Palabras de amor.
(I)
La tarde había llegado a Tokio-3 y en la residencia Ikari, las cosas sucedían con la misma calma de siempre entre la joven pareja que se había formado hace tiempo ante la inocencia de un sueño.
Shinji, como siempre, se encontraba preparando la cena. No había un solo día en donde él no trabajara para consentir a su querida compañera como a su madre. Hace poco, se le fue introducida su hermana, no sabía muy bien la naturaleza de ella, pero la aceptaba como tal, ya que al final serían una familia. Una leve sonrisa se dibujó en su rostro a la vez que terminaba con el estofado que había preparado.
De repente, unas manos lo envolvieron por detrás, abrazándolo con algo de fuerza. Ya sabía de quién se trataba, pero no iba a voltear para encarar a su atacante, sino que se mantendría quieto, en espera de la reacción que le diera.
—¡Oye! ¡Creí que me ibas a decir que me extrañaste!
—Siempre te extraño, Asuka; solo que en esta ocasión quería ver cómo reaccionabas si no te hacía caso.
—Baka, eres malo.
El pequeño castaño no pudo soltar una ligera risa ante las quejas de Asuka, su atacante y querido amor.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó ella, separándose de él y echando una vista rápida a lo que ya se había preparado.
—¿Quieres hacer el arroz? —él sabía que ella se había enamorado del cereal blanco tras ver una serie de recetas de cocinas, por lo que ya conocía la respuesta de antemano, pero solo quería escucharla hablar con orgullo sobre su cocina.
—Responder con otra pregunta es de muy mal gusto, pero ya me conoces, mis habilidades para el arroz ya han superado por mucho a las tuyas—respondió la pequeña, ganándose otra risa de parte de su querido novio—. Oh, así que esas tenemos.
Shinji sabía que ya se hallaba en problemas. Él solo se había metido a la boca del lobo y no había forma de salir. Con suerte, y con muchas disculpas, lograría que Asuka desistiera de la idea que estuviera cruzando su mente en ese momento. Ya se conocían muy bien y no era la primera ocasión que ella se molestaba, desquitándose se formas un poco humillantes para su persona.
Sin decir nada, Asuka besó a su novio en la mejilla, regalándole una mirada llena de malicia y cariño que helaron al pobre niño. Ella entonces decidió darle su apoyo, al menos por ahora, por lo que tomó el arroz y lo puso en la máquina que hace poco la madre compró para ellos. No era una experta como si novio, no como antes lo había exclamado, pero ese sentimiento de serle de ayuda la hacía mejorar cada día más.
Cuidadosamente, ella puso el arroz y el agua en la máquina, pero para mejorar el platillo, usó algunas especias con las que antes ya había experimentado. Sabía de antemano que debía ser cuidadosa para que los sabores no sean fuertes y opaquen el sabor del cereal, pero a la vez, debía realzar los sabores que tenía, de la misma forma que les enseñó un chef en Alemania hace ya bastante tiempo.
Al abrir la nevera, buscó entre los estantes de la puerta algo que le pudiera servir, encontrando entonces una caja de jugo de mango nueva la cual abrió para servirse un poco. El sabor dulce de la fruta en la marca que habían escogido era armonioso, ya que no era ácido ni empalagoso como otros, por lo que tomó un poco y lo llevó a lado de su novio quien miraba curioso lo que hacía.
Ya todo se encontraba listo en su totalidad, por lo que ambos dejaron de lado sus cosas para poner la mesa. Como ya era costumbre, siempre ponían un cuarto plato ya sea para Gendo, Mari o alguna otra visita que su madre trajese consigo. Ellos se preguntaban si Rei vendría a cenar, ya que sería una buena oportunidad para poder jugar más, aunque Asuka tenía unos planes con ella para castigar a su novio por la insolencia de hace rato.
—Ya quedó todo—comentó Shinji, quien decidió darle un beso en la mejilla a su querida alemana—. Gracias por ayudarme.
Asuka no pudo evitar soltar un quejido que dejó confundido al niño. No estaba bien que él hiciera esas cosas cuando ya había planeado su dulce venganza en contra de él. Sin lugar a dudas, era molesto.
—La siguiente ocasión si te impondré el castigo que mereces, Baka—sentenció ella antes de devolverle el gesto a su compañero—. Por cierto, ¿crees que Rei venga a cenar con nosotros hoy? —Asuka en verdad quería ver a su cuñada de nuevo, pero la mirada de Shinji le decía todo.
