Notas: ¡Hola a todos! Gracias a los que han agregado la historia a las alertas y a Corazon de Piedra Verde por dejarme un review. Este fic es como una galleta, la hago porque me gusta, me encanta comerla pero también me gusta compartir y saber que el sabor es bueno (o tal vez malo). Si les gusta dejen sus reviews, sé que estoy siendo muy lenta para actualizar y no prometo hacerlo con la misma consistencia con la que actualizo mis demás fics porque siento que este me va a costar un poquito más de trabajo en desarrollar pero prometo hacer mi mejor esfuerzo si ustedes me dejan sus reviews; son como las espinacas a Popeye.
De nuevo con la mala noticia para muchos, el fic todavía no tendrá romance, al menos no entre nuestros dos principales así que no se desesperen por favor, yo tiendo a hacer las cosas un poquito lentas pero prometo darles algo muy chido al final (bueno, eso espero). El capítulo anterior fue un prólogo, obviamente porque dice arribita, y en este empezamos con una pequeña introducción de cómo son las cosas en un día normal con Sesshomaru y los demás. De nuevo les recuerdo que no está basado en el final dado por el Kanketsu-hen, la única similitud es que ya vencieron a Naraku y las parejas canon están juntas y con hijos, sólo eso.
SUMMARY: Después de la batalla contra Naraku, el grupo de Sesshomaru continúa unido con la adición de un antiguo acompañante, Kohaku. Rin crece y se desarrolla como una adolescente fuerte y determinada, lista para enfrentar cualquier reto mientras que Sesshomaru vaga por todo Japón en busca de un propósito. ¿Con qué clase de retos se encontraran en el camino?
El viaje apenas comienza
Sesshomaru se encontraba recargado sobre el tronco de un árbol con los ojos cerrados mientras el helado aire de las montañas resoplaba entre su cabello. La nieve caía poco a poco, llenado el paisaje de una blancura inmaculada mientras escuchaba las risas de Rin en la cercanía junto con el sonido de Kirara y Kohaku jugar en la nieve. La pequeña quien lo había acompañado desde hace varios años de pronto dejó de ser una niña y se convirtió en una jovencita con muchas cualidades. No había razón para que siguiera a su lado, aún así, siempre estaba ahí, cada mañana con el mismo rostro inocente de su infancia. Kohaku se había transformado ya en un joven bastante fuerte y maduro pero aún así no perdía las ganas de jugar entre la nieve con sus amigos, simplemente jamás dejaría de divertirle.
-Rin- llamó Sesshomaru con voz profunda a la joven quien llevaba puestas varias capas de ropa debido al frío.
Se acercó poniéndose de cuclillas frente a su amo sosteniéndose con los muslos, apoyando las manos sobre sus largos pantalones de algodón. Sonrió mientras esperaba a las palabras de Sesshomaru quien abrió ligeramente los ojos al sentir la presencia de Rin frente a él.
-Si van a comer deberán conseguir su propio alimento; solos-
-Eso no es ninguna novedad- exclamó la joven entre risas ya acostumbrada a la formalidad de su amo –No se preocupe; también le traeremos algo- contestó guiñándole un ojo al youkai quien simplemente volteó hacia otro lado, ignorando el amistoso gesto de Rin, quien se alejó entrelazando su brazo entre el del joven Kohaku mientras se internaban en el bosque.
Ambos muchachos caminaron hasta llegar a un pequeño riachuelo a punto de congelarse y gracias a su buena suerte, encontraron varios pescados atorados entre los cuerpos de hielo que se estaban formando en el agua. Rin tomó un pedazo de tela que colgaba de sus ropajes y tomó unos cuántos peces envolviéndolos para no enfriarse tanto las manos.
-Parece ser que el invierno nos quiere matar de hambre- dijo Kohaku tomando uno de los pequeños peces y echándolo junto con los demás. –A veces en momentos como este desearía regresar a la aldea, al menos ahí hay frutos guardados de las cosechas del otoño- dijo dejando escapar un suspiro mientras caminaban de regreso al campamento.
-Podemos ir de visita- dijo Rin sosteniendo el envoltorio de tela contra su pecho –sirve que ves a tu familia y recolectamos algo de alimento para el invierno; no nos vendría nada mal-
Los jóvenes caminaron con un pequeño festín entre las telas que rápidamente empalaron y expusieron frente al fuego de la frágil fogata que amenazaba con apagarse por la insistente nieve que caía. Jaken observaba de lejos con el gruñido de sus pequeñas tripas a todo lo que daba y se acercó con la excusa de recriminarlos por haber roto sus ropajes; Rin sabía lo que el pequeño youkai se traía entre manos por lo que le ofreció una ramita con un pez recién asado que al instante devoró con lágrimas en los ojos. Rin tomó otra rama y corrió hacia su amo extendiendo el bocadillo frente a él, como siempre, el youkai le dirigió una mirada con desdén e intentó ignorarla, pero la joven que se las sabía de todas, todas, insistió y encajó la ramita sobre la nieve dejándola a su alcance para que la tomase cuando ella no estuviera viendo.
