¿Un voto de confianza?


Sasuke miraba la fotografía en su celular. En ella aparecía Sakura sonriendo mientras recogía una flor de cerezo.

Suspiró. Otro día que soñaba con ella. Siempre el mismo sueño, donde ella lo miraba con el dolor reflejado en sus hermosos ojos jades y le daba la espalda para irse de su lado. Siempre soñaba con la última vez que la vio, en el instituto, y no dejaba de culparse por haberla lastimado. Dos años habían pasado y aún pensaba en ella, en la niña que logró lo que todas querían y no habían conseguido: enamorarlo. La quiso, y la quería, como no había querido a nadie, pero su ego y su orgullo pudo más que su amor por ella y terminó por arruinarlo todo.

Bloqueó su celular y llevó su mirada al techo. Quizá ya era el momento de regresar a Japón a buscarla de nuevo.


También es conocido por ser un auténtico casanova. Ya era conocido por las chicas de la universidad cuando aún estaba en el instituto. Pero es que vamos, es obvio. Se trata de Itachi – dijo Ino -El chico más endemoniadamente atractivo que he conocido en mi vida. No es de extrañar que todas babeen por él

Sakura recordaba las palabras dichas por Ino sobre Itachi hace unos días mientras cocinaba su cena, y se dijo que definitivamente debía permanecer lejos de él. No sólo porque físicamente le recordaba demasiado a Sasuke, sino porque, al parecer, compartían la misma personalidad: dos idiotas que se divertían seduciendo a las mujeres y jugando con ellas a su antojo.

Negó con la cabeza. ¿Por qué le estaba concediendo tanta importancia a Itachi? Miró su mano, y ahí tuvo la respuesta. No podía olvidar la forma en la que él tomó su mano, un tacto tan suave y delicado, como si su mano fuera lo más preciado del mundo para él.

Qué tonterías estoy pensando, se dijo. Él ni siquiera le da importancia a algo tan tonto como esto. ¿Por qué yo sigo pensando en él?

No le gustaba el rumbo de sus pensamientos, así que negó energéticamente con la cabeza, tratando de desvanecer todas esas ideas de su mente, ideas que no tenían sentido, sobre todo después de lo que le contó Ino.

Recuérdalo, Sakura. Sólo se trata de otro casanova, se repitió hasta el cansancio.

Pero, a pesar de eso, no pudo dejar de pensar en él.


Itachi estaba recostado en uno de los sofás de su sala, mirando la mano con la que había tomado la mano de Sakura con una sonrisa. Aún era capaz de sentir el tacto de la pequeña mano de la joven en la suya, y en la sensación que lo envolvió en ese momento. Fue como si su mundo se hubiera completado cuando caminó con ella a su lado. Hasta ese momento, no se había dado cuenta de que le faltaba algo, y ese algo era ella.

Miró el calendario frente a él y sonrió cuando su mirada encontró el número 28. Mañana era el cumpleaños de la joven.

Se sentó bruscamente en el sillón, repentinamente conmocionado. ¿Qué se suponía que iba a regalarle?

Nunca se había planteado qué se le regalaba a una mujer en su vida, porque las chicas con las que había estado eran tan superficiales que podía complacerlas dándoles una noche de buen sexo. Hacerlas gemir en sus brazos podía compensar el hecho de que olvidara sus cumpleaños, como le había pasado con absolutamente todas las mujeres que había llevado a su cama. Ser detallista no era precisamente su fuerte, aunque lo atribuía al hecho de que nunca le había concedido la importancia suficiente a una mujer como para quebrarse la cabeza pensando en qué regalarle. Sonrió pensando que, por primera vez, iba a tener que recurrir a la musa de la inspiración para sorprender a Sakura.

Tomó su celular y lo miró fijamente por un momento, sintiéndose un poco avergonzado por lo que iba a hacer. Suspiró y dibujó su patrón de desbloqueo, dio clic al buscador y escribió la frase que acabaría con su reputación…

¿Qué regalarle a la chica que te gusta en su cumpleaños?

