Ikari Soryu

Asuka & Shinji


Un techo desconocido

Ya había despertado en un techo desconocido anteriormente, pero este techo desconocido era diferente al anterior y eso se debía a que ya no se encontraba en un hospital escuchando los pitidos de las máquinas que la monitoreaban ni los murmullos de los doctores que hablaban sobre su estado de salud después de haber presenciado el horror a la edad de cuatro años.

No supo en que momento las lágrimas comenzaron a salir nuevamente, pero sabía que ya estaban ahí y que no podría contenerlas. La oscuridad le aterraba; le daba miedo porque al prender la luz podría nuevamente verla ahí, colgada de una soga con una sonrisa en su rostro. Su corazón se aceleraba cada vez más y más al punto que comenzaba a agitarse ella misma costándole respirar.

—Mamá—su voz se quebraba y el miedo se apoderaba de ella—. M-Mamá.

La puerta de su habitación se abrió sorpresivamente y una figura familiar apareció para tomarla en brazos.

—Ya pequeña, estoy aquí—la voz de la mujer había calmado a la pequeña quien la abrazó con fuerza—. Vamos a llevarte con Shinji, ¿Sí?

Ikari Yui era una mujer comprensiva y amorosa que había hecho el acto más generoso a una vieja colega. Cuando esta falleció, ella viajó hasta Alemania para poder estar junto a la hija de ella, Asuka Langley Soryu, y poder darle una mejor vida de la que pudiera tener. Ella había sido notificada del estado mental de la pequeña y temía que ella no pudiera recuperarse, pero quedó asombrada al verla ser valiente y orgullosa en un intento de sobrepasar el dolor, pero a fin de cuentas, ella seguía siendo una niña.

Cuando las dos salieron del cuarto, un pequeño de cuatro años las esperaba a ambas con un muñeco en mano que la pequeña reconoció. Sin haber esperado a su llegada, Shinji salió de su habitación para ir a verla tras haber escuchado como lloraba, pero su madre se había adelantado para traerla.

—Querías ir a cuidar de Asuka, ¿No es así?—Yui sabía las intenciones de su hijo y en el fondo se encontraba orgullosa de él.

—Sí—respondió sin miedo—. Me preocupe por ella. Lo lamento.

—No tienes que disculparte, mejor vayamos a tu habitación para que ella pueda descansar bajo tus cuidados, mi pequeño—dijo ella notando así como Shinji sonreía—. Vamos, Asuka, es hora de que descanses con tu tonto Shinji.

Shinji iba a decir algo tras escuchar eso último, pero entonces una pequeña risa lo sorprendió a él y a su madre. Asuka ya antes lo había llamado tonto, pero que su madre le dijera así cuando insistía en el avión que él no era así, lograba en verdad hacer reír a la pequeña. Viéndola reír, Shinji quedó impresionado y ruborizado ya que podía ver un lado tan tierno de ella y que en el fondo de su corazón juraba que lo iba a cuidar.

—Shinji tonto—dijo Asuka mirando al niño—. ¿Me vas a cuidar?

—¡P-Por supuesto!—contestó él intentando dejar de lado su timidez al verla.

Al escuchar eso, Asuka se sintió un poco más alegre. El poco tiempo que los dos pasaban fue suficiente para que ella se sintiera mejor, pero aún no podría ayudarla del todo. Su orgullo era tan fuerte como el de su madre, pero al mismo tiempo era frágil y eso lo sabía perfectamente. Nadie podía comprender su dolor, ni el mejor psicólogo del mundo podría hacerlo, pero para al menos mitigar aquel dolor, tal vez necesitaba de alguien en quién confiar y ante sus ojos el chico que estaba delante de ella lograba calmarla.

Ya dentro de la habitación de Shinji, Yui dejó a la pequeña en la gran cama de su hijo el cual veía como Asuka lo buscaba con su mirada esperando el momento en que él se subiera a su lado. Viendo que los dos debían conocerse mejor, Yui se retiró del cuarto despidiéndose con un beso para cada uno. Ahora, los dos se encontraban solos y un silencio algo incómodo nació que logró aterrar a la pequeña Asuka quien pensó que tal vez en el fondo ese niño que la ayudó simplemente no deseaba tenerla ahí.

