Mi vecina y los libros (parte 1)
Me siento aburrido, infinitamente aburrido, horriblemente aburrido. ¡Ya me quiero ir!
Me dan ganas de gritar pero en lugar de eso dejo salir un gran bostezo. Puedo notar la mirada incómoda de las personas alrededor.
-Ups, lo siento... -me disculpo en un tímido susurro. Siento el calor subir por mi cara. ¡Pero qué diantres, no me importa!, es demasiado aburrido estar en la biblioteca. Si no fuera por los exámenes teóricos no tendría ninguna necesidad de torturarme en este lugar… No me queda más que fijar la mirada en los libros con los esquemas que necesito estudiar.
Si tan solo fuera más interesante leer para mí yo estaría menos frustrado. Hojeo sin muchos ánimos las páginas del libro que tomé y hago lo que puedo por no distraerme. Sé que el tiempo transcurre porque por la ventana la luz del sol no es la misma.
-¡Por fin! -grito animado pero de inmediato me callan los compañeros de las mesas vecinas. Ups lo volví a hacer. Con vergüenza me levanto del asiento para llevar el libro al estante y aunque quisiera decir que ya era todo, lo cierto es que debo leer por lo menos un libro más...
-Arg... qué aburrido ya me cansé...
Observo el lomo de los libros para decidirme por el que más llame mi atención. Quito uno gordo, que tiene un color similar al de mis ojos, y no es que sea vanidoso sino que realmente es un color peculiar. Paso las páginas y parece ser que será suficiente lectura para lo que estoy buscando. Repentinamente no puedo evitar mirar por el hueco que dejó el libro en su lugar, ya que me siento atraído casi inmediatamente. Me quedo ahí observando qué se supone que es lo que ha cautivado algo en mí. Estaba a punto de meter más la cara por el espacio cuando entonces me doy cuenta de que estoy mirando una cabellera brillante y de color peculiar. Podría reconocer ese cabello en cualquier parte del mundo, según yo, pero por si hubiera algún error busco un poco más con la mirada y sí, es ella... mi vecina.
Una sonrisa aparece en mi cara. ¡Tonto por qué estas sonriendo! Me reclamo en mis adentros.
- ¿Saotome Ranma? -escucho mi nombre y me sobresalto. De manera instintiva le tapo la boca a la persona en cuestión, procurando que no me delaten pero para cuando miro de nuevo ella ya no está. Mi suspiro es más de molestia que de relajación. Miro con severidad en dirección a mi delator y con vergüenza descubro que es una jovencita. Puedo sentir el calor de su cara bajo mi mano y de inmediato la suelto. ¡Demonios! seguramente ahora estará pensando en que lo hice porque me gusta.
-Lo, lo, lo siento -rayos que tonto soy.
-No se preocupe sempai yo... -su voz es como de un ratoncillo asustado, no entiendo ni escucho con claridad lo que dice.
-Nos vemos - me despido de inmediato.
Necesito encontrar a esa vecina rara que tengo, seguramente vino a fastidiarme el día. ¿Encontrarla? Claro que no, es mejor si escapo de ella. Con cautela me siento en el lugar donde estaba estudiando. Vaya que es molesta esa Tendo, yo tan concentrado que estaba en mis estudios y ahora por su culpa he perdido la concentración. Tan bien que iba... suspiro.
Los minutos pasan con una pesadez que me irrita y, tal como lo temía, mi concentración se fue por un tubo. Me veo a mi mismo con algo de ansiedad mirando en todas partes, como si fuera de vida o muerte ver dónde está esa chica loca. Pero no hay rastro de ella hasta donde mis ojos alcanzan a ver. ¿Pero qué me sucede? No puedo evitar pensar en...
-Tendo Akane... -su nombre es pronunciado por otro hombre. Me sobresalto al instante, la voz viene detrás de mí y el corazón se me acelera de inmediato.
-¿Sí? -la voz de ella hace que me descoloque otro poco.
Como quien no quiere la cosa, me recargo hacia un lado y tapándome la cara con el libro giro para poder ver hacia atrás y observo con atención. Y sí, en efecto, sin lugar a dudas, ahí está mi vecina siendo observada con mucha atención por un sujeto. Siento mi ceño fruncido por un momento.
-Ag...
Continuará...
