El bolígrafo dando golpecitos en la mesa era el único ruido que perturbaba la paz.
Obito ya no sabía qué más hacer para calmarse. Primero había intentado leer el último número de "La Ciencia Hoy", que Orochimaru guardaba en un sobrecargado revistero. Después miró el atardecer por la ventana mientras le daba vueltas y más vueltas al tema del nuevo estudiante. Por último comenzó una conversación con su jefe, que le contó todos los detalles de su próxima participación en una tertulia televisiva de Konoha TV. El mismo jefe que ahora lo miraba por encima de la pantalla de su computadora portátil.
—¿No puedes canalizar tu ansiedad de una manera menos ruidosa?
—Es tu culpa —replicó Obito—. No debiste haberme dicho que iba a venir alguien del País de la Tierra.
—Disculpa por eso. Siempre olvido que te disparan la curiosidad —Orochimaru se volvió hacia el reloj en la pared—. Imagino que debe ser difícil de resistir. De lo contrario no estarías aquí.
Obito fingió indiferencia. Detestaba ver sus fallos expuestos, justo la misma cosa que Orochimaru parecía disfrutar.
—Sólo quería echarle un vistazo rápido. Como dije, si no me hubieras dicho nada no me habría visto tentado a venir.
Desde que entró pasaron por aquel lugar varios pacientes y estudiantes de Iwa. Y Obito no podía evitar involucrarse. La última fue una chica con trastorno depresivo por vínculo roto que ni siquiera sabía hasta ese momento que tenía un alma gemela. Todas y cada una de las veces, Obito se involucró demasiado. Todas y cada una de las veces, Obito temía que fuera esa persona que el destino le reservó. La sugestión le provocaba una ansiedad innecesaria y un estrés que no necesitaba en su vida.
Y una vez más estaba a punto de pasarle.
—Entonces no te gustará saber que el único estudio libre que le encontramos era junto al tuyo.
Esa vez, Obito no pudo evitar la fuerte exhalación que se le escapó.
—Lo haces a posta —dijo.
—No, pero es interesante verte sugestionado. No ha fallado ni una vez —respondió Orochimaru.
—Entonces, estás disfrutando verme así. ¿Cierto?
Estaba empezando a pensar que Orochimaru le había dado una beca al primer tipo del País de la Tierra que se lo había pedido sólo para estudiar el fenómeno.
—No dije que lo estuviera disfrutando, Tobi. Dije que lo encontraba interesante. Podrías aprovechar para hacer un estudio al respecto —dijo y a Obito esa sugerencia no le extrañó en absoluto—. Y por cierto, cuando te lo conté sí que fue a posta. Pero lo del apartamento no. Era el único que teníamos disponible.
El celular de Orochimaru comenzó a avisar de mensajes nuevos. Su jefe desvió su atención al aparato. Obito meneó la cabeza, pensando en lo que le esperaba.
—Si no ha sido a propósito, dime qué tiene de especial ese chico como para merecer una beca —dijo Obito.
Orochimaru alzó las cejas, sin despegar la vista del teléfono.
—¿Ahora quieres saber? —Obito ya empezaba a odiar aquello. No, por supuesto que no quería saber. Se dijo que no se interesaría esa vez—. Es un viudo de alma.
Para su sorpresa, Obito se decepcionó más que molestarse.
—¿Eso es todo? ¿Un viudo de alma?
—Obviamente no. Este es especial —respondió Orochimaru.
—No me cuentes más —se apresuró a decir Obito, antes de que el otro pudiera seguir hablando. Iba a trazar ahí la línea—. No quiero saber.
—Como quieras, aunque tarde o temprano acabarás entrerándote —Orochimaru agitó la muñeca, restándole importancia—. Pero si es verdad que no quieres involucrarte, deberías irte ya. Kabuto me ha escrito para avisarme de que están por llegar.
Obito se puso en pie con cuidado.
—Sí, es lo mejor —dijo y justo después se escucharon unos golpes en la puerta.
Kabuto se asomó a la habitación y Obito chasqueó la lengua con disimulo.
—Ya estoy de vuelta —anunció.
Obito estiró el cuello para poder ver quién había detrás. Después de tanta expectación y aunque en realidad no quería saber nada, no estaba apreciando aquel anticlimax.
—¿Vienes solo? ¿Dónde está nuestro chico? —preguntó Orochimaru.
Kabuto señaló al pasillo.
