Cruzado de brazos, Deidara miró hacia el lado contrario en donde estaban Tobi y Gaara. En esos momentos habría deseado haberse traído su música, así no tendría que escucharlos hablar.

Había una señora leyendo un libro a su lado y Deidara echó un vistazo al texto en un intento por distraerse de la conversación. Era estúpido, él lo sabía de sobra pero no podía evitar saborear la bilis en la garganta. No cuando el crío estaba obteniendo gratuitamente la información que a él le costó tanto sudor y esfuerzo sacarle a Tobi.

—A mí también me sobreprotegían a tu edad —dijo Tobi—. Tenía que hacer todo a escondidas. No sabes lo que me costó independizarme... Dicen que eso es señal de que se preocupan por uno, pero yo creo que tiene que ver más con el control y menos con preocuparse.

Al menos, Deidara se consoló, el mocoso no está contestando demasiado a Tobi más que con monosílabos.

—Mi padre no me quiere, nunca me quiso —dijo Gaara, con naturalidad—. Lo único que le interesa es mandarme donde no lo pueda molestar.

Deidara resopló, torciendo el labio.

—¿Por qué te ingresan? —preguntó Tobi—. ¿Qué es lo que te pasa? No pareces un viudo de alma.

Deidara se giró a mirarlo. Gaara sacudió la cabeza y se remangó el brazo izquierdo. Ambos vieron que estaba lleno de texto.

—No importa cuantas veces le intente escribir, mi alma gemela no puede leerme —dijo Gaara.

—¿Entonces qué es todo ese texto, hm? —preguntó Deidara.

Gaara se bajó la manga con un gesto brusco, como si le diera asco leer todo eso.

—Alguien más —espetó.

Tobi se frotó el mentón.

—Un vínculo parcial —murmuró—. Ya veo por qué le interesas al doctor Senju.

Deidara había estudiado sobre los vínculos parciales. Normalmente tienen su origen en incidentes previos al nacimiento, como partos prematuros complicados.

—Me gustaría encontrar a mi alma gemela, al menos. O a su otra alma gemela —dijo Gaara y Deidara notó que sus puños estaban cerrados.

—¿Por qué? Entiendo que quieras encontrarla pero no a la otra persona —preguntó Tobi, fascinado, como si aquella conversación pudiera ser la clave de algo—. ¿Qué vas a hacer cuando lo tengas delante?

—Matarlo.

Lo dijo en voz tan alta que varios pasajeros se volvieron a escuchar. Deidara miró a Gaara a los ojos. Le pareció que había algo demente en ellos.

—Entiendo —dijo Tobi con calma—. Estás sufriendo y sólo quieres librarte de ese dolor. Te prometo que muy pronto todo acabará.

Una promesa parecida a la que él le hizo aquella noche. Tobi comenzó a contarle sobre su proyecto y para cuando salieron del tren, Gaara parecía confiar más en él. A Deidara le pareció que estaba menos tenso y rodó los ojos. Algo del silencio entre ellos se le estaba haciendo tan insoportable como el constante zumbido de una mosca.

—¿Cómo va la pierna? —preguntó Deidara mientras subían las escaleras mecánicas.

—Se me ha hinchado, pero ya no me duele tanto, sólo palpita un poco con cada paso —dijo Tobi delante de él, sin mirar atrás—. Le echaré un vistazo en casa.

Deidara no estaba seguro si Tobi estaba molesto con él o no. Desde luego, no lo parecía. Para alguien tan preocupado por poner distancia entre él y el resto del mundo, la razón por la que no lo estaba le parecía un enigma. Tanto como el hecho de que él decidiera besarlo en primer lugar. Deidara aún podía sentir la presión de los labios de Tobi en los suyos. La imagen de él sonrojado en el momento en que se separaron no dejaba su cabeza. Tampoco los estúpidos remordimientos.

Igual, cuando se apoyó en él para subir la pequeña escalinata, su enojo remitió.