Al presionar buscar, aparecieron una serie de artículos donde se daban recomendaciones de regalos para chicas. El pelinegro se disponía a leer el primero cuando el timbre de su apartamento sonó. Dejó su celular en el sofá y se levantó para abrir la puerta, preguntándose quién lo estaría buscando.

Abrió la puerta y se encontró con la sonrisa coqueta de Konan, quien vestía un largo abrigo atado a la cintura color rojo oscuro y unos tacones del color del abrigo.

-¿Sorprendido? – le dijo, haciéndolo a un lado para entrar al apartamento.

-¿Qué haces aquí, Konan? – le preguntó él, viendo a la mujer, quien se sentó en el sofá que hace unos momentos él había ocupado.

-Quería pasar la noche contigo – le dijo ella, palmeando el sofá en el que estaba, en una clara invitación al joven.

Itachi caminó hacia ella y se sentó a su lado. La mujer se puso de pie y se colocó frente a él.

-Tengo un regalo para ti – le dijo, llevando sus manos al lazo con el que ataba su largo abrigo. Deshizo el lazo y el abrigo cayó a sus pies, dejándola completamente desnuda frente al pelinegro, quien se limitó a verla de pies a cabeza sin decir nada -Soy toda tuya esta noche – le dijo finalmente.

Itachi se puso de pie mirándola a los ojos, y sólo cuando estuvo a un palmo de distancia de ella se agachó, recogiendo el abrigo sin que ella se diera cuenta. Cuando lo tomó, se aseguró de ir cubriendo a la mujer mientras se ponía de pie y, para que ella no se percatara de eso, acercó su nariz a su cuerpo, y fue subiendo, oliéndola, sabiendo que sería suficiente para excitarla. Justo cuando su nariz rozó la nariz de ella, Konan cerró los ojos, esperando un beso, pero Itachi sólo sonrió al verla y colocó el abrigo en sus hombros, cubriéndola con él.

-Hoy quiero estar solo, Konan – le dijo, haciendo que la mujer abriera los ojos y lo mirara, sorprendida. Era la primera vez que él la rechazaba. El joven se sentó en el sofá, tomando su celular -Por cierto, no vuelvas a venir si avisar, por favor – le dijo Itachi.

-¿De verdad vas a rechazarme? – le preguntó, aún incrédula.

-Creo que eso fue lo que acabo de hacer – dijo Itachi, sin mirarla, mientras leía el artículo que se disponía a leer antes de que llegara la mujer. Sonrió al leer una de las recomendaciones y Konan, pensando que se trataba del mensaje de alguna mujer, le arrebató el celular, para leerlo.

-¿Regalos ideales para la chica que te gusta en su cumpleaños? – leyó en voz alta el título del artículo, molesta -¿Qué mierda es esta, Itachi? – le dijo ella.

Itachi se puso de pie y le quitó su celular.

-Es el momento ideal para que te vayas – le dijo él. Caminó hasta la puerta de su apartamento y la abrió, pero Konan, quien había caminado tras de él, poniéndose en el camino su abrigo, la cerró casi de inmediato.

-Antes me dirás quién es la perra a la que te estás cogiendo ahora – le dijo la mujer, molesta.

-Eso no es de tu incumbencia, Konan – le dijo Itachi, serio -Ahora vete, y no vuelvas a venir sin avisarme – le dijo. Abrió la puerta de su apartamento y miró expectante a la mujer, esperando que saliera.

-Te vas a arrepentir de esto, Itachi. Esa zorra a la que te estás cogiendo nunca estará a mi altura – le dijo la mujer, furiosa. Salió del apartamento tirando la puerta.

Itachi miró la puerta y suspiró, tratando de despejar su mente después de toda la escena montada por la peliazul. Se encaminaba a su sofá cuando el timbre sonó nuevamente. Frunció el ceño, y se regresó a abrir la puerta.