—Viendo los cerezos. Le he dicho que no tarde —respondió, reparando en Obito por primera vez—. Vaya, no me lo esperaba. Hola, Tobi.
El sutil tono sarcástico fue todo lo que Obito necesitó para decidirse por salir de ahí.
—Ya me iba —espetó e hizo a Kabuto tener que apartarse de su camino.
—Kabuto no lo dice para molestarte —dijo Orochimaru antes de volverse al recién llegado—. Le he dicho que haga un estudio de su caso, sería interesante.
—Oh sí, absolutamente —Kabuto asintió con un deje de interés—. Si te sirvo de algo me avisas, te asistiré con gusto.
—Gracias —dijo Obito, sólo porque no quería quedar de susceptible delante de ellos.
Levantó la mano en señal de despedida y salió al pasillo. De camino al ala residencial, echó un vistazo a recepción. Había un chico rubio ahí junto a una maleta negra con nubes rojas. La cola de caballo suelta le llegaba a la mitad de la espalda. Estaba mirando el cuadro de Tobirama Senju cuando el recepcionista se paró a su lado y le hizo una seña para que lo siguiera.
Obito caminaba despacito, para que le diera tiempo a echarle un menos vistazo. Uno y no más. Y cuando pasó por su lado, frunció el ceño al notar el estado de su labio. Se preguntó quién le habría hecho eso y de inmediato quiso hacérselo pagar.
El chico siguió de largo dedicándole una mirada casual y Obito supo ahí que se había quedado atrapado una vez más en aquel círculo vicioso. Maldito el día en que Orochimaru le contó que venía de aquel lugar.
Obito se fue por la escalera en lugar de por el ascensor. Peldaño a peldaño subió a su planta. No era lo mejor para su muñón, pero tal vez así estaría demasiado fatigado como para enojarse con el mundo. Se arrepintió a medio camino y paró en un rellano a descansar.
—Paciencia —se dijo, falto de aliento—... Paciencia...
Si había aguantado años así, Obito quería pensar que podría aguantar unos meses más.
—¡Y aquí está al fin el chico más popular del día! —El hombre de largo cabello negro se levantó y caminó hacia él. Su mirada pronto se desvió a la parte inferior de su rostro—. ¿Y ese labio reventado a qué se debe?
—Es mucho preguntar —intervino Kabuto.
El hombre al que reconoció como Senju Orochimaru se volvió hacia su subordinado por un momento.
—Oh. Vaya. Bueno, te advierto que todos somos aquí muy curiosos así que no te tomes a mal las preguntas —dijo y le tendió la mano—. Doctor Senju Orochimaru. Un placer conocerte por fin, Deidara.
—Igualmente —respondió Deidara aceptando el saludo.
—Posiblemente Kabuto ya te haya dicho que aquí somos todos como una gran familia. No nos gustan las formalidades.
—Algo me ha dicho —Deidara examinó la recargada oficina. Las estanterías estaban llenas de libros y archivadores. Incluso en la mesa a penas había hueco para poner nada. Y aún así, le pareció que había un cierto orden en aquel desorden—. Gracias por darme esta oportunidad. He esperado mucho para poder venir.
—Te hubiéramos traído arrastrando de no haber querido —Deidara enarcó ambas cejas, preguntándose si no había ido a parar con un atajo de locos. Ninguno de los dos parecía tenerlas todas consigo. Orochimaru caminó hacia su escritorio y una vez sentado, le sonrió—. Era broma. Bien, Deidara. ¿Listo para que nos conozcamos un poco más? ¿Algo de beber, agua, té, un refresco?
—Un refresco estaría bien, hm. Llevo horas sin beber nada.
Con una mirada hacia Kabuto, el chico entró a un cuarto adyacente. Después, Orochimaru le señaló a Deidara una silla en la parte opuesta de su escritorio y tomó unas cuantas hojas de papel que estaban sobre una pila de folios.
—¿Ya vas a empezar a acribillarlo a preguntas? Espérate al menos a que descanse un poco —dijo Kabuto, que volvía con una botella de ramune azul.
—No creo poder dormir esta noche si no satisfago un poco mi sed de respuestas —respondió Orochimaru.
—No estoy cansado —dijo Deidara, sólo por hacerle la contraria a Kabuto.
Tras una mirada triunfal a su subordinado, Orochimaru tomó un bolígrafo.