Un enorme panel con el anuncio de la nueva película de Kagemasa los recibió al salir de las escaleras del subterráneo. Deidara se separó de Tobi y miró el anuncio de brazos cruzados.

—Kagemasa Once —dijo Tobi. Deidara se giró hacia él—. Aún recuerdo cuando vi la número tres en casa de mis primos. No puedo creer que ya vayan por la número once.

—Seguro es una mierda. Las últimas han sido mierda —respondió Deidara—. Desde que Gongorō Kamakura no hace de Kagemasa la saga está acabada, hm.

—Al parecer le quitaron el papel a Kamakura porque ganó peso y se negó a hacer dieta.

El camino hasta casa fue silencioso y lento. Gaara se mantuvo ocupado con su teléfono mientras Deidara le echaba un ojo a Tobi para asegurarse que no tropezaba otra vez.

—¿Qué vamos a hacer con el crío? —preguntó Deidara iba vez dentro del edificio.

—Me llamo Gaara —respondió él.

—Kabuto se encargará de él a partir de ahora, iré a llevarlo a su oficina —dijo Tobi—. Gracias por venir conmigo hoy.

Deidara no estaba seguro si Tobi lo esperaba para cenar esa noche o no, pero no era algo que quería hablar ahí, delante de Gaara.

—Por cierto —Tobi habló de nuevo—, no voy a poder desocuparme pronto hoy. ¿Estás bien con cenar por tu cuenta? Sólo por esta noche.

Un peso se le cayó de encima a Deidara.

—Está bien, me las apañaré.

Había una posibilidad de que Tobi lo empezase a evitar, pero era algo de lo que no podía estar seguro aún.

—Disculpa por avisarte con tan poca antelación.

—No tiene importancia, hm —respondió Deidara—. Hasta luego.

Se separaron al llegar al ascensor y Deidara siguió solo hasta su apartamento. No tenía nada para hacer de cenar, ni ganas de salir a comprar así que encargó comida a domicilio. Antes de aceptar el pedido en la aplicación del restaurante, pidió otra ración para Tobi. Él siempre compartió su comida con él, así que se lo debía. Cuando llegó la comida, bajó a su oficina. Tobi no estaba allí pero la luz estaba encendida. Deidara dejó la caja de cartón sobre la mesa y se fue.


—Gracias por lo de ayer —dijo Tobi en cuanto cruzó la puerta de su casa—. Me salvaste el día.

Deidara enarcó una ceja.

—Pensaba que ibas a decir que no era necesario y que no era mi trabajo ocuparme por eso.

—Fue un lindo detalle —respondió Tobi—. Me dejaré mimar por esta vez.

—Eso es lo que hacen los vecinos —dijo Deidara—. ¿No?

Entró pensando que Tobi se pondría a la defensiva, pero en lugar de eso sonreía un poco. El beso siguió en la cabeza de Deidara mientras cenaban y se preguntó si para Tobi sería lo mismo. Sin embargo, ninguno de los dos mencionó nada y sus conversaciones giraron en torno al trabajo durante los siguientes días.


Kabuto observó en la cámara de seguridad el momento en que Deidara entró al lugar del laboratorio donde trabajaba Obito. En un documento en blanco de su pequeña computadora portátil, escribió la hora y el día. Jueves. Cuatro y media de la tarde.

—Aquí estoy, tal y como te dije ayer en la cena —dijo Deidara.

—¡Mhh! —Kabuto asintió y escribió en el documento.

«Se confirma que cenan juntos de forma habitual.»

—Tú insististe, pero si no te impacta, adelante —dijo Obito, mirando al pequeño mono que tenía sobre la mesa—. A mucha gente le parece cruel.

—Me parece una mierda de destino —respondió Deidara, sentándose frente a Obito y metiendo un dedo en la jaula. El mono no reaccionó—. Y sí, vivir en libertad también es una mierda pero al menos no estás aquí encerrado.

