Doble cara
Mientras caminaban hacia la nada, Rin montaba sobre Kirara sosteniéndose de la cintura de Kohaku. La joven parecía quedarse dormida de vez en vez, siendo interrumpida por los repentinos saltos de la felina. Jaken, como siempre, se adhería al moko-moko de Sesshomaru y se dejaba arrullar por el viento y la suavidad del pelaje que lo rodeaba. El cielo cambiaba de color con cada hora que transcurría y el youkai parecía no tener ningún interés en detenerse a descansar por lo que el joven decidió llamarlo, cosa que rara vez hacía ya que, como Sesshomaru, Kohaku era un joven bastante callado y serio.
-Oye, ¿cuándo vamos a detenernos?-
Al notar que ningún aire de respeto rodeaba aquel cuestionamiento, Jaken no perdió el tiempo y automáticamente reprendía al joven desde su cómodo lugar mientras Sesshomaru aún daba la espalda al avanzar entre los árboles. No hubo respuesta. El youkai sabía por qué hacía la pregunta; por el interés de Rin. Ya lo había notado desde hacía ya varios años. El interés que Kohaku tenía por Rin era más que notorio, no se requería de un olfato agudo para percibirlo. Se preguntaba si Rin tendría el mismo interés por el joven aunque instantáneamente negó toda posibilidad, si bien, aunque como todas las hembras, Rin entraba en periodos reproductivos, el youkai aún no percibía libido de su parte. Era extraño que pensara en esas cosas pero la sacerdotisa lo había hecho pensar. Gran parte de los humanos terminan buscando aparearse y establecerse en manadas, del modo en que Sesshomaru veía. Se preguntaba si estaba siendo impedimento para el proceso natural de una humana que a la larga, no haría otra cosa más que estarse poniendo en riesgo si seguía acompañándolo. Un estornudo lo sacó de sus pensamientos, era de Rin. Sin necesidad de un quejido supo que la joven se había enfermado y que seguramente las temperaturas frías del invierno y del atardecer darían su lucha más grande por empeorar su condición por lo que descendió al ver que cerca de ahí había una cueva en donde podría recostarla y encender una fogata.
Kohaku ayudó a la joven a bajarse de Kirara ya que de pronto una tos la atacaba insistentemente. Refugiándola bajo una piel de oso, la llevó al interior de la cueva en donde se encontraba Jaken tratando de encender una fogata por orden discreta de su amo quien se encontraba reposando tranquilamente en la entrada. El joven colocó a Rin en el interior de la cueva y arrebató de las pequeñas manos del demonio las piedras con las que inútilmente intentaba prender fuego. Sin dificultad alguna, una fogata bastante decente alumbró los rincones de las rocas y tomó a Rin de las muñecas para acercarla al calor ya que el frío parecía filtrarse con más violencia conforme la tarde caía.
-Creo que me enfermé- dijo Rin rompiendo el silencio.
-Eso ni se cuestiona- contestó Kohaku quien tenía su mano sobre la frente de su amiga –Ten, toma esto- dijo ofreciéndole un pequeño bote de cuero que Rin tomó.
Olió su contenido y el olor era tan ácido que Sesshomaru no pudo evitar fruncir el ceño. La sustancia que con pesadez llenaba el contenedor era una mezcla de yerbas y sangre de jabalí, una mezcla que el padre de Kohaku le había enseñado como parte de su entrenamiento exterminador por lo que Rin ya sabía a lo que se enfrentaba, ya que la receta de ese brebaje fue una de las primeras cosas que aprendió con Kohaku como su maestro. Con cierto temor de sentir aquel sabor en su boca, tomó el bote y con lentitud vertió un poco de aquél líquido en su boca sintiendo los amargos sabores despertar reflejos en su garganta como si estuviera a punto de vomitar. En un brusco movimiento extendió la botella para entregárselo a su amigo y se apretó el cuello mientras sacaba la lengua y hacía ruidos extraños.
-Sí, tiene un mal sabor- dijo Kohaku sonrojado al ver el evidente malestar de Rin al probar su medicina.