—¿Ves? Deidara es un chico enérgico. Tiene toda la pinta de ser tipo de sangre B. ¿Me equivoco?
—En realidad soy AB, hm —respondió Deidara, desenroscando el tapón de la botella y dando un trago. Si todas las preguntas iban de ser así de estúpidas, pronto lo dejarían en paz y podría descansar y pensar en la cena.
—Mmmh, otra vez te equivocaste —dijo Kabuto y se sentó junto a Deidara—. No es tan bueno como él cree. Estaba convencido de que yo era A. Tuve que dejarlo hacerme un análisis de sangre para que le quedase claro que no lo engañaba.
Deidara observó a Orochimaru sacudir la cabeza. A penas lo conocía pero no ponía en duda la afirmación de Kabuto.
—Espérate al menos una semana para comenzar a contar mis trapos sucios al nuevo estudiante, Kabuto —dijo Orochimaru, apretando el botón del bolígrafo—. Bien, Deidara. He apuntado aquí todas las dudas que me han ido surgiendo sobre ti. Te aviso que algunas de ellas son bastante personales, pero me permití agregarlas porque nos ayudaría mucho saber en qué estado se encuentra tu psiquis post-viudedad. No tienes por qué contestarlas, pero sería fascinante que nos despejases esas dudas.
—De acuerdo, hm.
—¿Piensas con frecuencia en tu alma gemela? —dijo Orochimaru.
Deidara no estaba del todo cómodo con hablar con tanta franqueza de algo tan personal, pero se repitió que hacerlo les sería útil.
—A veces lo hago. No importa cuanto tiempo pase, siempre vuelve a mi cabeza. Últimamente he estado pensando en mi alma gemela más que de costumbre.
Orochimaru tardó un rato en hacer las anotaciones. A Deidara, su caligrafía le pareció un jeroglífico.
—¿Repercute negativamente en tu vida diaria el recuerdo reiterado de tu alma gemela?
Deidara pensó la respuesta. Parecía como si el doctor Orochimaru no se creyera del todo que de verdad había superado su TDVR. Esas preguntas parecían destinadas a ver cuál era la magnitud de los síntomas.
—Sólo al principio, hm. Yo era un crío. Solía ponerme triste y pasarme el día llorando. Ahora que lo pienso, no fue tan diferente de cualquier proceso de duelo por el que habría pasado cualquier persona que perdiese un ser querido sin que exista vínculo de alma entre ellos.
—Ajam —murmuró Orochimaru escribiendo deprisa.
—Solo que... —Deidara se reprendió a sí mismo cuando el doctor Senju dejó de escribir y lo miró, el bolígrafo aún apoyado en el papel—. Es una estupidez, pero a penas le conocía. Sólo que me afectó como si hubiera perdido a un ser querido, hm.
—Oh, eso es normal —intervino Kabuto—. Hay casos de gente que no sabían que tenían un alma gemela, pero cuando esta murió desarrollaron TDVR sin saberlo.
—Por eso dije que era una estupidez —Deidara detestaba cuando le explicaban cosas que ya sabía bien—. Tengo todos los libros del doctor Tobirama, ya te lo dije.
—Veo que eres un gran admirador de papá. Le va a gustar saber de ti, ya lo verás —Orochimaru anotó unas cuantas cosas más—. ¿Y sobre el resto de síntomas del TDVR? ¿Cuál dirías que sientes con más frecuencia? Insomnio, falta de apetito, apatía, sensación de soledad, tristeza...
—Ninguno —Deidara negó con la cabeza—. Y si llega a suceder, lo tengo bajo control.
—Ya. ¿Has estado en alguna relación sentimental con alguien más siendo un viudo de alma?
Tal y como Orochimaru advirtió, las preguntas se estaban volviendo más íntimas.
—No —respondió Deidara.
—¿Te has sentido alguna vez atraído por otra persona siendo un viudo de alma?
Deidara hizo memoria. Había conocido a algunos chicos guapos saliendo con Kurotsuchi algún sábado noche, pero absolutamente nada había salido de ahí a parte de un poco de flirteo y algún beso.
—Bueno, supongo que sí. Alguna que otra vez, hm.
—¿Y cómo te has sentido después al respecto?
Orochimaru tenía una mirada inquietante, a Deidara le costaba sostenérsela.
—Algo culpable —confesó a regañadientes.
Kabuto dejó escapar un murmullo de interés.
