Eso no era posible, ¿cómo podía ser?, no tenía sentido. Ambos hermanos estaban confundidos, perdidos, incapaces de moverse o decir algo. Solo podían ver al chico frente a ellos en completo shock, y no era para menos.

El rubio los miraba entre asustado y confundido. Habían acabado con los 15 anbu en menos de un minuto como si fueran unos genins recién graduados y, sin embargo, nada más verlo, ambos se habían quedado con la boca y los ojos muy abiertos.

-Eh, uh, ¿quiénes son ustedes? - preguntó el rubio algo nervioso.

Los dos pelinegros se quedaron en silencios, aún aturdidos, pero al cabo de un par de minutos, los cuales se le hicieron eternos al chico que esperaba, la chica sacudió la cabeza y le respondió.

-Esto, yo me llamo Aneko Takumi, y este es mi hermano, Raidou. ¿Tú cómo te llamas? - se presentó.

El rubio se confundió un poco. Parecía que ellos ya sabían quién era, al menos fue lo que pensó al ver su reacción, pero aún así habló.

-Naruto. Mi nombre es Naruto Uzumaki.

A diferencia de su habitual entusiasmo al presentarse, debido a la situación, no estaba muy de humor como para mostrar su típica sonrisa y su actitud despreocupada y ruidosa.

Los hermanos se miraron. Eran lo que se temían. No estaban seguros de cómo había pasado. La chica sospechaba que era cosa del sello, pero ni ella misma estaba segura. Tendría que hacer pruebas y llegar al fondo del asunto, tal como lo hacía en las investigaciones y experimentos de su padre.

A pesar del estado de confusión y su extraña situación, la ojinegra logró romper el hielo y empezar una conversación con el rubio. Así fue cómo descubrieron que lo habían desterrado porque había fallado en su misión de traer de vuelta a la aldea a su compañero de equipo, lo cual era una estupidez y una injusticia desde el punto de vista de los Takumi.

Al mismo tiempo, ellos le contaron que eran hermanos y un par de cosas más, omitiendo a propósito que era probable que fueran de otra dimensión, que Raidou posiblemente era una versión del Uzumaki, y que su padre era Orochimaru, ya que las dos primeras parecían imposibles, y la tercera sería un error al saber que Sasuke se había ido con el sanin y este era malvado y había atacado Konoha.

Gracias a la gran inocencia e ingenuidad de Naruto, los tres se hicieron amigos muy rápidamente y lo convencieron de ir con ellos, ya que ellos podrían protegerlo y entrenarlo para que fuera más fuerte, a lo cual el rubio aceptó, más cuando le dijeron que tenían sangre Uzumaki y le podrían hablar y enseñar sobre el clan.

No pasó mucho tiempo antes de que los tres abandonaran el País del Fuego. Además, dado que Aneko y Raidou eran conocedores de su ascendencia y su inmenso parecido con su padre, convencieron al ninja renegado de que debería usar un henge para cambiar su aspecto y que así nadie lo reconociera y lo atacara.

Pasaron 6 meses recorriendo el continente. Yendo de un lugar a otro sin rumbo fijo, entrenando y descubriendo cosas. Mientras Naruto era entrenado para que no fuera una presa fácil, algo difícil de lograr dado el bajo nivel que tenía, ya que se notaba que el rubio no tenía ni siquiera una base sólida de entrenamiento, la ojinegra se dedicó a estudiar el sello e intentar reproducirlo para volver a casa.

Durante ese tiempo, Aneko empezó a interesarse por el chico. Era consciente de que técnicamente era su hermano, distinto nombre y apellido, distinta dimensión y distinta vida, pero no dejaban de ser la misma persona, y de ahí que se negara a ese sentimiento en un inicio.

Luego se dio cuenta de por qué le atraía. Era su personalidad. Su forma de ver lo positivo de la vida incluso en los peores momentos. Mientras el pelinegro era similar a ella, algo seria y formal, a pesar de que era alegre y divertida con sus seres queridos, el rubio era todo extrovertido, siendo inocente, ingenuo, bromista y ruidoso. Y fue esa diferencia lo que le gustó de él. Además de que le gustaba sus bigotes y pelo rubio. Le quedaba mejor con esa actitud alegre.

