Los sanin son reconocidos por varias cosas, entre ellas su inmenso poder y su participación en dos guerras shinobi. Son personas fuertes y hábiles. Cada uno destacando en un área: Tsunade en ninjutsu médico, Jiraiya en espionaje, y Orochimaru en ninjutsu y genética.
Este último también es alguien con una gran inteligencia. Es capaz de crear los planes más eficientes para una pelea, batalla o guerra. Su intelecto se compara con el del clan Nara, y en parte esto se debe a su gran autocontrol y análisis. Nadie podría decir que actúa sin pensar o que se deja llevar por sus emociones, a diferencia de sus compañeros de equipo.
Pero en ese momento, por primera vez en su vida después de la muerte de sus padres, sus emociones le ganaron, lo cual hizo que se quedara completamente en shock ante lo que veían sus ojos y la explicación que le estaba dando su hija.
Ni siquiera reaccionó así cuando le dieron la noticia de que era padre, de que su amante había tenido una niña cuatro años antes. Él se mantuvo frío, orquestó un plan y fue por ella. No salió como él esperaba y al final partió de la aldea con la chica y el hijo de su más odiado enemigo, pero eso no perturbó al sanin de las serpientes.
Esto sí. No fue el hecho de que Aneko y Raidou hubieran sido atacados. Eso se lo notificaron cuando aún estaban en Konoha y lo arreglaron con el hokage. Al final Danzo pagó por sus crímenes y fue ejecutado, para gran satisfacción de no pocas personas.
Tampoco fue el hecho de que una mezcla de dos sellos llevara a sus hijos a otra dimensión y que su hija lograra reproducirlo para volver, no solo con su hermano, sino con otro hijo del yondaime hokage, lo cual no fue muy grato, pero podía con ello. Después de todo, Naruto Uzumaki era su hijo adoptivo con otro nombre y apellido.
No. Nada de eso fue lo que provocó que uno de los tres legendarios sanin, el más frío y racional de todos, se quedara en shock. Sino el hecho de que ese otro kyubi jinchuriki fuera el novio de su pequeña. Y como cualquier otro padre, aunque muchos podrían creer lo contrario, este era bastante protector con su hija.
Nada más salir de su confusión y sorpresa, miró al rubio con una gran cantidad de instinto asesino, logrando así poner nervioso al chico. Si no fuera porque ya había experimentado algo similar de la ojinegra cuando se enfadaba, creía que se habría desmayado en ese momento.
-Como el infierno que voy a dejar que me quites a mi niña - dijo completamente furioso Orochimaru.
-Deja de exagerar, padre. Solo era cuestión de tiempo que encontrara a alguien. Deberías alegrarte de que sea alguien apto para mí en lugar de pensar que me voy a alejar de ti solo porque tengo novio - comentó la pelinegra como si nada.
-Lo de que es apto lo comprobaré yo mismo, y como vea que no lo es, es probable que no salga vivo - afirmó aún muy molesto, haciendo que Naruto tragara duro y que Aneko lo fulminara con la mirada. No le gustaba cuando su padre cuestionaba su juicio. Era una Takumi después de todo.
Padre e hija tuvieron un concurso de miradas, algo típico entre ellos cuando no estaban de acuerdo en algo. La voluntad más fuerte, el que durara más mirando al otro, ganaría la batalla y la discusión.
El rubio sudaba a balas. No solo eran sus miradas, también era el instinto asesino que filtraban ambos, era asfixiante. Miró a su otro yo, el cual estaba bastante tranquilo. Envidiaba esa calma, pero era comprensible, lo más seguro era que él estuviera acostumbrado a eso.
El 90% de las veces ganaba el sanin, como era natural, él era el adulto y el padre, pero había otro 10% en el cual ganaba la adolescente, ya que se mostraba inflexible a perder. Como era en esa ocasión.
Finalmente, Orochimaru dejó de transmitir su instinto asesino, cerró los ojos y suspiró. Había perdido. Su hija podía llegar a ser muy cabezota en ciertas circunstancias. Para su inmensa desgracia, esa era una de esas veces.
Con una sonrisa alegre y maliciosa, se dirigió a su novio con pasos saltarines, y al llegar frente a él, le plantó un beso en los labios. Saboreando el momento.
El invocador de serpientes no estaba contento, es más, lanzaba con la mirada dagas envenenadas al chico, el cual estaba tan centrado en su confusión y el beso de su novia que no se dio cuenta de este hecho.
