Disclaimer: Masashi Kishimoto, mil gracias por darnos estos personajes y sobre todo, la tensión entre Naruto y Sasuke.
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Agradecimientos: A Carey por haberme ayudado tanto en este capítulo, desde las escenas de pelea hasta corregirme algunos errores que no vi. Mil gracias.
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Las luces del amor
Capítulo 10: Asalto al refugio
Los movimientos de los dos jóvenes eran toscos, sin embargo, podía palparse en el aire la desesperación y pasión que los envolvían. Kakashi se mantuvo al margen a pesar de que no se sentía correcto el estar mirándolos en un momento tan íntimo como ese. Poco a poco la violencia fue apoderándose de los jóvenes, quienes empezaron a rasgar las prendas del otro, buscando desesperadamente descubrir más trozos de piel. Los besos se convirtieron en mordeduras dolorosas que tenían como única finalidad el rasgar la carne visible.
Kakashi los miró con tristeza e impotencia. Pensaba que quizás ellos podrían ser diferentes a los demás infectados ya que nunca antes había escuchado de un caso similar. Quizás debía dejarlos morir para que pudieran ser libres de la tortura que significaba estar bajo los efectos del virus. Soltó las cuerdas que tenía entre sus manos dispuesto a dejarlos allí. Las luces empezaban a perder su brillo y su movimiento caótico empezaba a convertirse en una especie de danza que los envolvía de manera preciosa.
Kakashi, en una decisión tomada en el último segundo, corrió hacia donde se encontraban los muchachos y agarró a Naruto por los brazos para alejarlo de Sasuke. el resto de muchachos, que para ese entonces salieron de sus escondites, se apresuraron a obedecer la orden tácita del adulto, es así como Kakashi y los demás lograron volver a encerrarlos sin nada más que algunos rasguños y golpes como consecuencia.
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—¿Qué crees que sucedió? —preguntaba Lee. —. Pensé que el plan era dejarlos morir.
—No viste las luces ¿verdad? —Gaara tomó un poco de agua de la botella que tenía designada.
—¿Y eso qué tiene que ver?
Kakashi salió de una de las oficinas. Se lo veía muy cansado, pero extrañamente sonreía.
—Gaara tiene razón —dijo un poco aliviado. —. Cuando los infectados están dispuestos a matar, las luces brillan demasiado y se mueven en todas las direcciones.
—Las luces de Naruto y Sasuke eran diferentes ¿no? —Shikamaru acomodaba la madera en medio del salón.
—Nunca había visto algo así. Parecía una canción o algo por el estilo. No puedo explicarlo.
—Creo que lo entiendo. —Kiba trataba de encender un pequeño fuego para incorporarlo al resto de la madera. —¿Y qué vamos a hacer?
—Es lo que aún no sé.
Nuevamente el silencio reinó en el lugar. Los gritos de los dos jóvenes se habían ido apaciguando, pues la falta de energía al no lograr comer nada, por fin estaban haciendo efecto. ¿Cuántos días podía sobrevivir una persona sin comer? por lo menos tomaban agua y Kakashi agradecía eso.
Las brasas de la fogata se quemaban lentamente haciendo su sonido tan característico llenando el ambiente. Todos los muchachos estaban cansados por la carga emocional de los últimos días y no estaban de ánimo para participar en las conversaciones o juegos nocturnos que solían tener.
Sin nada más que hacer, se decidió que lo mejor sería dormir. Los muchachos empezaron a acomodar las mantas en donde solían dormir y, tras decidir los turnos para vigilar el refugio, a los infectados y a Sai, se dispusieron a tratar de descansar.
