Problemas de orgullo
Problemas de orgullo
Había pasado ya un tiempo desde que Asuka y Shinji exploraron su sexualidad, teniendo muy en claro que no solo se atraían emocionalmente. Ambos sabían que lo que hicieron esa vez era algo prohibido, más que nada por la edad que deberían tener, pero que, por razones del destino, difería de su edad biológica. Esto hacía que ambos se vieran mayores, provocando así que NERV Alemania examinara lo que les sucedió, pero dándoles mayor libertad la cual aprovechaban para hacer lo que quisieran sin tener que rendirle cuentas a nadie.
Sí, sin duda era una ventaja el parecer mayor, en especial si podías enamorar a tu pareja usando los métodos que deseabas… y esto era lo que Asuka más disfrutaba de su cambio biológico producido por su amado EVANGELION.
—Bien, creo que es un buen día para ir de compras—la germana se encontraba en su habitación disfrutando de un poco de té que su novio le había preparado antes de irse para acompañar a Misato a un examen de rutina—. Solo espero que Misato esté roja de vergüenza por tener que ir al ginecólogo. Se merece que Baka Shinji se ría de ella un rato—comentó, dándole un sorbo a su bebida.
No podía negar que estaba un poco celosa de que su novio viera la intimidad de quién se supone que era la hermana mayor de ambos, pero cuando se trataba de su salud, debía suprimir esos sentimientos que podían llevar al desastre.
Ella conocía muy bien lo que iba a suceder con el médico. Misato iba a llegar bien vestida con el fin de parecer hermosa para Shinji, pero este no le iba a prestar atención; después de sus intentos por salvarse de ahí, la llevarían a dentro donde intentaría hacer tiempo, esperando que Shinji se apiadara de ella, lo cual podía suceder. Ese escenario no iba a pasar, por lo que decidió analizar, conectando la última imagen de lo que sucedería, donde la mayor estaría cargada en brazos de su novio tras salir corriendo del consultorio solo para tropezarse y hacerse varias heridas que la dejarían roja de la pena.
Sí, esto era uno de los muchos escenarios que podían pasar y uno que las supercomputadoras que manejaba NERV podían mostrar.
Los minutos pasaron y el aburrimiento comenzaba a asolar a la pelirroja. No había nada divertido que hacer en ese momento, y el actuar como un adulto que disfruta de la tranquilidad de su hogar a una edad comenzaba a molestarla. Debía encontrar algo rápido en lo que entretenerse o de lo contrario, terminaría pareciendo una Misato 2.0.
—¿Qué puedo hacer estando sola? No hay mucho que hacer en verdad, pero debo encontrar algo en lo que mi mente se centre—los ojos celestes de la chica encaminaron el lugar en búsqueda de algo en lo que pudiera perder el tiempo—. Parece ser que no hay nada en la sala… Shinji hace un buen trabajo limpiando.
La chica exploró un poco más la habitación, pero debido a las acciones de limpieza que realizaba su novio, no había nada que le llamase su atención.
—¡Maldita sea, Shinji! ¡¿No puedes dejar desordenado el lugar al menos una vez en tu vida?! —la frustración de Asuka era evidente, pero se negaba a aceptarlo porque sería una humillación para ella.
¿Cómo era posible que la Gran Asuka Ikari -nombre pendiente- pudiera caer en la desesperación a causa de las actitudes positivas de su novio? ¿Era posible eso?
Ante la evidente acción en la sala, su mente pensó de forma rápida en algún otro lugar en donde pasar el tiempo. Pensó en su habitación, jugar un rato esos juegos que su novio le compró sobre matar alienígenas en una nave llamada Ishimura, pero aquella idea le causaba escalofríos al no estar si valiente Shinji a su lado. Era tonto, sí, pero en el fondo había muchas cosas que le aterraban y que por orgullo no admitía.
Ella recordó que también poseía otro juego en el que podía entrar en línea, pero esa idea quedó descartada ya que el personaje de su novio era una chica bien vestida y ella deseaba transformarla en un agente del caos para no tener que jugar todo el modo historia. Lo pensó un par de veces antes de subir las escaleras y entrar a su cuarto, optando por hacer del personaje de su novio lo que muchos llamarían una Gal.
Tan pronto encendió la consola, las imágenes de carga le mostraron a mujeres muy bien dotadas lo que la intimidó un poco.
