Café y galletas, junto a una nueva amiga.


—¡Una vez más te vencí!

Shinji y Asuka estaban tranquilos jugando en la sala el nuevo videojuego que les compraron. No todos los días su madre les entregaba juegos para la vieja consola y la verdad era que los dos disfrutaban mucho de ese aparato de finales de los 90. La emoción en el rostro de Asuka era evidente y en Shinji, bueno, él se encontraba feliz admirando el rostro alegre de ella que tanto le gustaba ver.

—Me debes un beso—dijo la niña con evidente emoción—. Ya son cuatro seguidas, ¿acaso no quieres que te dé un beso?

—¡P-Por supuesto que sí! —contestó Shinji ruborizado, pero aquella acción solo hizo sonreír aún más a su novia—, pero simplemente no puedo vencerte en este juego—su declaración provocó que Asuka tomara otros cartuchos y se los mostrara.

—Dime, ¿en cuál de todos estos me has derrotado solo una vez?

—B-Bueno… yo…

—¿Ves? ¡No hay un solo juego en donde me hayas derrotado—declaró la alemana mientras abrazaba a su compañero con evidente cariño pese a su actitud hacia él—, solo debes seguir practicando para que me puedas vencer un día de estos—dijo ella, pero una idea pronto llegó a su cerebro—. Pero para que te puedas motivar aún más, ten esto.

Shinji no sabía la suerte que tenía. Para ambos era común demostrar su cariño pese a la joven edad que poseían, pero siempre que se trataba de un beso, ya sea de él a ella o de ella a él, este lograba un efecto tranquilizador y a la vez alentador que de alguna manera les ayudaba a superarse. Desde la sincronización en Alemania, ambos se hicieron más cercanos, más de lo que ambos se creían.

Para Asuka era hermoso ver a Shinji ruborizado por sus besos, pero ella tampoco se salvaba de ese tinte en sus mejillas, pero no le importaba, él estaba junto a ella y su corazón era feliz con eso. Nada más importaba en la vida de ambos que disfrutarla y vivirla mientras podían. Un pensamiento maduro para dos niños que no sabían nada del futuro.

Pronto, el sonido de una puerta abriéndose llamó su atención, siendo entonces que vieron a su madre entrar con cierta cautela que no pasó desapercibida por los menores. Con curiosidad al tope, ambos miraron por el borde de la pared en dirección a dónde se hallaba la castaña, llevándose la sorpresa de que venía acompañada, pero en esta ocasión, de una niña de cabellos celestes.

—Parece ser que están arriba—su susurro apenas y pudo ser escuchado por su pequeña acompañante—. Déjame ir a buscarlo para que los tres puedan presentarse—explicó ella, notando entonces como la niña asentía, dando a entender que había comprendido todo desde su punto de vista.

De su escondite salieron los dos niños, quienes con cautela y valor, salieron a conocer a la pequeña, tal y cómo la madre había sugerido momentos atrás.

—¿Hola? —dijo Asuka, sorprendiendo así a la menor quien de inmediato se giró para verla ya que se hallaba viendo hacia la dirección que Yui había tomado.

—H-Hola—fue la respuesta que dio la niña con cierta timidez.

—Mi nombre es Asuka Langley Soryu, un gusto conocerte—saludó la pequeña alemana con entusiasmo, pero que de cierta forma lograba intimidar a la niña que se hallaba frente suyo—. Oye, no tienes porque temerme, yo no muerdo a menos que cierta persona se coma mi postre—esto último hizo cierto énfasis al ver a su compañero, quien solo se limitó a reír.

—Y yo soy Ikari Shinji—se presentó el pequeño—. Soy el hijo de Ikari Yui, la mujer con la que viniste.

—Y que probablemente este a punto de dar un grito de susto por no vernos en nuestra habitación—tan pronto como Asuka terminó de hablar, un fuerte grito hizo eco en la casa, demostrando así lo bien que ahora conocía a su madre adoptiva—. ¿Te parece si subimos a ver cómo está?

Shinji estuvo de acuerdo con la idea de ella, pero entonces recordaron que la niña no se había presentado con ellos. Tras ver que la niña aún estaba con la timidez al tope, fue Asuka quien decidió hablar e iniciar una conversación con ella.

—Por cierto, ¿cuál es tu nombre?

—¿Eh?

—Mein Gott, parece ser que se te ha olvidado que nos estábamos presentando.

—Ayanami…

—¿Qué?

—Mi nombre es Ayanami R-Rei.

