Mi vecina y los libros (parte 2)

-Ag... -pero qué molesto, ¿qué no se dan cuenta que este es un lugar donde hay que guardar silencio?

-¿Me permite sentarme en esta mesa? es que no encontré lugar, está un poco llena la biblioteca... -escucho decir al sujeto.

-Claro, no hay problema -respondió ella y mostró su amable sonrisa.

Pero qué sujeto tan mentiroso, miserable, mi mesa está desocupada. Es la excusa más estúpida que a alguien se le puede ocurrir en este lugar y momento... Resoplo con fastidio, es obvio que solamente busca estar sentado al lado de ella. Y no sé qué me molesta más, si el descaro de él o la ingenuidad de ella. ¿O es que acaso Akane lo quiere tener a un lado y finge no saber que miente? Sacudo mi cabeza con rudeza.

¡No! Debo dejar de pensar en ella, son sus asuntos y es ruda como un luchador de sumo, ella sabe cuidarse, a mí qué me importa.

Trato de concentrarme en lo que debo estudiar, ya que no queda mucho tiempo para el examen y es importante que me enfoque. Después de unos minutos logro hacerlo, pero tanto silencio en la mesa de atrás me inquieta. Además de eso, la iluminación desde el lugar donde estoy no me permite leer con tanta claridad por lo que será necesario cambiarme de lugar para ver mejor... mi lectura, por supuesto. Me muevo de asiento al otro lado de la mesa, de tal manera que ahora puedo ver perfectamente bien las pequeñas letras del libro y claro, por casualidad del destino, puedo ver claramente la espalda de mi vecina y al mentiroso que está sentado a su lado. Pero eso no es importante, la cuestión es leer mejor con la luz que da de este lado.

Los rayos del sol que entraban por las ventanas han desparecido y poco a poco empieza a quedarse vacío el lugar. A pesar de que he tenido la vista casi todo el tiempo clavada en el libro, me he visto en la necesidad de mirar de tanto en tanto en dirección a las dos personas sentadas en la mesa de enfrente. Sé que Akane es una estudiosa y ha sido sorprendente comprobarlo, viéndola pasar de una página a otra sin alterarse por nada alrededor. Tal ha sido su concentración que no se dio cuenta de las cinco veces en que ese idiota sentado a su lado ha reposado su brazo en el respaldo de su silla, buscando una cercanía constante y cada vez más descaradamente. Tampoco notó las doce veces en que fingió acomodarse las cintas de los zapatos del lado de ella, inclinándose lo suficiente como para estar a escasos milímetros de recargarse en su brazo. Y mucho menos ha visto que delante de ellos, a un par de mesas, otro idiota está tomando fotografías de estos "extraños acercamientos" desde un teléfono.

Ese par de tarados han de ser amigos y quieren sacar provecho de mi boba vecina. Sino entonces para qué sacar esas fotos.

Obviamente no es que yo esté al pendiente de lo que ocurre en esa mesa donde justamente está Akane, sino que descanso la vista de mi profunda lectura y lo más inmediato de ver es el frente.

Un cosquilleo a un costado de mi pierna me distrae de la vigilancia involuntaria. El móvil me indica que Hiroshi ha comenzado a buscarme y no es para menos, pues es tarde.

-¿Qué pasa Hiroshi? -respondo lo más bajo que puedo.

-Holaaa, amigo Ranma ¿dónde estás? se supone que teníamos práctica de baloncesto y no te apareciste, por poco nos ganan, ¡qué malo eres, nos abandonaste! -me reclama sin parar.

-Cálmate, no grites estoy en la biblioteca... -contesto casi debajo de la mesa para que no me callen las pocas personas presentes.

-¿Qué dices? ¿Ranma Saotome en la biblioteca? jajajajaja -ese infeliz, y las risas de los otros también se escuchan -eso tengo que verlo, Ranma se preocupa por los exámenes, quién lo diría jajajajaja -argh, esos tontos me las pagarán cuando los vea.

-Como sea, estoy ocupado debo colgar -termino la llamada.

Guardo con fastidio el teléfono en mi bolsillo. Y aunque se han burlado de mí admito que esa llamada ha servido de distracción luego de tanta concentración en mis estudios y en mi ve...CINA! Lo que mis ojos ven me altera tanto que escucho y siento mi lápiz romperse en mi mano.

