Detalles de la Tobidei Week 2020 en mi perfil.


Los cánticos lo despertaron antes de que lo hiciera la alarma. Deidara gruñó e hizo un esfuerzo por levantar sus pesados párpados. No tenía ni idea de lo que eran aquellos gritos pero los culpables mejor tenían una buena razón para estar montando el escándalo.

Deidara se sentó en el borde de la cama y comprobó en su teléfono que podría haber dormido cuarenta minutos más. Resopló, arrojando el teléfono a la sábana y poniéndose en pie. Al correr la cortina y mirar hacia abajo, Deidara vio un grupo de gente con pancartas que se estaba manifestando frente a la puerta de entrada. Deidara entrecerró los ojos e intentó leer una pero estaban demasiado lejos. Apartándose de la ventana se fue a dar una ducha mientras planeaba qué hacer con el tiempo extra.

Deidara apagó el secador cuando le pareció escuchar golpes en la puerta. Se quedó muy quieto, comprobando si no habría sido su imaginación. Dos segundos después, se repitieron. Dejó el secador sobre el escritorio y fue a abrir.

—Buenos días, madrugador —dijo Kabuto, sujetando en alto una bolsa de plástico blanca. Si le traía comida, tal vez podría esforzarse un poco más en que le cayera bien.

—Buenas. ¿Eso es para mí? —preguntó Deidara.

—No lo sé, estaba enganchado en tu puerta.

Deidara lo tomó y miró dentro. Había una caja de bento verde y marrón, un brik de jugo de manzana con cañita incluída y una tarjeta.

—Sé que no has tenido tiempo aún de ir a comprar, así que te preparé algo. Buen provecho —leyó Deidara, una extraña emoción envolvía su corazón—. Oh, debe de haber sido Tobi.

Kabuto rió y Deidara apretó los dientes, no muy seguro sobre qué exactamente era lo que lo molestaba de su actitud.

—Y tan sólo ayer diciendo que no pensaba acercarse a ti —dijo Kabuto—. Al doctor Orochimaru le va a hacer mucha gracia.

En la calle, la gente parecía estar pasándoselo bien, golpeando cacerolas. Deidara dejó la bolsa junto al secador y caminó hasta la ventana.

—¿Qué hacen esos lunáticos, hm? —preguntó Deidara—. ¿No podrían haber protestado a una hora más decente?

Tras él, Kabuto suspiró.

—Siento que hayas tenido que ver tal espectáculo. Pero tú lo has dicho. Son fanáticos religiosos y están ahí porque consideran que lo que hacemos es inmoral.

—Ja.

Deidara recordó a Hidan y lo bien que se sintió hacerlo sangrar por la nariz.

—Pero no temas, son inofensivos —agregó Kabuto—, un poco molestos pero no van a hacerte nada.

—Tal vez yo a ellos sí —Deidara se volteó—, si me siguen despertando, hm.

Kabuto vio la carpeta con las preguntas sobre la cama y la tomó.

—Espero que no llegue la sangre al río —dijo—. Aunque su causa sea una estupidez, recuerda que están en su derecho de protestar.

Aprovechando que Kabuto estaba ocupado con los papeles, los cuales había tomado sin pedirle permiso, Deidara rodó los ojos. Él ni siquiera se quejaba porque defendiesen unas reglas impuestas por algo cuya existencia estaba por probar. No le costaba trabajo ofrecerle un poco de comprensión. Después miró la bolsa con el desayuno y su cabeza volvió al tema que no lo había dejado conciliar el sueño la noche anterior. Se debatió entre dejarlo que se fuera pronto y satisfacer su curiosidad.

—Por cierto... ¿Es Tobi un viudo de alma? —preguntó al fin.

Kabuto levantó la vista de los papeles.

—¿Es eso lo que te ha dicho él?

—Sólo me dio esa impresión —respondió Deidara—. Y obviamente no voy a preguntarle, hm.

—Ya veo —Kabuto empujó sus gafas hacia adentro—. Hasta donde sé, Tobi tiene un alma gemela pero no está muy feliz al respecto y nunca han hablado.