—Puede, pero cuando mamá la trajo, noté que batalló para conseguir el permiso, además de que había un mayor número de agentes de la sección dos que antes—explicó el Ikari, quien decidió abrazar a su explosiva novia quien se entristeció ante sus palabras—. Pero recuerda como es mi madre, siempre lucha por lo que quiere y no se detiene hasta conseguirlo.
—Es cierto, mamá a veces puede ser muy terca en esos aspectos—para Asuka, esta cualidad de Yui, si se le puede llamar así, fue la razón principal por la que ella y Shinji se conocieron, a lo que la llevaba a pensar que tal vez Yui cruzaría la puerta con Rei para que así fueran una familia más grande.
En eso, el sonido del picaporte moviéndose llamó la atención de ambos, escuchando entonces como la puerta de la entrada era abierta. Ambos se dirigieron a la sala ya que esta daba vista a la entrada, divisando entonces a Yui, pero notando que no se encontraba sola.
Los niños estaban curiosos, ya que la castaña venía acompañada por una chica joven que llevaba consigo unas maletas. Ninguno sabía que decir en esos momentos, puesto que no recordaban haberla visto en ninguna visita a NERV. Ambos decidieron ir con ellas, pero con cautela, ya que Asuka notó que la chica se hallaba nerviosa, por lo que no quería causarle algún susto o molestia que le pudiera generar una mala imagen sobre ellos.
—¡Niños, ya llegué! —anunció Yui.
—¡Aquí estamos! —gritaron ambos, sorprendiendo a las mayores, en especial a la joven que iba con la madre de Shinji.
—Casi me sacan un susto—comentó Yui, exhalando un poco de aire en señal de alivio—. Bien, necesito hablar con ustedes, pero antes, déjenme presentarles a Katsuragi Misato, quien va a vivir en esta casa con nosotros de ahora en adelante.
—Mucho gusto—saludó Misato, mostrándose un tanto apenada por la forma en que fue presentada.
Los dos niños se miraron por un momento antes de regresar a ver a su nueva compañera.
—¡Es un gusto conocerte, Misato-chan! —y así, la pareja fue a saludarla con un cálido abrazo que dejó perpleja a la mayor—. No seas tímida, agradece que estamos siendo cariñosos—aquel comentario provino de Asuka, haciendo que la mayor correspondiera al saludo de ambos.
Al cabo de un rato, todos se sentaron en la mesa para disfrutar de la cena que los dos niños habían preparado. Para Yui, la comida de sus niños eran excepcional, pero al estar acostumbrada, mantuvo una expresión serena, pero orgullosa. Por su parte, Misato estaba más que emocionada por la explosión de sabores que había en lengua. Nunca antes había probado algo tan maravilloso, ni siquiera la comida que Ritsuko o Mari le preparaban se acercaba mínimamente a lo que los niños habían preparado.
—¡Ustedes son los mejores cocineros del mundo—exclamó Misato a la vez que se servía un poco más de comida—. ¡Nunca antes había probado algo tan delicioso! ¡Yui-san tenía razón al decir que me llevaría una gran sorpresa con ustedes!
Tanto Asuka como Shinji se miraron regalándose una sonrisa. Sabían que su comida era buena, pero los elogios de la mayor los avergonzaron un poco, sintiendo que eran mentira, pero que de alguna manera alegraba sus corazones.
Los cuatro decidieron charlar un poco mientras aún era temprano. Cómo siempre, los niños hablaron de la escuela y de cómo iban en ella, apenas habiendo cambios en la rutina que llevaban, salvo por las quejas de la profesora de ambos, las cuales crecían por causa de la actitud de la niña, quien no estaba dispuesta a retroceder en contra de su superior. Era la típica actitud de Kyoko, solo que esta ocasión, mucho más intensa.
Por otro lado, Shinji les informó a todos que ya faltaba poco para la reunión de padres y que el director ansiaba conocerlos, muy probablemente para hacerles saber sobre los reclamos de la maestra con respecto a la relación que él y Asuka mantenían. Yui no pudo más que maldecir su suerte; ni había forma alguna de evitar una situación así, y si la había, muy probablemente sería del desagrado de sus niños.
—Ellos simplemente no conocen el amor que tenemos el Baka y yo—el comentario de Asuka llamó la atención de Misato, quien no entendía nada de lo que sucedía.
—¿A qué te refieres? —preguntó la joven de ojos cafés, quien estaba interesada en lo que la niña diría.
—Me refiero a que tengo una relación que va más allá de una simple amistad con Baka Shinji.
—¿No son sólo amigos?
