Naruto Uzumaki siempre fue un niño maltratado e ignorado por todos en Konoha, salvo por sus dos únicos seres queridos, el hokage, el cual era como su abuelo, y su mejor y única amiga, Aneko, una huérfana igual que él, ambos vivían en el mismo orfanato, y ella era la única que hablaba y estaba con él.

Aneko era una niña pocos meses mayor que él, ya que ella nació en mayo y él en octubre, su cabello era negro como la noche, sus ojos de un marrón muy oscuro, tanto que si no te fijabas, podrías pensar que eran negros, su piel era considerablemente pálida, no era alta, pero tampoco baja, a diferencia de Naruto, el cual era más bajo que los niños de su edad.

Ese día era 10 de octubre, el día que el cuarto hokage mató al kyubi y salvó la aldea, también era el cuarto cumpleaños del rubio, pero en lugar de poder celebrarlo y ser feliz, los encargados del orfanato le echaron a la calle poco antes del atardecer.

Aneko se fue con él sin dudarlo ni un segundo, por lo que ambos niños vagaron sin rumbo fijo por la aldea durante un rato. Cuando la luz del sol se fue, el festival en honor a la victoria del yondaime empezó.

Los fuegos artificiales inundaron el cielo, la gente gritando y festejando, los juegos en las casetas, incluso un desfile había ese día como en los años anteriores. A Naruto le hubiera gustado ir y pasar su cumpleaños allí, pero Aneko sabía que la gente del lugar no lo trataría bien, por lo que le convenció para en su lugar ir a la torre hokage para visitar a Hiruzen.

Debido al festival, los niños se vieron en la necesidad de tomar un rodeo, lo cual haría que tardaran más en llegar, pero eso realmente no importaba, lo único que le preocupaba a la pelinegra era que lastimasen al rubio.

Cuando estaban pasando por una calle que a simple vista parecía desierta, un grupo de civiles y shinobis aparecieron a su vista. Se veía claramente que varios de ellos, si no todos, estaban borrachos, por lo que ambos emprendieron la carrera para evitar cualquier incidente.

Para su desgracia, los siguieron mientras gritaban cosas como: ven aquí pequeño demonio, vamos a darte una lección demonio y otras cosas parecidas, por lo que aumentaron su velocidad todo lo que sus pequeños cuerpos podían.

Al final no sirvió de nada, su velocidad no era suficiente, y en menos de media hora terminaron siendo atrapados a más de una manzana de la torre hokage.

-Ya te tenemos demonio - dijo sonriente uno de los hombres, el cual alargaba un poco las palabras por su estado de embriaguez.

-Te vas a enterar maldito demonio - dijo otro que sacó un kunai, lo cual indicaba que era un shinobi.

Aneko se puso delante de Naruto en un vago intento de proteger a su amigo, al cual quería como un hermano pequeño, y era el deber de la hermana mayor cuidar al pequeño.

-Vaya, pero mira qué tenemos aquí, la amiga del demonio, ¿realmente crees que podrás salvarlo?, ahora verás lo que es bueno - dijo el hombre con el kunai en la mano mientras el resto reían o sonreían por lo que iba a pasar.

Antes de que el shinobi pudiera llegar a los niños indefensos, se volteó al oír el grito de dolor de uno de sus compañeros. No fue el único que se volteó a ver, todos lo hicieron para ver al hombre muerto y a otro sujeto sacando el kunai que le había clavado.

Los civiles se congelaron al ver esa escena, mientras que los shinobis se cabrearon y cargaron contra el desconocido, el cual con rápidos movimientos mató a todos sus atacantes para finalmente acabar con todos los miembros del grupo.

Los niños estaban aterrorizados al ser testigos de lo que había pasado, pero eso no evitó que Aneko siguiera cubriendo a Naruto con su cuerpo. Estaba asustada, muy asustada, pero protegería a su amigo hasta su último aliento.

La figura misteriosa se giró a mirarlos una vez hubo terminado su trabajo. Lo primero que pudo notar fue a la chica intentando controlar sus temblores mientras cubría al chico detrás de ella, el cual estaba congelado con los ojos muy abiertos.

Limpió su arma en una de las prendas de las personas que había matado, para después guardarlo y acercarse a los niños.

-¿Estáis bien? - les preguntó, aunque realmente solo quería saber si la chica estaba bien.

-Sí, estamos bien - dijo Aneko intentando no tartamudear - ¿quién eres? - le preguntó.

-No te han dicho nunca que antes de preguntar el nombre del otro, primero debes presentarte - le respondió con algo de burla, a lo cual la pelinegra frunció el ceño.

-Mi nombre es Aneko, y este es mi amigo Naruto, ahora, ¿tú quién eres? - volvió a cuestionar.

El hombre sonrió a pesar de que ninguno de los dos lo podía ver bien por las sombras que cubrían el lugar.

-Mi nombre es Orochimaru, y soy tu padre, Aneko.

La boca de la chica se abrió a más no poder, no podía creérselo, lo único que ella sabía de su familia era que su madre había muerto poco después de dar a luz, nadie sabía quién era su padre, y sin embargo, ahora llegaba un hombre que los salvaba y afirmaba ser su padre.

El shock que sufrió, junto al resto de sentimientos que había experimentado en la última hora, hizo que su línea de sangre que ni siquiera sabía que tenía despertara, mostrando un sharingan de un tomoe, pero este hecho también hizo que se desmallara por la tensión en su cuerpo.

-Aneko - gritó Naruto al ver a su amiga caer al suelo inconsciente.

Se agachó rápidamente y empezó a zarandearla mientras gritaba una y otra vez su nombre.

-Déjalo chico, los eventos de hoy han hecho que sucumbiera, estará bien después de unas horas - dijo el hombre y se acercó a su hija.

El rubio abrazó el cuerpo de su casi hermana con desesperación, sin duda estaba siendo el peor cumpleaños de su vida. Orochimaru miró con cierto desagrado al rubio, se parecía demasiado a su padre, a la persona que más odiaba en el mundo.

Pensó en recoger a su hija e irse, al final ese era su plan después de todo, no le interesaba nada más de esa aldea, al menos no por el momento. Hacía un par de semanas que uno de sus espías en la aldea le había informado de lo acontecido con Kazumi, la madre de Aneko, no había que ser un genio para adivinar que esa niña era su hija, menos con el parecido que tenían, de ahí que decidiera ir personalmente por ella.

No pensó en ningún momento que tuviera una relación tan fuerte con el joven Uzumaki, y casi le parecía una burla del destino que su hija se hiciera amiga del hijo de su peor enemigo, pero eso era algo que no podía arreglar, al menos por el momento.

Cogió a Aneko y la elevó del suelo, luego se dio la vuelta para empezar a irse.

-Chico, será mejor que me sigas - fue lo único que dijo Orochimaru, y Naruto no dudó ni un segundo en ponerse de pie y seguir al supuesto padre de su mejor amiga.

Gracias a un pasaje secreto que el sanin conocía, pudieron salir los tres de la aldea sin que nadie los viera. Se le hacía hilarante esa situación, la aldea más poderosa de las cinco grandes naciones, poseía un punto débil en su defensa tan grande que podría suponer su fin si no usaban la barrera que rodeaba la aldea, una medida de seguridad que no usaban desde el final de la tercera guerra ninja.

Así, mientras gran parte de la población celebraba en el festival, tres personas abandonaban la villa, dos de ellas rumbo a una nueva vida llena de más oportunidades de las que jamás les darían en Konoha.