—¿Has tenido relaciones sexuales tras perder a tu alma gemela? —preguntó Orochimaru, aún tomando notas.
—Hey. ¿Esto que es? —se quejó Deidara frunciendo el ceño—. ¿Vine a una pijamada de colegialas y no me enteré?
—Tranquilo, Deidara —dijo Kabuto—. Uno de los síntomas del TDVR es la pérdida permanente del deseo sexual, como ya debes saber. El doctor Orochimaru sólo trata de evaluar tu extraordinario caso.
—Entiendo que te de vergüenza hablar de estos temas —Orochimaru dejó el bolígrafo en su sitio—. ¿Qué tal si lo rellenas en tu apartamento y me lo traes mañana?
—Hm, sí. Hagámoslo así —respondió Deidara.
Orochimaru metió los folios en una carpeta fina que sacó de su escritorio y se la pasó. Deidara la colocó bajo su brazo y enroscó el tapón otra vez en la botella de refresco.
—Bien Deidara, entonces nos vemos mañana —Orochimaru se puso en pie y fue a abrirles la puerta—. Llévalo a su apartamento, Kabuto.
—Vamos Deidara, ya nos vas a perder un poco de vista —dijo él.
Deidara tomó la maleta, se despidió y siguió a Kabuto a través de un solitario pasillo cuyas luces se iban encendiendo a su paso.
—Mañana te haremos una resonancia magnética para ver mejor qué está pasando ahí dentro. Y podrás ver las instalaciones y las investigaciones que tenemos en curso —le fue diciendo mientras esperaban el ascensor—. Para cualquier cosa ya sabes, llámame. Frente a tu apartamento está el de Tobi. Digamos que es un poco gruñón pero dudo que tengas problemas con él. Y si los tienes, dímelo a mí.
—Si me da problemas, ya los solucionaré yo mismo —respondió Deidara.
—Bueno, supongo que eso también vale -—Kabuto buscó en su bolsillo, sacó una llave y se la pasó a Deidara—. No la pierdas.
La llave venía enganchada a un pequeño llavero redondeado de metal. Kabuto lo acompañó hasta la puerta, le deseó un buen descanso y se fue. Deidara sintió que se le iba un peso de encima. Por fin iba a poder ponerse cómodo, conectarse a internet y escribir a su madre y amigos, pensó mientras abría y encendía la luz. Tras descalzarse, Deidara dejó la maleta junto a la puerta y la carpeta junto con el refresco en la primera mesa que vio. Después examinó el estudio. No era muy grande, pero tenía todo lo que necesitaba. Una mesa, una silla, una cama, una cómoda, estanterías, una pequeña cocina y un baño.
Resistiendo la tentación de tirarse a la cama, Deidara pensó que lo mejor sería terminar de responder las preguntas que le había escrito Orochimaru y después deshacer el equipaje y empezar a pensar en la cena. Entonces se dio cuenta de que no tenía ningún bolígrafo y la caligrafía de Orochimaru no era la más inteligible que había visto en su vida.
—Mierda —Deidara entrecerró los ojos, concentrándose en encontrar sentido a los garabatos—. ¿Qué problema había con escribirlo en la computadora e imprimirlo?
Entonces, alguien llamó a la puerta. Bueno, si era Kabuto al menos podría pedirle que le tradujera aquello. Deidara caminó hasta la puerta y la abrió. No era Kabuto. Pero reconoció al hombre tras el umbral. El parche de tela negra sobre su ojo izquierdo y las cicatrices en la mitad de su cara eran difíciles de pasar por alto.
—¡Hey! Yo te he visto antes abajo. Nos hemos cruzado —dijo Deidara, señalándolo.
El hombre parpadeó y lo miró en silencio unos segundos.
—Supongo que soy inconfundible —dijo, rascándose la mejilla dañada con un dedo—. Ya que vamos a vivir uno enfrente del otro, pensé que mejor venía a presentarme cuanto antes. Mi nombre es Tobi. Un gusto conocerte.
—Deidara. Kabuto te mencionó antes. Espero que nos llevemos bien, hm.
Kabuto no le había hablado tan bien de él, pero la primera impresión que se había llevado de él no era mala. Al contrario, Tobi parecía simpático.
—Espero que no te haya hablado muy mal de mi —dijo él y su mirada bajó hasta sus labios—. Antes me fijé en esa herida que tienes... Tengo un botiquín en casa por si quieres curarla. Oh, y también pensé que no te habría dado tiempo a cenar así que hice comida para dos. Sólo por si acaso.
