Ikari Soryu

(Asuka & Shinji)


Primer día sin Shinji

Asuka odiaba estar sola y eso era algo que Ikari Yui sabía a la perfección. Desde que ella llegó a Tokio 3 no ha dejado de estar un segundos sin la compañía de su hijo, pero lamentablemente las vacaciones que el joven Ikari tenía ya habían terminado y debía ir a la escuela para no atrasarse con sus estudios. Claro que dicha idea no había sido del agrado de la pequeña niña quien se encontraba molesta en su cama llorando por no estar en compañía del niño.

Yui sabía perfectamente que solo serían unas horas, pero ambos niños habían desarrollado un fuerte lazo el uno por el otro que imposibilitaba el estar separados. Entrando a la habitación que Asuka jamás uso, Yui se acostó junto a la pequeña de forma en que ambas estuvieran mirándose.

—Hola—dijo Yui en tono suave.

Asuka no respondió y siguió llorando. Esta no era la Asuka Langley Soryu que conoció, pero no podía culparla ya que después de todo la pequeña había pasado por una situación difícil en donde su corazón resultó herido. Viendo que ella no iba a parar el llanto, Yui acercó a Asuka de forma en que ella quedara sobre ella para así abrazarla e intentar tranquilizarla.

—Calma, mi niña. Todo va a estar bien, Shinji va a venir en unas horas para estar de nuevo junto a ti—decía Yui mientras acariciaba el suave cabello de la niña.

—Lo extraño. No quiero estar sola—para Asuka el estar sola era algo que la aterraba y día con día vivía el miedo de un día no tener a su lado a las personas que amaba—. Quiero estar junto a Shinji—pedía ella al punto de rogarle a la madre.

—Lo sé, pero por el momento no puedo meterte a le escuela a casi finales del ciclo—explicó Yui en un intento de hacer entender a la niña—, además yo sé que eres muy lista y no necesitas ir a un lugar como ese.

La hija de Kyoko se mostró molesta ante tales palabras. Sí, ella era un genio, pero eso no significaba que ella no deseara pasar tiempo junto al tonto de Shinji, ya que después de todo se habían prometido estar juntos siempre. Ella no lo sabía, pero un sentimiento inmaduro de amor se estaba formando y mostraba uno de los lados peculiares de la niña que dejaba sorprendida a la matriarca de los Ikari.

—Yo quiero ir al kínder junto a él—dijo ella—. No me importa si soy un genio o no, yo soy quien decide lo que haré con mi vida.

—¿Eh?

—Yo deseo ir al kínder, aún si soy una genio—declaró la pequeña regalándole así una mirada llena de molestia a la mayor—. Además no quiero estar sola.

Fue en ese momento que Yui comprendió que era inútil razonar con ella, ya que era una Soryu y con su experiencia, sabía que era imposible hacerlos cambiar de opinión. Ella no aguantó la risa y aquel acto hizo enojar a la niña, ya que creía que se estaba burlando de ella, pero lo que la pequeña no sabía es que aquella risa se debía a los pensamientos de la madre.

—Lo siento, Asuka—se disculpó Yui para acariciar el cabello de la niña—, pero me resulta algo divertido ver tu rostro molesto… Eso y que además quieres estar con mi hijo, aún cuando es un tonto, ¿no?

—Shinji es un tonto, pero es muy lindo—aclaró Asuka con orgullo, pero sin poder evitar sonrojarse—. Además no quiero quedarme sola sin nada que hacer y Shinji… Bueno, sé que me extraña y no quiero hacerlo sufrir—parecía que Asuka ya no estaba triste, probablemente porque su orgullo salió a flote haciéndola olvidar su tristeza.

«Niños, siempre capaces de olvidar a veces la tristeza muy rápido. Pero sé que tú corazón aún necesita sanar, Asuka.» Pensaba Yui, tomando a Asuka en brazos—. ¿Quieres acompañarme a hacer las compras? Seguro encontraremos algo para ti en el camino y tal vez encontremos un regalo para Shinji.

La menos se rindió ante sus deseos y aceptó, limpiándose las lágrimas para así darle un beso a la mujer quien estallaba de alegría.

—Bien, ¡es hora de ir de compras! —exclamó Yui.

Así, ambas salieron rumbo al centro de la próxima capital de Japón. Con el fin de que Asuka se familiarizará con el lugar, decidió usar los nuevos trenes magnéticos que fueron implementados. Una vez ambas llegaron a una parada de autobús, Asuka pudo ver a lo lejos la construcción de los rascacielos de la próxima urbe.