Ambos menores le miraban con curiosidad. Por un breve momento, Asuka creyó que podría ser una niña que Yui acogió para cuidarla, tal y como lo hizo con ella hace tiempo, pero al verla detenidamente, se dio cuenta de que había mucha similitud con la amiga de su madre. Lo único que no le cuadraba del todo a la niña, era el color del cabello.

De pronto, escucharon unos pasos y al voltear se encontraron con Yui, quien parecía aliviada por haberlos encontrado. Pidiéndole a su hijo un poco de café, todos fueron en dirección de la sala para poder hablar y también presentarles de manera correcta a Rei, la cual parecía más alegre en compañía de la madre del Ikari. Tras traerle el café a su madre, Shinji decidió preguntar por la pequeña, quien no pudo evitar mirarle, ganándose así una mirada de celos de parte de la alemana.

—¿Es Rei hija de una amiga tuya? —inició Shinji, quien se fue con la opción más lógica que su inmadura mente podía deducir.

—La verdad es que no es así, hijo—la respuesta que Yui dio los dejó todavía más intrigados—, pero es mejor que les explique a ambos desde este momento el origen de su hermana.

Los cerebros de la "joven" pareja de casados se detuvieron, procesando así las últimas palabras que la castaña soltó. Tras regresar en sí, los dos se miraron para después voltear a ver a la madre y a la niña, cuya mirada ahora reflejaba temor.

—¡¿Es nuestra hermana?! —preguntaron ambos, gritando al mismo tiempo e intimidando a la pequeña.

—¡No intimiden a Rei! —sentenció la madre, dándole un abrazo a la pequeña la cual comenzaba a sentir la falta de aire debido al inoportuno acto de la mayor—. Nada malo te va a suceder. Créeme, ellos dos son unos ángeles que te cuidarán siempre—finalizó ella con una sonrisa.

Ambos niños sentían pena por Rei, quien poco a poco dejaba de moverse.

—¡Rei no puede respirar!

Cuando las cosas ya se calmaron, los tres niños subieron al segundo piso, ayudando así a Rei para que reconociera el lugar donde ellos duermen y dónde ella podría dormir. Para la nueva integrante de la familia fue sencillo retener toda la información que los otros dos menores le daban, pero le parecía algo extraño que ellos dos estuvieran muy juntos, incluso le parecía curiosa la forma en que Asuka tomaba de la mano a Shinji y lo guiaba junto a ella, pese a que él ya conocía el lugar de pies a cabeza.

Abajo, Yui estaba preparando algunos bocadillos para los pequeños. La idea de traer a Rei a un ambiente algo familiar le producía curiosidad, por lo que mantendría un ojo sobre los pequeños para ver la interacción que había entre los tres. Sabía de antemano que su esposo deseaba ver el proceso de adaptación de la pequeña a diferentes entornos, por lo que su idea de dejarla con Asuka y Shinji le parecía algo mejor que dejarla dentro del Geo Frente por otro tiempo.

Ella no sabía en qué momento su marido se volvía cada vez más cálido con su familia. Debía agradecerle a Dios por tal cambio. Ya preparados los alimentos, se dirigió a la habitación de Asuka y Shinji, donde al llegar, se encontró con una escena conmovedora que la hizo derramar algunas lágrimas.

—¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Alguien que me salve del Baka Monstruo! —exclamaba Asuka con un gorro de princesa puesto y sobre la cama.

—¡Arch! ¡La princesa me pertenece! —gritó su hijo, quien hacía de un monstruo conocido en la cultura popular de Japón—. Nadie me la va a poder robar—sentenció.

—¡No tan rápido, Baka Monstruo! —y justo en ese momento apareció Rei, quien estaba con una sábana a modo de capa y un antifaz que ella recordaba haberle regalado a Shinji hace tiempo—. ¡No dejaré que lastimes a la princesa! ¡Vamos a luchar!

—¡Vas a caer! —y así, su hijo fingió lanzar un rayo hacia Rei quien lo esquivaba—. No me vas a derrotar.

Los pequeños se divertían tanto que no se dieron cuenta de la presencia de la adulta hasta poco después. Viendo que Yui traía bocadillos para ellos, decidieron dejar el juego para más de rato. Cada uno tomó uno, que no eran más que simples sándwiches de mantequilla de maní con jalea cortados en forma de estrella. Para Asuka y Shinji esto era muy común, pero para Rei esto era algo totalmente nuevo.