«Nota mental, dejar de comprar juegos en dónde Shinji vea a mujeres con más pecho que yo»
Ya con el juego corriendo, notó que el personaje de su novio era una mujer impecable y cuya ficha de juego mostraba un nivel de habilidad impresionante para un juego donde se podía matar a golpes a una viejita. La curiosidad le ganó y se pasó explorando la casa que Shinji había adquirido en el juego. Se impresionó al ver una copia exacta de la casa que ambos tenían en Japón, sintiéndose feliz al saber que su Baka seguía pensando en su tierra natal.
Contenta y con más ánimos, pasó a ver el guardarropa que su amado tonto debía tener. Grande fue la sorpresa de la segunda niña al darse cuenta que su amado novio tenía mejores prendas que ella en un maldito juego de mundo abierto. ¿Acaso Baka Shinji era mejor chica que ella?
Era innegable que su pareja sabía de moda por ella, su madre y por Mari, pero esto era una bofetada de guante blanco para ella. Estaba bien que no tuviera la edad que le correspondía a su cuerpo, pero esto era demasiado. Ni siquiera su hermana mayor podría probarse tan hermosos vestidos en la vida real. Sinceramente, no entendía nada salvo una cosa: debía ser mejor mujer que el personaje que su novio había creado.
—Bien, si esta es la forma en que deseas que me vea, porque muy en el fondo lo deseas, entonces lo haré—sus palabras solo eran escuchadas por sus propios oídos, pero su determinación podía llegar incluso a Japón.
No tardó mucho en cambiarse de ropa, iba a salir de compras esta ocasión, pero sola. Su atuendo era sencillo, un vestido de verano blanco con un chaleco encima que combinaba con unas sandalias de tacón que tanto amaba por ser regalo de su novio y que resultaban más cómodas que la mayoría de sus zapatos. ¿Era extraño? Sí, demasiado, pero era un detalle que solo ella sabía y que no le diría a nadie, simplemente porque disfrutaba que la envidiaran por estar cómoda siempre.
Salió de la casa, cerrando perfectamente todo y enviando un mensaje de texto a Shinji con el fin de que el supiera a donde iba. La respuesta que recibió casi le hace soltar una fuerte carcajada. Él llevaba a Misato en la espalda mientras esta lloraba por tener que ir a con el médico. Adoraba acertar en algunas cosas, aunque fuera un poco.
Sin más distracciones, ella caminó hasta la parada de autobuses donde tomó el primero rumbo al centro de la ciudad. Cómo siempre, el trayecto duró poco debido a la eficiencia del transporte público que su amada tierra había construido con los años. Adoraba ver todo lo que el camino le permitía ver y entre todas las cosas que destacaban, se hallaban las innumerables familias que salían a caminar juntas.
«Un día de estos, Shinji-kun y tú tendrán su propia familia»
—Yui… mamá
Ella recordaba las palabras de Yui, su segunda madre. Cuando nadie más vio por ella, fue Yui y su familia quienes eligieron venir a su rescate, sacándola del infierno en el que la habían metido. Era ese amor que le tenían lo que permitió que ella y Shinji entrelazaran sus almas al punto de llegar a ser quienes eran.
—Una familia con Baka Shinji no suena tan mal—una sonrisa se dibujó en los labios de la joven, casi como si cantara la idea que su joven mente dibujó para ella—. Tener hijos, caminar por los campos de girasoles del norte… tener un hogar propio donde el cariño nunca falte.
Parecía una idea estúpida para muchos jóvenes de su edad, el problema radicaba en que ella no era una joven de la misma edad que el resto. Era una niña orgullosa que no dejaba que nadie tocara su mundo, aquel que había construido a lado de su amado y con el cual quería vivir por siempre.
El autobús pronto se detuvo y el viaje había acabado. Bajando con cuidado, se encontró nuevamente con el centro donde sus citas con Shinji se llevaban a cabo. Anhelaba el ambiente fresco del otoño, incluso cuando llevaba un vestido de verano, pero no era su culpa, sino del tan infame segundo impacto que causó un cambio en las estaciones del mundo.
Su camino siguió hasta llegar a las tiendas de ropa que nunca ignoraba. Había de todo en ese lugar incluida ropa para vestirse como personajes de series japonesas que difería mucho de lo que ella recordaba de su segunda tierra. Caminó por todo el sitio, avanzando tan rápido como podía y perdiéndose en el inmenso mar de jóvenes que disfrutaban estar comprando prendas en rebajas que cada quince días llegaban.
No tardó mucho tiempo hasta que se encontró con las prendas que buscaba. Eran elegantes y juveniles, similares a las que aquel personaje usaba, pero diseñados para chicas con una edad que iba entre los dieciséis y veinte años. Sin siquiera llamar, una joven vendedora se acercó ofreciéndole ayuda con lo que necesitara.
