Ranma ½ y todos los personajes son creación de Rumiko Takahashi

Mi vecina y su amigo… el pato (parte 1)

La fresca brisa que se cuela por los pasillos me revuelve el cabello, que dicho sea de paso, he decidido traerlo suelto. No es por presumir pero no me queda nada mal. Y esto no lo digo yo, sino que las miradas y murmullos que se escuchan a mi alrededor dan fe y legalidad al asunto de mi cabellera. Me considero un hombre humilde en general, sin embargo en estos momentos debo aceptar que me anima la confirmación de mi decisión sobre el cambio en mi aspecto el día de hoy. No lo he hecho por nada especial, claro que no, es solamente curiosidad… sí… curiosidad. Me apresuro a encontrar a mis compañeros de carrera. ¿Y qué estudio? Bueno, debido a mi formación como artista marcial quise dedicar mi vida escolar al tema de la medicina tradicional, la medicina del deporte y la fisioterapia. Lamentablemente los temas de medicina no son precisamente lo mío por lo que la fisioterapia es más sencilla. Me pareció una mejor opción considerando que entiendo las lesiones musculares, obvio no porque yo las padezca, sino porque el torpe de mi padre siempre padece de estas cosas, entre su falta de entrenamiento y mi fuerza descomunal en los combates, pues… como dije, soy generalmente humilde pero la verdad soy muy bueno en el estilo libre.

-Hola Ranma, casi no te reconozco con semejante cabellera -comenta Hiroshi, uno de mis amigos de esta escuela.

-Oye sí, de espalda parecías ser una bella señorita pero tu espalda ancha y estatura ya no cuadraban con ese cabello jajajajaja -se soltó a reír Daisuke, otro idiota pero buen amigo.

-Ya cállense -dije con fastidio, ya que a la risa del segundo se unió el primero.

-No, no jajajaja no… ya, hablando en serio -se reponía Hiroshi -te queda bien el estilo de cabello libre jajajajaja

Con verdadero fastidio camino por un lado de ellos y los dejo atrás riendo como dos locos. Afortunadamente traje conmigo una liga y tomando mi cabello lo amarro en una coleta. Mi buen ánimo no debía verse afectado por semejante par de tarados. De pronto, los suspiros de unas chicas me sorprenden, y al sentirme observado camino con mayor rapidez, tratando de evitar que noten el sonrojo en mi rostro. Esas chicas en definitiva no las conozco y no me interesan, pero esos suspiros seguramente llegaron hasta el edificio donde mi vecina toma clases.

-Y hablando de ella… -me digo en voz baja.

Mis pasos, como guiados por unos extraños imanes, me llevan paso a paso en dirección a la zona donde ella estudia. Mi peculiar vecina, por raro que parezca, decidió entrar a estudiar las artes culinarias… sí… de hecho ella nunca ha sido buena cocinando y por esa misma razón se propuso estudiar arduamente para ser una chef… o por lo menos que el agua no se le queme. La he visto sufrir y llorar durante el proceso y, pese a que admito que es conmovedor verla pasarlo difícil, considero que debe darse cuenta tarde o temprano de que esta pasando angustia voluntariamente. Pero es terca y nada la hará desistir de la meta.

Y mientras reflexiono, como casi todos los días de escuela, en cómo le estará yendo y si de casualidad hoy moriré envenenando al probar de las cosas que hace, caigo en cuenta de que ya estoy más que cerca de la explanada de su facultad de estudios. Mi corazón late con inquietud. Rayos ella me pone tan absurdamente alterado.

-Disculpa… -una tímida voz me saca de mis pensamientos. Giro levemente en dirección a la voz y descubro a una jovencita sonrojada e impactada por mi varonil e indiscutible atractivo.

-Hola… amiga de Akane -saludo amablemente.

-Sí, mi nombre es Sayuri pero está bien si me recuerdas como la amiga de Akane. ¿Vienes a verla?

-Amm… solamente andaba pasando por aquí -finjo casualidad -pero si sabes dónde está ella puedo saludarla y ver si necesita algo.

-Akane está en los talleres de cocina internacional, estamos a punto de presentar nuestras primeras pruebas para calificación parcial así que ella está tomando clases de refuerzo y…

-Ya veo -creo que la interrumpo, no pude evitarlo al escuchar "talleres de cocina internacional" -gracias iré a ver si necesita algo…

Sin esperar una despedida por su parte me encamino a toda velocidad. "Talleres de cocina internacional" repito entre dientes, dientes que se aprietan ligeramente. En menos de lo que mi dientes rechinan, ya me encuentro frente al portón donde se llevan a cabo las dichosas clases de refuerzo.

Aguzando el oído, identifico la voz de mi vecina, mi estimada vecina que es tan pero tan ingenua que no se da cuenta de los bajos deseos e instintos de la gentuza que le rodea, hombre por supuesto. Seguido de su voz, encuentro una más gruesa y claramente masculina. Rompo con las manos una vara que agarré de quién sabe dónde y en quién sabe qué momento porque me gana la curiosidad de saber qué estarán haciendo.

Asomándome por una pequeña abertura en el portón, logro ver con claridad la cara sucia de Akane. Se ve tan tierna… pero ¿qué estoy pensando? Cómo puede parecerme tierna esa chica de cabello azulado como una noche estrellada, de ojos cuyo misterioso color me aprisionan y ese aroma a vainilla que suele desprender… Debo estarme volviendo tonto, tengo que golpearme la frente un par de veces para concentrarme. Mi cuerpo vuelve a la seriedad en la que me hallaba antes de ver a esa boba. Ahora mi mirada se concentra solamente en el sujeto que la acompaña. Ella dice que es su amigo y yo digo que es su admirador. ¡Já! Al gran Saotome nadie le toma el pelo. Debo admitir que es alto, de facciones varoniles pero no toscas, y que su largo cabello azabache es casi competencia para mi melena perfectamente cuidada como si fueran largos dientes de dragón. Ese hombre al que ella considera amigo e instructor de avanzada comida internacional es al que yo llamo el hombre pato… y sí… me molesta que estén juntos…