—Kabuto no me dijo que iba a tener un vecino tan amable, hm —Deidara sonrió—. ¿Podrías además prestarme un bolígrafo? El doctor Orochimaru me ha mandado tarea.
—Por supuesto. Puedes venir ya si quieres. Estaba esperándote de todos modos.
Deidara no se lo pensó demasiado. Tenía cosas que hacer pero el reconfortante olor de lo que parecía ser estofado de curry lo convenció.
—Un segundo —respondió Deidara y entró a poner su teléfono a cargar y llevarse la carpeta antes de seguir a Tobi.
Su nuevo vecino levantó la tapadera de una cacerola que había a fuego lento, examinó el contenido y la volvió a tapar.
—Puedes sentarte —dijo Tobi desapareciendo por la puerta del baño.
Deidara se sentó en una de las dos sillas disponibles. Su estómago respondió con un gruñido al borboteo del caldo. Junto a la cama, había un bastón de caminar y una pierna ortopédica que lo llevó a preguntarse qué le habría pasado a Tobi exactamente.
—Mi labio está bien. No te preocupes por eso, hm —dijo en voz alta—. Ya me lo miré en casa.
Tobi se asomó.
—¿Estás seguro? —preguntó Tobi.
—Sólo me molesta un poco al comer. Y sí, la parte morada se ve mal pero no es tanto como parece.
La olla arrocera comenzó a pitar en ese momento. Tobi salió del baño y volvió a la zona de la cocina. Deidara se fijó mejor en su forma de caminar y detectó una leve cojera.
—Disculpa si estoy siendo entrometido. Cuando alguien del País de la Tierra nos visita siempre acabo sugestionándome —dijo Tobi, sacando dos platos del armario—. Es difícil de ignorar.
Deidara se preguntó si él era también un viudo de alma. En una esquina de la mesa había un frasco de pastillas. La etiqueta estaba del otro lado y aunque le intrigaba saber para qué eran, no se atrevió a tocarlas.
—¿Por qué es difícil? —preguntó Deidara.
Tobi abrió la olla arrocera y sacó de un cajón una espátula blanca.
—Me siento culpable, no puedo dejar de darle vueltas... Prefiero no hablar de ello. Sólo no dudes en decirme si estoy cruzando la línea —el estofado dejó de borbotear cuando Tobi apagó el fuego. Deidara lo observó tomar un cucharón y echar curry sobre el arroz. Definitivamente era pronto para empezar a hacer preguntas personales—. Pero siendo honesto, ha habido mucha expectación contigo. Cuando el doctor Senju se ofreció a darme detalles sobre ti, me negué. Aún pienso que es mejor no saber, pero a la vez sé que no voy a poder dejar de pensar en ello. No hasta que no sepa por qué eres especial.
Tobi se giró hacia él, examinándolo con atención. Deidara sintió un leve sentimiento de culpa, el cual descartó casi de inmediato. Los problemas personales de Tobi no eran cosa de él.
—¿Qué? —preguntó Deidara, encogiendo los hombros.
—No eres un viudo de alma típico.
Deidara respiró pesadamente y le contó la historia que llevaba años repitiendo una y otra vez a todo el mundo. Tobi puso el plato de arroz con curry frente a él y ambos empezaron a comer mientras él hablaba.
—Ya veo —murmuró Tobi, cuando Deidara paró de hablar—... Si me permites decirlo... Yo creo que sí tienes síntomas.
—No los tengo —espetó él. No se había mudado a dos mil kilómetros de su casa para que lo pusieran en duda—. Ya no.
—Es que, cuando te miro me das la impresión de estar...
—¿De estar qué, hm? —preguntó Deidara.
—Triste. En tu mirada hay tristeza.
Deidara apretó la mandíbula. Triste. Él no estaba triste. Detestó como la simple palabra le tocó una fibra sensible, haciéndolo sentir tan... Vulnerable.
—Tch... ¿Tú qué sabrás? —gruñó—. No me conoces.
—Lo siento. Sólo me dio esa impresión —respondió Tobi.
Comieron en silencio un rato. Deidara aún estaba ofendido, pero si algo le habían enseñado en casa era a ser agradecido. Y Tobi no tenía por qué haberle hecho de comer.
—Esto está bueno. Es diferente al que estoy acostumbrado, pero me gusta, hm —dijo Deidara.
