Deidara intentó evitar mirar el teléfono y llevarse otra decepción, pero lo hizo. No tenía ningún mensaje ni llamadas perdidas. Tiró el teléfono a la mesa y apoyó los brazos en su superficie. Era miércoles. Según sus cálculos, el tipo ya debería haberlo leído. Según sus cálculos también, alguien más podría haber tomado la nota, el viento se la podría haber llevado o quizá no estaba interesado en ayudarlo.

—Tch.

Iba a darle un poco más de tiempo, puede que hubiera una razón por la que no le hubiese contactado aún.

Al día siguiente Deidara volvió al cementerio. La nota no estaba y el ramo había sido sustituído. Las notificaciones en su teléfono seguían vacías. Cada vez que las revisaba, la ansiedad en su pecho aumentaba un poco más. Pateó un pequeño guijarro antes de girarse e irse de allí a paso rápido. Decidió volver andando y llamar a Kurotsuchi por el camino. Cuando ella contestó escuchó música fuerte del otro lado.

—¡Dei! ¿Hay novedades?

Deidara notó su entusiasmo y pensó que lo mejor sería no poner demasiada importancia en la decepcionante noticia.

—Nah —respondió él—. ¿Estás en una fiesta o algo así?

Una risilla se escuchó del otro lado del teléfono.

—Bueno, no tenía muchas ganas de salir pero desde que Akatsuchi tiene contactos en el club Senzu es difícil decir que no a la entrada gratuita.

La música ya no se escuchaba con tanta intensidad, en su lugar, Deidara ahora podía escuchar el rumor del tráfico de fondo. Se detuvo en un semáforo junto al cual había una boca de metro. "Línea marrón al aeropuerto." Se quedó mirando el letrero varios segundos y después, giró la cabeza hacia el lado contrario.

—Al menos uno de los dos se lo está pasando bien, hm —dijo Deidara, intentando que sonase como una broma.

—No creas, no es tan buena fiesta —respondió Kurotsuchi—. No te pierdes nada.

El semáforo comenzó a emitir una melodía a la vez que el muñeco rojo cambió a verde. Deidara cruzó el paso de cebra.

—Ja. Qué mentirosa.

Deidara fue consciente ahí de que se había ido, de que sus amigos se lo seguían pasando bien sin él mientras él estaba ahí, persiguiendo a alguien que quizá nunca encontraría.

—Sin ti no es lo mismo. Además estoy segura que en Konoha las fiestas son muchísimo mejores que las de aquí.

—No lo sé —respondió Deidara—, aún no he salido de noche por aquí.

—¿Y a qué estás esperando? —dijo su amiga con un deje de indignación.

—A diferencia de ti yo no tengo a nadie con quien hacerlo —dijo riendo.

Tal vez... ¿Karin? Fuera la única que tenía pintas de no ser una aburrida pero tampoco había hablado tanto con ella.

—Puedes salir solo, quizá conozcas a alguien por ahí.

Deidara pensó que no le vendría mal salir pero no sabía si sería lo mismo sin sus amigos. Ya pensaría mejor en ello cuando tuviera un buen día, en ese momento no tenía ganas de nada, ni siquiera de cenar con Tobi. Se detuvo frente al escaparate de una agencia de viajes. "Iwagakure. Cuatro días. Hotel de cuatro estrellas. Todo incluído. Desde doscientos veinte ryo por noche."

Era como si donde quiera que mirase, encontrase referencias de casa. Rodó los ojos y siguió caminando.

—O pueden venir a verme cuando lleguen las vacaciones de verano, hm —dijo Deidara.

—¿No vas a venir tú?

—Hay algo que he venido a hacer aquí, y no me pienso ir hasta que no lo logre.

—¡Bien, porque me encantaría conocer Konoha! —exclamó Kurotsuchi.

—¿Con quién hablas? —Deidara reconoció la voz de Akatsuchi de fondo.

—Con Dei —respondió Kurotsuchi, alejada del micrófono—. ¿Quieres hablar con él?