—Estos animales jamás estuvieron en libertad, ni ellos ni sus antepasados por unas cuantas generaciones —dijo Tobi. Kabuto removía su té, la cuchara tintineando en la porcelana—. No me gusta hacer esto pero es necesario.

—¿Qué le pasa? —preguntó Deidara señalando al mono.

—Vínculo roto —dijo Obito—. Estoy estudiando los síntomas.

—¿Mataste tú a su pareja?

Obito sacudió la cabeza.

—Ya venía así.

Kabuto teclea la conversación y agregó una nota. «A pesar de tener una opinión negativa sobre el proyecto Nezumi, Deidara se interesa por los avances.»

—Es tétrico —dijo Deidara—. Hay algo humano en ellos que no sabría decir, hm.

—Algunos gestos son inquietantemente humanos, sí —dijo Obito.

Kabuto desconectó un poco de la conversación cuando Obito comenzó a dar detalles que él ya sabía de sobra. Balanceándose en su asiento con ruedas, continuó escribiendo el correo electrónico para la revista de ciencia, hasta que a sus oídos llegó una frase interesante.

—Disculpa por lo del otro día —dijo Deidara.

Kabuto guardó el email en la carpeta de borradores y frenéticamente buscó la archivo sobre ellos dos en el caos de documentos abiertos de la barra de tareas.

—No tienes nada de qué disculparte —respondió Tobi—. Sé por qué lo hiciste.

«Parece que Obito y Deidara tuvieron algún tipo de conflicto de poca importancia, pues él se acaba de disculpar.»

Deidara nunca le pareció a Kabuto alguien inseguro, pero ahí lo vio titubear un poco.

—¿Lo sabes? —Preguntó al fin.

—Claro —dijo Obito—, ya hablamos al respecto, ¿Recuerdas? Querías averiguar cómo nos sentiríamos besando a alguien que no fuera nuestra alma gemela. Desde que me dijiste aquello le estuve dando vueltas así que decidí permitirlo.

Kabuto parpadeó varias veces, tan perdido como Deidara se veía en la cámara.

—Oh —contestó, y después hubo un silencio—. Sí, hm.

Tras describir en el documento el nuevo giro, Kabuto tomó su teléfono y buscó a Orochimaru. Obito habló de nuevo justo cuando tenía el dedo sobre el botón de llamada.

—¿Y bien? ¿Qué te pareció?

Kabuto rió, olvidándose de la llamada. Deidara sonrió un poco.

—¿Quieres saber si lo hiciste bien? —preguntó él.

—Quiero saber cómo te sentiste —respondió Obito, como si la pregunta hubiera sido poco razonable—. Ese era el punto de todo, ¿no?

Kabuto silbó.

—Quien te oyó y quien te oye, Tobi —dijo para sí.

Eso era más emocionante que cualquier serie de televisión.

—Culpable, hm —dijo Deidara, apartando la mirada. Kabuto fue tomando nota de todo—. ¿Y tú?

—También, pero es algo normal. —Tobi se volteó hacia Deidara y lo tomó de los hombros. Kabuto anotó el minuto y segundo exactos—. Pero eso lo único que hace es darme más motivación para curarnos a ambos. Queda muy poco.

—Exagerada empatía mutua —murmuró Kabuto mientras tecleaba.

Deidara bufó.

—¿Cómo fue para ti? Beso bien, ¿verdad?

Kabuto se cubrió la boca con la mano cuando vio a Obito sonrojarse un poco.

—¿Cómo podría saber si no tengo con qué comparar? —respondió Obito, su ceño fruncido.

Deidara soltó una carcajada.

—¿Pero te gustó o no? Es lo que importa, hm.

—No te burles de mí —dijo Obito y dejó de prestarle atención.

Kabuto siguió con la vista a Deidara, que jugueteaba con los monos enjaulados. Después miró para Tobi y sonrió. Una sonrisa amplia y sincera que él no vio pero que Kabuto se encargó de documentar.