Tobi se fijó en su plato casi vacío y sonrió.
—¿Cómo de diferente? —preguntó.
—En casa no le ponemos guisantes. Y el caldo está un poco más espeso.
—Aprendí esta receta de mi abuela —dijo Tobi—. La habría hecho feliz saber que te está gustando. Si hubiera sabido que tu labio iba a estar así, habría hecho otra cosa menos picante.
—Ya deja de preocuparte, hm. Nadie murió por comer curry con el labio partido —dijo Deidara, y juntó los últimos bocados de su plato en un pequeño montón. Tras dejar el plato limpio, se dejó caer en el respaldo de su silla—. Gracias por la cena.
—No tienes por qué darlas.
Tobi sacó una pastilla del frasco, se la echó a la boca y la tragó con agua. Deidara lo miró a él y luego al frasco.
—No son más que analgésicos —explicó Tobi cuando se dio cuenta de a donde estaba mirando—. Si no tomo uno después de un día de caminar demasiado, me duele la pierna por la noche.
—Hm...
Deidara fue a recoger los platos en cuanto vio que Tobi lo iba a hacer él mismo, pero él se lo impidió, arrebatándole el plato con un tirón firme.
—Quiero ayudar —Deidara frunció el ceño, sintiendo como la atmósfera se tensaba.
—Hago esto solo todos los días —dijo Tobi y a Deidara le pareció que lo miraba con dureza. La incomodidad no duró mucho. Enseguida la mirada de Tobi se reblandeció otra vez—. Lo siento, lo prefiero así. En un momento miramos lo de las preguntas. ¿De acuerdo?
Tobi parecía ser complicado de tratar, pero Deidara ya estaba haciendo notas mentales de todas sus interacciones. Supuso que de estar en su situación tal vez le pasaría lo mismo. Nunca podría estar seguro y prefería no averiguarlo. Pero no iba a disculparse, si Tobi hubiera tenido ambas piernas, habría insistido en ayudar igual. Por esa vez lo dejaría pasar, ya le diría cuatro cosas si el incidente se repetía.
—¿Trabajas aquí o eres alumno, hm? —preguntó Deidara, mientras Tobi enjabonaba los platos bajo el grifo abierto.
—Fui alumno y ahora trabajo aquí. Soy parte del equipo de uno de los proyectos —respondió Tobi.
—Interesante —Deidara asintió y extrajo las hojas de la carpeta—. ¿De qué va el proyecto?
—Creo que podría interesarte. Mañana te contaré más, es complejo de explicar —dijo Tobi, guardando los platos en su lugar y sacando el recipiente interior de la arrocera—. Si tiene éxito, cualquiera podrá dejar al fin de ser víctima del destino.
—Suena como a que vas a revolucionar el mundo, hm —dijo Deidara.
—Lo haré cuando tengamos éxito —respondió, frotando con la esponja—. El mundo me debe una y con esto quedaremos en paz.
Sí, Deidara pensó, mirando por turnos el parche que cubría su ojo y la pierna ortopédica. Tobi se veía como alguien a quien el mundo debía una.
—Dudo que pudiera vivir con esto constantemente en la cabeza —dijo Deidara-. Cuando mi alma gemela murió, simplemente pasé página.
Tobi no respondió pero verlo con los labios fruncidos hizo a Deidara pensar que se estaba muriendo por rebatirlo.
—No me crees —agregó.
—Me resulta difícil aún —dijo Tobi. Se secó las manos en un paño de cocina y volvió a sentarse junto a él—. Pero sí tengo clara una cosa. Estás siendo muy fuerte al desafiar de ese modo a lo que te reservó el destino. Es admirable.
Deidara sonrió, sacando pecho ante el halago.
—Bueno, es cierto que no fue fácil —dijo.
Y al sacar los papeles de la carpeta, Deidara fue consciente de que estaba a punto de revelarle a Tobi todo lo que Orochimaru ya le había preguntado y lo que estaba por venir. Se mordió el labio, dudando un momento.
—No puedo leer esas preguntas si no me das los papeles —dijo Tobi.
—Oh bueno. ¿Qué más da? —Deidara suspiró, estirando el brazo.
Que una persona más que menos supiese, tampoco importaba tanto. Además, Tobi le inspiraba más confianza que Orochimaru o Kabuto. Deidara examinó la cara de Tobi mientras leía y le pareció que se había sonrojado un poco.