—¡Claro! Hace tiempo que no hablamos —dijo, su voz sonaba ahora mucho más potente—. ¡Hola, Dei!

Deidara sonrió con nostalgia.

—Hola, grandullón. ¿Qué tal la fiesta? —preguntó Deidara, logrando sonar más animado de lo que en realidad estaba.

—Bien, pero igual te extrañamos —dijo Akatsuchi. Deidara apretó los labios y luego suspiró, lejos del teléfono—. ¿Dei?

—Yo también les extraño —respondió con un hilo de voz.

Akatsuchi no pareció notar el tono cansado con el que lo dijo. Tras despedirse y colgar, Deidara se dio prisa por llegar a su apartamento, se dejó caer en la cama y revisó las inexistentes notificaciones de su teléfono. Nada. Lo tiró a la colcha sin delicadeza y se cubrió los ojos con el brazo. Estaba persiguiendo una fantasía, como una polilla que vuela en línea recta intentando alcanzar la luna. Lo peor, era que estaba solo. Ni siquiera mirar el dibujo en su cartera lo consoló. Si no hubiese sido por el pitido que dio su teléfono en ese momento, tal vez habría roto el papel en pedazos. Deidara no tardó ni medio segundo en mirar quién era. Tan sólo Tobi diciéndole que fuera a su apartamento. No era quien esperaba, pero el prospecto de comida y compañía le levantó un poco el ánimo.

Esbozando una sonrisa, Deidara se levantó y fue a calzarse.


—Estás muy callado —sentado en la cama, Deidara apartó la vista del televisor y miró a Tobi fregar los platos—. ¿Qué es lo que te pasa?

Deidara sacudió la cabeza.

—No tiene importancia —dijo y volvió a prestar atención al concurso de preguntas—. No va a cambiar nada.

—Sé escuchar —dijo Tobi. Unos instantes después, cerró el grifo, tomó un paño y se secó las manos—. Además, desahogarse ayuda a veces. No cambia las circunstancias, pero da algo de paz y a veces eso es lo que hace falta.

—Tiene gracia que tú me digas eso —dijo Deidara con una risa seca—. Tú nunca dices nada de ti.

Tobi dejó el trapo en su lugar y fue a sentarse en la cama.

—Está bien, me cuentas qué es lo que te pasa y yo te cuento algo a cambio —dijo con una pequeña sonrisa que lo invitaba a hablar.

—Sólo extraño Iwa. Mi casa, mis amigos, todo eso. No es nada del otro mundo —respondió Deidara, omitiendo deliberadamente cualquier mención de cualquier tema que llevase a Tobi a sermonearlo.

—Ya. —Tobi expulsó aire por la nariz—. Es normal que te sientas así, es un cambio muy grande de ambiente, de cultura, de todas las cosas que conociste y una vez formaron parte de tu vida. —Deidara sólo asintió, mirando el programa. Entonces sintió una mano en su hombro y cerró los ojos ante aquella reconfortante presión de la cálida mano de Tobi—. Me tienes aquí para cualquier cosa.

Esa fue la primera vez que Deiara sonrió con sinceridad en todo el día. Había algo en Tobi que era acogedor a pesar de su actitud distante. Una extraña mezcla de ambas cosas que Deidara no era capaz de describir.

—Gracias, hm. Lo mismo digo —dijo Deidara—. ¿Qué era lo que me ibas a contar?

—Es sobre el proyecto Nezumi —respondió Tobi con un deje de emoción—. De alguna manera, el doctor Senju ha conseguido agilizar los trámites para poder empezar a investigar con primates. Para finales de mayo nos traerán unas cuantas jaulas.

—Enhorabuena —dijo Deidara. Al menos uno de los dos estaba progresando—. Espero que puedas descubrir algo pronto.

—No puedo esperar a que llegue el día —dijo Tobi, mientras se quitaba la pierna ortopédica y se acomodaba en la cama—. Con ratas no se puede hacer mucho más. Esto es justo lo que el proyecto necesita, algo más complejo y parecido a nosotros.