—¿Siguen construyendo más edificios?—preguntó la pequeña con evidente curiosidad.

—Así es, Asuka. Aquí en Tokio-3 buscamos tener una de las ciudades más avanzadas, pero el crecimiento poblacional es alto y demasiado rápido, por lo que se ha decidido que ya no se va a construir a lo ancho, sino a lo alto—explicó ella—. ¿Te gustaría un día subir uno de ellos?—le preguntó a su pequeña, quien de inmediato respondió.

—¡Por supuesto! ¡No le tengo miedo a las alturas! —el orgullo de la niña apareció, sorprendiendo así a la científica y colega de la madre de la niña—. Además, eso no es lo más importante de este lugar, ¿verdad?

Yui entendió a lo que se refería la niña. Aquellas edificaciones en la lejanía no eran precisamente lo que le daba importancia a la ciudad, sino un lugar que se encuentra debajo de sus pies. La ciudad de Tokio-3 no solo era la nueva capital de Japón, sino que además albergaba el complejo de NERV, una división de ingeniería y desarrollo tecnológico basado en los datos del Segundo Impacto de hace cuatro años.

Asuka había sido escogida por MURDUK y sabía bien el papel que tendría como piloto, pero ya antes había escuchado los tumores de que la división alemana apenas y era una pequeña parte de lo que era la rama de Japón. Conociendo como era la pequeña Asuka, sabía que en cualquier momento se enteraría de la existencia del Geo Frente, aunque está al final sería revelada por el gobierno como una especie arca que albergaría especies vegetales y animales que se vieron afectados por el cataclismo del nuevo milenio.

—La importancia de la ciudad se encuentra en el sitio donde mi marido y yo trabajamos; ahí se generan estudios sobre diversos temas, entre los cuales tu conoces, al menos en parte, uno de ellos.

—El proyecto en el que mamá trabajó, ¿no es así?

—Ese mismo

Asuka sintió un poco de tristeza al recordar a su madre. Era complicado sobrellevar el hecho de que ella ya no estaba a su lado. La Ikari notó esto y tomó a la pequeña en brazos, intentando darle la mejor de las sonrisas.

—¿Te parece si le compramos algo a Shinji? —preguntó la madre, sabiendo la debilidad de la niña.

—¿Un regalo? ¿Para qué?—la duda era algo común en la niña, más a su edad donde las emociones se desarrollaban con su entorno.

—Me parece que hay una pequeña que ama a mi hijo y que desea agradecer todo lo que él ha hecho por ella—dijo Yui, notando el rostro coloreado de la menor—. Además, parece ser que ella deseaba ir a la escuela con él, pero si no puede ir junto a su tonto príncipe, al menos puede hacerle un regalo tan especial que lo deje sin palabras.

La pequeña no sabía que responder, pues la madre había logrado sacar nuevamente aquellas emociones que estaba descubriendo por el hijo de ella.

Antes de siquiera poder responderle algo, el autobús llegó y ambas subieron en él.

El viaje fue tranquilo. Asuka miró por la ventanilla un buen rato, apreciando las calles tan diferentes a las que solía ver en Alemania. Todo parecía tan bien hecho que incluso los señalamientos indicaban explícitamente el mensaje que buscaban dar. Tan pronto llegaron a la estación de trenes, las dos abordaron uno que las llevaría al centro de la ciudad, apenas logrando alcanzarlo debido a que Yui se había confundido.

Una vez abordo, Yui se relajó un poco y al ver que no había personas en el vagón que tomaron, se quitó sus sandalias de tacón para masajear sus pies tras correr para subir a tiempo.

—Nunca uses tacones de grande, no sirven para correr—dijo ella, viendo cómo la pequeña reía—. No te burles, fue tu culpa por admirar la estación—se trataba de defender, pero el hecho de masajearse no la ayudaba.

—¡Tú también! —se defendió Asuka—. Te quedaste viendo el mapa de la ciudad que nos terminamos confundiendo de tren.

—¡Eso no fue mi culpa!—Yui ahora estaba a merced de la niña—. No digas nada y prometo comprar todo lo que desees.

—Trato.

Las dos rieron tras eso. Su pequeña salida había sido divertida con lo que sucedió. Una vez llegaron al centro, Asuka se quedó impresionado con todo lo que veía. Diversos locales anunciaban sus productos y muchas personas de diferentes nacionalidades, se paseaban por las agitadas calles niponas. El centro de la ciudad era un espectáculo que dejó maravillada a la pequeña que provenía de un país como Alemania.