Antes de darse cuenta, su genética se hizo cargo por ella. De forma inconsciente se mostró ante él con una forma más serpentina de lo que normalmente mostraba, más seductora, más descarada y más astuta. Tal como una auténtica Takumi se comportaba cuando quería cautivar a su presa.

Raidou se dio cuenta de ese hecho y le hizo mucha gracia. Jamás había visto a su hermana en plena acción de seducción, pero lo más divertido fue que Naruto no se dio cuenta de ese hecho, lo cual frustraba un poco a la pelinegra.

Pasó un año desde que llegaron a esa dimensión antes de que la chica se diera cuenta de algo. Ella y su hermano no envejecían. No mostraban ningún cambio físico en todo el tiempo que habían estado allí, a diferencia del rubio, quien sí lo hacía y se mostraba un poco más alto y mayor.

Esto la hizo estremecerse. Algo iba mal, y no quería que su novio potencial se mostrara mucho más mayor que ella, por lo que le regaló un collar al chico. Según la chica, era un regalo de cumpleaños con retraso, ya que en su cumpleaños no le pudo regalar nada porque estaban en medio de ninguna parte. Él lo aceptó un poco sorprendido pero feliz, sin saber que con ese collar Aneko podía hacer funcionar su jutsu de la inmortalidad, el que había diseñado para su padre, ya que era una de sus metas, la inmortalidad para poder aprender todos los jutsus.

Con ese collar en su cuello, el envejecimiento del Uzumaki se detuvo, quedando con el aspecto de un chico de 14 años, solo un año mayor que ella. Al pelinegro no le hizo mucha gracia que su hermana hiciera eso sin consultarlo, pero la ojinegra lo convenció de no contárselo.

Después de estar intentando que Naruto se fijara en ella por dos años, se dio cuenta que a ese ritmo no lo lograría en la vida, por lo que cambió de plan y fue directa en decirle lo que sentía.

El rubio se sorprendió bastante de su confesión, pero reconoció que a él también le gustaba un poco ella, pero que aún así él seguía enamorado de Sakura, su antigua compañera. Eso no fue un problema para ella. Solo significaba que tenía que insistir más, y así lo hizo.

Antes de que pasaran 3 años, ambos eran pareja, y el chico había mejorado enormemente sus habilidades. Además, había comenzado a llevarse bien con Kurama y podía usar el modo chacra. Esto gracias a que la pelinegra creó una copia de la llave del sello gracias a su sharingan.

También le contaron la verdad sobre que ellos venían de otra dimensión, que Raidou en realidad era él, que eran hijos de Orochimaru, que en su dimensión eran aliados de Konoha, y que ella usó un jutsu de la inmortalidad en él, de ahí que no creciera ni envejeciera. Irónicamente, esto fue lo que más le molestó, ya que se sentía enano y eso que, técnicamente, tenía 16 años.

Al final lo asimiló todo y perdonó a Aneko por haber hecho ese jutsu en él sin pedirle permiso, ya que entendía que lo hizo para que ellos tuvieran una edad similar, además de que eso explicaba muchas cosas.

Un vez se arregló todo, la pelinegra le informó que hacía casi dos años que había logrado crear el sello que les permitiría volver a casa. Con esto, también le dijo que era decisión suya si iba con ellos o no, aunque esperaba que sí, ya que esperó todo ese tiempo para volver con la esperanza de que el rubio se fuera con ellos y fueran novios.

Naruto le sonrió al puro estilo Uzumaki y le dijo que sí. Con esas palabras, la Takumi se puso a hacer los sellos necesarios para crear un portal a su dimensión. Una vez estuvo listo, los tres cruzaron, apareciendo en el mismo lugar donde los hermanos habían tenido su pelea con los anbu.

Debido al riesgo de que alguien se enterase de que se podía viajar por otras dimensiones con un sello, además de que alguien descubriera al jinchuriki rubio, este se transformó en un kunai, el cual la ojinegra guardó en la bolsa de armas que tenía en su pierna.

Los chicos se pusieron de nuevo sus bandas ninja y sus chalecos jonin, y salieron disparados fuera del bosque con la intención de ir a buscar al otokage y al hokage para contarles del atentado. Una vez estuvieran seguros en Oto, también le contarían a su padre lo que pasó con el sello y el hecho de que Aneko ahora tenía novio.