-¿Ahora qué quieres, Kon… - estaba diciendo, pensando que se trataba de la mujer, pero se detuvo cuando reconoció el cabello rojizo de Sasori, quien lo miraba con una ceja alzada.

-¿Problemas en el paraíso? – le preguntó el pelirrojo, haciéndolo sonreír.

-En el infierno, querrás decir – le contestó Itachi -¿Qué haces aquí? ¿También quieres pasar la noche conmigo? Porque te lo advierto, quiero estar solo – bromeó Itachi, haciéndose a un lado para dejarlo pasar.

-Vine porque nuestra última conversación no terminó en los mejores términos, y quiero hablar contigo sobre eso – le dijo Sasori, sentándose en el sofá que había ocupado el pelinegro.

Itachi lo miró, serio.

-¿Quieres que hablemos sobre Sakura? – le dijo, y Sasori asintió.

-¿Qué quieres de ella? – le preguntó Sasori.

Itachi sonrió.

-Lo que querido de todas las mujeres… - estaba diciendo Itachi, pero Sasori lo cortó.

-Ya te lo dije. No juegues con ella. Sakura no es como ninguna de las mujeres con las que has… - estaba diciendo Sasori, pero Itachi lo cortó.

-No me dejaste terminar – le dijo el pelinegro -Lo que quiero de ella es lo que he querido de todas las mujeres con las que he estado y no me han podido dar – le dijo, dejando a Sasori confundido.

-¿A qué te refieres? – le preguntó el pelirrojo.

-Ninguna de las mujeres con las que he estado me ha dado la seguridad suficiente como para plantearme una relación seria, pero Sakura es diferente. Quiero tener una relación con ella, algo más que simple sexo – confesó Itachi, sorprendiendo a Sasori.

-¿Hablas de un noviazgo? – le preguntó, e Itachi asintió. Sasori negó con la cabeza -Eso no te lo crees ni tú, Itachi. ¿Por qué de todas las mujeres, es Sakura la ha provocado este repentino cambio en ti? – le dijo Sasori.

-Por la misma razón por la que ella te gusta – le dijo Itachi, y Sasori lo miró, sorprendido -Ambos lo sabemos. Sakura es diferente a todas las mujeres con las que hemos estado, y por eso nos gusta, ¿No es así? – le dijo Itachi al pelirrojo.

Sasori lo miró, serio.

-¿Vas en serio con ella? – le preguntó.

Itachi asintió.

-La he esperado por mucho tiempo, y no la dejaré ir esta vez – le dijo el pelinegro.

Sasori suspiró.

-Espero que sepas cómo cuidarla de ti y de tu pasado, porque si lo arruinas con ella no me haré a un lado otra vez – le advirtió Sasori, e Itachi asintió con una sonrisa.

He ahí un juego limpio entre amigos.


28 de marzo.

10:00 am.

-¡No puede ser! – gritó Sakura, mirando la hora. Se había quedado dormida y ahora sólo faltaban 45 minutos para su única clase del día.

Se levantó rápidamente de la cama y salió corriendo hacia el baño. Se bañó lo más rápido que pudo, se vistió en tiempo récord y una vez lista, tomó su mochila y miró la hora nuevamente.

10:30

15 minutos. Tenía 15 minutos para llegar a la universidad. Suspiró, sintiéndose más tranquila. En taxi llegaría a buena hora.

Bajó corriendo las escaleras, y salió de su casa, justo en el momento en el iba pasando un taxi. Hizo señas para que el taxista se detuviera y pudiera abordar el auto, pero el conductor la ignoró adrede, lo que le hizo ahogar una maldición.

Genial, simplemente genial, Sakura. Tienes un inicio de día accidentado justamente el día de tu cumpleaños se dijo.