Sin pensarlo dos veces me aproximo a ese sujeto y antes de que sus sucios labios toquen la mejilla de Akane, le tomo por el cuello ejerciendo presión a sabiendas del dolor que debe estar sintiendo. Su reacción es inmediata y me da gusto, se lo merece.

-¿Quién te crees que eres? -su voz es furiosa pero es un enclenque que se quiere hacer valiente. Maldito mocoso.

-Hazte a un lado, estás ocupando mi lugar -sin rodeos, así es como debe hacerse en estos casos.

-¿De qué hablas? Yo estoy aquí desde hace horas sentado, estás loco amigo -¿así que me quieres dejar en ridículo? Me acerco más a él y ahora coloco mi mano en su hombro, lista para hacerlo retorcerse de dolor si no se quita.

-Dije que te hagas a un lado. Sé que has estado horas aquí fastidiando a Akane y tu amiguito -lo señalo con el dedo, el otro sujeto se hace el desentendido- tomando fotografías. Si no quieres tener más problemas conmigo vete de una vez...

Como si hubiera visto un demonio, se va a toda prisa y el otro sujeto también. A lo lejos veo a mis amigos que con enormes sonrisas se aproximaban, seguramente para fastidiarme pero al chocar con los cobardes que huían se distrajeron de su cometido, para mi mejor. No estoy de humor para sus burlas. Y respecto a esos malditos, quién sabe qué fotografías habrían tomado pero me ocuparé de eso después. ¡Y tú! Miro a mi boba vecina pero ella está dormida, recostada en su brazo, con su rostro ladeado, parece una niña que se cansó de tanto jugar. Observo la pila de libros que tiene por un lado.

Suspiro. Seguramente ella tiene una prueba difícil y por eso está agotada. Pero quién diría que Akane Tendo duerme como los osos, que ni siquiera escuchó lo que pasaba. Tan rápido como puedo voy por mis cosas para acomodarme en la mesa con mi vecina durmiente. Al instante, por los parlantes nos avisan que queda una hora para que empecemos a desalojar el lugar.

Y debo admitir que fue la hora más provechosa de mi lectura en todo el día. Por alguna extraña razón, la compañía silenciosa y onírica de Akane dormida a mi lado me dieron tanta tranquilidad que he podido leer de corrido, comprendiendo todo y sin sentir que el tiempo era una tortura. Me estiro para relajar los músculos. El sonido de unas campanillas suenan y es el aviso de que es tiempo para empezar a retirarse.

Y ahora, ¿cómo la despierto?

Mi mano temblorosa no sabe si sacudirla un poco, capaz que me golpea, lo cual sería irónico porque soy su salvador, soy casi guardaespaldas y soy quien menos merece ese trato. Opto por la opción más segura y con un bolígrafo le pico la mejilla, la mano, las costillas...

-Akane, oye, Akane, despierta, boba Tendo despierta... ya es hora de irnos -a ver a qué hora despierta...

-Joven por favor dígale a su novia que ya es hora de desalojar la biblioteca, por favor despiértala o llévatela cargando -una amable señora de vigilancia me interrumpe y con sus palabras me sonrojo.

-No soy su novia... soy su vecina... ya es tarde -la somnolienta voz de Akane se hace presente. La veo con mi ceño fruncido, por su culpa somos los últimos en salir. Ella se frota los ojos y luego me mira inocentemente -Ranma ¿qué haces aquí?

-Yo... -desvío la mirada para no sonrojarme -vine a estudiar -le muestro el libro -a diferencia de ti yo sí estudio, tú eres una dormilona que usa la biblioteca para acostarse -le muestro la lengua y ella frunce el ceño.

-Sí, cómo no. Yo estudio tanto que me quedé dormida bobo -se estira y comienza a recoger sus cosas y yo hago lo mismo. Por alguna razón me siento relajado y de buen ánimo. Caminamos a ritmo lento, la brisa es agradable y la luna bastante llena. No como mi estómago, el cual ruge en ese momento. Puedo escuchar la risa de Akane.

-Te invito a cenar vecino, será tu premio por ser tan estudioso -ella sonríe.

-Me parece bien, gracias vecina, me esforcé mucho -sonrío igual.

Me pregunto qué querrá cenar, solamente espero sea delicioso y no lo prepare ella o moriré.