—Disculpe, señor científico —se burló Deidara—. Olvidé que eso no es de interés para su investigación.

Obito no dijo nada. Después de un rato, Deidara habló de nuevo.

—Y luego dices que no eres un adicto al trabajo, hm.

—Sobre eso, quería hablarte al respecto —dijo Obito y Deidara y Kabuto dejaron escapar un simultáneo murmullo de interés—. He decidido que a partir de la semana que viene voy a hacer más horas, así que la hora de la cena será mucho más tarde. Si no quieres esperarme, lo entenderé.

Deidara asintió. A Kabuto le sorprendió no estar enterado de ello, pero asumió que al doctor Senju se le habría olvidado mencionárselo.

—Así que vas a dedicarte por completo al proyecto Nezumi.

—Eso es. Ahora que estoy en esta nueva fase quiero dedicarle todo el tiempo que pueda —dijo Obito—. Pero antes de eso... ¿Te gustaría hacer algo juntos?

Las gafas de Kabuto se resbalaron hasta la punta de su nariz. Él las empujó y comenzó a teclear con rapidez, sin preocuparse por los errores de redacción.

—¿Acabas de decir lo que creo que acabas de decir? —preguntó Deidara.

—Tú me lo sugeriste y lo he estado considerando. Sería una buena forma de despedirme de mi tiempo libre —dijo Obito.

—Jamás pensé que lo considerarías en serio, hm —respondió Deidara, visiblemente más animado—. ¿Tienes algún plan en mente o aún no?

—Había pensado en un maratón de Kagemasa. El jueves podemos ver un par, y el resto el viernes y sábado —dijo Obito—. Y el domingo vamos al cine a ver Kagemasa XI.

Kabuto rodó los ojos. De todos los planes que podía haber hecho, a Obito no se le ocurrió otra cosa que poner a Deidara a tragarse once películas seguidas de Bakamasa. Dicen que las últimas son una completa porquería pero él siempre las odió todas. Nunca entendió qué les veía la gente. Si Deidara tenía buen gusto, se quejaría de la elección de Obito.

—Has pasado de decirle que no a todos mis planes, a montar tu propio plan de cuatro días de duración —dijo con una sonrisa ladeada—. Sí, me parece bien.

Kabuto chasqueó la lengua. Era mucho pedir, al parecer.

—Si no te gusta podemos hacer otra cosa, recuerdo que dijiste que algunas no valían la pena —dijo Obito.

—Nah, también es divertido sacar defectos en compañía a las películas malas —respondió Deidara—. Pero lo del cine, eso no me lo esperé de ti.

—No he pisado un cine desde que tuve el accidente, hace ya muchos años. —Obito se sentó tras su escritorio con una expresión de cansancio—. Me pregunto si ha cambiado mucho desde la última vez que fui.

—El precio, hm —dijo Deidara, resoplando—. El precio es lo que ha cambiado. Ahora es un atraco.

Obito negó con la cabeza.

—Eso a mí no me afecta —dijo—. ¿Recuerdas la tarjeta que presenté al pagar nuestros billetes de metro? También vale para el cine.

—Mmm... —Deidara se frotó la barbilla— ¿Te hacen también descuentos en las palomitas y los refrescos?

Obito rió y Kabuto no podía creerlo. Ese Obito y el doctor Uchiha que él siempre conoció eran personas radicalmente opuestas. Lo cual tenía sentido teniendo en cuenta que estaba frente a su alma gemela.

—No, para eso no. Sólo para la entrada —dijo Obito—. Podemos llevarnos nuestra propia comida.

—No está permitido, hm.

—Mucho mejor incluso.

Deidara se echó a reír y mientras los observaba, Kabuto se quedó pensativo. ¿Estaban saliendo? No. No lo estaban. No aún, al menos pero al ritmo que iban tal vez pasaría pronto, si ambos se dejaban llevar por ese instinto del que no se habían dado cuenta aún. Cuando Deidara se fue de nuevo Kabuto llamó a Orochimaru.