Deidara tomó su teléfono para ver la hora y vio que tenía dos mensajes de Kabuto avisándolo de que se iba a pasar por su apartamento. La pantalla se apagó mientras le daba vueltas a lo que le acababa de decir Kabuto. Deidara observó sus ojos en la oscura superficie espejada, preguntándose si de verdad había tristeza en ellos.

—E imagino que dicha alma gemela es de Iwagakure —respondió.

—Todo apunta a que es al menos del País de la Tierra. Eso explicaría la forma en que reacciona cada vez que se entera que vino gente de allá —dijo Kabuto—. Ya sabes... El vínculo de alma acaba por atraer una persona a la otra. Tobi siempre teme que un día su alma gemela aparezca por esa puerta.

—Pero no puedo ser yo. Mi alma gemela está muerta —dijo Deidara.

Kabuto chasqueó los dedos.

—Por eso ha sucumbido a la tentación tan pronto. Como ya estás descartado, puede dejarse llevar por la sugestión sin sentirse culpable —Kabuto agitó la carpeta—. Por cierto, me llevo esto. ¿Te parece bien quedar en la oficina del doctor Orochimaru en veinte minutos?

—Que sea media hora, hm —respondió Deidara, no pensaba aceptar nunca ninguna de sus sugerencias.

Una vez estuvo solo, Deidara sacó el bento, los palillos y el jugo de la bolsa. Examinó el pequeño cartón, recordando que su madre solía ponerle uno en la cartera cuando iba a secundaria. Deidara ni siquiera sabía que seguían fabricando esa marca, no la había visto en años. Le había tocado el mejor vecino del mundo, pensó mientras sonreía y destapaba el bento.


—Esta será tu mesa de estudio —Kabuto tomó asiento y encendió el monitor. El cursor se movió por la pantalla hasta llegar a un icono de una serpiente mordiendo su propia cola—. Y aquí están todas las asignaturas y el temario. Puedes consultar el planificador que te irá indicando como progresar. La mayoría de los alumnos lo usan como guía pero no es obligatorio.

—De acuerdo —dijo Deidara.

—¿Preguntas?

—Por ahora no, hm.

Deidara se esforzó por escuchar pero tenía la mente en otro sitio. Se dijo, por enésima vez, que tenía todo el tiempo del mundo para ir a investigar sobre su alma gemela, pero su cabeza siempre parecía volver a ello, así como la mosca regresaba a la comida tras espantarla.

—Bien, entonces...

El pitido de un mensaje interrumpió lo que Kabuto estaba a punto de decirle.

—El doctor Orochimaru quiere saber si prefieres seguir viendo las instalaciones o quieres pasar ya a hacerte las pruebas —dijo Kabuto, concentrado en su teléfono.

A Deidara, aquello le pareció una forma más de ponerlo a prueba. Como si intentaran averiguar como de desesperado estaba por respuestas. Hizo como que se lo pensaba un rato.

—¿Y si vamos a hacer las pruebas y mientras salen los resultados me enseñas las instalaciones?

Kabuto asintió.

—Perfecto —dijo mientras tecleaba—. Déjame decírselo al jefe.


Deidara se quitó los zapatos y los calcetines. Desabrochó su pantalón y tiró de él hacia abajo, junto con su ropa interior.

—Si tienes algún piercing en algún recóndito lugar de tu cuerpo, me temo que también tendrá que ir fuera —oyó decir a Orochimaru desde el otro lado de la puerta.

Deidara soltó una risotada, pateando su ropa a un rincón, se calzó las zapatillas y tomó el holgado camisón verde, doblado sobre el borde del lavabo.

—Para la prueba, claro —agregó—. No queremos perder tiempo teniendo que repetirla.

En cuanto estuvo listo, Deidara salió.

—Y espero que no tengas claustrofobia o tendremos que sedarte —dijo cuando salió.

—Nah —respondió Deidara—. Vamos a empezar.

Deidara siguió a Orochimaru hasta la sala donde estaba la máquina. Kabuto, ataviado ahora con una bata blanca, señaló la superficie justo delante del agujero de la máquina.

—Recuéstate aquí —dijo.