Esperó unos minutos más la llegada de un taxi, y justo cuando estaba por entrar en pánico porque sólo faltaban 10 minutos para su clase un auto de lujo que se le hacía conocido se detuvo frente a ella.

El conductor del auto bajó la ventana del copiloto y entonces supo por qué se le hacía conocido el auto. Era Itachi.

-¿Vas tarde? – le preguntó, y ella simplemente asintió, tratando de no dejar en evidencia el pequeño ataque de ansiedad que tenía por el hecho de que iba a llegar tarde a su clase. Después de pensarlo y pensarlo tanto, llegó a la conclusión de que lo mejor para ella era permanecer lejos de Itachi, y hablarle no le ayudaría a lograrlo. Itachi sonrió porque, aunque tratara de ocultarlo, el movimiento involuntario de su pierna izquierda le indicaba que estaba ansiosa porque iba a llegar tarde. Eso lo sabía porque él tenía su horario. ¿Por qué lo tenía? Porque saber dónde estaría era primordial para pasar el día con ella, ahora ¿Cómo lo tenía? Bueno, basta decir que se trataba de él, Itachi Uchiha, el hombre al que ninguna mujer le podía decir que no. Y convenientemente, la facultad de medicina, su carrera y la de Sakura, era dirigida por una mujer -Puedo llevarte a la universidad, si lo necesitas – le ofreció él.

Sakura lo miró, con duda. ¿Debía aceptar su ayuda? Miró la hora en el reloj en su muñeca: 10:37. Sino se iba con él no llegaría a tiempo. Suspiró.

-Está bien – le dijo ella. Itachi sonrió, y le abrió la puerta del copiloto, ella entró en el auto y se fueron del lugar.

El camino transcurrió en silencio. Sakura no quería hablar con él, ya que estar lejos de él era todo lo que quería y él estaba pensando en cómo acercarse a ella sin obtener un inminente no como respuesta.

Llegaron a la universidad dos minutos antes de la clase de ella, eso gracias a que Itachi condujo como si su vida dependiera de ello, algo que Sakura, nada fan de la velocidad, agradeció en ese momento. Itachi estacionó su auto en el estacionamiento más cercano al aula de la joven, para facilitarle un poco más las cosas.

-¿Qué harás hoy después de esta clase? – le preguntó Itachi a la joven.

-Tengo otra clase – respondió Sakura, lacónica, haciendo sonreír a Itachi porque estaba mintiendo. Esa era su única clase del día.

-Te estaré esperando aquí cuando salgas de tu clase. Sé que es la única que tienes en el día – le dijo el joven, y Sakura se volvió a él, sorprendida.

-¿Cómo lo sabes? – le preguntó.

Itachi sonrió de medio lado.

-Tengo mis fuentes – dijo él como respuesta, dejando a Sakura con el ceño fruncido.

-No vendré a ti – le dijo. Abrió la puerta y se volvió a él -Gracias por traerme – le dijo, y salió del auto, escuchando al pelinegro abrir su puerta casi al mismo tiempo.

-Sino vienes iré por ti y créeme, llamaremos mucho la atención, más que cuando caminamos tomados de la mano – le dijo él con una sonrisa, haciéndola sonrojar al recordar ese momento que tanto se había esforzado por no recordar.

-¿Qué quieres, Itachi? – le preguntó Sakura, exasperada, mirándolo frente a ella, siendo separados únicamente por el auto de él. ¿Quién se creía para darle órdenes? Te estaré esperando aquí cuando salgas de tu clase ¿Acaso ella tenía que hacerle caso? Era un idiota.

-A ti – le dijo él, sonriendo, dejándola sorprendida -Quiero pasar este día contigo, Sakura, y no aceptaré un no por respuesta – le dijo finalmente. Justo cuando miró que ella tenía intenciones de negarse, sonrió -Ve a tu clase. No conduje saltándome todos los semáforos en rojo para que llegues tarde. Sólo recuerda que no me iré de aquí hasta que vengas – le dijo él.

