Toda Konoha estaba asustada. Lo ocurrido en el estadio se difundió como la pólvora, causando pánico en la población. Había un pensamiento común en la aldea. Los hijos de Orochimaru son monstruos como él, no conviene tenerlos de enemigos.
El consejo, el hokage y el otokage estaban reunidos en la sala de consejo para llegar a un acuerdo mutuamente beneficioso en la alianza que iban a hacer.
Kakashi y Gai estaban en el hospital. El primero inconsciente y con heridas fáciles de tratar, su vida no estaba en juego. El segundo estaba consciente y tenía tres huesos rotos, uno en el brazo, otro en la pierna y una costilla. Él tardaría más en sanar y era probable que si hubiera seguido en el combate, se habría terminado su carrera como shinobi.
Raidou y Aneko estaban paseando por la aldea. La gente les daba miradas de miedo, incluso terror, lo cual le hacía gracia a la chica, pero que no le gustaba nada al chico.
-Tranquilízate, hermanito, estás muy tenso - le dijo la ojinegra al ojiazul.
Él no respondió, siguió mirando a las personas en la calle. Ella lo notó y suspiró. No podía hacer nada, sabía perfectamente lo que estaba pensando, por lo que decidió darle espacio e irse en otra dirección.
Andando sin un rumbo fijo, llegó a un área de entrenamiento. Allí había una chica entrenando. Por sus ojos y la postura en la que estaba, pudo darse cuenta de qué clan era. Era una Hyuga. Estuvo un rato mirándola, analizando sus posturas. No necesitaba su sharingan para ello, era buena analizando sin su dojutsu. Fue así que vio varios fallos en su forma de luchar.
-Lo está haciendo mal - le dijo, sobresaltando a la chica.
-¿Qué? - preguntó confundida, no la había notado ya que tenía su byakugan desactivado.
-Tu forma de luchar, no lo estás haciendo bien - respondió sencillamente.
La Hyuga la miró confundida. No sabía a lo que se refería y, al ver su cara, continúo:
-Hay dos formas de usar el taijutsu de tu clan: la tradicional, la que estás usando y por lo que veo no te pega, y una variante de ella, la cual la flexibilidad es más importante que la fuerza. Creo que esa sería más apta para ti.
La genin parpadeaba confundida aún. Nunca había visto a esa chica, mucho menos era de su clan, y, sin embargo, le estaba dando consejos sobre el puño suave.
-¿Tan mala soy? - se preguntó internamente.
-Me llamo Aneko, Aneko Takumi, ¿y tú? - la ojiperla volvió a la realidad al oírla hablar.
-Hinata, Hinata Hyuga - respondió tartamudeando un poco.
-Bueno, Hinata, creo que necesitas ayuda en tu entrenamiento, y la verdad, yo no tengo nada que hacer por el momento. ¿Quieres que te ayude?
La kunoichi de Konoha estaba confundida. No entendía lo que estaba pasando. Sin embargo, por alguna extraña razón que no sabía, asintió. Tal vez era su necesidad de hacerse más fuerte. No estaba segura.
La jonin de Oto asintió también conforme. Empezó enseñándole posibles variantes de sus movimientos, los cuales eran más fluidos, y cuando la chica lo intentó, se dio cuenta de que de esa manera su forma de luchar mejoraba considerablemente.
Estuvieron un rato entrenando, y mientras lo hacían, hablaban y se conocían.
Hinata le habló de su equipo y las cosas que le gustaban, mientras que Aneko le habló de su familia y vida en Oto.
Después de un par de horas, decidieron parar, y como hacía tiempo que la ojinegra no sabía de su hermano y su padre, decidió ir a buscarlos y la ojiperla le acompañó.
Por el camino siguieron charlando, principalmente del clan Hyuga, ya que la jonin quería hacer ver a la genin que sus tradiciones eran estúpidas y no les dejaba avanzar, a lo cual la kunoichi de Konoha estaba de acuerdo, pero no podía hacer nada.
-Ey, hermana, ahí está. Te estaba buscando - oyeron las chicas a su espalda, no era necesario girarse para saber quién era.
-Hola hermano. Yo también te estaba buscando. Te presento a Hinata, es una amiga. Hinata, este es mi hermano, Raidou - les presentó.
-Hola - saludó el chico.
-Hola - saludó bastante nerviosa la chica.
-Hermano, ¿sabes si padre ya ha terminado? - preguntó la Takumi.
-No lo sé. La verdad es que estuve deambulando un poco por la aldea. Hace poco que me di cuenta de la hora y te empecé a buscar - reconoció su hermano.
-Pues vaya - suspiró.
-Bueno, ¿y de qué estáis hablando? - preguntó con la esperanza de entrar en la conversación, se estaba aburriendo un poco.