—Veo que usted está interesada en las prendas que nos acaban de llegar, pero no está muy segura si esto es lo que necesita. ¿O me equivoco?
—No, no se equivoca.
—Entonces señorita. ¿Qué es lo que desea?
¿Qué deseaba? Ser hermosa para su novio y que este siempre la vea así.
—Ya sé que es lo que quiero.
La mañana había sido muy agradable para Asuka. Sus problemas se iban conforme pasaba el tiempo y nuevas ideas se generaban en la mente de la joven a la vez que cargaba con los atuendos que compró con el objetivo de relucir su belleza. Esto era lo que una chica debía hacer, aunque su mundo giraba en torno a otros intereses.
Como la joven alemana que era, ella era fuerte y orgullosa al igual que los japoneses antes de la era de la restauración. Ese fuego que estaba en su interior a punto de estallar era lo que le permitió seguir con Shinji hasta el día de hoy. La compasión, junto al amor, fueron dos grandes regalos que el suelo japonés le otorgó una vez llegó con la familia Ikari, y aunque se hallaba lejos de aquel lugar que fue su segundo hogar, podía sentir la pasión en sus ideales.
No se vestía para ser bella, ya lo era; ella se vestía para honrar el amor que tiene con Shinji. Parecía raro que estuviera pensando en ello, pero al ver a las jóvenes parejas caminar de un lado a otro en medio de las calles le trajo a la mente aquellos recuerdos de cuando sus sentimientos por él nacieron.
«Incluso un día, podrías llegar a ser mi hija en ley, Asuka.»
El recuerdo de las palabras de Yui le trajo nuevamente una sensación de alegría mezclada con nostalgia. Había pasado ya mucho tiempo desde eso, pero ni siquiera se hallaban cerca de estar una década juntos. Aunque sus cuerpos parecían de jóvenes de catorce o quince años, en realidad tenían once años.
—La maldición de los EVANGELION nos permitieron obtener estos cuerpos—murmuró ella, deteniéndose frente al vidrio de un local, observando su figura—, y, sin embargo, estamos muy lejos de ser uno solo.
Sus mejillas se colorearon con un bello carmesí. Estaba pensando en lo cerca que estuvieron de consumir el amor por culpa de estos cuerpos que se adaptaban a las hormonas.
Podía tratar e ir más lejos, pero entendía la gravedad de la situación. Las personas a su alrededor no sabrían qué hacer en caso de que algo como eso sucediese, incluso llegarían a cuestionar su deber en todo esto. No debían de estar juntos.
—Pero estamos juntos, eso es lo más importante.
Con orgullo amas y con orgullo mueres. Este era el camino que siguió y que nadie más le había dicho que tomara. Su deber como piloto pasaba a segundo plano, antes de eso estaba su deber cómo la mujer que era para su novio.
El día que decidiera casarse, ese día tomaría una decisión. Por el orgullo de su familia y de la familia que la acogió; Asuka Langley Soryu estaría dispuesta a dar todo por protegerlos, cumpliría esa meta y en su mañana, los rayos del sol los tocarían mientras dejaban que el tiempo pasara.
—¿Cómo estuvo la cita con el ginecólogo? —preguntaba Asuka con una sonrisa en su rostro mientras bebía un poco de refresco.
—Te odio.
—Lo sé.
La tarde había llegado sobre Alemania y el bello atardecer se podía presenciar por las ventanas de la casa Ikari-Soryu. Este era el momento que más amaban. La hora de cena, el mejor momento para pasar en familia, estaba a escasos segundos de iniciar y con el sonido de una alarma, las dos mujeres que disfrutaban de la compañía de Shinji tomaron asiento mientras veían con ojos brillantes la comida que era traída por el joven japonés.
Siempre era bueno disfrutar de comida extranjera, aunque se volvía más común que ambas chicas pidieran platillos de la tierra del sol naciente. Hoy tocaba lasaña y la comida que fue servida pintaba mejor de lo esperado, demostrando nuevamente las habilidades del joven Ikari.
—Espero que la lasaña tenga un toque extra de amor, Shinji—comentó Asuka, quien tomó un plato y se sirvió un poco del plato italiano.
—Sabes que él siempre le pone ese cariño a todo—dijo Misato, contenta por probar otra de las obras de su hermanito—. Por cierto, Asuka.
—¿Sí?
—La siguiente semana también vas al ginecólogo.
Golpe bajo. El orgullo de la Gran Asuka Futura Ikari estaba totalmente destrozado con ese comentario. Una fuerte discusión había iniciado a la vez que un calmado Shinji se servía un poco de lo que había preparado. Esto era normal, como siempre, en su día a día.