Sakura lo miró sin saber exactamente qué debía pensar. Repitió sus palabras en su mente, lo que la hizo reaccionar para llevar su mirada al reloj en su muñeca, dándose cuenta que sólo faltaba 1 minuto para su clase, así que salió corriendo sin darle una respuesta.


En su clase, Sakura no podía dejar de pensar en Itachi.

Sólo recuerda que no me iré de aquí hasta que vengas

Pues puede esperar todo lo que quiera, porque no iré, se dijo ella recordando las palabras de él.

Sino vienes iré por ti y créeme, llamaremos mucho la atención, más que cuando caminamos tomados de la mano

Pero, ¿Y si viene por mí?, se dijo, recordando lo que él le había advertido.

Se cubrió la cara con las manos, sin saber qué hacer.

-Eso es todo por hoy. Que tengan un buen día – dijo Kurenai, su profesora de psicología médica y su profesora guía en ese semestre, para dar por finalizada la clase.

Sakura se quitó las manos de la cara y la miró, sorprendida. ¿En qué momento habían pasado dos malditas horas?

Descansó su frente en la paleta de su silla ahogando un grito de frustración. Ese era, sin duda, el peor cumpleaños que había tenido en su vida. Sintió un toque en su hombro que le hizo emitir un grito, asustando también a la persona que la había tocado.

-Sakura, ¿Estás bien? – le pregunto Kurenai-sensei, mirándola un poco preocupada.

¿Bien? No, no estoy bien. El hombre del que quiero alejarme me está esperando ahora mismo porque quiere pasar el día conmigo, y no entiendo por qué me pasa esto precisamente a mí.

Eso era lo que Sakura pensó decirle, pero si lo hacía sólo obtendría una mirada sorprendida y muchas preguntas por contestar, así que simplemente suspiró, tratando de despejar su mente.

-No se preocupe Kurenai-sensei, estoy bien. Sólo estoy un poco distraída. No he dormido bien en los últimos días – mintió ella. La mujer la miró fijamente, hasta que suspiró.

-Entiendo. No te desgastes, Sakura. Recuerda que no es bueno para tu salud dormir poco tiempo. Cuídate, ¿de acuerdo? – le dijo la mujer mirándola con una sonrisa. Ella sonrió y asintió -Nos vemos luego – le dijo, y se retiró del salón.

Sakura se quedó viéndola con una sonrisa. Le caía bien su profesora. Era hija de un respetado médico del país, y a pesar de que no tenía necesidad de trabajar siquiera, había decidido ser docente de la universidad en la que se graduó porque sentía que era su vocación.

decidió seguir su vocación por la medicina pese al deseo de su padre, que quería que ingresara al ejército

De repente recordó lo dicho por Ino sobre Itachi, y se cubrió la cara con las manos, sin saber qué hacer.

Si espero un tiempo en el aula, sin salir, se cansará de esperarme y se irá, ¿cierto? Se dijo.

De repente sonrió, porque esa parecía ser una buena idea. No se iría, pero tampoco iría a él, y él se aburriría de esperar y terminaría por irse. Eso era.

Miró el reloj en su muñeca. 12:50.

Perfecto, esperaré aquí una hora, se dijo.

Sacó sus auriculares para escuchar música mientras esperaba a que transcurriera esa hora. Entre una canción y otra, dieron las 2 de la tarde, un poco más de lo que se dijo que iba a esperar. Sintiéndose más tranquila, tomó su mochila y salió de su aula.

Miró con cautela hacia todos lados tratando de divisar a Itachi, caminó procurando no ser vista por nadie hasta el estacionamiento donde el pelinegro dijo que la esperaría, pero al no mirar su auto una sonrisa se formó en su rostro ¡Se había librado de él!

