Silencio. Eso era todo lo que había en el estadio.

Después de aclarar lo que le ocurriría a la parte perdedora del encuentro, Aneko y los ancianos fueron a la arena del estadio mientras que los kages iban al palco y el consejo y la gente iba a las gradas para ver el enfrentamiento.

Nadie podría decir con certeza lo que ocurrió. Todo fue tan rápido que hasta los shinobi más experimentados no entendían muy bien cómo lo hizo, pero el hecho era que la chica había ganado a los ancianos en poco más de dos minutos.

No habían sido rivales para la kunoichi. Ella se mostró superior en todo. Mediante ninjutsu, taijutsu y un poco de genjutsu, los eliminó a todos como si fueran unos genins recién graduados de la academia.

No había usado ningún jutsu especial. No le fue necesario. El ego y la exagerada especialización que tenían le hizo todo más fácil y los 8 arrogantes ancianos Hyuga se encontraban en el suelo inconscientes y bastante heridos.

El miedo en los habitantes de Konoha creció. El pensamiento de que esa chica no era humana también aumentó. No podía ser posible.

Hiashi miraba con pena todo. Por culpa de su vanidad, él acababa de perder a su hija mayor, ya solo le quedaba rogar para que ella estuviera bien en la otra aldea.

El hokage y el consejo tenían dos sentimientos. Por un lado, estaban conmocionados por el poder de la chica, y por el otro, agradecían que la alianza fuera casi un hecho ya, solo faltaba aclarar un par de cosas más y ya estaría.

Orochimaru y Raidou veían con una sonrisa todo. Ellos eran conscientes desde el principio que Aneko iba a ganar.

Hinata estaba dividida. Por un lado estaba triste de irse y dejar a su equipo, amigos y familia atrás; por el otro, se alegraba de que sería más fuerte la siguiente vez que se verían.

Sasuke también estaba sonriendo. No cabía duda de que ella era poderosa. Lograría ese poder y la haría su esposa. Su venganza se cumpliría y su clan resurgiría más fuerte que nunca.

Después de eso, no hubo mucho más en los dos días siguientes. La alianza se hizo sin problemas. Hinata preparó sus cosas y se despidió de sus seres queridos. La que tuvo más problemas fue Aneko, ya que el último Uchiha no paraba de perseguirla e intentar conquistarla, algo que no funcionó y solo hizo que la jonin quisiera matarlo. Agradecía que se fueran al día siguiente.

Lo que nadie esperaba era que esa misma tarde, mientras los hermanos Takumi estaban paseando por uno de los bosques que había en la aldea, principalmente para evitar al idiota pelinegro, un grupo de anbu raíz los atacara.

-Aneko y Raidou Takumi, por órdenes de lord Danzo, debéis venir con nosotros - dijo uno de los hombres, el cual portaba una máscara que recordaba a un loro.

-¿Qué pasa si nos negamos? - cuestionó la chica.

Su instinto le decía que algo andaba mal y no debía ir con ellos. Su hermano sentía lo mismo.

-Entonces tendremos que llevaros a la fuerza - respondió el mismo anbu.

-Entonces habrá pelea - dijo el chico mientras se ponía en posición de combate.

Su hermana hizo lo mismo, solo que en su caso sacó sus espadas, ya que pudo apreciar que varios de ellos llevaban tantos en sus espaldas.

El hombre no dijo nada más, hizo una señal y sus compañeros y él empezaron a atacar. La ojinegra se hacía cargo de los que empleaban armas mientras que el ojiazul se encargaba de los que usaban jutsus. Esa era una formación que habían desarrollado para casos como ese.

La batalla casi estaba terminada cuando uno de los anbu empezó a colocar ciertos sellos alrededor de los chicos. Al darse cuenta, la chica mató al hombre y se puso a diseñar un sello para contrarrestar los suyos. No sabía qué hacían, pero no quería correr el riesgo. Además de que tenía sangre Uzumaki en las venas y era una gran maestra en fuinjutsu. Eso no sería un problema para ella.

Antes de que su sello estuviera acabado, se produjo una explosión de chacra detrás suyo. Esto provocó que diera unas pinceladas que no debía, que su sello se uniera al del anbu, y que un poco de su sangre se derramara en él debido al corte que había sufrido en la mejilla.

-Oh no - dijo mientras veía como una luz salía del sello.

Cuando abrió los ojos, pudo notar que estaba en un bosque. Habría pensado que estaba en el mismo lugar si no fuera porque faltaban los cuerpos de los anbu que habían derrotado/matado. Miró detrás de ella y suspiró de alivio. Al menos su hermano estaba allí.

-¿Qué ha pasado? - preguntó confundido.

-No estoy segura - respondió y se puso a mirar el sello.