—O-oye... Hay información muy íntima aquí. ¿Estás seguro que no te importa que la lea?
Deidara se encogió de hombros.
—Ya me he resignado a que será así —respondió—. Es para la investigación después de todo. Además, no me avergüenza hablar de sexo. No tengo quince años, hm.
—Los viudos de alma lo suelen encontrar traumatizante más que vergonzoso —dijo Tobi, sacando un bolígrafo del cajón bajo la mesa.
Deidara lo tomó y contestó la última pregunta que el doctor Orochimaru le había leído. No era que a Deidara le importase mucho que supieran la verdad, sino que eso era una prueba más para ellos de que su caso no era tan especial. Al final agregó, que nunca tuvo relaciones por falta de oportunidades.
—¿Cuál es la siguiente pregunta, hm?
La garganta de Tobi se movió al tragar saliva.
—Aquí dice —dijo, frunciendo el ceño—... Si te masturbas. Si eres capaz tener una erección.
—Alguna vez me he levantado con la bandera izada, hm —bromeó Deidara, intentando sonar casual y no como si estuviera hablando de pajas con un desconocido.
Tobi lo miró, sorprendido.
—Las erecciones matutinas no tienen nada que ver con el deseo sexual.
—Antes de que me sigas explicando, ya sé que un viudo de alma no puede ponerse duro sin medicamentos para la disfunción eréctil —dijo Deidara. Y apoyó el bolígrafo en el papel para empezar a escribir su respuesta—. Supongo que... El vínculo roto me ha afectado en ese aspecto, no voy a fingir que no lo ha hecho. Pero sí. Alguna vez he visto porno como todo el mundo y me he hecho pajas, también como todo el mundo —Deidara rió por la nariz—. ¿Quién iba a decir que un día unos científicos se iban a interesar en esto?
Por suerte para ambos no había demasiadas preguntas vergonzosas. Como Deidara dedujo, todas ellas estaban relacionadas con los síntomas del TDVR, incluyendo el tema de las autolesiones y pensamientos suicidas. Cuando acabaron con el último grupo de preguntas, Deidara estaba anímica y físicamente agotado. Tobi colocó una mano en su hombro. La calidez, la ligera presión de sus dedos lo hizo sentir un poco mejor.
—¿Estás bien? —preguntó Tobi.
—Sí. Supongo que necesito dormir —dijo Deidara y guardó el cuestionario en la carpeta.
Tobi asintió.
—Entonces ve a dormir.
—Gracias de nuevo por todo.
Deidara y Tobi se levantaron a la vez.
—No hay por qué darlas —dijo de camino a la puerta—. Hay algo que quiero pedirte a cambio.
Parado junto a la entrada, Deidara esperó a que prosiguiera.
—Mañana, cuando tengas los resultados de las pruebas que van a hacerte... ¿Podrías venir a decirme? Sería interesante saber más sobre lo que te pasa. Creo que mi plan podría interesarte.
—De acuerdo —respondió Deidara, saliendo al pasillo—. Entonces, nos vemos mañana, hm.
—Que descanses —dijo Tobi a sus espaldas—. Te prometo que un día, todo va a estar mejor para ti.
Deidara se detuvo, algo desconcertado. El golpe que dio la puerta al cerrarse le hizo saber que no tenía sentido pedir una explicación. Nada que hacer. Demasiadas emociones para un solo día.
Iba a terminar el de Intruso antes, pero me vino la inspiración con este, y aquí está :D Esperé mucho este momento en el que se encontrasen. Aún no saben con quién están hablando, pero todo se dará.
Y bueno, llegó el momento de escribir sobre este headcanon que tengo sobre Orochimaru. Que podría ser el hijo de Tobirama, el segundo hokage. Tal vez, no sé. Lo creó en su laboratorio. Sólo sé que ambos personajes son muy parecidos, puede que no en personalidad pero ambos buscaban conocimiento. Tobirama en el canon inventó muchísimos jutsus, era un gran investigador. Orochimaru llevó eso mismo un paso más allá y traspasó muchos límites prohibidos impulsado por sus ansias de conocimiento. Al final se redime y tiene un hijo, y no puedo dejar de pensar que ambos, Mitsuki y Orochimaru, fueron concebidos de forma parecida. Eso haría en este universo, que Mitsuki sea nieto de Tobirama, si estuviera en la historia.