Salió de la universidad dispuesta a caminar hacia la parada de los autobuses, pero justo cuando dobló la esquina se encontró con el auto del pelinegro. Sorprendida, y creyendo que él iba a bajar del auto para ir por ella, regresó sobre sus pasos, chocando con él cuando se giró dispuesta a salir corriendo en la dirección contraria a su auto. De la impresión, perdió el equilibrio y terminó cayendo sobre él. Otra vez.

Un poco desubicada por la caída, lo miró, reaccionó y quiso levantarse rápidamente, pero él fue más rápido y la tomó de la cintura para evitarlo. Trató de zafarse de su agarre, pero él la atrajo hacia su cuerpo, provocando que sus narices se rozaran. Sakura se sonrojó, e Itachi sonrió con los ojos cerrados.

-Podría acostumbrarme a tenerte sobre mí todo el tiempo, ¿Lo sabías? – le dijo él, abriendo los ojos para mirarla con una sonrisa ladina en su rostro, lo que provocó que ella se sonrojara aún más no sólo por lo que dijo, sino porque, por lo cerca que estaban, cuando él habló sus labios rozaron los suyos, lo más cerca que había estado de tocar los labios de un hombre en su vida. Ni siquiera con Sasuke había tenido tal acercamiento.

-Suéltame – le dijo, tratando de regular su tono para no dejar en evidencia lo nerviosa que estaba.

-¿Vendrás conmigo? – le preguntó Itachi.

-No – contestó Sakura de inmediato.

Itachi sonrió.

-Entonces no te soltaré – le dijo él, simple.

-¡Suéltame! – chilló ella, histérica, provocando que el joven riera.

-No te soltaré hasta que me digas que vendrás conmigo – le dijo él con una sonrisa.

Sakura resopló.

-Pues espero que estés cómodo, porque te quedarás esperando que yo diga eso – le dijo ella, fulminándolo con la mirada.

-Ahora mismo no estoy muy cómodo, pero lo estaré en 5 segundos – le dijo él, haciendo que Sakura frunciera el ceño.

-¿Qué quieres dec… - estaba diciendo ella, pero sólo fue capaz de emitir un pequeño grito de sorpresa cuando el pelinegro, tomándola de la cintura, giró hacia la izquierda, dejándola a ella bajo su cuerpo -¡¿Qué crees que haces?! – chilló ella, molesta, sorprendida y nerviosa a partes iguales.

-Me pongo cómodo mientras espero tu respuesta – le dijo él. La miró detenidamente y sonrió. Estaba sonrojada, molesta y nerviosa a partes iguales, y eso le hizo evidente que no había tenido un acercamiento parecido a ningún hombre en su vida, lo cual, sin saber por qué exactamente, lo satisfacía. Acercó sus labios a su oído, lo que provocó que ella se encogiera levemente en sus brazos por la cercanía. Sonrió por su reacción -Y espero que no tardes tanto, porque créeme, estar sobre ti es el mejor lugar en el que podría estar, y no creo que puedas soportarlo – le susurró al oído, divertido, provocando que ella se sonrojara aún más.

La joven evaluó la posición en la que estaban: Itachi se sostenía con su mano derecha para no aplastarla con su peso, lo cual no evitaba la cercanía entre sus cuerpos, tanto así que ella era capaz de sentir su cuerpo por completo, y con su brazo izquierdo rodeaba su cintura, para evitar que ella pudiera levantarse e irse, lo que quería hacer precisamente en ese momento. Y justo cuando él comenzó a oler su cuello se dio cuenta que tenía razón. La situación era demasiado para ella y no soportaría estar así por más tiempo.

-¡Está bien, está bien! Iré contigo, pero suéltame – le dijo ella, sintiendo la respiración de Itachi en su cuello. Itachi regresó su mirada a ella y sonrió.

-Sabía que dirías que sí – le dijo, divertido, provocando que ella lo fulminara con la mirada.