Su estructura era similar a la del hirashin, pero no era igual. Tenía varias partes diferentes. Lo sabía muy bien. Había estado intentando mejorar la técnica y llevarla a otro nivel, aunque por el momento solo podía usar la forma básica, aquella que hizo tan famoso al destello amarillo.

-¿Crees que estemos muy lejos de Konoha? - cuestionó mirando por encima del hombro de su hermana y deduciendo un poco lo mismo que ella.

-A saber. Tengo que analizar mejor este sello. Tal vez sea la clave para que pueda llevar el hirashin al siguiente nivel - anunció y recogió las hojas que se habían fusionado.

Sin ningún punto para orientarse, empezaron a caminar sin un rumbo fijo, esperando encontrar un pueblo en el cual preguntar por dónde se iba a la aldea. Como no querían tener problemas por el camino, decidieron hacerse pasar por dos chicos normales, por lo que guardaron sus bandas ninja y los chalecos jonin.

-A padre no le va a gustar cuando se entere de lo que ha pasado - comentó Raidou.

-Eso es seguro - confirmó Aneko.

El hecho de que los habían atacado podría provocar una guerra entre Otogakure y Konoha, aunque algo le decía que todo era cosa de ese sujeto, el tal Danzo. No estaba segura de quién era, pero desde luego lo iba a averiguar cuando volvieran a la aldea de las hojas. Además de darle una paliza al Uchiha si no la dejaba en paz.

También tenía otros planes en la cabeza, como era el entrenar a la chica Hyuga. Al ser una jonin, dudaba que su padre o alguien pusiera pegas a que fuera ella su sensei. Además, había visto la mirada de la genin cuando vio a su hermano, y en su mente hacían linda pareja. Desde luego no le importaría que Hinata fuera su cuñada. Sonreía de solo pensarlo, ganándose una mirada confundida y sospechosa de su hermano.

Al cabo de un rato, llegaron a un pequeño pueblo. Allí lograron obtener las indicaciones necesarias para el camino, aunque, por lo que les dijeron, les tomaría un día llegar a pie. Con su velocidad tardarían solo unas horas, pero ambos quedaron sorprendidos al saber que habían sido enviados tan lejos.

Fueron lo más rápido posible. Cuanto más tardaran, más nervioso se pondría Orochimaru. Y tener al sanin de las serpientes nervioso no era buena idea. Aún recordaban muy bien lo que pasó la vez que los que se suponían que estaban cuidándolos los perdieron de vista. Los pobres estuvieron varios meses en cama. Su padre podía ser muy sádico y sangriento cuando se lo proponía.

Ambos Takumi tenían el mismo pensamiento. Sentían lástima por los shinobis que estuvieran a su lado cuando le llegase la noticia de que sus hijos estaban desaparecidos. De ahí que se estuvieran dándose la máxima prisa posible, incluso habían liberado sus sellos de resistencia y gravedad para ir más rápido. A ese ritmo estarían en Konoha en un par de horas.

Cuando estaban bastante cerca de la aldea, oyeron una pelea. Al acercarse, pudieron darse cuenta de que era un grupo de anbu que estaban peleando contra un chico de su edad. Los dos hermanos fruncieron el ceño. La pelea era claramente desigual. Uno contra 15 era absurdo. Claramente ellos podrían hacerlo, pero un chico normal no.

El rubio intentaba hacerles frente con jutsus de clones de sombra y rasengan, lo cual era bastante sorprendente, pero era obvio que el chico no había tenido un entrenamiento adecuado. Sus clones desaparecían fácilmente, cada vez tenía más heridas y se estaba cansando.

Sin pensarlo demasiado, ambos pelinegros se lanzaron contra los anbu. Tal vez era porque consideraban ese enfrentamiento injusto, tal vez por su batalla anterior, o tal vez era una combinación de los dos. En todo caso, intervinieron y acabaron con todos en un instante. El hecho de no tener sus sellos les facilitó mucho las cosas, ya que ninguno pudo igualar su velocidad.

-¿Estás bien? - preguntó la chica mientras sacaba su espada del último anbu.

-Sí - oyó decir a su espalda. Por su tono, pudo deducir que estaba algo asustado.

-No te preocupes. No te haremos daño - dijo y se dio la vuelta.

Al hacerlo, se quedó de piedra al ver al chico frente a él. Miró a su hermano pensando que tal vez se había confundido, pero no. Raidou miraba al chico con la misma expresión perpleja que ella mostraba.

Volvió a mirar al rubio. Su rostro aún mostrando su shock. Estaba claro. Eso no había sido un hirashin normal. Esos cambios habían supuesto más de lo que ella pudo pensar. En ese momento tuvo una idea más clara de lo que estaba sucediendo. No estaba segura de si podría arreglarlo.