Asuka notó como su nueva amiga inspeccionaba el bocadillo que le habían traído, entendiendo de inmediato qué tal vez ella jamás los había probado antes. Ella le explicó a Rei lo que eran, tratando de sonar lo más clara posible. Confiando en Asuka, Ayanami dio un mordisco, quedando fascinada por la explosión de sabores en su lengua.

—¡Está delicioso! —exclamó la pequeña.

—Te dije que sería algo fenomenal—añadió Asuka—, pero déjame decirte que esto no es nada si lo comparamos con las comidas que Shinji hace para mí.

El pequeño Shinji pronto fue atrapado por su querida "novia", siendo en esta ocasión su brazo el que recibía el cariño de Asuka.

—¿Él cocina? —cuestionó Rei, volteando de inmediato a ver a Yui quien simplemente asintió.

—¡Es de los mejores cocineros! —nuevamente habló Asuka, orgullosa de sus palabras—. Desde que llegué con él, solo he recibido lo mejor de lo mejor, incluso me atrevo a decir que el podría cocinar cualquier platillo por más sencillo que sea, pero al final, este será espectacular.

Los ojos de Ayanami brillaron con asombro. Shinji estaba todo rojo por las palabras que decía su compañera, pero agradecía en el fondo que ella se expresara así de sus comidas, motivándolo a seguir mejorando sus habilidades. Pasaron unos minutos, y tras acabar sus comidas, retomaron el juego, pero en esta ocasión se unió Yui, quien junto a su hijo, eran los encargados de atacar la ciudad.

El tiempo pasó, y cuando se dieron cuenta, ya era tarde. Anunciando que pronto sería hora de cenar, los cuatro fueron rumbo al baño el cual era perfecto para que se bañaran los cuatro, especialmente porque aún eran pequeños, por lo que Yui no batallaría nada.

Cuando Rei notó que Shinji y Asuka se desvestían, la curiosidad la atrapó de inmediato. ¿Acaso ambos se bañaban juntos? Sí ese era el caso, simple y sencillamente no podía creerlo.

—¿Sucede algo, Rei? —preguntaba Yui, quien se había dado cuenta de que la pequeña estaba algo distante.

—No es nada, solo que es mi primera vez bañándome con alguien más que no sean usted—explicó la menor, despejando así las dudas de la madre.

—Así que de eso se trataba—la castaña debía entender que ella no estaba relacionada con el mundo exterior, por lo que algo así, que era común para ellos, era ajeno para Rei—. No te preocupes, esto es lo mismo que hacemos cuando nos duchamos tú y yo en el Geo Frente, solo que en esta ocasión, estaremos acompañados por tus hermanos.

Rei, aunque estaba nerviosa, acompañó a Yui, quien le ayudó a quitar sus ropas, quedando desnuda para después ofrecerle lo mismo a la mayor quien le agradeció dicho gesto.

Ya dentro de la tina, los cuatro disfrutaban del agua tibia la cual venía bien después de jugar. Shinji y Asuka hablaban de la escuela y de muchas cosas que hacían, en especial Asuka, quien cada vez imitaba la actitud orgullosa de su madre, cosa que no pasó desapercibida por parte de Yui. Sí la menor seguía así, pronto podría sufrir una caída de la cual podría no levantarse.

—Por cierto, mamá; ¿Cuándo nació Rei?

—¿Eh?

Shinji en ese momento hizo una pregunta que le recordó a su madre las palabras que había dicho hace rato. Ella miró de reojo a Ayanami, quien bajó la mirada con tristeza.

—Ella es tu hermana, es hija mía y de tu padre, pero no nació de la misma forma que tú—explicaba ella de manera que los niños no se confundieran tanto—. Rei nació en el Geo Frente con ayuda de la ingeniería genética, pero como era la primera ocasión que hacíamos algo así, decidimos mantenerlo en secreto.

Los pequeños entendieron la situación, por lo que le dieron sus mejores sonrisas a Rei, quien se ruborizó.

—Creo que podremos divertirnos los tres. ¿No lo crees así, Baka?

—Lo haremos, Asuka.

—Bien, ya está decidido, somos una familia.

Con esas palabras ya dichas, Asuka y Shinji abrazaron a Rei, demostrando su cariño y aceptando la unión familiar que había entre los tres. Yui miraba llena de orgullo la escena, comprendiendo que sus dos retoños habían crecido con amor, aceptando la naturaleza de Rei, e incluso, aceptándola como parte de la familia, su peculiar familia.