—¿Estás ocupado ahora? —dijo en cuanto contestó.

—Depende de lo que sea —contestó Orochimaru.

—He agregado varias cosas interesantes a la carpeta de Obito y Deidara. Te van a interesar.

—Mmm, sí se ve bueno, déjame ver.

Kabuto guardó los documentos y colocó un acceso directo a los vídeos de la cámara de seguridad. Tuvo que crear una nueva categoría de usuarios sólo para él y Orochimaru. Una donde Obito no tuviera permisos de escritura o visibilidad para que no se encontrase por casualidad con esa información.

—Es tal como lo imaginé —dijo Orochimaru—. El vínculo está cumpliendo su trabajo y ninguno de los dos se ha dado cuenta todavía.

—Esto es lo que he estado pensando —respondió Kabuto—. Deidara no tiene forma de darse cuenta. Aunque ha notado el cambio de actitud, no tiene forma de relacionarlo con eso. Obito sin embargo...

—Es curioso que no se haya dado cuenta ya. Aún con la sugestión que le despierta la gente del País de Tierra.

—Es porque aún sigue creyendo que Deidara es un viudo del alma —dijo Kabuto y cuando fue a darle un trago a su té, notó que estaba frío.

Caminó hasta la cafetería, donde metió la taza en el microondas y cerró la puerta. Si Sor Nono lo viera recalentar el té ya lo estaría regañando. Era molesto que le entrasen remordimientos cada vez que lo hacía, a pesar de que pensaba que era estúpido. Mejor recalentado que desperdiciado.

—¿Ha visto Tobi los resultados de la resonancia de Deidara? —preguntó Orochimaru.

—No lo sé, pero es un buen punto —dijo Kabuto, apoyado en la encimera y cruzado de brazos—. Le puedo preguntar a Deidara, dudo que sospeche. Es una pregunta bastante inocente.

—No estaría de más saberlo —dijo Orochimaru—. Tú te encargas de eso, se te da mejor que a mí lucir confiable.

El microondas sonó y Kabuto sacó su té, humeante de nuevo.

—Y por si acaso deberíamos ocultar los archivos de la resonancia de Deidara —agregó.

—Se puede hacer, pero si Deidara los pide estamos obligados a dárselos —dijo Orochimaru.

—Le diremos que hay un problema técnico y lo estamos solucionando —dijo Kabuto y tomó un sorbo de té. La sensación de quemazón en la lengua lo hace dar un saltito, derramando más té hirviendo sobre su mano. Al menos, se dice a sí mismo, no se le ha caído el teléfono—. Ahora que Obito va a dedicarse de lleno a sus investigaciones, tal vez eso los mantenga distraídos de los efectos del vínculo.

—¿Sabes qué sería tan interesante? —preguntó Orochimaru y Kabuto pusolas taza de té bajo el grifo y dejó caer un hilillo de agua. Sor Nono lloraría si lo viera—. Hacer una resonancia a Tobi y ver cómo está afectando a su cerebro la cercanía con Deidara. Pero, necesitaríamos una buena excusa.

—Material para tu próximo libro —dijo Kabuto. El té quedó a la temperatura perfecta, si bien un poco insípido—. Y se la hacemos también a todos los demás, así no se da cuenta de que nos estamos centrando únicamente en él.

—Ah, Kabuto, Kabuto, a veces eres peor que yo —respondió Orochimaru con tono de falso regaño—. Esto se está volviendo muy interesante, estoy deseando ver como se desarrolla todo.

—Ojalá pudiéramos seguirlos más de cerca —dijo Kabuto—. Una pena que no sea ético.