Deidara ha estado evitando mirar su teléfono demasiado, Tobi se daría cuenta si lo hacía y le haría preguntas. Ninguna notificación. Comenzaba a frustrarse consigo mismo por estar tan pendiente de la llamada de aquel tipo.

—Olvidé preguntarte. ¿Tienes algo que hacer este fin de semana? —dijo Tobi.

Deidara notó como se animaba de golpe. Levantó la cabeza y sonrió.

—¿Me estás pidiendo salir, hm? —preguntó con fingido tono de flirteo.

Tobi abrió la boca y balbuceó algo. Deidara rió.

—O-oh. No, no es nada de eso. Sólo iba a pedirte que me acompañases a un lugar —dijo y Deidara lo miró fijamente, no queriendo perderse ni un poco de su expresión avergonzada.

—Puedes llamarlo así si prefieres —respondió Deidara.

—Es por trabajo —se apresuró a clarificar Tobi—. El doctor Senju me ha pedido un favor y pensó que te vendría bien que vinieras conmigo.

—Mm —Deidara asintió. Una razón de lo más aburrida, pero se conformó con ponerlo un poco nervioso—. ¿Qué favor es ese?

Tobi tomó su teléfono. Deidara lo observó dar toques a la pantalla. Después giró el teléfono y se lo ofreció.

—Mira esto.

Al tomar el teléfono, vio en la pantalla la foto de un chico pelirrojo de más o menos quince años. Llevaba bastante maquillaje en la cara, ojos verdes ahumados, cejas completamente afeitadas y el kanji de "amor" tatuado en el lado izquierdo de la frente. Se preguntó si era un tatuaje de verdad o uno falso.

—¿Quién es este crío? —preguntó Deidara.

—El hijo de un importante político del País del Viento —respondió Tobi—. Su padre nos lo envió como paciente pero nada más aterrizar en el aeropuerto se escapó. Nos ha dado la dirección de donde cree que se ha escondido.

—Ya, pero... ¿Pero por qué no arregla él sus propios problemas?

—Quiere que las cosas se hagan con discreción, en Suna están en plena campaña electoral ahora mismo.

Deidara soltó una carcajada.

—Tiene gracia. Supongo que no le gustan las pintas que lleva su hijo. No entiendo esa nueva moda de afeitarse las cejas, pero es gracioso ver así al hijo de un político —dijo, observando cada detalle de la cara del chico—. ¿Qué es lo que le pasa?

—No sé mucho —respondió Tobi—. Sólo que tengo que ir a convencerlo de que venga con nosotros. Están pagando su ingreso aquí, después de todo.

Deidara se levantó de la cama.

—Ya veo por qué me necesitas —dijo, desperezándose despacio—. Tiene pinta de que no se va a querer venir voluntariamente, hm. Espero que no estés pensando que lo secuestre o algo así.

—Nada de eso, sólo hablar. ¿Vienes conmigo entonces?

—Me voy, pero me debes un café —dijo Deidara y Tobi asintió.

—Tengo café ahí —respondió, señalando la puerta bajo el cajón de los cubiertos—. ¿Lo quieres ahora?

Deidara chasqueó la lengua y lo señaló a él.

—Lo quiero en una cafetería y contigo.

—¿Por qué? —preguntó Tobi, encogiéndose de hombros.

—Me gustaría salir más, pero no tengo con quién. Todos mis amigos están a miles de kilómetros de distancia.

Tobi se quedó pensativo un momento y después le dedicó una mirada confusa. Deidara se preguntó si algo tan simple estaría también fuera de sus límites. Había un poco de incertidumbre ahí en su fuero interno mientras esperaba por la respuesta.

—Hace mucho que no salgo con nadie a ninguna parte. Ni siquiera con mis amistades de la infancia —dijo Tobi, negando con la cabeza—. Si lo que quieres es salir, seguro hay gente más dispuesta que yo. ¿Konan y Nagato?