—Y no te muevas hasta que termine el examen. Kabuto se quedará aquí echándote un ojo —añadió Orochimaru.

Deidara prefería no tener en la cabeza que Kabuto iba a estar mirándolo mientras estaba ahí dentro. Se echó sobre la plataforma sin protestar y dejó que le cubrieran su cabeza con un casco. La plataforma retrocedió poco a poco, metiéndolo en la máquina. Afuera, Kabuto y Orochimaru hablaban de asuntos que él no entendía. Deidara cerró los ojos y se relajó. Sabía que esa familiar melancolía aprovechaba para atacarlo cuando su cabeza estaba ociosa y no quería arrepentirse de haber ido. Se resistía a pensar que había sido ese impulso inexplicable el que lo arrastró a la ciudad natal de su difunta alma gemela.

Así pasó el rato hasta que sintió la plataforma en movimiento.

—Hemos terminado —dijo Kabuto—. ¿Ves qué rápido fue?

Deidara abrió los ojos y los vio reflejados en la superficie metálica de la cosa que cubría su cabeza. Deseó que Tobi no le hubiera dicho lo de la tristeza, ahora iba a obsesionarse con ello cada vez que se miraba al espejo. Deidara se incorporó y se sacó el casco antes de que alguien más lo hiciera.

—Ya te puedes vestir —dijo el doctor Orochimaru—. Luego vamos a hacerte otra prueba.

—¿Otra más? —preguntó Deidara, antes de encerrarse en el baño.

—Esta será más llevadera —le respondió Orochimaru desde afuera—. Ya sabes que todo el código de nuestros vínculos de alma está alojado en la glándula pineal. El objetivo de esta prueba es ayudarnos a hacer un mapa de la misma, pero podrás moverte y hablar sin problemas.

—Mm —respondió Deidara mientras se colocaba la camiseta—. ¿Entonces podré seguir viendo el laboratorio mientras la prueba se hace?

—Así es.

Dando saltitos, Deidara se colocaba un calcetín a la pata coja.

—¿Y los resultados, cuándo los puedo ver, hm?

Desde algo más lejos le llegó la amortiguada risa de Kabuto.

—Ya le mandé todo a Karin para que le eche un vistazo. Como no me consta que tenga demasiado trabajo prioritario, puede que esté hoy mismo.

Deidara sonrió para sí, aprovechando que no podían verlo. Lo siguiente que hizo Orochimaru fue ponerle en la cabeza algo que parecían auriculares gruesos con un solo altavoz, el cual quedaba por encima de su oreja izquierda.

—Una media hora es todo lo que necesitamos —dijo Orochimaru y se volvió hacia Kabuto—. Ve a terminar de enseñarle todo.

Kabuto tomó una bata blanca de una percha llena de ellas y se la lanzó a Deidara.

—Sígueme —dijo y empujó la puerta.

Deidara fue tras él, abrochándose la bata.

—Ya viste este lugar al pasar —Kabuto agita el brazo a través de la amplia habitación, separada en varios pasillos por medio de mesas y estanterías—. Esto es básicamente lo que tenemos.

Mientras Deidara seguía a Kabuto a través del primer pasillo, examinó el laboratorio en busca de Tobi. A parte de ellos sólo había dos personas a las que ya vio con anterioridad al pasar. Deidara se preguntó dónde estaba.

—Esta es mi estación de trabajo —dijo Kabuto, señalando una mesa llena de probetas y tubos de ensayo. Separado por un panel de plástico, estaba una computadora. Tanto las estanterías como la pantalla estaban llenas de postits de colores con cosas escritas—. Aquí es donde ocurre la ciencia.

—¿Qué es esto, hm? —preguntó Deidara, señalando los tubos de ensayo.

—Muestras biológicas —respondió Kabuto—. Una alumna está trabajando en una teoría interesante sobre cierta proteína y le estoy echando un vistazo.

Deidara asintió.

—Hm.

Kabuto le señaló al lado opuesto.

—Este es el refrigerador y el congelador —dijo y soltó un suspiro—. Ojalá no hicieran ese ruido infernal, pero qué se le va a hacer...

—¿Qué hay dentro? —preguntó Deidara.