Las horas de juego pasaron para el cuarteto. Llegada la noche, Yui explicó que Rei debía volver al Geo Frente, desanimando un poco a los pequeños, por lo que les explicó que era probable que ella asistiera a la misma escuela que ambos, haciendo entonces que los ánimos de los niños se elevaran. Justo cuando estaba a punto de partir, Rei corrió a abrazar a la joven pareja, haciendo que las lágrimas no se pudieran contener. La escena conmovió mucho a Yui, preguntándose sí había posibilidad de que el comité permitiera que la niña se quedara junto a ellos.

—Mein Gott—exclamó Asuka—. ¿Warum lässt ihr mich weinen?

—¿Eh? Perdona, ¿Qué me has dicho? —preguntó con pena la joven de cabellos cerúleos, ganándose una mirada molesta de parte de la menor.

—Asuka, ella no sabe alemán—le susurró su novio, entendiendo la razón de la mirada que le regaló Rei.

—Me disculpo—aclaró ella, poniendo unos ojos llenos de lágrimas al igual que hace unos instantes—. ¡¿Por qué me haces llorar?! ¡Sabes que esto no es un adiós! ¡Eres igual de Baka que Baka Shinji!

Los tres se fundieron en otro abrazo tierno que dejó a Yui conmovida. Ella debía hacer algo, debía darle a Rei la opción de tener una vida digna. Esa era su lucha, una que debía continuar, incluso si eso significaba desafiar a los hombres que le han dado todo.

.

En los cuarteles de NERV, la hija de la doctora Akagi, Ritsuko, se hallaba preparando una merienda que consistía en té y galletas. Ninguno de los asistentes de su madre dijo nada al respecto, no era de si incumbencia después de todo, pero esto ya se había hecho una rutina desde hace tiempo. Su madre le dio una última mirada a su hija, suspirando con pesadez y murmurando algunas cosas antes de volver a su trabajo.

Los pasillos del lugar eran largos y estrechos, pero los conocía perfectamente, encontrándose al final con una puerta metálica donde la única forma de pasar era por medio de una tarjeta de nivel 1.

—Parece ser que sigues obsesionada con ayudarla, ¿no es así?

—Ya me conoces, Mari.

Mari había aparecido detrás de ella, usando un uniforme de colegiala con el que muchos miembros del lugar caían a sus pies.

—Ella sigue sin reaccionar—declaró la de lentes a su compañera—, pero tampoco pierdo la esperanza de que algún día despierte.

La protegida de Yui sacó su tarjeta de acceso. Ella, a diferencia de Ritsuko, poseía más prestigio entre todos los miembros del Proyecto Evangelion, ya que después de todo, fue ella quién se encargó de las modificaciones posteriores al diseño neuronal de la unidad 01 que muy pronto realizaría su prueba.

—Gracias por mantener este secreto—dijo Ritsuko, siendo abrazada por Mari, la cual restregó su rostro con el de ella—. ¿También yo? —preguntó algo irritada la Akagi menor.

—No dejó pasar la oportunidad de molestar a una chica linda.

—A veces eres muy molesta.

—Lo sé… Por eso me aman.

Tras que Mari tecleara su contraseña, la puerta se abrió, dejando ver el interior el cual era una habitación grande en cuyo centro de hallaba una especie de caja de cristal. Dentro de la misma, se encontraba una persona en una bata color blanca; por lo poco que se veía, se podía decir que era una mujer, casi de la misma edad que Ritsuko y cuyo cabello violeta llegaba hasta la parte baja de su espalda. La joven se hallaba abrazando sus piernas, escondiendo su rostro, evitando mirarlas a ambas.

—¿Por qué regresaste? —murmuró la joven de cabello violeta—. Pensé que no era más que un fastidio.

—Lo eres cuando no paras de hablar—contestó la castaña de cabello corto—, pero eres mi amiga.

—¡Ya dime que me amas, Rits! —el semblante de la joven cambió cuando dijo eso último. Su rostro ahora era visible, dándole una cálida sonrisa a las dos jóvenes científicas, quienes reían por la actitud de ella—. ¿Cómo han estado?

Era claro que la joven había intentando bromear con ellas al inicio.

Ritsuko dejó las galletas en una mesa que había por ahí, acercándose a la chica quien miraba curiosa. Ella puso su mano sobre el cristal, sonriendo lo mejor que podía para ella.

—Yui me ha dicho que podrás dejar este lugar—anunció la hija de Naoko, pero de pronto, el semblante de Misato cambió, preocupándola—. ¿Sucede algo? Pensé que estarías feliz de saber que abandonarías este lugar.