—Bueno —Deidara comenzó a decir, lleno de confianza—, Konan y Nagato no me han pedido ningún favor, hm.

—No se necesita una razón para pedirle a alguien si quiere ir a tomar algo contigo —replicó Tobi, amistoso pero ligeramente a la defensiva.

Deidara rió grave y se crujió los nudillos.

—Está bien. ¿Quieres venir conmigo a tomar algo algún día? —preguntó, con una sonrisa ladeada—. Sin ninguna razón en particular.

Tobi exhaló.

—Estás preguntando a la persona equivocada —respondió él haciendo un gesto con los brazos que parecía querer poner un fin a aquel tira y afloja—. Estoy demasiado ocupado, no tengo tiempo para salir.

—¿Ni siquiera una vez? —preguntó Deidara—. ¿Ni siquiera una sola vez? Antes me has dicho que estabas aquí para cualquier cosa.

Tobi lo miró en silencio, con los labios fruncidos.

—Tú no te das por vencido nunca —dijo Tobi despacio, sin romper el contacto visual.

Deidara sonrió ampliamente.

—Tal vez por eso estoy aquí aún —respondió y se levantó del sofá—. Te dejo pensarlo, hm. Buenas noches.

—Buenas noches —dijo Tobi y Deidara aún estaba sonriendo cuando cerró la puerta tras de sí.


Deidara se notó de mejor humor cuando se levantó de la cama ese sábado. Lo primero que hizo fue mirar el teléfono, pero ya no le dolió tanto no encontrar mensajes o llamadas perdidas de desconocidos. En el fondo, se dijo mientras se levantaba y se estiraba, se lo había esperado.

Se arregló rápido, desayunó y llamó a la puerta de Tobi un poco antes de la hora acordada.

—¡Un segundo! —lo oyó decir. Le abrió la puerta saltando a la pata coja en calzoncillos, mientras se terminaba de colocar un suéter azul marino a toda prisa—. Perdón por hacerte esperar.

—¡Pero loco, no tenías por qué correr a abrirme si no podías! —exclamó Deidara, pasando al apartamento—. Pensé que estarías listo para irnos ya.

—Sí, yo también, pero me entretuve más de la cuenta —respondió Tobi y volvió a la cama dando saltos. Se dejó caer en el colchón, rebotando un poco—. Lo bueno es que no tenemos horario, así que en realidad no importa tanto.

Deidara rió y se dejó caer en la cama junto a él.

—¿Es esa tu excusa, hm? —preguntó.

Tobi se giró hacia él.

—¿Tienes prisa? ¿Algo que hacer luego?

—No —respondió Deidara, sacudiendo la cabeza—. Si no hay prisa, entonces no hay razón para que no vayamos antes a tomar café o un helado.

Tobi estiró un brazo y agarró su pantalón.

—Dame un respiro —dijo, con una grave carcajada, mientras se lo colocaba—. Ni siquiera sé como voy a estar al final de esto. Cuando camino más de lo habitual, a este le suele pesar el resto de mi cuerpo.

Estiró la media pierna, señalando el extremo del pantalón que colgaba vacío de rodilla para abajo. Deidara lo miró ajustarse la prótesis, levantarse y meterse en el cuarto de baño.

—Pero ya que quieres tanto un café, podemos parar a comprar uno para llevar —agregó Tobi—. Nos lo bebemos por el camino.

—Sabes como negociar —dijo Deidara—. Está bien, no te incordiaré con el tema más. Por hoy.

—En verdad, debería salir a caminar más. Está bien adquirir un poco de hábito para casos como este —dijo Tobi.

Deidara podía escuchar el sonido del agua corriendo en el lavabo.

—¿Ves? Hasta tú mismo lo dices —dijo y tardó una fracción de segundo en sacar el teléfono cuando lo sintió vibrar en su bolsillo.

Era su madre, enviándole fotos de un par de polluelos de loro recién nacidos. Lindo, a pesar de no ser lo que esperaba.