—Buena idea —dijo Orochimaru—. Te encargarás de seguirlos al cine y ver cómo interactúan. —Kabuto hizo una mueca y luego suspiró. Estaba tan orgulloso de decir que nunca había visto una película de Kagemasa—. ¿Kabuto? ¿Estás ahí?

—Erm, sí, sí estoy aquí —dijo él.

—No tienes nada que hacer el domingo, ¿no? —preguntó Orochimaru.

—No. Estoy libre para ir al cine a ver... Eso.

—Kagemasa, cierto. Llévate a un amigo, te lo pasarás bien. Ya me gustaría ir yo también, pero tengo tanto que hacer —dijo Orochimaru—. ¿Sabes que una vez me encontré con Gongorō Kamakura en la cola del supermercado? Se había puesto botox —Kabuto lo escuchó reír—. El pobre está acabado.

—Fascinante —respondió él con voz monótona.

—Bueno, hablamos luego, buen trabajo Kabuto.

Cuando el doctor Senju colgó, Kabuto suspiró. Las cosas que había que hacer por la ciencia.


Recostado en un extremo de la cama de Tobi, aquella noche volvió a la cabeza de Deidara. Tobi dormido, su pie rozando el suyo por casualidad, él haciéndolo deliberadamente segundos después.

La sonrisa de Tobi.

Deidara a veces se acordaba de esa sonrisa, tan espontánea y más sincera que la mayoría de las que le vio, que tampoco fueron tantas. Aunque últimamente, lo había visto hacerlo con más frecuencia. Deidara lo atribuyó al comienzo de la nueva fase de su proyecto, después de todo, eso parecía ser lo único que le importaba a Tobi en la vida.

Apartando la vista de la pantalla, Deidara lo miró. Al menos era buena señal que lo hubiera invitado a ver películas. Significaba que también tenía aficiones de persona corriente y no sólo se entretenía trabajando.

Tobi giró la cabeza en ese momento y al hacer contacto visual con él, Deidara volvió a mirar a la televisión.

—¿No te gusta la película? —preguntó Tobi.

Deidara miró como el aliado de Kagemasa invocaba a los demonios, el viento alborotándole el largo cabello.

—Si, sólo me aseguraba que no te habías quedado dormido como siempre, hm.

—No me quedo dormido tan a menudo —respondió Tobi.

—Oh, si lo haces. —Deidara rió—. Me gustaba esta escena donde salen los demonios y Kagemasa y el otro tipo casi se pegan.

—Hay cosas que no se deberían hacer, incluso para pelear por el bien —dijo Tobi.

—¿Te aplicas tú también eso o sólo a otros, hm? —lo molestó Deidara.

No pudo ver la expresión de Tobi con el parche en su ojo izquierdo.

—¿A qué viene eso? —dijo, pero no sonaba molesto, sólo curioso.

—¿Experimentarías con gente?

—Hm. —Tobi se tomó un momento para responder—. Si ellos consienten no veo por qué no.

—¿Lo harías sin consentimiento si eso te ayudase a hacer un gran descubrimiento? —preguntó Deidara.

—Eso no... —esa vez Tobi sí sonó algo cansado.

—¿No qué? —insistió él.

—En determinadas circunstancias muy concretas sí lo haría, pero habría que ver el caso —dijo Tobi y luego señaló la pantalla—. Solía tener esas gafas naranjas.

—¿El visor de Kagemasa? —preguntó Deidara, mirando al actor.

Tobi asintió.

—Lo llevaba siempre puesto, me hacía sentir una especie de super héroe a mí también. Después crecí y se lo regalé a uno de mis primos.

—Ahora que lo pienso, Kagemasa perdió el ojo izquierdo en la quinta película —dijo Deidara y de inmediato se sintió como si hubiera dicho algo inapropiado.

Tobi asintió.

—Es verdad —dijo, como pensativo—. Dudo que sea un super héroe, pero me gusta pensar que estoy haciendo algo bueno por el mundo. ¿Vamos a ver la película o qué?