—Más muestras biológicas.

Deidara se acercó a curiosear los postits pero nada de lo que ponía en ellos tenía sentido para él.

—¿Es eso lo que haces normalmente?

—Bueno sí, pero no —Kabuto se apoyó en una de las mesas, cruzado de brazos—. Ahora mismo estoy escribiendo un artículo sobre la necesidad de revisar y sustituir ciertas definiciones y términos por otros menos... Mágicos.

—¿Qué tiene eso de malo, hm?

Deidara abrió la nevera. El bofetón de aire congelado hizo que la cerrase de un portazo.

—Cuidado, está a menos ochenta grados —Kabuto rió—. Hasta hace poco era tabú enfocar el tema de los vínculos del alma de otro modo que no fuera místico o espiritual. El profesor Senju Tobirama utilizó un lenguaje simple en sus libros para que cualquiera pudiera entenderlos y ante la falta de métodos definidos y apoyo científico, creó costumbre. Ahora estamos mejor.

Deidara agradeció que Kabuto decidiera seguir con el paseo.

—Esta es la sala de las centrifugadoras —Kabuto abrió la puerta sin llegar a pasar dentro. Deidara echó un vistazo y vio una sala llena de pequeños aparatos que parecían tostadoras—. Para separar componentes.

—¿De dónde sacan las muestras biológicas?

—Buena pregunta —dijo Kabuto, soltando la puerta—. Casi todas son de gente que dona su cuerpo a la ciencia.

—¿Seguro que no secuestran vagabundos para hacerles experimentos?

Kabuto rió con ganas.

—Parece el argumento de alguna película de ciencia ficción vieja —dijo. Deidara lo miró con una media sonrisa. Al aproximarse a donde estaba el chico, este los saludó—. Deidara, te presento a Kimimaro.

—Hoolaa —murmuró y sacudió la mano casi con torpeza.

Deidara no estaba seguro si se encontraba ante un chico de su edad o ante un señor de sesenta años. La falta de arrugas le decía una cosa, pero los ojos hundidos, el pelo descolorido y los pómulos marcados le decían otra. Ahí estaban los efectos secundarios de la medicación para el TDVR delante de él. Un escalofrío le recorrió el cuerpo entero.

—H-hola —dijo.

—Te ves asustado —dijo Kimimaro. Deidara frunció los labios—. No te preocupes por mí, estoy bien.

—Deidara es nuestro nuevo estudiante, le estoy mostrando el laboratorio —dijo Kabuto—. ¿Le puedes decir en qué estás trabajando?

—Ahora mismo en el proyecto Nezumi. Tobi me acaba de traer algo.

Deidara se puso en alerta nada más escuchar aquel nombre. Examinó el resto de las puertas intentando ver a través de las ventanillas redondas. Kabuto y Kimimaro hablaban de cosas sobre las que él no tenía ni idea. Ya estaba considerando quejarse por estar ahí plantado esperando a que ese par termine de hablar, cuando la chica de las gafas se le acercó.

—Uzumaki Karin. Puedes llamarme Karin —dijo y le tendió una mano que él aceptó—. Mucho gusto.

—Deidara. Mucho gusto.

—Vi que te estabas aburriendo y vine a salvarte.

A Deidara se le fue un peso de encima al poder hablar con alguien algo más corriente.

—Me dijeron que eres tú quien va a examinar mis pruebas, hm.

—Así es, acabo empezar con ellas —respondió Karin, señalando a una gran pantalla en el último pasillo del laboratorio. Deidara vio una serie de fotografías de lo que supuso era el interior de su cabeza—. Si hay algo extraño, lo voy a sacar a rastras de donde quiera que se haya escondido. He analizado demasiados casos como para que haya enigmas para mí ahí.

Deidara retiró lo de corriente.

—No llevo mucho de todos modos. Y no, no doy detalles de antemano —agregó Karin.

Al fondo una puerta se abrió. Deidara cruzó miradas con Tobi.

—¡Hey! —exclamó en su dirección.

Tobi no dijo nada, sólo sonrió de vuelta y desapareció por la puerta contigua.

—Ahí está —dijo Deidara y se fue tras Tobi.