El primer turno fue tomado por Kiba. Se quedó de pie vigilando la puerta durante algunos minutos y luego dio una vuelta por toda la planta, revisando que las antiguas oficinas que ahora funcionaban como bodegas estuvieran vacías. Después fue a las dos habitaciones que habían destinado como jaulas y comprobó que los tres muchachos estaban dormidos. Volvió a la puerta camuflada con el camión y sacó apenas la cabeza. Al no encontrar nada fuera de lo normal volvió a entrar para sentarse a vigilar. Tendría que hacer el mismo recorrido durante los cuarenta y cinco minutos restantes de su turno. Luego lo relevaría Shikamaru y después Neji. No recordó a quién le tocaba después de ellos, pero sí sabía que el turno más pesado, el de la madrugada, le tocaba a Kakashi. Kiba sonrió al pensar en esto último. Se daba cuenta de que el profesor los quería muchísimo y se los demostraba de mil maneras, desde hacer cosas tan mínimas como cargar el peso de los peores turnos hasta haberles dado un hogar completo, claro está, dentro de lo posible debido a las circunstancias actuales.
Kiba se revolvió un poco dentro de su propia chompa. Las noches últimamente estaban mucho más frías y era normal tratar de entrar en calor especialmente estando tan apartado de la fogata. Un gran bostezo surgió de sus labios y unas pequeñas lágrimas se estancaron en la parte interna de sus ojos. Optó por apretar los párpados para dejar que las lágrimas salieran por completo e inconscientemente apoyó la espalda contra la puerta principal. El sueño lo estaba venciendo, después de todo, ya habían pasado varias noches en las que no había podido descansar correctamente debido al caos. Estuvo a punto de quedarse dormido cuando un ruido, como el de una canica rodando, asaltó sus oídos.
Kiba despertó con un sobresalto. No tenía idea de cuánto tiempo se había quedado fuera de combate. Tenía dos opciones. La primera y más inteligente era despertar a Shikamaru y pedir un relevo temprano. La segunda era sacudirse el sueño y seguir vigilando. Optó por la segunda alternativa al ver a Shikamaru dormir plácidamente. Se daba cuenta de que todos sus compañeros estarían en su misma situación, quizás era la primera noche que Shika podía dormir en calma y no le parecía justo despertarlo solo porque no podía aguantar una media hora más, al menos eso deducía por la cantidad de madera consumida en la fogata. Se levantó estirando los brazos y bostezando ampliamente para dirigirse hacia la bodega en donde guardaban todos sus insumos. Pensó que una buena bocanada de agua lo ayudaría a mantenerse despierto por lo que restaba de su turno. Abrió la puerta de la bodega y sintió un escalofrío que distaba mucho de ser normal.
Kiba, en un principio no pudo dilucidar lo que sucedía. El cielo nocturno le daba la bienvenida a través de la ventana y, en un claro reflejo de días pasados se aproximó para alcanzar el marco de la ventana y poder cerrarla. Fue en ese momento en el que se percató de que las cosas estaban completamente mal.
Se supone que habían sellado todas las ventanas con el fin de mantener oculto el refugio.
Kiba saltó hacia atrás sintiendo el peligro y volteó la cabeza en todas las direcciones tratando de buscar con su mirada al intruso. Sintió su sangre congelarse cuando reconoció una cabellera rubia resaltar por entre las cajoneras.
—Sorpresa. —dijo Deidara divertido un poco antes de blandir con fuerza un bate.
Kiba se agachó para esquivar el golpe que iba directo hacia su cabeza y en un acto reflejo de supervivencia puso su brazo como barrera entre su atacante y su rostro. Al parecer, sus reflejos eran los adecuados ya que enseguida se vio envuelto en un nuevo ataque, solo que en esta ocasión logró alcanzarlo. El bate impactó fuertemente contra el brazo que lo protegía y Kiba soltó un grito de dolor que se escuchó en todo el refugio.
Deidara, ante este hecho, tomó el bate por cada extremo y empujó a Kiba con el mismo hasta acorralarlo contra la pared.
—¡Entraron al refugio! —A pesar del dolor y la adrenalina que empezaba a acumularse en todo su cuerpo, Kiba logró dar el grito de alerta a sus compañeros.
—Hijo de puta.