—Luego pienso en todo el trabajo que tengo y lo voy dejando para otra ocasión —escuchó decir a Tobi—. Con esta nueva fase del proyecto Nezumi, va a ser aún peor. El doctor Senju debería asignarme un ayudante.

—¿Te valgo yo? —bromeó Deidara.

—Cuando termines tu formación podríamos ser un equipo, si así lo quieres —respondió Tobi y le pareció que sonaba algo más entusiasmado por la idea—. Pensé que ibas a regresar a Iwa, pero me gustaría trabajar contigo.

—Sí, bueno... Aún no sé qué haré, hm. —Deidara siguió mirando el resto de las fotos que su madre le iba mandando. Le hubiera gustado verlos nacer—. Aún queda mucho para eso.

Deidara se quedó pensando en ello el resto del tiempo. Una parte de él queriendo regresar desesperadamente a Iwa y la otra seguir ahí. A veces, una se imponía a la otra, pero cuando detectó el olor del café al pasar por el puesto ambulante, la parte que le decía que su lugar estaba en Konoha estaba ganando. El metro no iba muy lleno a esas horas y ambos pudieron encontrar asientos contiguos.

Lo que llevaba un rato molestando a Deidara, era que todo el mundo con el que se cruzaba se le quedaba mirando unos segundos. Al ver que dos niños que entraban al vagón con su madre lo señalaban, se miró en el cristal espejado de la ventana, preguntándose si no llevaría algo pegado a la cara.

—¿Qué le pasa hoy a todo el mundo? ¿Por qué se me quedan mirando? —gruñó Deidara.

—No te miran a ti, me miran a mí —respondió Tobi.

Entonces Deidara se da cuenta que está ya tan habituado a su parche en el ojo y las cicatrices en su cara que olvidó que para el resto de gente, eso es algo inusual.

—Pues es de mala educación, hm —dijo en voz alta, mirando con descaro a los dos niños que se alejaban al otro lado del vagón y esperando que la madre lo escuchase.

—La primera vez que nos vimos, tú también te me quedaste mirando la cara —dijo Tobi.

Deidara recordó aquel momento. Había perdido a Kabuto de vista para ver los cerezos en flor cuando se encontró con él en los pasillos.

—Y tú a mí. Me miraste descarado, lo recuerdo bien —replicó Deidara.

—Tenías una herida en el labio. —Tobi lo miró, tocándose el labio infeior—. Me preguntaba como te la hiciste.

—Un lunático que conozco me incordió con tonterías sobre esta rama de la ciencia siendo inmoral. Discutimos y nos empezamos a zurrar —dijo Deidara—. Si no me llegan a sujetar le hubiese dado más. Fue el mismo día que me fui de Iwa, una hora antes de salir al aeropuerto.

Tobi asintió.

—Por desgracia mucha gente piensa eso —dijo y dio un trago a su café—. Lo que no comprenden es que gracias a nosotros, mucha gente que sufre va a dejar de hacerlo.

—¿Quieres ver una cosa?

Deidara cambió de tema, sus motivos para estar ahí eran personales y no quería tocar ese tema con Tobi. Sacó su teléfono y le envió todas las fotos que le acababa de pasar su madre. Tobi las examinó en el suyo.

—Es interesante —dijo Tobi, pasándolas una tras otra—, nunca he visto loros recién nacidos.

Deidara se acabó su café de unos tragos.

—Son feos, puedes decirlo, hm —dijo, jugueteando con el vaso de cartón vacío—, y se van a poner aún más feos cuando empiecen a salirles las plumas. Pero sí, es interesante verlos crecer. Desde que mi madre empezó a criarlos siempre hemos tenido la casa llena.

—¿Qué hace luego con ellos?

—Los vende o los intercambia por otros pájaros. A veces los padres necesitan ayuda al criar. A veces dejan de lado a varios polluelos en favor de los más fuertes y hay que alimentarlos cada dos o tres horas. —Deidara sonrió ante la expresión confusa de Tobi—. Eso significa que no puedes dormir del tirón por un tiempo.