—¡Grosero! —exclamó Karin.

Deidara miró hacia atrás.

—Vuelvo en un segundo —dijo y cruzó la puerta por la que había entrado Tobi—. Hola.

Su nariz registró un matiz de heno mojado. Pegada a la pared había una larga estantería de metal llena de jaulas.

—Deidara —dijo Tobi, cerrando la puerta de una de las jaulas—. Te ves contento hoy.

Deidara se colocó a su lado.

—Me suele poner de buen humor tener vecinos tan atentos, hm.

Tobi sacaba maíz de un saco con una pequeña pala y lo dejaba caer en cada jaula.

—No iba a dejarte sin comer toda la mañana —respondió Tobi—. Tu labio también se ve mejor.

Deidara presionó un dedo sobre el hematoma.

—Aún duele un poco, pero al menos ya no está hinchado —dijo, agachándose un poco para mirar dentro de una jaula. Una rata blanca de ojos rojos se acercó a olfatearlo.

—¿No está Kabuto enseñándote el laboratorio? —preguntó Tobi.

—Estaba, pero me dejó plantado —respondió Deidara, torciendo el labio—, así que yo lo dejé plantado a él.

—Hmm —Tobi asintió—. Suena razonable. Puedo continuar yo con la tarea, si no te importa que sea yo y no él.

—Prefiero que seas tú. Me caes mejor, hm —dijo Deidara y cuando Tobi alzó una ceja agregó—: Kabuto no me trae comida.

—Oh —Tobi sonrió y señaló a las jaulas—. Como ellas. Míralas, pegadas a los barrotes. Ya saben a lo que vengo.

—No soy fan de la comparación, hm —la rata perdió el interés en él en cuanto Tobi le echó comida. Deidara se irguió de nuevo—. ¿Y qué me vas a enseñar? ¿Es este el proyecto Nezumi?

Tobi echó la pala de nuevo al saco.

—Así es. Estas pequeñas están haciendo un gran servicio a la humanidad.

La puerta se abrió y ambos se giraron hacia Kabuto.

—Veo que encontraste el escondite de Tobi.

—Ya me encargo yo de Deidara —respondió Tobi—. Estaba por hablarle sobre Nezumi.

—Bien, bien. Me esperaba algo así. Nos vemos más tarde entonces, Deidara.

Tobi sacudió la cabeza en cuanto se fue.

—Te explico. Estamos probando un láser para moldear la información dentro de la glándula pineal —dijo Tobi—. La idea sería probarlo en humanos algún día. Pero de momento eso no es posible.

—Pero el vínculo entre animales no tiene nada que ver, hm —respondió Deidara.

—Es simple y rudimentario. Y no cumple el mismo propósito, eso es cierto —dijo Tobi, abriendo una de las jaulas y sacando la rata que había dentro—. Pero es básicamente lo mismo. Te presento a Miki.

Con una amplia sonrisa, Tobi le ofreció al animal.

—Hola, Miki —dijo Deidara y lo tomó en sus manos.

—Tal vez te sorprenda, pero Miki solía ser una rata normal. No había nada fuera de lo ordinario en él —Tobi se volvió hacia una encimera y revolvió entre los objetos de una pequeña cesta blanca. Miki intentó trepar por la camisa de Deidara y rió cuando sus bigotes le rozaron el mentón—. Y nada fuera de lo ordinario en Mini, también.

Tobi sacó otra rata y la roció con una pequeña lata de spray que tomó de la cesta. Una mancha fucsia apareció en el lomo de Miki.

La mandíbula de Deidara se aflojó.

—Mierda —murmuró.

—¿Mierda? —preguntó Tobi.

—Quiero decir... —Deidara abrió la boca pero no le venían las palabras. Examinó a Miki desde sus orejas a la punta de su larga cola—. Esto es revolucionario. ¿Cómo es que no he escuchado nada?

—De momento sólo salió en publicaciones científicas, no queremos llamar tanto la atención aún —dijo Tobi.

Deidara parpadeó, acunando la rata en sus brazos.

—¿Y se podría hacer con humanos también? —preguntó.