Los jóvenes del refugio despertaron sobresaltados ante el primer grito, en un inicio no supieron que sucedía, sin embargo, no pasaron más de tres segundos hasta la alerta de Kiba.
—¡A sus lugares! —gritó Kakashi mientras se ponía de pie con rapidez.
Neji, que había estado durmiendo cerca del pasillo que conectaba a las celdas por la desconfianza que le causaba Sai, no pudo evitar voltear todas sus sospechas hacia él y, en lugar de ponerse en posición para atacar a los que se hubieran infiltrado, recogió el llavero que contenía todas las llaves del refugio y se encaminó a encararlo.
En el salón principal, las cosas tampoco eran alentadoras. Los atacantes que se infiltraron, si bien no eran muchos, eran los suficientes para dejarlos vulnerables. A pesar de que los muchachos tenían sus propias armas, era evidente que no eran de mucha ayuda ante las habilidades y artefactos del grupo invasor.
Deidara reía desde lo alto de uno de los escritorios que se apilaban en una esquina del refugio, miraba casi extasiado el espectáculo de violencia, olvidando o queriendo olvidar lo que Kisame le había ordenado.
Hace algunas noches habían descubierto el refugio por pura casualidad. El subgrupo de Deidara había estado haciendo sus habituales rondas nocturnas, tratando de localizar a más grupos para poder absorberlos o robarles lo poco que pudieran tener hasta que una torre de luces se alzó hacia el cielo. Eso significaba que probablemente podrían apoderarse de las pertenencias de los pobres desgraciados víctimas del virus. La sorpresa fue inmensa cuando al escabullirse se dieron cuenta de que era el orfanato y que los infectados eran Naruto y otro muchacho que no podía reconocer.
—Maldito hijo de puta, ¿qué hiciste? —Neji abrió la puerta de un solo golpe y se acercó con paso firme hacia la celda de Sai.
—¿De qué hablas? —Sai se puso de pie. Acababa de despertarse después del escándalo de afuera.
—No pretendas ser un santo. Están atacando el refugio —Neji se acercó a los barrotes quedando cara a cara con Sai. —. Si es necesario, yo…
Neji no pudo decir nada más, Sai aprovechó la cercanía para sacar el brazo y tomar la chompa de su compañero y, con todas sus fuerzas jaló hacia sí, provocando que Neji se estampara estrepitosamente contra los barrotes. Las llaves que el joven llevaba cayeron al piso por el impacto y Sai se agachó rápidamente para cogerlas.
—Ni se te ocurra.
Sai encontró la llave del candado y la insertó en el mismo.
Kakashi se encontraba luchando con todas sus fuerzas, pero lamentablemente estaba siendo arrinconado cada vez más por dos individuos que blandían sus cuchillos, rozando apenas la ropa holgada que solía utilizar para dormir, a su vez, podía ver que los demás se encontraban en la misma situación.
Los gritos dejaban intuir que la situación estaba tornándose cada vez más problemática y con cada segundo que pasaba, la certeza de que todo terminaría muy mal, se asentaba con mayor fuerza.
La puerta de la celda se abrió. Neji no iba a permitir que el desgraciado se saliera con la suya, así que empujó a Sai con la única intención de mandarlo de vuelta a la prisión. Solo tendría que acertar un golpe directo a su mandíbula para dejarlo fuera de combate por al menos tres minutos, sin embargo, no contó con que los planes del muchacho eran completamente diferentes.
Sai lanzó el llavero dentro de la celda de un Sasuke que veía divertido la escena que se estaba llevando a cabo y, antes de que Neji pudiera hacer nada, el joven Uchiha se abalanzó hacia ellas. Una carcajada escalofriante llenó la habitación y la cerradura del candado hizo click.
Neji no era idiota. Sabía que el haber liberado a Sasuke solamente desembocaría en una escena de caos y destrucción, así que salió corriendo de la oficina no sin antes cerrar la puerta con Sai adentro. Tenía la esperanza de que Sasuke se ocupara del traidor y eso pudiera contenerlo al menos algunos minutos. Tuvo toda la intención de ir hacia el salón principal para advertirles a los demás y cuando dio los primero pasos, se congeló al escuchar la puerta abriéndose.
