales y poder ganarme -lo siento, eso me salió un poco pedante.

-Y mi nombre no es Rioka, soy Ryoga -me señala amenazante con un dedo índice -espero que esta vez no se te olvide.

-Ah! Ya decía yo que sí eras Hibiki

-Aquí tienes, llegó por sí solo y… yo lo recogí porque imaginé que estaba extraviado… -la voz de Akane me regresa al punto de todo esto. La veo mostrarle al pequeño cerdo en sus manos y a juzgar por su rostro, no se ve muy afectada, su gesto es tan amable como siempre acostumbra a serlo.

Parece que mi excompañero de escuela también se ha reubicado en el asunto original dado que su rostro ahora es menos serio y sonríe tímidamente. Por supuesto, no podría ponerse a pelear con la menor de las Tendo, siendo ella quien ha rescatado al animal piedrita y le debe ahora un favor a ella.

-Te, te agradezco -agarra de sus delgadas manos al pequeño cerdo -en realidad no creo que haya estado perdido jeje, creo que más bien el perdido era yo… a-a decir verdad él sabe llegar a casa con mayor facilidad que yo -pone cara de tonto apenado -yo me extravío y más cuando recién estoy en un lugar…

- ¿Eres nuevo por aquí, Ryoga? -la voz amable de mi vecina me hace enarcar una ceja, ya le devolvió el bicho, ¿qué más conversación quiere?

-Sí, hace un par de días que me he mudado por aquí

- Pues ¡bienvenido Ryoga! Cuando quieras puedes pasar por aquí a distraerte en el dojo, o podemos acompañarte a conocer más lugares. Es un barrio muy bonito y tranquilo, seguramente encontrarás cosas interesantes y pronto te adaptarás -las manifestaciones de amabilidad de mi vecina no se hicieron esperar. Pero…

¿Le está diciendo que puede venir al dojo cuando quiera? Un momento… dijo ¿podemos? ¿se refiere a ella y a mí?

-Gra-

-De nada Rioka, digo Ryoga, me da gusto que hayas encontrado tu pequeño cerdo guía -le corté la inspiración y con eso el sonrojo de sus mejillas también se esfumó -Akane tienes algo pendiente conmigo… -la miro con seriedad -tú y tu mascota me hicieron tirar mi comida

-Pero de que-

-Nada de peros, anda vamos a ver qué bocadillos hizo Kasumi para que me regales uno en compensación -la tomo de la mano y nos dirigimos al interior de su casa. No estoy escuchando lo que ella me dice -¡nos vemos Ryoga! -me despido a lo lejos de nuestro nuevo vecino, porque claro, soy educado.