—Si se acaba dominando el proceso, sí. Es mucho más intrincado y queremos probar antes con primates. No va a haber pronto avances significantes. Pero eso no es lo que me interesa. Eso lo dejo para diversión del doctor Senju —Tobi dejó a Mini de nuevo en su jaula.

—Ayer me dijiste que estabas trabajando en algo que podria interesarme —dijo Deidara.

A Tobi se le iluminó el rostro.

—¿Qué te parecería poder dejar de sufrir por lo que el destino te reservó? —preguntó—. Poder librarte de ese vínculo roto para siempre.

—Hmm —Deidara echó un vistazo al resto de las jaulas. Había unas cuantas ratas que no habían tocado la comida, sino que seguían durmiendo en un rincón—. Sí, pensé que sería algo así. Ya te dije ayer que no estoy sufriendo, estoy viviendo mi vida como cualquier otra persona.

Tobi exhaló.

—Deidara.

Deidara sabía lo que venía a continuación. Miró a Tobi de reojo, esperando a que siguiera.

—¿Qué?

Tobi le sostuvo la mirada, haciendo que en su vientre surgiera un burbujeo.

—Nada —respondió Tobi al fin—. Me gustaría conocerte mejor y comprobar si eso es cierto.

—Ayer no querías —replicó Deidara.

—Bueno...

—¿Sabes lo que deberías hacer? —lo cortó Deidara—. Tomar un bolígrafo, escribirte en el brazo y decirle a tu alma gemela que estás aquí, hm. Tal vez así dejes de sugestionarte con cada persona del País de la Tierra que ves.

Tobi se alejó, dándole la espalda.

—No —sentenció—. Y dile a Kabuto que deje de hablar de mí con cualquiera.

—Tch... Yo no soy cualquiera, estudio aquí.

—Pero todo lo que tenga que ver con mi vínculo de alma no concierne a nadie excepto a mí —dijo Tobi—. Pronto me desharé de él y te recomendaría que tú también lo hicieras. De lo contrario, nunca vas a poder ser libre del todo.

Deidara frunció el ceño y se concentró en acariciar a la rata en sus brazos, preguntándose cómo de libre había sido él al elegir ir ahí.

—Si no quieres hablarme sobre ti, entonces no vas a saber de mí tampoco, hm.

—Escucha... Disculpa por haberme puesto a la defensiva. Hay temas que preferiría no tocar —respondió Tobi—. Si no quieres contarme sobre ti, lo entenderé.

—Eres espinoso —dijo Deidara y Tobi agachó la cabeza.

—Lo siento —murmuró él—. No quiero que tengas esa visión de mí, quiero apoyarte.

La puerta se abrió de nuevo y Orochimaru asomó la cabeza por la rendija.

—Hola, Tobi. Odio interrumpirles este momento de calidad, pero me tengo que llevar a Deidara.

Deidara avanzó unos pasos.

—¿Ocurre algo? —preguntó.

—Queremos consultar una cosa contigo —dijo Orochimaru.

—Ya voy, hm —dijo, y se giró hacia Tobi—. Hasta luego.

—Deidara —lo llamó Tobi cuando estaba por cruzar la puerta—. ¿Me podrías devolver a Miki?

—Oh —murmuró, mirando a Miki que se había acurrucado en sus brazos—. Supongo que no me la puedo quedar.

Tobi tomó la rata de sus manos.

—Por desgracia no. Hasta luego.

Karin, Orochimaru y Kabuto estaban apiñados alrededor de la gran pantalla cuando Deidara salió.

—¿Qué pasa? —dijo, frunciendo el ceño.

Los tres se volvieron a mirarlo.

—Deidara... ¿Eres realmente un viudo de alma? —preguntó el doctor Orochimaru.

Deidara se tensó.

—S-sí, hm. ¡Claro que lo soy! —exclamó haciéndose sitio frente a la pantalla—. ¿Por qué?

Karin señaló una de las fotografías.

—Esta es tu glándula pineal —después señaló otra justo al lado—. Esta es la glándula pineal de un viudo de alma. Y aquí hay una de alguien con un vínculo de alma activo. Como ves, la tuya se parece más a esta última.

