Notas: Disculpen la lentitud de los capítulos pero perdónenme si me gusta ver cómo se desarrollan las cosa con lentitud y pequeños detalles, no lo puedo evitar.


Feliz cumpleaños

Rin había salido en la madrugada para mirar una lluvia de estrellas. Todos dormían y pensó que tal vez sería buena idea avisarles pero no se quería perder de nada así que, sintiéndose algo egoísta se quedó sentada sobre el pasto mientras el cielo se adornaba de pequeños listones plateados que atravesaban el manto negro uno a uno.

-Rin- dijo una voz conocida. Kagome había salido de la cabaña tallándose los ojos mientras bostezaba y se sentaba con ella. Se alegró al ver las estrellas y se acostó sobre el suelo para relajarse mientras disfrutaba del espectáculo nocturno. –Iba a preguntar por qué estabas despierta hasta tan tarde pero ahora veo por qué-

La joven asintió.

-En unos días cumplirás años, ¿recuerdas?- preguntó la sacerdotisa mirando a una sorprendida Rin.

-No, lo había olvidado por completo-

-Cumplirás diecisiete, si mal no recuerdo. ¿Qué te parece si te hacemos una pequeña fiesta?-

-¿Fiesta?- preguntó ante el término que era desconocido para ella.

-Lo siento; sí, una celebración, una reunión-

La chica pensó por un rato mientras se concentraba en las estrellas que adornaban la noche como nunca.

-Está bien pero quiero que el señor Sesshomaru esté aquí-

Kagome asintió sentándose mientras unas hojitas se caían de la tela de su traje de sacerdotisa. –Claro; ¿qué te parece si le enviamos mañana una pequeña notita con Kirara para que venga?-

-¡Sí!-

A la mañana siguiente la nekomata salió con una carta encargada para ser recibida por Sesshomaru. Kagome abrazó por los hombros a Rin adentrándose hacia la aldea en donde se encontraban todos sus amigos. Los días pasaron rápido con preparativos por acá y allá. Los conocimientos tan particulares de la sacerdotisa hacían de su esperada fiesta de cumpleaños bastante emocionante. En esos días, había ido a su época y regresado con dos envoltorios de un material extraño que ella llamaba pasteles; todos los conocían menos ella y Kohaku, supuso que eso pasaba porque convivían muy seguido y seguramente que en un evento especial Kagome acostumbraba llevar esas cosas para conmemorar algo.

El día había llegado y Kagome insistía en que se vistiera con un kimono de fiesta pero Rin deseaba celebrar su cumpleaños con su traje de exterminadora ya que le fascinaba.

-Está bien, es tu cumpleaños- contestó amablemente.

No habían acordado en comenzar la celebración hasta que atardeciera por lo que Rin no se preocupaba de que su amo aún no llegara. Todos la observaban de una manera que no sabía explicar cómo la hacía sentir pero suponía que le tenían cierta lástima porque sospechaban que tal vez el taiyoukai no pondría ni la punta de sus zapatos en la aldea y menos si InuYasha estaba ahí. ¿Qué más podía hacer? Sólo esperar a que su amo se tocara un poquito el corazón –si es que tenía- y asistiera pero por el momento no se preocuparía por aquello ya que tenía muchos niños con los cuáles podía jugar y muchas flores que cortar para la fiesta.

Faltaba poco para el crepúsculo y Kagome comenzó con la celebración. Algo cabizbaja porque Sesshomaru todavía no llegaba, Rin pretendía estar alegre cuando en realidad se moría de ansiedad por verlo llegar. No quería ningún regalo, sólo quería verlo estar ahí con ella en un momento tan importante –que había olvidado por cierto-. Todos comenzaron a cantar una canción en un idioma que no conocía pero igual sonreía al ver a sus amigos –menos a Kohaku- cantarle con tanta alegría. Los pasteles tenían fuego sobre ellos pero parecían no incendiarlos "bien" pensaba, era algo nuevo. Todos pidieron que apagara el fuego con un soplido y que pidiera un deseo mientras lo hacía. "Deseo que el señor Sesshomaru esté aquí". Todos aplaudieron una vez que el fuego se apaciguo y Kagome comenzó a cortar pequeños pedazos que luego repartió en una vajilla muy extraña con colores y objetos raros; estaba bien, ella era rara.

-Toda Rin. Feliz cumpleaños-

La joven tomó el pastel en sus manos y lo saboreó experimentando un nuevo sabor en su boca. Sonrió ampliamente con los dientes manchados de café y todos reían al ver la espontánea reacción de la joven mientras que Kohaku inspeccionaba el trozo que tenía en las manos y llevándose un pedazo pequeño a la boca con cautela. Miroku embarraba un poco del pastel en el rostro de su esposa quien no dudó ni un segundo para infundirle una gran cachetada mientras sus hijos se acercaban a su padre y lo jalaban de las ropas embarrándolo a él de ese pastel de chocolate como lo llamaba Kagome.

De pronto los ojos de todos parecían dos grandes perlas blancas. Rin volteó hacia atrás y ahí estaba su señor, de pie afuera de la cabaña como siempre con ese garbo inquebrantable. Con entusiasmo se puso de pie y corrió hacia él abrazándolo con agradecimiento. El youkai pasó su mano sobre el cabello de Rin con delicadeza y la separó sosteniendo algo.

-¿Es para mí?-

-Hnn-

Rin lo tomó con entusiasmo y lo desenvolvió rápidamente del pedazo de tela que lo envolvía. Se fascinó al ver que se trataba de una peineta y un espejo de perlas que brillaba con su nacarado color blanco. Lo miró sonriente y tomó su mano para llevarlo a donde estaban todos los demás. Sabía que no estaba cómodo con ello ya que sintió la tensión de su cuerpo al acercarse pero al no oponer resistencia Rin continuó con su propósito y lo introdujo en la cabaña para sorpresa de todos.