—Lo estoy—respondió Misato—, pero no tengo un hogar al que ir.

Eso era cierto. Ninguna sabía si NERV podía asistirla en algo como esto; se podría recurrir al comandante en su defecto, pero ninguna estaba segura si aprobarían aunque sea una pequeña ayuda. Tokio-3 aún no se encontraba completamente funcional, y los edificios que adornaban la ciudad, carecían de inmuebles donde las personas pudieran habitar, al menos eso era lo que sabían.

Las tres se quedaron pensando, pero tras ver cada idea con detenimiento, se dieron cuenta de que todas llegaban a lo mismo: necesitaban un hogar para Misato, con o sin ayuda.

Todo parecía imposible, en especial para las dos jóvenes que trabajaban en un proyecto complejo como los era el EVANGELION. De pronto, una idea se le vino a Mari. Tango ella como Ritsuko sabían que los estudios de su amiga se quedaron truncados, apenando a Misato por el comentario, pero dándoles la oportunidad de que ella pudiera salir y vivir una vida un poco normal.

—Misato, ¿no quieres retomar tus clases? —preguntó Mari, regalando una mirada confiada al dúo que se hallaba frente a ella.

—Me gustaría, pero no creo que alguien desee darme clases básicas con la edad que tengo—respondió Misato, dejando salir un suspiro de tristeza.

—Hay una persona a la que no le importaría darte clases—informó la castaña de coletas, captando la atención de sus compañeras, en especial la de Misato—. Me han informado por ahí, que mi querida senpai tuvo otra hija y que este era un secreto que solo conocían los altos mandos de aquí. Lo más curioso de todo esto, es que la madre de nuestra querida Ritsuko dijo hace tiempo que mi amada senpai deseaba tener otra hija, además de su querido Shinji y su pequeña Asuka.

—Pero si ella ya posee una hija secreta, ¿para que desearía otra? —para la Akagi menor, esto no tenía sentido alguno.

—Ella no desea una hija biológica, mi estimada compañera cuya posición es menor que la mía—dijo Mari, burlándose un poco de la posición actual de su amiga, ganándose así una mirada asesina de parte de Ritsuko—, pero antes de que me mates, mi idea es pedirle a Yui que adopte a Misato, para que así tenga un hogar, y de paso, para que ella pueda venir al Geo Frente sin la preocupación de que Asuka y Shinji se queden solos por largos períodos de tiempo—finalizó ella, dejando como regalo final una pose donde alzaba su pulgar en señal de que era la mejor idea que podría habérsele ocurrido.

Pese a que era una idea arriesgada según Ritsuko, esta le dio el visto bueno, mirando entonces a su amiga en compañía de Mari para saber que decisión tomaría.

—¿Qué opinas, Misato? —preguntaron ambas científicas a su querida amiga.

—Yo…

—¡Por supuesto que te aceptaré como mi hija, Misato-chan!

—¿Eh?

Ritsuko y Mari se giraron tras escuchar la voz de su superior. Unos técnicos se hallaban en la puerta sosteniendo una laptop donde la imagen de Yui se mostraba por medio de un video chat. Ninguna pudo decir algo, en especial porque no estaban listas para conversas de esta forma la idea con su maestra y amiga, pero Yui aclaró que tenía curiosidad de lo que sucedía con ellas tan pronto la madre de Ritsuko le avisó que irían a visitar a su única inquilina no afiliada a NERV.

De hecho, nunca esperó una propuesta tan arriesgada de parte de su protegida, pero le pareció brillante y conmovedor la manera en que ambas se preocupaban por su amiga. Había detalles que deseaba hablar con su querida kohai, pero estos debían esperar. Ahora sola deseaba escuchar la respuesta de la joven cuyo rostro se había llenado de lágrimas apenas unos segundos después de que dijo que la aceptaba.

—Gracias… ¡De verdad, gracias! —exclamó Misato, llorando de alegría tras ver que era aceptada como una hija por parte de la esposa del comandante—. ¡Gracias por ser tan amable conmigo, Yui-san!

Nadie pudo aguantar las lágrimas, ni siquiera los técnicos. Era tan emotiva la escena que todo el Geo Frente sintió como si la vida misma ahora les diera una sonrisa a todos. Yui sabía que esto era algo de carácter serio, pero al ver como lloraba la niña, su niña, no pudo estar más contenta por la elección que había tomado.

—Bienvenida a la familia, Misato-chan.