Lo del tipo de sangre en japón es un poco como los signos del zodiaco, solo que hay quien se lo toma bastante en serio, incluso hay discriminación en las entrevistas de trabajo con los B y AB (no lo sabía, pero si quieren saber más, busquen "bura hara"). Hay una escena en la serie donde Orochimaru comienza a discutir con Kabuto en si es A o AB. Al principio yo no sabía que Kishimoto le dio a Deidara un grupo sanguíneo (no sé por qué pensé que no, con lo friki que es de esas cosas). Así que tras leer las personalidades y tomé como headcanon que era grupo sanguíneo B. Después busqué en la wiki y vi que era AB. -_- Y bueno, de ahí surgió que Orochimaru pensase que es B. xD
En la wikipedia pone lo siguiente:
Grupo A
Mejores rasgos: Cordial, reservado, sensible, paciente, responsable, perfeccionista, sabio, cauto.
Peores rasgos: Fastidioso, demasiado entusiasmado, obsesivo, terco, poco caracter, desconsiderado, celoso, frío, enojado.
Grupo B
Mejores rasgos: Apasionado, activo, creativo, amante de los animales, flexible, alegre, amistoso, opimista, hablador.
Peores rasgos: Irresponsable, olvidadizo, egoísta, vago, impaciente, poco confiable, independiente.
Grupo AB
Mejores rasgos: Creativo, calmado, racional, sociable, inteligente y adaptable.
Peores rasgos: Criticón, indeciso, rencoroso, distante, poco confiable.
Grupo 0
Mejores rasgos: Seguro, determinado, ambicioso, poco influenciable, intuitivo, carismático, competitivo y atlético.
Peores rasgos: Impredecible, desdeñoso, ególatra, frío, agresivo, arrogante, envidioso, despiadado.
Arekusa. Sí, en este fic hay muchas cosas que no puedo dar por supuestas y que requieren explicación. Bueno, lo de la amnesia es "medio canon" con Gai ya que es muy olvidadizo para todo el mundo que no sea Kakashi jajaja, y lo de la silla de ruedas sí que ocurre al final de la serie. Pero Gai no va a desanimarse solo por eso, y es una de las muchas cosas que me gustan de él. Me gustó eso de que es el opuesto a Obito. El hilo rojo del destino es un bonito tema. Me entraron ganas de ver algún fanart así.
Lybra, eso es un excelente consejo. Además siento que si simplficase nunca podría dejar de pensar en esto. Y en por qué no lo escribí de esta otra manera. Así que sí, me confirmaste que estoy en el camino correcto. También me alegra que te emocione cualquier conclusión que tenga el fic. Así es. El tema está principalmente en una de esas que has nombrado y también en un poquito de algunas de las otras, y me voy a divertir haciéndolos llegar a ese punto. Y eso que describiste de Gai animando al artista callejero aww, sí que sería así! Incluso le ayudaría a dar espectáculo y animaría a la gente a darle dinero. Las almas gemelas tienden a juntarse. El destino tiende a atraerlas. Por eso han acabado encontrándose al final, en un mundo tan grande. No es casualidad. Y así es, Obito no se puede quitar el tatu porque no le conviene que su alma gemela se entere de que sigue vivo. Quiere hacer las cosas de forma discreta, un día apagar el interruptor, como quien se quita la tirita. Y dejar de pensar en él, y dejar de pensar en buscarle, que lo piensa, solo que se resiste poque está determinado a vencer al destino. Lo de la viudez, espero que se vaya entendiendo mejor en el siguiente. Pero como todo es química cerebral desequilibrada y de ahí surge el TDVR, gracias por recordarlo porque a veces lo tengo todo claro en mi cabeza y no sé si he hablado de ello o no. Ahora sé que no pero lo voy a dejar para el siguiente, cuando a Dei le enseñen las instalaciones. Porque me fue dificil meter información en este. Dei ya la sabe. Se siente condescendiente que se lo expliquen todo como si no tuviera ni idea. A Kabuto le queda bien eso jaja. Me vino bien. Gracias Kabuto. XD Aww, ese último párrafo *_* me alegra que pienses así. También es un reto para mí escribir algo novedoso. ¿Como se dice eso de "think outside the box" en español? No se si quiera si tiene traducción, pero es lo que intento jajaja. Espero que este también sea de tu agrado :D
Guest, y aquí vengo con la conti :3
Próximo capítulo. Resonancia magnética a Dei y a ver las instalaciones! :D