Antes de pensar mal las cosas, Shinji sacó un futón debajo de su cama el cual preparó.

—Ahora ya podemos dormir juntos, Asuka—dijo él para después notar como su amiga le miraba con un rostro lleno de confusión—. ¿Sucede algo?

—¿Acaso planeas dormir en el suelo y no en tu cama? ¿Acaso eres idiota?—ella no lo comprendía pensando que tal vez él no quería estar junto a ella—. ¿Acaso no quieres dormir junto a mi, Shinji?

—¿Te refieres a estar juntos a en la misma cama, dormidos?—pensar en tal idea lo hacía sonrojar y eso también sucedía con ella—. ¿No te molesta?—preguntó esperando una respuesta algo agresiva de ella.

Ella negó con la cabeza; en un principio la idea parecía absurda en su mente, pero cuando lo conoció en el aeropuerto, ella misma se dio cuenta de que sus miedos no la molestaban, al contrario, ella por primera vez en casi tres semanas que sentía su corazón tranquilo.

Shinji en decidió hacerle caso, guardando nuevamente el futón dejando de su cama, subió a la cama en compañía de la pequeña alemana. Era extraño, un poco, pero al mismo tiempo era relajante. Los ojos de Asuka se iluminaron con un brillo especial al verse acompañada por su nuevo amigo logrando que esta lo abrazara con fuerza haciendo que él sintiera un poco de miedo ya que jamás había sido abrazado de esa manera.

—Gracias por ser mi amigo, Shinji—dijo ella notando el coloreo en las mejillas de él—. Por cierto, ten esto.

Y nuevamente, para su felicidad, un beso fue plantado en su mejilla; jamás se esperaba eso, pero nuevamente Asuka le besó de la misma forma que en el aeropuerto. Su mente joven divagaba en un mar de emociones al punto que no se daba cuenta que su compañera le estaba revolviendo el cabello en un intento para que él volviera en sí.

Shinji logró recuperarse de aquel golpe crítico. Disculpándose por lo que sucedió, y con las risas de Asuka, ambos niños se dejaron caer sobre la cama mientras conversaban un poco. No había mucho que decir, apenas y se conocían, pero hablaban un poco sobre ella y todo fue sencillo hasta que tocó abordar un tema delicado que la pequeña Soryu trató de enterrar en su mente.

—Shinji, ¿Dejarás de ser mi amigo si te cuento lo de mamá?—Asuka sabía que el tema era delicado y que no debía forzarlo, pero había algo en el niño que estaba a su lado que la hacía confiar—. ¿No me dejarás sola?

Viendo aquellos ojos llenos de tristeza, Shinji decidió tomar coraje para ayudar a su amiga.

—Prometo no dejarte sola sin importar qué suceda, Asuka—contestó—. ¿Pero segura que deseas hablar de eso?—Shinji en verdad no sabía si era buena idea o no, pero al ver como la niña se mostraba molesta decidió dejar que ella tomara la decisión.

Asuka tomó algo de valor antes de hablar. Era complicado, demasiado para una niña como ella que era considerada una genio a su corta edad, pero a fin de cuentas, seguía siendo una niña y nada ni nadie podía cambiar eso. Ella respiró hondo y en ese momento decidió hablarle con toda la confianza del mundo ya que sabía que al final, ella necesitaría saber si él seguiría con ella después de todo.

—Mamá… Mi mamá, no tiene mucho que falleció. Estuve en el hospital casi dos semanas, tal vez un poco más, tras ver como mi madre se había matado—de repente su corazón comenzó a doler y las lágrimas que tanto odiaba surgían de nuevo. Shinji la abrazó de inmediato logrando que ella se calmara un poco—. Gracias, tonto.