Deidara comparó las tres fotografías. La glándula pineal del viudo de alma aparecía coloreada en un tono morado. La del vínculo activo era de un color naranja rojizo que se degradaba amarillento a áreas cercanas. La suya era amarilla anaranjada, verdosa en los extremos.

—Hm... ¿Cómo se explica esto? —preguntó Kabuto, golpeando su mentón con un dedo.

—¿Y yo qué sé, hm? No me he inventado nada —espetó.

—Nadie te está acusando de eso, Deidara —dijo Orochimaru—. Es muy inusual, pero eso explicaría tu falta de síntomas. La química de tu cerebro no se ha desequilibrado tanto como al típico viudo de alma.

—En realidad, he visto algún caso así antes —dijo Karin, y todos la miraron—. ¿Recuerdan a aquella mujer cuya alma gemela estaba en coma? Presentaba una glándula pineal así, con actividad reducida pero aún funcional.

—El poder del cerebro para engañarnos a nosotros mismos es impresionante —dijo Kabuto.

Los ojos de Deidara se abrieron de par en par.

—¿Significa eso que...? —Deidara no podía ni articular sus propios pensamientos. Todo en lo que siempre había creído se acababa de desvanecer en la nada. Eso explicaba tantas cosas.

Kabuto rió.

—Deberías ver como te ha cambiado la cara.

—Esto es inesperado —dijo el doctor Orochimaru—. Por tu reacción, deduzco que hay posibilidades de que tu alma gemela esté viva aún y sea incapaz de comunicarse contigo por alguna razón.

—Nunca lo he pensado, hm. Seriamente, quiero decir —dijo Deidara, una sonrisa formándose en su cara—. Pero...

—Aún no puede hablar de la impresión —dijo Kabuto.

—Dejemos que lo procese —dijo Karin—. Además, aún no estamos seguros sobre la causa. Sólo podemos conjeturar. Quizá sí que seas un caso aislado de viudo de alma.

—Lo sé —respondió Deidara—. Pero ahora hay esperanza.

Orochimaru asintió.

—Tómate un momento para digerir la noticia —dijo—. Te vendrá bien.

—¿Puedo quitarme esto ya? —preguntó Deidara, señalando al aparato que tenía en la cabeza—. Pesa.

Orochimaru estiró el brazo.

—Traelo aquí. Y recuerda no cantar victoria hasta que no tengamos el análisis completo.

Deidara le devolvió el aparato.

—Sí —dijo y se alejó de ellos.

Aquello abría tantas posibilidades que Deidara no pudo evitar pensar que era demasiado bonito para ser verdad. Su sonrisa se ampliaba a cada segundo y Deidara no podía esperar a contárselo a su madre, a Kurotsuchi y por alguna extraña razón, también a Tobi.


Bueno, empiezo diciendo que siguen rotos los e-mails que avisan de mensajes privados, por lo que si no entro a la web y veo el numerito que ha subido, no me entero inmediatamente. :( Pero ya saben que si no respondo, es porque no lo he visto o porque realmente sólo tengo lunes, martes y un poco del miércoles para relajarme. El resto de días es trabajo - cena y caer dormida por ahí xD

Me hubiera gustado narrar el día entero, pero me gustaba mucho este corte. Como todo es "tema sensible" para Obito no se puede hablar con él jajaja. Creo que ya se está empezando a notar que con los demás es muy gruñón pero con Dei se esfuerza por limar asperezas. Esto se podría explicar con el propio efecto placebo de la sugestión, y puede que no sea nada que no le haya pasado antes a Obito con otra gente del País de la Tierra, solo que esta vez le da seguridad saber que es un viudo de alma y no puede ser su alma gemela.

A Kimimaro le he dado un contexto que no me ha dado tiempo de explicar pero no se si alguna vez se dará. Si no lo hace, ya lo pondré en las notas.

Sí, leí a Descartes para escribir este capi. :P Digamos que se tuvo la creencia de que la glándula pineal era un "tercer ojo" y en cuanto a Descartes, que ahí era donde residía el alma. Así que me dio el medio perfecto para darle un toque científico a algo "místico". También tiene muchas más funciones como producir neurotransmisores y regular los ciclos noche/día. De ahí que al romperse el vínculo algo se desajuste en el cerebro para siempre.