-De las estúpidas tradiciones del clan Hyuga - respondió sin más su hermana, como si fuera lo más natural del mundo.
-No todas son malas - defendió la ojiperla.
-Vamos, Hinata, está bien que tu clan se especialice en una forma de taijutsu, pero es estúpido que os cerréis al resto de estilos y artes ninja. Vuestro desconocimiento de otra cosa hará que os maten un día - refutó la ojinegra.
-Disculpa - oyeron decir y se giraron, frente a ellos estaban los ancianos del clan Hyuga - no necesitamos otros estilos de lucha. El puño suave y nuestro byakugan es más que suficiente para vencer a nuestros enemigos - dijo uno de los ancianos.
-Para un enemigo ordinario sí. Para uno que conozca vuestro estilo y sea hábil no - dijo sincera y seria Aneko.
Los ancianos Hyuga no estaban nada contentos con lo que decía la chica. En sus mentes, ella era una mocosa que no sabía lo que decía, ya que su estilo de lucha era perfecto.
-Tú debes de ser la hija de Orochimaru, la que ganó a Maito Gai, ¿cierto? - cuestionó otro de los hombres.
-Así es - afirmó ella sin dejarse intimidar ni un poco por esos tipos.
-Si realmente crees que el puño suave tiene tantas deficiencias, ¿qué te parece un combate para probarlo? - propuso el mismo señor.
-Por mí no habría problema, pero considero que habría que hablarlo con el hokage primero. No quiero que haya malentendidos entre nuestras aldeas - respondió la chica.
-¿Y el otokage? - preguntó otro.
-No creo que mi padre tenga problemas con esto - respondió.
-¿No tendré problemas con qué? - cuestionó otra voz.
-Vaya, parece que el destino quiere que luchemos - dijo otro de los ancianos al ver al hokage, el otokage y al consejo.
Aneko resopló.
-No existe el destino. No discuto que haya cosas que ciertamente están predeterminadas a ocurrir, pero la idea de que cada uno tiene su vida ya dictaminada es absurdo - dijo la chica cansada de las idioteces de ese clan.
Los ancianos la miraron con furia.
-¿Qué está pasando aquí? - preguntó Hiruzen.
-Hokage sama, nos gustaría su permiso para organizar un combate contra la hija de Orochimaru - respondió uno de los ancianos.
-Tengo nombre, ¿saben? - comentó molesta la ojinegra.
-Bueno, si el otokage no tiene problemas - dijo Sarutobi.
-Por mí está bien. Confío en el criterio de mi hija - afirmó el sanin.
-Bien, llamaremos a Hiro para que luche contra esta chica - dijo uno de los Hyuga.
-Primero, me llamo Aneko, Aneko Takumi, no chica. Segundo, pensé que lucharían ustedes. ¿Acaso no creen en sus propias habilidades? - se burló.
-Ja, si nosotros luchasemos contra ti, no tendrías ninguna posibilidad - se jactó uno.
-Eso ya lo veremos - respondió ella.
-¿Quieres apostar? - preguntó otro.
-Ustedes me dirán - afirmó tranquila.
-Si pierdes, reconocerás que nuestro estilo de lucha es perfecto y permitirás que sellemos tu chacra permanentemente - respondieron.
-¿Y si gano? - cuestionó.
-Tú eliges - anunciaron.
-Bueno, estoy entre dos opciones - admitió.
-¿Cuáles? - preguntó Raidou curioso por lo que estaría pensando su hermana.
-Estoy entre que sean ellos los que tengan que permitir que su chacra sea sellado permanentemente o que Hinata venga con nosotros a Otogakure para que pueda entrenar como es debido y aprenda otras áreas - respondió y miró a la chica - Tú decides.
-¿Yo? - cuestionó algo aterrada.
-Sí, ya que no vas a formar parte de esto, tú decides si te molesta o no - la ojiperla no sabía qué decir.
-Eso es cruel. Los ancianos la obligarán a tomar la segunda opción. Ellos nunca permitirían ser vulnerables - comentó el ojiazul.
-También es verdad - reconoció su hermana.
Los ancianos estaban más que furiosos con ellos. ¿Realmente creían que iban a perder? Jamás. Al final dictaminaron que si perdían, Hinata se iría a Otogakure a entrenar y se convertiría en una shinobi de allí, además de que no se le pondría ningún sello ni nada y se le permitiría llevar un par de pergaminos con las técnicas más poderosas del clan. No creían que podrían perder. Eran los ancianos del clan Hyuga, 8 de los miembros más poderosos del clan, su victoria era segura. Hiashi solo esperaba que todo saliera bien y no perdiera a su hija.