-Muérete – le dijo Sakura, molesta, lo que provocó la risa de Itachi. El joven se levantó del suelo llevándola a ella consigo. Una vez ambos de pie Itachi tomó de la mano a Sakura mientras sonreía. Ella lo notó y lo fulminó con la mirada -¿Por qué sonríes? – le preguntó.

Itachi la miró aun sonriendo.

-Usualmente, son las mujeres las que insisten para que salga con ellas. Es la primera vez que soy yo quien insiste tanto para conseguir el sí de una mujer – le confesó él.

-¿Y eso te parece divertido? – le dijo ella, un poco sorprendida.

Itachi miró sus manos unidas y negó con la cabeza.

-Eso hace que me resulte más evidente que tú eres especial – le dijo, mirándola con una sonrisa, y Sakura no supo qué pensar porque, por más que se decía que él probablemente sólo quería jugar con ella, esas palabras le sonaron sinceras. Quiso soltarse de su agarre, pero Itachi dio un ligero apretón a su mano, dejándole claro que no pretendía soltarla -Vamos, no pienso desperdiciar este día contigo – le dijo él, guiándola a su auto. Le abrió la puerta, Sakura entró en el auto y luego él lo rodeó y entró también.

Mientras Itachi iba conduciendo Sakura se volvió a él.

-¿A dónde me llevas? – le preguntó.

Itachi sonrió.

-Es una sorpresa – le dijo él. Sakura alzó una ceja, pero antes de que ella dijera algo, Itachi detuvo el auto -Date la vuelta, voy a vendarte los ojos – le dijo él, y Sakura frunció el ceño.

-¿Se supone que debo confiar en ti en este momento? – preguntó -¿Cómo sé que no eres un traficante de órganos y que ahora mismo me llevas al mercado negro para venderme? – le dijo ella, e Itachi rio.

-Tu desconfianza es un poco insultante, Sakura – le dijo él -Confía en mí, no haría nada para lastimarte – le dijo el joven, y para Sakura, muy a su pesar, sus palabras le sonaron sinceras. Lo miró con duda, e Itachi sonrió. Le ofreció su mano -Dame un voto de confianza. No voy a arruinarlo – le dijo el joven. Sakura lo miró a los ojos, y no percibió ninguna mala intención en él, así que, en contra de las voces en su interior que le decían que lo mejor era permanecer lejos de él, tomó su mano, haciéndolo sonreír.

-No sonrías. Aun no confío plenamente en ti – le dijo ella.

Itachi besó su mano y la miró, aun sonriendo.

-Pero has dado el paso que necesito para que puedas confiar en mí – le dijo él. Sacó un pañuelo de su bolsillo y le indicó a Sakura que se girara, para vendarle los ojos. Ella accedió y, una vez con los ojos vendados, siguieron su camino, en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos, los cuales se vinculaban con el otro. Ella pensaba en él, y él pensaba en ella.

Unos minutos después, habían llegado a su destino, supuso Sakura, ya que Itachi detuvo el auto. Lo escuchó salir de él y al poco tiempo su puerta fue abierta, Itachi la tomó de la mano y la ayudó a salir del auto. El joven la guio por lo que parecía ser un campo, ya que era capaz de percibir la grama y la frescura del lugar, además de un suave y dulce aroma que se le hacía conocido, porque así olían sus flores favoritas.

Lirios, pensó.

Se detuvieron después de un par de minutos, justo cuando Sakura le iba a preguntar dónde estaban, demasiado curiosa por saber. Sintió a Itachi situarse tras de ella, y entonces supuso que iba a quitarle la venda de los ojos.

-¿Lista? – le dijo él.

-Lista – le dijo ella, muerta de la curiosidad.

Itachi deshizo con cuidado el nudo que había hecho, y cuando sus ojos estuvieron libres de la venda pudo apreciar el lugar en el que estaban.

Un campo de lirios de diferentes colores se encontraba frente a ella. Sonrió al contemplar el hermoso paisaje, y al volverse a Itachi éste sostenía un ramo de lirios blancos, el único color que no percibió en el campo, mientras la miraba con una sonrisa.