—Enséñame más fotos cuando estén más grandes. ¿Vale? —dijo Tobi—. Quiero verlos crecer.

Deidara asintió.

—Seguro que mi madre me envía más. Te las enseñaré.

—¡Próxima estación, Parque de los Seis Caminos! ¡Por favor, tenga cuidado con el hueco entre el tren y el andén! —dijo una grabación por megafonía.

—Creo que después de esta viene la nuestra —dijo Tobi.

Deidara miró el mapa sobre las ventanas. Tras el Parque de los Seis Caminos venía Plaza de Kaguya. El final del trayecto no estaba lejos y el vagón se había ido vaciando poco a poco. La mitad de las personas se bajaron en la siguiente y subió tan sólo una. Tobi se levantó tras el anuncio de la siguiente parada.

—Creen que el tal Gaara está escondido en un piso de estudiantes, hay muchos por aquí.

—No sé qué vamos a hacer si no nos abren, hm.

—No se pierde mucho intentando —dijo Tobi.

Al salir al exterior, Deidara se encontró en un barrio anticuado pero bien conservado. Los árboles de las aceras eran muy altos y frondosos, debieron haberlos plantado hace muchas décadas. Tobi iba mirando la aplicación de mapas de su teléfono, siguiendo las instrucciones que le daba la voz del GPS hasta que llegaron a un edificio color beige de cuatro plantas.

—Aquí es, en el primero —dijo Tobi.

Deidara revisó todos los balcones del primer piso. En uno de ellos había ropa tendida.

—Bueno, vamos a subir.

Esperaron junto a la puerta a que un vecino saliese y tomaron el ascensor hasta el primer piso. Tobi miró la ventana de chat de Kabuto para recordar cual de las puertas era.

—Esta —susurró Tobi, señalando la última de ellas a la derecha del ascensor.

Deidara llamó al timbre. Al pegar la oreja a la puerta, escuchó ruidos dentro, pero nadie fue a abrir. Frunciendo el ceño, volvió a pulsar el timbre una y otra vez, hasta que un minuto después una chica abrió la puerta.

—¿Qué? —espetó ella.

Se veía en edad universitaria, tal vez un par de años menos que él, rubia, ojos verdes y pelo grueso y corto, recogido en varias coletas.

—Dile a Gaara que salga, hm —dijo Deidara.

Ella entrecerró los ojos.

—Aquí no vive ningún Gaara —dijo entre dientes y él pudo notar el tan característico acento del País del Viento.

Deidara miró más allá de ella. Había dos personas dentro de la casa discutiendo. Un chico con los labios y los ojos pintados de morado empujó a la chica y tomó del cuello a Deidara, empujándolo hasta la pared de enfrente.

—¡Dejen a mi hermano en paz! —gritó.

Dedara tardó en reaccionar un par de segundos. Agarró los brazos del chico y los intentó retorcer. Entonces lo vio salir del apartamento y correr escaleras abajo. El chico de las cejas afeitadas y el tatuaje en la frente.

—¡Por ahí se va! —le gritó a Tobi y justo después recordó que él no iba a ir detrás del tal Gaara.

Con un par de empujones se deshizo del chico que lo sujetaba y se fue escaleras abajo.

—¡Deidara, no! —escuchó decir a Tobi, pero él ya estaba saliendo del edificio y bajando los cinco escalones de la entrada de un solo salto.

Persiguió al pelirrojo alrededor de la manzana, hasta que pudo agarrarlo de la capucha y sujetarle los puños cuando le intentó pegar. Ambos forcejearon por un rato.

—Je. Eres fuerte —dijo Deidara y eso pareció incitar a Gaara a empujar más. Incluso le pareció que había un tinte de locura en la forma en que lo miraba y en como mostraba los dientes, gruñendo con furia.

No le costó trabajo inmovilizarle los brazos, en el fondo no dejaba de ser un crío flacucho. Uno muy enojado, pero no era rival para él.