Rin dejó de hacer gestos y se recostó sobre el suelo, envolviéndose sobre la piel de oso temblando de vez en cuando. Kohaku tomó lugar a su lado vigilándola con suma atención mientras que Jaken se alejaba con fingido desdén hacia donde se encontraba su amo, dándole la espalda a la luz mirando hacia las estrellas.
-Yo no sé por qué esos dos no se van- decía Jaken quejándose mientras se sostenía de su bastón para sentarse al lado de Sesshomaru quien no le prestaba ni un mínimo de atención –Debieron de haberse quedado en la aldea para seguir con su vida como humanos, en vez de entorpecernos-
Sesshomaru volteó hacia donde se encontraban Rin y Kohaku y al ver que el joven sostenía muy cerca a su cuerpo a la joven, no pudo evitar sentir un deseo de marcar su territorio. No era algo intencional, simplemente sus instintos brotaron y lo impulsaron a ponerse de pie y plantar sus piernas frente a ambos. Ella dormía mientras que el joven sostenía la cabeza de Rin en su hombro como si estuviera arrullando a un bebé. Kohaku alzó la vista y se desubicó al ver al youkai de manera imponente frente a él. Conocía el lenguaje que estaba usando, tanto tiempo exterminando demonios y estudiando sus estilos de vida; los inu-youkais no eran la excepción, tal vez no para fines de exterminación, tomando en cuenta que en general, si llegaba a luchar con algún demonio, siempre era con aquellos que carecían de razonamiento lógico y que eran en su mayoría salvajes. Al darse cuenta de que su compañero se sentía con la necesidad de acentuar su liderazgo y lugar como macho alfa, se alejó de Rin con prudencia, ya que no quería provocar una situación que comprometiera su estancia junto con ellos.
-Está bien, me iré al otro extremo de la cueva- dijo el joven por fin, poniéndose de pie, no en un acto sumiso sino más bien como una especie de ofrenda de paz.
-Puedo oler tus intenciones- masculló Sesshomaru con cierto rencor.
-Y yo puedo leer lo que tus acciones significan- contestó el humano sonriendo con falta de aliento ante la usual actitud del cerrado youkai. –Es comprensible, Rin, siendo la única hembra en esta manada la consideras de tu propiedad pero toma en cuenta que ella no es un inu-youkai o cualquier otra hembra, es un ser humano que toma decisiones-
-No busques razón en algo que no comprendes- respondió con prepotencia el youkai dándole de nuevo la espalda y tomando su lugar un poco más cerca de Rin pero aún a distancia.
-Sabes que tengo la razón- prosiguió Kohaku mientras lijaba la piel de sus botas –Rin ha sido tu protegida y ahora que se encuentra en una edad prometedora para el apareamiento naturalmente la acedias por el olfato tan sensible que tienes pero no te confundas al pensar que eso es algo que te arrastra hacia ella porque no es así-
Las palabras de Kohaku lo estaban irritando. La forma de decirle las cosas con tanta determinación como si hubiera estudiado cada movimiento suyo y las conclusiones de que sus observaciones fueran correctas, sin embargo, algo sí era cierto, su súbita actitud se debía a una lucha de territorio y eso le molestaba. Ahora que la joven tenía la edad para tomar sus propias decisiones era momento de que pensara en su futuro. Realmente el youkai no quería admitir que estaba preocupado por lo que sucedería, si la joven permanecería a su lado, siguiéndolo hacia un fin incierto, perdiéndose de una vida normal como ser humano o si se asentaría junto con Kohaku en la aldea bajo el cuidado de Kagome y los demás. Otra opción era fiable, la de volver al palacio y asentarse ahí indefinidamente. Por razones totalmente ajenas a él, estaba pensando en el futuro de la muchacha y ni siquiera se había puesto a pensar en que eso era algo definitivamente extraño en él, por no decir que imposible. Aunque estaba dicho que él no se hacía responsable por ella, sus acciones contradecían totalmente aquellos contratos verbales que en más de una ocasión le recitó a la niña ahora casi adulta. No obstante, decidió hablar con la humana en cuanto la oportunidad de se presentara. Para nadie era sorprendente cuando, al encontrarse Rin en algún apuro, Sesshomaru fuera a su asistencia por lo que su orgullo no debía doblegarse si se hacía con las palabras correctas; esperaría hasta el amanecer, no perdería más tiempo.