Así era siempre, Rin ya conocía a su señor, tan orgulloso y reservado para expresar lo que sentía pero sabía que a pesar de su carácter distante, él también sentía la misma devoción que ella por él. Era un trato mudo concretado por las acciones del pasado, ambos se debían mucho y sin embargo nunca habían hablado sobre eso. La joven sabía que lo tenía como alguien fiel y que su respeto y admiración por él lo acompañarían siempre. Se sintió feliz de poder continuar a su lado, fue por eso que le pidió a Kohaku que le mostrara las técnicas del exterminador para ser autosuficiente y demostrarle a su amo que si continuaba a su lado era por su compañía, no por su protección.
Mientras compartía la comida con sus amigos recordó cuando su amo se enteró de que estaba entrenando con Kohaku. Fue un día de verano mientras él se encontraba ausente; recordaba bien porque el pasto aún seguía húmedo adornado por pequeños puntos rojos que eran catarinas entre los matices verdes de la hierba. Ella y su compañero intercambiaban golpes con armas hechas de hueso; Kohaku con su gancho de hueso mientras Rin contraatacaba con una alabarda del mismo material; arma que habían hecho juntos y que obviamente pretendían, era de Kohaku.
-Rin, tu ataque es firme pero el contraataque necesita más refuerzo; voy a golpear y tú tratarás de devolver la fuerza al doble, ¿entiendes?- indicó Kohaku abalanzándose a toda velocidad hacia ella.
-Hnn-
Al escuchar aquel sonido se detuvieron asustados, mirando al youkai como si estuvieran viendo las mismas puertas del infierno. Rin dejó caer la alabarda a su lado esperando a que su amo dijera algo pero no había palabras saliendo de su boca, sólo esa fría mirada que siempre llevaba. Se dio la vuelta sin decir nada más y la pequeña niña, un poco ya mayor que desde que la había conocido, corrió detrás de él buscando su aprobación.
-Amo Sesshomaru, estoy haciendo esto por usted- dijo llevándose las manos al pecho.
-Has como quieras Rin; estás aquí porque eso quieres, yo no te obligo a nada- respondió el youkai sentándose sobre una roca mientras apoyaba su mano sobre su flexionada rodilla, mirando hacia el cielo.
Con una sonrisa más grande que la misma luna, Rin volvió con su amigo y continuó practicando haciendo sonreír a su amo en el anonimato, sin que nadie pudiera verlo.
O
Una mañana los jóvenes empacaron sus cosas y se montaron sobre Kirara y Ah-Un. Sesshomaru sabía a dónde se dirigían y no opuso resistencia, más bien, cualquiera diría que era indiferente de no ser porque se encontraba presente mientras los chicos se preparaban para partir, casi, casi como si fuera a despedirlos y asegurarse de que no faltara nada. Kohaku y Rin se alejaron en el aire agitando las manos obviamente no recibiendo una respuesta a cambio pero eso no importaba. Al dejar atrás las siluetas de sus compañeros, los jóvenes se sintieron con la emoción de un viaje que estaban esperando desde varios días atrás. En pocas horas llegaron, ya que no se encontraban tan lejos y al descender al suelo las caras sorprendidas de sus amigos los recibieron. Sango corrió hacia su hermano, quien la elevó en sus brazos mostrando su fuerza ante la sorpresa de todos de verlo tan grande. Los hijos de Miroku y su hermana se encontraban al lado del monje; las dos niñas se veían ya bastante grandes mientras que el más pequeño ya no era un bebé. Kagome e InuYasha se integraron a la bienvenida con un niño un poco más pequeño que su sobrino y una recién nacida que dormía en los brazos de la joven.
-¡Cuánto tiempo!- exclamó Miroku levantando los brazos en un saludo. – ¿Por fin han venido a anunciar su compromiso?- preguntó su cuñado tratando de hacerlos sentir incómodos para diversión suya.
-¡No!- exclamó Rin llevando sus manos a dos pequeños puños que encerraba con fuerza –Venimos a visitarlos y a tomar algunas provisiones- respondió con la sinceridad que le caracterizaba.
Kagome giró los ojos ante la broma pesada de Miroku, quien ya sabía cómo se ponía Rin cada que una de esas bromas se hacía y con justa razón ya que la joven parecía no tener ningún interés en Kohaku, no de esa manera. Entraron a la cabaña mientras conversaban sobre los viajes de los chicos que tenían ya más de medio año de no visitar la aldea. Sería una noche larga.