La rubia y el de la gorra no tardaron en aparecer.

—¡Gaara!

Al verlos, el chico dejó de intentar soltarse. Deidara vio a Tobi acercándose a su ritmo, cojeando un poco.

—¡Quítale las manos de encima a mi hermano! —dijo la rubia.

—¡Déjalo ir! —agregó el de la gorra y los labios morados—. O te vas a arrepentir.

Algo pareció calmarse en él en ese momento, Deidara lo notó.

—Está bien —dijo Gaara, sin un rastro de la furia homicida de antes—. Voy a irme con ellos.

Tanto la rubia como el otro abrieron mucho los ojos.

—¿¡Qué!? ¡No! —dijo la chica.

—¡No te dejaré! —gritó el otro—. ¡No te puedes ir a ese sitio!

Comenzaron a hablar a la vez, intentando convencerlo para que no lo hiciera. A Deidara le costaba entenderlos. Entonces Tobi los alcanzó, jadeando.

—Ya les causé muchas molestias y no nos van a dejar en paz hasta que vaya —dijo el pelirrojo en cuanto sus hermanos se calmaron—. Es lo mejor.

Deidara miró a la rubia y al otro como si les hubiera ganado aquella partida.

—¡Vas a ser su cobaya! —dijo el de la gorra.

—Me da igual ya —respondió Gaara—. Tal vez puedan arreglar lo que está mal conmigo.

—¿Qué pasó? —preguntó Tobi a Deidara, aún respirando fuerte.

—Creo que se viene con nosotros, hm.

Gaara comenzó a caminar de vuelta al edificio.

—Tengo que ir a por mis cosas primero —dijo abriéndose paso a empujones.

Sus hermanos lo siguieron, aún intentando detenerlo. Deidara miró a Tobi sonriendo.

—Bueno, vamos a esperarlo —dijo, caminando de vuelta despacio, a un ritmo que no fuera demasiado para Tobi—. Si no baja nos vamos. Más no se puede hacer.

—Sabes, cuando salí de casa pensé que no iríamos a conseguir mucho —dijo Tobi y Deidara notó que estaba cojeando más que antes—. Me da lástima ese crío, escondido aquí como si fuera una vergüenza.

—Que no te de tanta, antes me ha mirado como si quisiera arrancarme la cabeza, hm —respondió Deidara, aún pendiente de su cojera—. ¿Estás bien?

—Sí, sólo se me ha debido aflojar la prótesis. Tengo que echarle un vistazo —Tobi subió poco a poco los cinco escalones que llevaban a la puerta principal—. Me pasa a veces cuando-

Sucedió tan rápido que a Deidara a penas le dio tiempo a reaccionar: Tobi se tambaleó y perdió el equilibrio, cayendo de rodillas al suelo. Su pierna derecha quedó en un extraño ángulo, como si parte de la misma se hubiera desencajado.

—¡Tobi! —Deidara se agachó junto a él y le tomó los brazos, observando su mueca de dolor y mirada humillada—. ¿¡Estás bien!?

—Ah... S-sí... No te preocupes —dijo Tobi, pero su expresión no se suavizó-— Sólo tengo los ligamentos de la rodilla algo delicados y... Agh... Mierda —masculló al intentar moverse—. Debí haber ido a hacerme aquellas radiografías hace mucho.

—Vamos, te ayudo a sentarte —dijo Deidara y Tobi sacudió la cabeza.

—Espera, agh... Despacio. —Deidara le dio la vuelta e intentó maniobrarlo para sentarlo en el escalón superior—. ¡Dije despacio!

—¡Estoy yendo lo más despacio que puedo! —exclamó Deidara, rodeando su torso con el brazo una vez le hubo dado la vuelta.

Tobi se lo intentó quitar de encima, haciendo que casi cayera sobre él, sus caras muy cerca la una de la otra.

—Déjalo, ya lo hago yo —dijo Tobi—. Apártate.