—¡No! ¡Somos más que eso! ¡Somos una familia! —exclamó la menor, tomando así la mano de su novio—. Él y yo en un futuro seremos un matrimonio, ya desde hace tiempo somos novios y en verdad me molesta que la gente crea que esta relación que tenemos es un mero juego.
En los ojos celestes de la niña había una llama que crecía con cada palabra que soltaba. No era difícil de imaginar cómo debió ser su madre de joven, ya que ella era el vivo reflejo de Kyoko.
Solo hasta ese momento, Misato supo que ellos dos no mentían acerca de su relación. Sentía curiosidad por la forma en que dos pequeños estaban explorando algo que no era para su edad. Ella miró a Yui por el rabillo de su ojo, notando entonces la sonrisa orgullosa que esta poseía.
—¿Crees que un día me puedas prestar a Shinji-kun? —preguntó Misato, sonriendo con picardía y dejando sin palabras a la niña.
Fue en ese momento que Yui supo que esto no terminaría nada bien, pero su curiosidad era tanta que esperó a ver la reacción de su niña ante esto. Cómo era de esperarse, Asuka se levantó de su asiento, golpeando la mesa con ambas manos haciendo temblar todo, logrando intimidar ligeramente a Misato.
—¿Qué fue lo que dijiste? —Asuka había escuchado bien, no era sorda, pero quería confirmarlo antes de hacer cualquier acción que su joven mente planeaba en contra de la recién llegada.
—N-No era nada—contestó Misato, temiendo que la niña llegara a extremos que no deseaba conocer por el momento.
—Eso espero—susurró la joven de cabellos rojizos antes de regresar a su asiento—, pero si nuevamente creo escuchar que deseas estar en mi Shinji, puedes rezarle a Dios para que te proteja de lo que te haré—advirtió con un tono oscuro, uno que incluso Yui temió.
—Bueno, bueno; creo que ya es hora del postre, ¿No? —intervino Yui, intentado que las cosas no se pusieran más tensas.
Tras acabar la cena, los dos niños corrieron rápido a su habitación ya que deseaban terminar un juego que Yui les había conseguido hace poco. Aprovechando la situación, la madre decidió tener una conversación con su nueva protegida, quien sentía que lo había echado todo a perder con su pequeña broma.
—Fuiste muy valiente al decir eso—dijo Yui, tomando unos platos para limpiarlos con ayuda de Misato.
—No pensé que ellos dos tuvieran una relación así a una edad muy corta—respondió la joven, quien ayudaba a secar los trastes que su tutora le pasaba—. Creí que podría bromear con ellos sobre eso, pero me doy cuenta de que no será posible, al menos no por ahora.
—En efecto; la relación que ambos sostienen es sumamente especial, debido a cierta situación que vivió ella. Ambos han crecido este tiempo el uno con el otro y saben perfectamente lo que es una relación, o mejor dicho, saben la relación que están manteniendo. Esa es una de las razones por las que Asuka suele ser agresiva ante alguien que toma su relación como un juego o que bromea acerca de arrebatarle a su Shinji, simplemente no se puede jugar con eso.
Misato nunca había pensado en escuchar algo sobre eso. Apenas sabía un poco de la vida que había fuera de su "jaula", por lo que una explicación sobre esto le parecía tan irreal, como si de un cuento de hadas se tratase. Tenía que ir y arreglar las cosas, ya que no deseaba tener un conflicto con la niña, en especial si iban a vivir juntos.
Con los platos ya limpios, Yui decidió ir a la oficina de la casa con el fin de ver algunos datos que su marido le envío con respecto a la Unidad 01. Su emoción con respeto a su hijo era evidente, pero también la preocupación que su corazón mostraba. Ya sabía muy bien lo que había sucedido con Kyoko, por lo que Mari y Naoko estaban trabajando arduamente para hacer algo que nadie había logrado antes.
—Como si copiar un alma fuera igual a transferir una—susurró ella.
Frente a ella había un mar de documentos, todos repitiendo la misma respuesta que había visto en los laboratorios.
Para ser piloto de un EVA se necesitaba una condición especial y única, siendo esta la presencia de un alma relacionada íntimamente con el piloto con el fin de que la sincronización sea estable y permita mantenerse lejos de una especia de instrumentalización fallida dentro de los Entry Plug.
Aunque la sincronización de Asuka en Alemania había sido un éxito, los fracasos del EVA 01 solo demostraban que si teoría era cierta. Se necesitaba un alma para que su hijo pudiese sobrevivir a la sincronización, evitando así el fatídico destino que Kyoko tuvo hace años. Todos, incluyendo su marido, trabajaban arduamente para encontrar una respuesta y tal respuesta era la naturaleza que Rei tenía, pero aquellos solo servía si el alma de su hijo tuviese la misma naturaleza que el alma de su hermana.