Yui observó a Asuka; la felicidad de la niña lograba hacerla feliz y lograba darle un poco de esperanza sobre el futuro que parecía ya haber sido escrito para ella. Caminando entre la multitud, ambas lograron llegar a una zona de tiendas entre las que se destacaban zapaterías y tiendas de vestidos, en pocas palabras, tiendas donde las mujeres iban a gastar el dinero que ganaban. Aún cuando Yui era japonesa, ella no era como la mayoría y de inmediato tomó la mano de Asuka para llevarla a una de las tiendas en donde se apreciaban prendas para niñas. Pasaron un rato explorando el local, viendo todos los conjuntos que había e intentando encontrar uno que le gustara a la pequeña.

Tras pasar un buen tiempo buscando, ambas llegaron a una sección donde se encontraban hermosos vestidos en tonos de color pastel que llamaron la atención de la niña. Uno de ellos llamó la atención de Asuka, quien de inmediato lo tomó y lo sobrepuso sobre su cuerpo mientras la mayor la veía dando el visto bueno.

—¿Deseas ese vestido blanco?—preguntó Yui, mientras daba un vistazo al resto de los vestidos—. Aquí hay otros modelos que puedes usar. Recuerda que el día de hoy estamos aquí para consentirnos.

—Me gusta, ¿pero de verdad podemos comprar otro vestido? ¿No será un gasto innecesario?

—¡Por supuesto que no! Tú eres mi niña ahora y te mereces lo mejor—explicó Yui, notándose orgullosa tras decir eso último.

A Asuka le parecía graciosa la actitud de la mujer que la adoptó. Tras tomar ese vestido junto a otros más y a unos cuántos pares de zapatos, ambas decidieron ir a otra tienda para ver qué más encontraban.

La mañana pasó en un abrir y cerrar de ojos. Ambas llevaban bolsas llenas de ropa y se podía ver la felicidad en sus rostros tras haber pasado una agradable mañana. Viajando de regreso a casa, Yui decidió hacer la pregunta que durante un tiempo se alojó en su mente y cuya respuesta deseaba conocer.

—Dime, Asuka; ¿Alguna vez te has preguntado lo que es el amor? Ya sabes, el sentir algo por una persona—Yui era una madre amorosa, pero también era una mujer y desde hace tiempo se convirtió en la figura femenina a la que Asuka imitaría—. No hablo del amor que siete uno por lo que hace, sino por la persona a la que amas y a la que deseas ver cumplir sus sueños. Hablo de esa persona especial para ti.

—¿Una persona especial para mí? ¿Cómo es eso? —preguntó con inocencia la pequeña.

—Existe un viejo cuento que habla sobre un hilo rojo del destino el cual nos conecta a esa persona especial para nosotros—explicaba Yui, sacando un pequeño listón que había comprado en una de las tiendas—. Dicho hilo nos conecta, pero puede enredarse y confundir nuestro corazón, pero cuando al final logramos desenredarlo, podemos encontrar el camino a dicha persona.

La historia logró asombrar a Asuka quien tomó aquel listón en sus manos, imaginando un día encontrar a esa persona especial para ella.

—¿Te parece si vamos a casa, mi pequeña?

—Vamos

Las dos siguieron su viaje de regreso. Asuka, tras caminar un buen rato, de quedó dormida bajo la atenta mirada de Yui, quien acariciaba los cabellos rojizos de la niña. A veces su mente se preguntaba si acaso la pequeña crecería sana tras lo que había vivido, pero siempre que dejaba volar su imaginación, la imagen de su hijo junto a ella le regalaba esperanzas de que Asuka ya no sufriría.

Las dos llegaron a la casa, aunque Asuka estaba un poco dormida después de todo lo que hicieron. Cuando abrieron la puerta, un agradable aroma las hizo despertar. Las bolsas cayeron al suelo y un par de manchas borrosas fueron directamente a la cocina.

Shinji ya había llegado a la casa y al no encontrar a Asuka o alguna nota de su madre, decidió hacer los quehaceres antes de que alguien llegara. Al momento de ver a ambas paradas en el marco de la puerta, no pido evitar sentirse intimidado por la forma en que ambas miraban lo que él había preparado.

—¿Hola?

—¡¿Preparaste arroz con verduras?!—preguntó Yui, asombrada por la forma de ser de su hijo—. ¡Déjame probar!

—Bueno…

El chico le pasó un tazón de arroz a su madre quien al dar el primer bocado sintió su lengua bailar.

—¡Es increíble! —exclamó ella—. Deberías probarlo—dijo, llamando a la niña quien se acercó a dar una probada.