Deidara no supo exactamente qué fue lo que lo hizo decidir que sería buena idea besarlo, pero cuando se fue a dar cuenta, sus labios estaban sobre los de Tobi. Esperó el momento en que el otro lo empujase de encima de él, pero dicho momento nunca llegó. El cálido jadeo que chocó contra sus labios lo hizo sentir como si una bomba acabase de estallar dentro de su pecho. Cuando notó la boca de Tobi moverse al compás de la suya, Deidara profundizó el beso. Sus lenguas se rozaron por un instante y un escalofrío agradable lo recorrió de la cabeza a los pies.

Entonces se echó hacia atrás y lo miró, ojos abiertos de par en par. Tobi parpadeó con su único ojo, su cuerpo entero rígido y un ligero rubor en sus mejillas.

—Um. —Deidara intentó decir algo, pero cuando ya había comenzado a hablar, se dio cuenta que no sabía qué era lo que quería decir. Tras ellos, la puerta se abrió y Gaara salió a la calle tirando de una maleta—. ¿Te duele?

Con una mueca de esfuerzo en el rostro, Tobi se sentó en el escalón.

—Súbeme la pernera —dijo Tobi. Deidara lo hizo y vio que el muñón estaba rojo. Tobi resopló—. Debí haberme traído la otra pierna.

—Mierda —dijo Gaara al llegar junto a ellos—. ¿Qué te pasó?

Deidara estuvo a punto de decirle que se metiese en sus asuntos, pero entonces Tobi habló.

—Accidente de tráfico —dijo.

—Lo siento —murmuró el crío.

Ambos miraron como Tobi se reajustaba la pierna en su sitio y luego ambos lo ayudaron a levantarse.

—Ojalá tuviera el bastón —masculló.

—Puedes apoyarte en mí, si quieres —dijo Deidara, incapaz de no pensar en el beso que acababa de darle y preguntándose si para Tobi sería igual.

—Quédate cerca —dijo Tobi y cuando empezó a caminar despacio, Deidara y Gaara lo siguieron.


¡Felices fiestas!

Quería haber terminado este capítulo para navidad, pero no pudo ser. A penas he escrito Obidei en diciembre, mis ganas de escribir estaban bajo mínimos pero ya parecen haber vuelto y mientras escribía noté lo mucho que los había extrañado. En el canon, Deidara secuestra a Gaara. Quise hacer algo parecido aquí, aunque obviamente no podía ser un secuestro jajaja

Para quienes siguen Intruso... Lo siento, lo siento, lo siento. Sé que me disculpé y dije que subiría pronto pero la musa no regresó. La musa me abandonó para esa historia a dos capítulos del final, pero tengo el siguiente al 90%, lo he tenido desde hace un tiempo y solo me falta acabar la escena final y subirlo. Sé que ha sido un hiatus de más de un año, pero quiero y voy a terminar esa historia. Lo prometo. No me olvido de ella nunca y me hace sufrir.

Dani, también me gustan mucho los salseos de estos dos. En la serie no son personajes muy éticos así que les va genial. Siempre vi a Orochimaru como Slytherin, porque en el fondo él es medio serpiente, y sus invocaciones son serpientes. Pero en este fic creo que me salió Ravenclaw. Un Ravenclaw muy retorcido que hace lo que sea por conocimiento xD

Arekusa, sé que te debo un correo pero he leído todos los comentarios que me has dejado y sólo te puedo decir que gracias por el apoyo, significa mucho para mí ^^ Eso que mencionas es una de las cosas que más me gustan de este ship, que pueden ir rápido y meterse en la cama a la media hora de conocerse o pueden tomarse su tiempo e ir despacio. Me encantan ambas cosas *_* Creo que aún puedo deprimir más a Deidara en busca de su alma gemela, y como ya he dicho más de una vez, es el Deidara más depresivo que he escrito. Y como lucha contra eso, aún aquí. Lo bueno es, que Obito estará ahí para él, aunque no sepa que es él.

¡Gracias por leer y hasta el siguiente!