Ella tomó otras hojas, leyendo algunas indicaciones que Mari hizo para una prueba llena de éxito sin poseer un alma en el EVA, pero había un riesgo existente dentro del mismo, uno que ni su marido notó. Tras leer otro poco, supo que debía adelantar muchas cosas, intentar hacer algo que iba en contra de todo lo que había construido hasta ahora.
Al ver hacia su ventana, notó que la noche era hermosa. Nunca antes había apreciado la noche desde ese lugar, por lo que maldecía el no haber pasado tiempo con los niños en momentos tan tranquilos como este. Un extraño dolor pronto se apoderó de su pecho, obligándola a dejar de lado su exhaustivo estudio de la investigación que llevaba, yendo entonces a un sofá que se encontraba debajo de la ventana para recostarse y pensar en todo lo que había pasado desde la llegada de Asuka hasta la convivencia que tuvo con Misato.
La idea de SEELE era clara. No importaba el método o lo que se debiera sacrificar de por medio, los EVA debían estar funcionales para dentro de unos meses, justo cuando el tercer niño mostrara que era capaz de ser un piloto. En ese momento, ella se percató de que estaba llorando, había derramado lágrimas sin percatarse, algo que nunca antes le había ocurrido.
—Necesito hablar con Mari.
La conversación que Misato tuvo con Yui la hizo reflexionar con respecto a la relación que los dos niños sostenían. No era normal, al menos no en Japón, pero la forma en que ambos se veían, expresando el cariño que sentían por el otro, le dejaba más que claro que ellos no eran los típicos niños berrinchudos que deseaban algo que con el tiempo dejaban a un lado. Ella había decidido disculparse con Asuka, pero no hallaba palabras ni valor para hacerlo. Estaba muy apenada que simplemente se limitó a estar en su nueva cama, en un techo desconocido.
—Metí la pata—se susurró, levantándose entonces de la cama y caminando rumbo a la habitación de los niños que Yui le había indicado antes.
Como vio la puerta medio abierta, decidió echar un vistazo, sorprendiéndose de ver a ambos niños jugando, pero al mismo tiempo, demostrando afecto. Era claro para ella que ambos desafiaban los estigmas de la sociedad japonesa, pero también le parecía un poco extraño que ambos llevasen una relación tan madura para una edad han joven. Quería creer que no era posible, pero entonces, sintió que alguien se hallaba detrás de ella.
—Me parece que esos son celos, ¿o me equivoco? —antes de que Misato pudiera soltar un grito por el susto, Yui le cubrió la boca, evitando así problemas con sus niños—. No grites o Asuka se llevará otra mala impresión de ti.
—¿A qué hora llegaste? —preguntó Misato, todavía pálida por el susto.
—Te vi pasar hace unos momentos—dijo Yui, indicando la posición de la oficina con respecto a la habitación de la joven—. Se me hizo curioso que fueras a verlos, pero por tu lenguaje corporal, creo que sentiste celos de verlos.
—No me gusta tu hijo.
—Ya lo sé.
—¿Entonces?
—Tienes celos de su relación.
Misato estuvo a punto de decir algo, pero cuando intentó dar una excusa, la mirada tan tranquila que Yui le daba la doblegó, obligándola a ceder, limitándose a asentir únicamente.
Ambas fueron a la oficina donde decidieron tener un poco más de su charla. La peli morada observó de reojo unos documentos extraños con el logo de NERV, lo cual le pareció extraño, pero después recordó que su tutora pertenecía a esa organización en la que pasó tanto tiempo.
—Dime, Misato, ¿Qué es lo que sientes en tu corazón?
—¿Eh?
—Quiero conocer tu corazón, lo que sientes. Todo lo que piensas, todo lo que percibes termina conectado a tu corazón, y eso al final termina por hacer un juicio. El juicio que tienes a través de todo lo que has vivido es lo que dicta lo que siente tu corazón, mi niña.
Tales palabras eran complicadas para la chica, pero sabía que hablaban del corazón sentimental, algo que iba más allá de lo que uno entendía como corazón. Las palabras intentaron formarse la primera vez, pero estas se quedaron a medio camino. No había forma de que ella pudiera hablar, ya que si intentaba decirle todo a Yui, terminaría por romper en llanto y no deseaba que eso sucediera.