—¿Quieres seguir con esto?—él no deseaba para nada esto, pero aprendió en poco tiempo que ella era quien tomaba las decisiones.

—Quiero que tú seas mi amigo y no quiero ocultarse nada—respondió ella para separarse de Shinji—. Es difícil. Aún cuando me han dicho que soy una genio, me siento como una tonta. Mamá me había cambiado por una muñeca de trapo y papá jamás me quiso a su lado, por eso me da miedo quedarme sola—aquellos ojos heridos de ella mostraban el alma de la pequeña Asuka quien pedía a gritos amor desde el fondo de su corazón—. Incluso si tú mamá o tu papá me llegan a aceptar, quiero saber si tú me vas a querer aún sabiendo esto.

Para Shinji esto era muy fuerte. En su mente, él sabía que esta conversación no era de unos niños de casi cinco años, al contrario, ellos parecían dos adultos heridos que buscaban el cariño del otro. Asuka se hallaba aterrada ante el silencio que se formó y pensó que tal vez tras enterarse de lo que le sucedió, él ni quisiera verla.

—Lo lamento, Asuka

Asuka comenzó a llorar tras escuchar eso y su corazón ingenuo no soportaba la realidad, pero de pronto él la tomó de las manos haciendo que ella viera esos ojos llenos de lágrimas que gritaban esa pequeña promesa.

—Sé que soy un niño, pero no quiero que sufras nunca más—habló él con una sonrisa—, es por eso que quiero estar a tu lado y crecer junto a ti, con la amiga que quiero tener y con la que quiero vivir.

—Tonto…

—¡Prometo jamás dejarte sola!—gritó él para romper en llanto junto a ella para encontrar un abrazo junto a Asuka—. No quiero que llores, no quiero que sufras.

La pequeña Asuka quería gritarle que no fuera idiota, pero no encontraba las palabras. La familia que decidió adoptarla había logrado hacer que ella rompiera su propia promesa y eso la hacía enojar, pero al mismo tiempo la aliviaba.

Sin saberlo, la puerta de la habitación estaba abierta y habían sido observados por Ikari Yui sin saberlo. La joven madre se mostraba feliz al ver que esos dos ya habían comenzado a interactuar entre ellos de manera positiva; la forma de ser de Asuka y la forma de ser de su hijo lograban hacerle recordar cuando conoció a la madre de la pequeña por primera vez. Tenía tantas ganas de entrar y abrazarlos, pero sabía ella que el mundo en donde crecerían ambos sería diferente al que conocían.

Yui cerró la puerta con cuidado para ir a la sala y sentarse. Ya habían llegado unos informes que tanto a su marido como a ella no le gustaron; aún cuando ya tenían al primer niño y a la segunda niña, MURDUK había escogido un tercer niño que fue una sorpresa para los dos padres.

—Ahora tendré que cuidar a la segunda y al tercero… Mis niños

Ella soltó un suspiro. Todo su mundo parecía dar vueltas erráticas para que al final alguna desgracia los siguiera. Ella sabía que un Evangelion, aquello que Asuka ya sabía, era un mundo de donde no había escapatoria. Incluso si ella replicaba el experimento de su fallecida colega, nada aseguraba de que el Eva aceptara a esos niños como pilotos.

—Detesto que Gendo sea el único que esté trabajando, al menos eso lo entretiene—comentó ella para tomar otro informe donde una foto de una niña de cabellos azules y mirada carmesí aparecía—. ¿Ahora qué haremos contigo, Rei?

Los dos niños habían dejado salir todo y habían decidido dormir, al principio Shinji había quedado dormido, pero se despertó al sentir como alguien se subía arriba de él.

—¿Asuka?—él estaba somnoliento, pero aún pudo identificarla—. ¿Por qué te cambiaste de lugar?

—Quiero dormir a lado de la ventana—masculló ella, intentando hacer un hueco entre Shinji y la ventana—. Hace calor, recuerda que vengo de Alemania.

—Oh, cierto—Shinji abrió el cajón de su mesa de noche para sacar un control y encender el clima de su habitación—. ¿Mejor?