Los nombres de las ratas: Les iba a poner otros nombres. Al final no me pude resistir a la idea de Miki y Mini jajaj. Quería hacer otra cosa. No se si conocen esa historia de una gata japonesa llamada Tama que trabajaba en una estación de tren como jefa de estación y le pagaban en comida para gatos. Cuando Tama murió la reemplazaron por otra gata calico llamada Nitama (tama segunda), también está Santama (Tama tercera) y Yontama (Tama cuarta). Quería ponerles a las ratas un nombre así. Para indicar que no eran las primeras sno que había habido otras ratas antes que ellas, cuyo destino no fue muy bueno.

ImperfectaHumana. Ya te respondí el correo, el cual no vi a tiempo por lo arriba explicado T_T. Estaba justo por terminar este capi cuando lo leí. Magia! XD También me gusta hablar de Obito lisiado y cuando tengan más confianza, tal vez le presente a Dei "sus piernas". Precisamente me gusta mucho el Obidei por todo eso que dices ^^ y sí. Tengo pensada una escena así como esa que describes, no vendrá en el siguiente, y tal vez tampoco en el que le sigue pero está ahí en mi cabeza. Aww, pues me alegra que disfrutes lo que escribo! *_* No se si te refieres a escribir reviews o escribir historias. Si es reviews, no te preocupes porque se vea larga. Yo dejo reviews bastante largas, he intentado resumir pero no me sale porque me emociono kasdlksdfk y si es obidei, espero que algún día te animes a publicar. Otro abrazo sofocante por aquí, nunca mejor dicho, qué calor hace hoy jajaj.

Arekusa. Así es, con lo dramas que es Obito, lo imagino pidiendo a la gente que lo llame así porque ahora es una persona diferente etc etc. Sí que he escrito Obito sin querer y lo he tenido que cambiar corriendo al corregir jajaja. Tienes toda la razón en cuanto a Dei, y eso era lo que quería mostrar. Deidara no estaría ahí si lo hubiera superado realmente. Estaría haciendo arte y se habría quedado en Iwa. No está completo y nunca va a estarlo mientras no esté con su alma gemela. Y sobre lo último, confirmo que sí (aunque ya lo ha hecho Kabuto en el capi), los vínculos tienden a buscarse y atraerse. Obito vive a la que salta, pero con Dei se relaja porque ya lo ha descartado. Obito no quiere ser encontrado, aunque también me gustaría poner a prueba su voluntad.

Lybra, me entusiasma escribir a Orochi y le queda genial ese toque creeposo que también tiene en la serie xD Tampoco soy fan de él. En cualquier otra historia, me atraen mucho los personajes inteligentes y/o ingeniosos. Pero en Naruto no son queribles por mí. Orochimaru sí, no está mal, no me vuelve loca, a Kabuto lo detesto, y Shikamaru no es ni mi favorito del Team 10 (aunque no lo odio). Y bueno, es quien mejor se conserva en Boruto, ha incluso rejuvenecido y se insinúa en cierto punto que puede cambiar de sexo si quiere. De hecho tiene facciones más femeninas ahora. A Tobirama le caería bien Dei, y mal Obito XD A Obito le habría costado mucho manipular a Orochi. Directamente no tiene nada que a él le pueda interesar. Mas que quizá, ver como funciona ese juubi, por motivos científicos only. XD De hecho él al principio era enemigo de Akatsuki y si no lo hubiera matado Sasuke, seguro se habría ido por ahí a matar bijuu para que no pudieran sellarlos y tuvieran que esperar no sé, los años que tarda el bijuu en volver. Akatsuki no podía tenerlos vigilados a todos. Kishimoto lo debía quitar de ahí. xD ME dio risa lo de Obito dándole mal de ojo a Hidan. No quiero que el vínculo funcione tan fulminante, sino de forma más sutil. Es como, no sé, tener sexo, hay que calentar motores primero xD

Ugh, larga nota. Sorry. Gracias por leer y estar ahí. Cuidense!