Una vez más, Yui pudo leer el lenguaje corporal que Misato transmitía. Sabía mucho sobre ella gracias a su posición en NERV. El pasado del cual ella escapaba siempre la alcanzaba, reviviendo la pesadilla que marcó un antes y un después en la historia moderna de la humanidad. Ella, al ser superviviente del Segundo Impacto, estaba destinada a esto, y lo único que podía hacer por ella, era estar ahí como la madre que era.
—Asuka es una niña increíble—dijo Yui, tomando una foto de la menor que venía anexada a uno de los documentos—, pero ella tampoco está libre de monstruos.
Misato miró a Yui tras lo que esta dijo. No entendía mucho a lo que se refería, ya que de todos modos, nadie había vivido el infierno como ella.
—Es una lástima que ella encontrase el cuerpo de su madre quien se suicidó en su propia casa—lo que Yui había soltado fue capaz de estremecer a Misato, por lo que decidió continuar—. Ella es una niña fuerte, pero aún le falta mucho para superar ese dolor.
Las lágrimas no tardaron en aparecer en el rostro de Misato, quien jamás llegó a imaginar que algo como eso fue lo que vivió la niña.
—Vivir o morir, bueno, es algo efímero en este mundo. Las injusticias son algo con lo que debemos lidiar siempre. Algunos nacemos rodeados de lujos, otros en medio de carencias, pero solo la voluntad de vivir es la que podrá definir nuestro futuro y para ello debemos abrazar esta realidad, la cual no podemos cambiar, pero que si podemos intentar mejorarla.
—¿Acaso ella intentó hacerlo?
—Ella no puede cambiar el pasado, pero puede intentar reescribir su futuro. No existe nada que nos diga cómo vivir, por eso es que somos libres, incluso cuando esto pareciera contradictorio.
—No es justo que una niña pase por eso.
—No, no lo es—el semblante de Yui cambió drásticamente, ante el pesar de lo que significaban sus palabras—, pero también son los pecados por los que pagamos. ¿Alguna vez has escuchado de Adán y Eva? —Misato negó con la cabeza , lo cual era normal ya que un país como Japón, la religión no era algo que estuviese propagado como en los países de Latinoamérica—, te la voy a contar.
Hace mucho tiempo, en el reino de Dios (Edén), existía un hombre, creación del Señor, el cual disfrutaba de una vida llena de comodidades. En dicho lugar, no había nada como la enfermedad o la miseria, la guerra y el odio solo podían existir afuera de dicho lugar, y nosotros, se supone que deberíamos vivir ahí. Lamentablemente, esto no sucedería, ya que pagaríamos por los pecados que nuestros ancestros cometieron.
Un día, Adán recibió a una compañera, Eva, creada a partir de sus costillas. Los dos vivieron una vida placentera rodeada de comodidades. Un día, el Diablo (Lucifer), logró convencer a Eva de que probara el fruto prohibido de Dios, siendo esta la que provoca a Adán para unírsele, tomando así un bocado del mismo. Fue entonces que el Creador los obligó a vivir una vida llena de miserias, lejos de todo los lujos que alguna vez tuvieron y quedando en la mortalidad.
Aunque no era una fiel representación de lo que venía en la Biblia, la historia que Yui le contó a Misato para era una simple excusa para decir la razón del mal que habitaba en el mundo.
No existía un ser malvado que obligara al hombre a actuar, ni siquiera sabían si había razón alguna para hacerlo, pero a muchos les causaba placer el dolor. Todo eso podía ser presentado en los siete pecados capitales, que al final no eran más que representaciones textuales y verbales de la naturaleza humana. No había excusa, simplemente era humanidad y con ello venía la aceptación de uno mismo y de sus pecados, redimirse y mejorar. No había más.
—No fue tu culpa lo que sucedió ahí, pero tampoco podemos culpar a tu padre por ello—aclaró la castaña—. Está en la naturaleza del hombre cometer errores… Los padres los cometemos y muchas veces nuestros hijos pagan por ello.
—¿Usted ha pasado por eso? —preguntó Misato con cierta tristeza—. ¿Usted ha odiado?
—En algún punto llegué a hacerlo, pero me di cuenta que esto no llevaría a nada y al final todo llegaba a lo mismo.
—¿Eso no es conformismo?
—¿Te parece que soy una persona que se conforma con algo?
—No parece.
Yui entendía que sus palabras apenas e iban a hacer eco en Misato. De hecho, muchos podían confundirlas y cambiarlas a mal, pero era la realidad de las cosas, una que no iba a poder cambiar.
—Está en nuestra naturaleza cometer errores.