—¿Tenemos un clima?—preguntó ella ignorando la pregunta de su amigo—. Vaya, ya ni yo tenía esos lujos.

Shinji sonrió ante eso y decidió hacerse a un lado para que Asuka se recostara. Ya una vez en el lugar donde estaba, ella buscó a su compañero que se estaba quedando dormido ya abrazándolo sin que se entere. Ella en verdad se encontraba agradecida de que él pudiera ser su amigo, y aunque era un techo desconocido, era agradable tener a alguien con quien poder hablar sin sentirse sola nuevamente.

Y así, los dos niños durmieron tranquilos siendo que Asuka por primera vez en mucho tiempo donde pudo dormir sin sufrir a causa de los traumas que ha vivido. Tal vez, sólo tal vez, ella al fin podría conocer lo que era tener una auténtica familia que le diera amor y cariño, uno igual al que su madre solía darle.

—Tonto Shinji—murmuró Asuka aún dormida mientras una sonrisa aparecía en su rostro.

La mañana llegó rápido y la noche había sido agradable. Yui buscaba levantarse de su cama, pero se veía incapaz de hacerlo ya que no se encontraba su marido y la misma se sentía agradable al ser más grande que ella. Era bien conocido que Ikari Yui solo sucumbía ante su familia y a esa cama, pero el sonido de su alarma rivalizaba contra esas dos cosas que más amaba.

Detestaba con toda su alma levantarse después de haber viajado, pero era el tercer día en que Asuka se encontraba con ellos y debía atender los deberes. Aún cuando sus ganas de dormir luchaban por mantenerse, ella se levantó para ponerse una playera y unos pants algo holgados para salir e ir a preparar el desayuno, pero al llegar a la cocina se encontró con una sorpresa muy linda.

Shinji y Asuka se encontraban juntos comiendo sándwiches de mantequilla de maní y jalea. No era un desayuno que ella haría, pero al ver a su hijo atendiendo a su nueva compañera y quizás futura esposa, hacia que el corazón infantil de Yui saliera a flote para ir a su habitación a toda velocidad para buscar su cámara. Justo cuando regresó, se encontró con algo que casi la desmaya, pero que logró tomarle foto.

—Gracias, tonto Shinji—dijo Asuka con un poco de orgullo mientras le daba un beso en la mejilla al chico—. Pero la próxima vez quiero ayudarte, ¿De acuerdo?

Antes de que Shinji pudiera responder, el sonido de algo tocando el suelo hizo que los dos niños mirarán a la entrada de la cocina donde la madre de Shinji estaba en el suelo con una sonrisa boba en su rostro y aparentemente desmayada.

—¡Mamá!

—¡Señora Ikari!

Ikari Gendo había llegado a su casa después de estar en los laboratorios de NERV donde pasó la noche. No sé encontraba tan cansado, pero si fastidiado por haber tenido que estar cuidando a una persona especial tanto para él como Yui. Justo al entrar a la casa, los gritos de ambos niños lo alarmaron ya que al entrar y buscar a su esposa, se encontró con ella tirada en el suelo con aquella sonrisa que conocía perfectamente, pero al ver a los niños preocupados decidió calmarlos.

—Ella se encuentra bien, sólo que algo ha hecho que se desmayara de felicidad—trato de explicar él para tomar aquella cámara y ver lo que la desmayó—. Oh, así que fue esto—miró a Asuka y a su hijo, enseñándoles la foto que los dejó sonrojados—. Lo mejor será evitar que ella vea esto o ella de seguro querrá casarlos a los catorce años o menos.

Los niños se rieron ante eso, aunque sentían sus mejillas arder por ese comentario. Después de un rato, Yui despertó algo mareada, pero con una hermosa fotografía a su lado de los niños junto a su marido sonriendo y debajo de ella, la foto de Asuka besando a Shinji. Yui no podía estar más feliz con ellos y no podía estar más contenta al ver la sonrisa sincera que Asuka Langley Soryu mostraba en esa fotografía.