-Los lirios blancos simbolizan la pureza, la inocencia y la belleza. Justo las cualidades que mejor te definen - le dijo. Se acercó a ella y le dio el ramo de lirios blancos -Feliz Cumpleaños, Sakura – le dijo el joven, dándole un beso en la frente.

Sakura miró el hermoso ramo de lirios blancos sorprendida y confundida a partes iguales.

-¿Cómo sabes que hoy es mi cumpleaños? – le preguntó ella.

-Me lo dijiste el día que nos encontramos en el parque, mientras íbamos de camino a tu casa – le respondió él.

-¿Por qué hiciste todo esto por mí? – le dijo ella, sin entender nada. Se sentía confundida. Apenas se conocían, ¿por qué él se esforzaba tanto por estar cerca de ella?

Itachi sonrió.

-Me has dado un voto de confianza, y yo te prometí que no iba a arruinarlo – le dijo él. Sakura lo miró, sorprendida. Itachi se acercó más a ella, tomando su mano -Sakura, quiero que confíes en mí y me permitas estar cerca de ti – le dijo. Miró su mano, con la cual tomaba la mano de ella, y entrelazó sus dedos con los de ella. Sakura miró sus manos unidas, con una sensación extraña en el pecho. ¿Por qué el contacto con su mano le generaba una sensación de plenitud? Era como si todo en su mundo estuviera completo cuando sus manos estaban unidas, y eso le daba miedo -Cuando tomé tu mano por primera vez, sentí una sensación de plenitud – confesó él, y Sakura se sorprendió, porque era precisamente lo que ella sentía -Y me di cuenta que es una sensación que quiero sentir por el resto de mi vida – dijo él. La miró y sonrió -Así que lo haré todo para estar cerca de ti – le dijo finalmente el joven.

Sakura alzó sutilmente una ceja, un poco escéptica por las palabras de Itachi.

-¿Qué harás si yo no quiero estar cerca de ti? – le preguntó ella.

-Esa pregunta es un poco cruel, Sakura – le dijo Itachi, fingiéndose dolido, y Sakura no pudo contener la sonrisa que se formó en su rostro. Itachi sonrió al verla -Voy a insistir tanto hasta que me des la oportunidad de quedarme a tu lado – le dijo él.

Sakura lo miró sin saber qué pensar. Había algo en él que le decía que estaba siendo sincero, pero su propio miedo a relacionarse con los hombres le estaba jugando una mala pasada otra vez. ¿Qué se supone que debía hacer?

-¿Qué tengo que hacer para que no te enamores de mí? – le preguntó ella, de repente, lo que sorprendió a Itachi, quien la miró serio por un momento, pero luego sonrió.

-Bésame – le dijo él.

Sakura alzó una ceja.

-¿Cómo se supone que besarte hará que no te enamores de mí? – dijo ella.

Itachi sonrió.

-No lo hará, lo que quiero conseguir con un beso es que tú te enamores de mí – le dijo él.

Sakura se sonrojó levemente, pero rodó los ojos.

-No pasará, así que es mejor que no te enamores de mí – le advirtió ella.

Itachi sonrió. Tiró de su mano, lo que provocó que ambos quedaran a escasa distancia y la abrazó, lo que dejó a Sakura sorprendida.

-Entre más quieras hacer que no me enamore de ti más me enamoro, es inevitable. Así que es mejor que te enamores de mí, porque tú eres mi destino – le dijo él.

¿Eres realmente mi destino? Se preguntó Sakura, mientras miraba la puesta de sol en ese hermoso campo de lirios.

¿Cómo confiar después de todo lo que había pasado?


Yo!

Por aquí ando actualizando esta historia que me hace mucha ilusión en un momento complicado de mi vida. Espero que el capítulo les guste y se animen a dejarme saber su opinión sobre él.

Nos estamos leyendo. Un abrazo!