—¡Es delicioso! ¿Tú lo has hecho, Shinji?—preguntó Asuka, logrando sonrojar al niño.

—Bueno, sí… —contestó nervioso—. Pero ha sido porque no había nada de comer y pensé que tal vez saliste a caminar.

—¿A caminar? ¿Sola? —Asuka no entendía a lo que se refería Shinji—. Tonto, los niños no podemos salir sin nuestros padres, ¿o a caso vas a la escuela solo?

El castaño estaba sorprendido, realmente sorprendido por la afirmación que había hecho su amiga. Asuka notó como la miraban los dos Ikari, sintiendo que había dicho algo mal. Antes de que el temperamento de la niña explotara, Yui logró intervenir al explicarle que los niños en Japón estaban preparados desde pequeños a ser independientes. La pequeña Soryu tardó un poco en creer las palabras que la madre le había dicho, pero al ver como Shinji sonreía, entendió que era verdad.

Los tres se sentaron en la mesa a comer, siendo que Asuka contaba como se la había pasado al día de hoy. Shinji, por su parte, le contó sobre la visita que harían al Geo Frente en unas semanas, cosa que casi hace escupir el arroz a Yui, quien había olvidado que su marido y la JSDF planearon está actividad para ganar la confianza de las personas que viviría en la próxima capital del país.

Al terminar la comida, Yui decidió lavar los platos, permitiendo así que Asuka pudiera jugar un rato con su hijo. Ya en la habitación de Shinji, Asuka sacó sus vestidos, dejando al chico ligeramente temeroso de que le niña quisiera verter lo de chica.

—¡Mira todo lo que he comprado!—dijo ella a la vez que enseñaba sus vestidos—. Tu mamá ha dicho que me ayudaras a meterlos en el armario.

La niña fue directamente al armario del niño, abriéndolo y dejando sus zapatos en él.

—¿Acaso no piensas ayudarme, tonto?—preguntó ella, en su tono agresivo.

—Pensé que iríamos a tu habitación para poner todo esto. No pensé que mi armario ahora sería tuyo—respondió él, tomando la ropa de Asuka y doblándola de tal forma que no se arrugara.

—¿Acaso tú mamá no te ha dicho que ahora en adelante dormiré aquí contigo, además de que este también será mi habitación?—tras escuchar lo que dijo Asuka, Shinji no pudo más que mover su cabeza de lado a lado haciendo que la niña soltara un suspiro—. ¡Tonto! ¿Acaso olvidaste que yo quiero estar contigo siempre?

—Eh… No, por supuesto que no

—¿Entonces?

El pobre niño se encontraba acorralado por la alemana. Si decía algo que hiciera llorar a Asuka, probablemente ella jamás lo perdonaría. Pensó bien sus palabras y en el tiempo que llevaban los dos juntos. A él le encantaba estar junto a ella y estar a su lado no sería problema ya que antes ya habían compartido la misma cama por aquellas noches llenas de pesadillas que atormentaron el descanso de ella.

Viendo que no había otra opción y notando esa mirada impaciente de su compañera, decidió acceder a la decisión de su madre, pero respondiendo de la mejor forma posible para Asuka.

—Yo también quiero estar junto a ti, siempre—dijo Shinji, abrazando a Asuka quien de inmediato se sonrojo.

—Tonto—murmuró ella, mientras sus brazos rodeaban el cuerpo de su amigo—. Te quiero.

.

Yui no escuchaba a los niños. Con un poco de curiosidad junto a un poco de preocupación, dejó su deber en la cocina para ir a echarles un vistazo a ambos. Al llegar a la puerta escuchó unas risas y al abrirla un poco se llevó una sorpresa.

—¿Ahora cómo me veo?—preguntaba Asuka, mientras daba un giro.

—Eh… ¿Más hermosa?—respondía Shinji, mientras tomaba una fotografía de ella.

—Deberías ponerte uno de mis vestidos… ¡Serías un excelente compañero de modas!—sugirió Asuka en broma—. Tal vez hasta te haga usar tacones, mi Shinji.

El niño puso un rostro morado ante la idea. Asuka no contuvo su risa, mientras arrebataba la cámara de las manos de Shinji y le tomaba una fotografía.

La madre miraba todo con gran orgullo, cerrando la puerta con sumo cuidado de no ser escuchada por los niños. La escena que había contemplado le daba más esperanzas que antes. Ella sabía que Asuka ya tenía un futuro escrito, pero también debía entender que su hijo llevaría el mismo camino pese a sus reclamos. Ellos dos al final, serán los niños que protegerían al mundo en el futuro.