-No es por cortar el momento ni nada, pero te recuerdo que has quedado con Hinata para enseñarle la aldea y empezar su entrenamiento - le comentó Raidou a su hermana.
-Es verdad - le dijo y se dirigió al chico a su lado - Vamos, así también te enseño a ti la aldea.
Sin esperar una respuesta de Naruto, le agarró y empezó a tirar de él ante la mirada divertida de su hermano, y la furiosa de su padre. En el caso del primero, los siguió, mientras que el segundo se dirigió a su despacho. Tal vez el papeleo le haría olvidar que su pequeña tenía pareja.
Al llegar al nuevo hogar de la Hyuga, llamaron a la puerta y ella salió. Estaba nerviosa, se notaba bastante, su nuevo hitai ate alrededor de su cuello. Ya no portaba el símbolo de la hoja, sino la nota musical que mostraba que era una ninja de Otogakure.
Era extraño para ella cómo su vida había cambiado tanto en solo un par de días, y eso solo acababa de empezar. Primero conocería el pueblo al que iba a servir, y luego empezaría con su nueva sensei, la cual se mostraba frente a su puerta con su hermano y un chico rubio.
-Hola - saludó con un ligero tartamudeo.
-Hola - saludaron los otros tres, en el caso del Uzumaki, sorprendido de ver a la chica frente a él. La reconocía de su dimensión, pero no entendía por qué en esa ella vivía allí.
-Hinata, te presento a Naruto, mi novio - dijo la ojinegra con una sonrisa.
La ojiperla parpadeó confundida. Aunque no la conocía mucho, habían hablado un poco, y estaba segura de que ella no tenía novio cuando estaban en Konoha.
-Sé que no te hablé de él. La verdad es que hemos empezado nuestra relación recientemente. Lamento no haberte dicho antes, pero se me pasó. En fin, tu entrenamiento empieza hoy a las 5 en el campo de entrenamiento número 27. Hasta entonces, mi hermano te enseñará la aldea - siguió la jonin.
-Ey, ¿cómo que yo le enseñaré la aldea?, no me… - antes de que pudiera decir algo más, la pareja ya estaba a varios metros de distancia, y su hermana se estaba disculpando mientras arrastraba a su novio por las calles.
Suspiró resignado. Ya sabía él que algo estaba tramando. La culpa era suya por haberla acompañado. Se encogió de hombros. No era como si tuviera algo mejor que hacer. Ya se las cobraría. Mientras tanto, sería el guía de la nueva habitante de la aldea.
Hinata lo siguió bastante inquieta. Nunca había estado sola con un chico. Apenas y salía sola con sus dos compañeros de equipo. Pero tampoco era para tanto. Solo le estaba mostrando el lugar. No era nada especial. Pero eso no evitó que sus mejillas se volvieran rojas y su corazón latiera más rápido. Agradecía que el chico estuviera mirando al frente y no a su cara, si no, habría notado su gran sonrojo y su nerviosismo.
Lo que ella no sabía era que él sí había visto su estado. No necesitaba mirarla fijamente para notarlo. Una simple mirada de reojo fue más que suficiente. No entendía el por qué de su inquietud. Realmente se le hacía extraño, pero tampoco era como si fuera a preguntarle. No había esa confianza entre ellos todavía.
Desconocido para ambos, tanto Aneko como Naruto, este último más obligado que por otra cosa, estaban espiándolos desde la distancia. La Takumi no había olvidado su idea de que esos dos terminaran juntos, es más, había ideado varios planes en esos tres años que estuvieron fuera de su dimensión. Solo faltaba ponerlos en práctica.
-¿No crees que deberíamos darles algo de espacio?, es decir, dejarlos solos y ver lo que pasa - preguntó el rubio.
-Eso estamos haciendo. No estamos con ellos. Sencillamente los observamos desde la distancia - le respondió la pelinegra.
-Aún así, creo que no deberíamos estar aquí - comentó el ojiazul.
La ojinegra hizo un gesto con la mano quitándole importancia. Sus ojos no se despegaban de las figuras de su hermano y la ojiperla.
El Uzumaki suspiró, derrotado. Sabía que nada de lo que dijera la persuadiría de irse. Así que imitó el gesto de su novia y miró a la futura pareja, porque si de algo estaba seguro, es que si Aneko quería verlos juntos, al final acabarían juntos.