—Ya sé lo que pasa —respondió Deidara y justo cuando Tobi se echó a reír, su teléfono sonó.

Ya era costumbre lanzarse a responder cada vez que pasaba. Lo tomó de la cama y miró quién era. Un número oculto.

—Ahora vuelvo —dijo levantándose deprisa mientras el tono de llamada seguía sonando.

—¿Quieres que la pause? —preguntó Tobi.

—No hace falta —respondió Deidara y salió al pasillo. Sólo entonces respondió la llamada—. ¿Hola?

—Hola —dijo una voz masculina. Deidara pasó a su apartamento—. Tu has estado dejando notas en la tumba de Rin Nohara.

Por fin. El corazón de Deidara palpitó con fuerza.

—Así es —dijo y se puso a calcular cuanto tiempo había pasado. ¿Casi un mes?—. Te tomó un rato contactarme.

—Lo siento, estuve pensándolo mucho. No me gustan los misterios —respondió su interlocutor—. ¿Con quién hablo?

—Deidara.

—Puedes llamarme Kakashi. Eres del País de Tierra, ¿verdad?

Deidara sonrió.

—Déjame adivinar. Fue el acento lo que me delató, hm.

—Es bastante notable, sí —dijo Kakashi—. Podemos quedar el domingo si te parece bien, es el día que mejor me viene.

Cualquier otro día le habría dicho que sí sin pensarlo, después de tanto tiempo esperando. Deidara pensó en los planes que había hecho con Tobi. Le iba a doler si tenía que cancelarlos.

—¿Puedes por la mañana? Tengo cosas que hacer por la tarde —dijo Deidara.

—Por la mañana me viene bien —dijo Kakashi—. Te mandaré la hora y el lugar en un mensaje para que no se te olvide.

—Gracias, hm.

—Hasta el domingo.

Tras colgar, Deidara volvió con Tobi, que había pausado la película de todos modos.

—Te dije que no lo hicieras —se quejó al sentarse de nuevo en la cama.

—Esta parte es de las mejores —dijo Tobi—. ¿Está todo bien? Te ves ansioso.

Deidara asintió.

—Todo bien, hm.

Algo en el silencio entre ellos mientras seguían viendo la película se volvió incómodo. Era como si Tobi se estuviera aguantando las ganas de preguntar sobre la llamada y por alguna razón, le dejaba un sabor amargo no darle explicaciones. Se dijo que era mejor así. Tobi sólo iría a juzgarlo por seguir investigando acerca del paradero de su alma gemela.

No tenía por qué darle explicaciones, sin embargo, no hacerlo lo angustiaba.

Tal vez en un tiempo, cuando hubiera averiguado más, podría compartir más cosas con él.


¿Cómo están? Es verano aquí en el hemisferio norte y por fin hace calor yay. Llevo días queriendo terminar este capi y diciendo "hoy lo termino", "hoy lo termino" jajaj Como es canónico que Gaara fue un bebé sietemesino, lo aproveché para darle alguna cosa que lo hiciera interesante a Orochimaru. NO planeé escribir desde el POV de Kabuto. No es un personaje que me caiga demasiado bien, creo que lo hice odioso de más jajja pero quería hablar de como los observan.

Kagemasa fue un super héroe de películas que aparece en Burrito y me está siendo muy útil para mencionar cultura popular de este universo.

Arekusa, tus reviews siempre me sacan una sonrisa. Me alegra mucho saber que te gusta como va la historia. En este caso es divertido despistarlos un poco con la atracción del vínculo. Y sí, ese tatuaje, saldrá por ahí en el futuro. Tienes buen ojo. Espero que todo te esté yendo bien. Un saludo!

Dani, pues aquí salió un poquito más de Gaara! Es un personaje al que le tengo cariño, y lo quise sacar al menos un poquito.

Pronto se anunciarán los prompts de la nueva Tobidei Week. Ya actualizaré para avisar!

¡Gracias por leer y hasta el siguiente!