—¡NARUTO! —chilló Sasuke para después olfatear el ambiente. —. Vamos a divertirnos.
La celda dentro del otro cuarto empezó a emitir una especie de vibración haciendo sonreír a Sasuke.
Neji no se quedó a seguir mirando. Debía hacer algo lo más pronto posible antes de que las cosas siguieran saliéndose de control.
Deidara seguía mirando el espectáculo desde su lugar privilegiado. Sonreía de manera escalofriante, como si estuviera cobrándose todas las veces que esos mocosos lo habían burlado, en especial, el imbécil de Naruto. "Ese bastardo ya debe estar muerto" pensó Deidara, y con razón, después de todo, los infectados morían al poco tiempo, solo lamentaba no haber podido ser él el que lo hubiese matado.
Kakashi de alguna manera logró escabullirse y burlar a sus dos atacantes. Sabía que no debía distraerse, debía concentrarse en su propia batalla antes de poder ayudar a los demás, pero era casi imposible. Lee cayó de rodillas a escasos metros, un par de sujetos lo tenían agarrado por los brazos mientras que un tercero le propinaba golpes en el estómago. Quiso correr hacia Lee para ayudarlo, pero en ese preciso momento, unos gritos llamaron su atención. Kiba trataba de defenderse de los golpes propinados por uno de los maleantes, se encontraba en serios problemas, pues trataba de esquivar la madera con clavos que había sido utilizada para tapar las ventanas del refugio.
Kakashi dejó salir un grito que reflejaba su desesperación e impotencia al tiempo que sentía que su piel quemaba, solamente allí cayó en cuenta de que el refugio empezaba a ser consumido por las llamas. Un objeto rígido impactó contra su cabeza y su visión se oscureció durante escasos segundos, a la par, un zumbido ensordecedor llenó sus oídos. El peso de su propia anatomía lo obligó a tumbarse sobre el suelo.
Dos pares de manos lo alzaron con fuerza, obligándolo a mantenerse de rodillas.
—Es hora de dejar de jugar —Una voz profunda emergió desde la puerta abierta. —. Traigan a todos los… niños. —pronunció la última palabra con una mezcla de burla y desprecio.
Kisame entró al refugio. En su mano derecha llevaba una pistola que hacía girar de manera habilidosa entre sus dedos y, al ver a Kakashi derrotado, sonrió.
—Por fin son míos… pero no te confundas, aquí se acaba todo, ya no me interesa tenerlos en mi grupo. Les daré una muerte rápida a todos ustedes, no se merecen mucho más de mi tiempo.
Kakashi pensó que sería el fin de todo ya que el grupo de Kisame los superaba en número y fuerza. La impotencia de ver a sus niños caer poco a poco ante sus ojos lo estaba superando. Miró de nuevo a Kisame quien se encontraba a pocos pasos de él. El arma se aproximaba peligrosamente a su rostro y un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
Estaban perdidos.
Los lamentos de los jóvenes se fueron difuminando hasta convertirse en un zumbido, lo último que escuchó fue el disparo del revólver. Su mirada se tiñó de rojo.
La oscuridad absoluta lo engulló.
Continuará
Mil gracias por haber llegado hasta aquí. Debo decir que aún seguiría atascada en este capítulo si no fuera por Carey, quien me dio las ideas necesarias para la pelea que hubo.
Espero poder traerles el capítulo 11 lo más pronto posible, ya está un poco más avanzado, así que espero que si.
Recuerden que tengo fanpage en facebook y un tik tok "Chisheccid fanfics" en ambas partes, en donde subo chismecito, proyectos futuros y cosas de mi vida diaria. Me ayudarían mucho si van a seguirme por allí o de plano, es suficiente si me dejan un comentario por aquí.
Nos leemos pronto.
