Flor en el invierno

El sol del amananecer pintaba de anaranjado la capa de nieve que se derretía lentamente. Kohaku se levantó bruscamente y buscó rápidamente sus botas. Se puso de pie y estiró los brazos. Su espalda comenzó a emitir varios tronidos y después de cada uno suspiraba de alivio. Moviendo los brazos de lado a lado observó el resto del campamento. Sesshomaru aún dormía cubierto bajo la sombra del árbol al igual que Rin que descansaba su cabeza sobre sus brazos. Kirara en su forma gigantesca descansaba al lado de Ah-Un quien intentaba atrapar insectos con sus dos cabezas. Kohaku tomó varias de las pieles que llevaba en su bolsa y comenzó a forrarse con ellas. Se acercó a su amiga y gentilmente tocó su hombro. Rin se quejó agudamente, intentando hacer a un lado a Kohaku.

-Vamos Rin, despierta. Tu cuerpo se va a entumecer si no te cubres- insistía el muchacho agitándola ligeramente del hombro con una mano y con la otra sosteniendo un gran abrigo de piel de oso que él mismo había hecho. Se levantó entre quejidos y extendió sus brazos. Kohaku tomó las mangas del abrigo y se lo colocó a Rin alrededor de su cuerpo. Una vez que lo llevaba puesto, se llevó las manos a los hombros y observaba orgulloso su creación. –Sabía que te quedaría-

Rin abrió los ojos y estiró los brazos hacia afuera. Observó la piel que la protegía y asombrada felicitó a Kohaku. Se levantó con algo de dificultad al sentir que sus piernas se habían acostumbrado al frío, sintiéndose algo tiesas. Miró hacia el bosque y se encontró con la silueta de Sesshomaru quien ya se encontraba despierto mirando hacia arriba. No pudo evitar sentir un pinchazo en el pecho al recordar lo que había hecho el día anterior. Se mordió los labios al sentir la ansiedad pero intentó disipar la preocupación al buscar maneras de ocuparse en algo. Lentamente se acercó a Kohaku, puso su mano al lado del oído de su amigo y en secreto le comentó: -¿Crees que tenga frío?-

Kohaku la volteó a ver con sorpresa. – ¿Él? Rin… los inu-youkai tienen más resistencia a los elementos que nosotros. Es fuerte, seguramente que no siente ni un pequeño copo de nieve sobre sus cabellos- contestó Kohaku estrechando amigablemente su hombro. Se alejó hacia el lugar donde tenía su equipaje y comenzó a hacer revisiones de último momento.

A pesar de que su amigo con mucha seguridad le contestó que era definitivo que su amo no pasaba frío, tomó un chaleco que se encontraba sobre el suelo hecho de pieles de conejo y caminó en dirección a Sesshomaru sin que Kohaku se diera cuenta. Al estar a menos de dos pasos de él, Sesshomaru seguía mirando al mismo lugar pero Rin sabía perfectamente que estaba percatado de su presencia, ¿cómo no estarlo si al menor cambio de esencia o de sonido sus orejas y nariz se movían inconscientemente? Aunque fuera casi imposible de ver.

-Señor, póngase esto- sugirió Rin extendiendo el grueso chaleco al youkai. Sesshomaru giró su cabeza dándole de vista una de sus orejas y la parte trasera de su cabeza.

"Me está ignorando sin pena alguna" pensó sintiéndose ligeramente ofendida.

-Ahora ni oye ni habla. Bien, supongo que entonces será muy difícil evitar que yo haga ¡esto!- exclamó conforme tomaba los brazos del youkai y los elevaba para introducirlos por las aperturas del chaleco. Sesshomaru no se movió ni un centímetro pero observaba a la joven con furia. Al terminar de colocarle el chaleco Rin aplaudió con orgullo. Le dio unas ligeras palmadas en el pecho y se hincó frente a él mirándolo con picardía. –Pero si se le ve muy bien- dijo al detectar el enojo en su amo. –No haga esos ojos; lo hago por su bien. Si usted me cuida déjeme cuidarlo-. Sonriente la joven se puso de pie y caminó hacia donde se encontraba Kohaku.

Conforme la alegre joven se marchaba Sesshomaru tomó el chaleco por el área de su pecho y lo observó con atención. El aroma que despedía el abrigo estaba impregnado de Kohaku. Sintió rabia pero se contuvo, por Rin. "Hn, ¿por qué me detengo por ella pensó?". Con ambas manos sostuvo el chaleco dispuesto a romperlo en mil pedazos pero una voz lo detuvo.

-Espera- escuchó un ligero murmullo.

Kohaku se encontraba a pocos metros de él, con la espalda curveada y extendiendo su brazo. Sesshomaru notó en él precaución, sabía que Kohaku estaba al tanto de que su intromisión podía costarle lo cual hizo que el youkai se inflara de orgullo y poder. Se detuvo pero no quitó las manos del chaleco. Kohaku, al ver que la reacción de Sesshomaru no fue agresiva comenzó a acercarse poco a poco y al estar a una distancia prudente como para hablar en voz baja se sentó de cuclillas frente a él.

-No lo rompas- pidió.

-¿Y qué te hace pensar que sigo órdenes tuyas?-

-Bien… por favor, no lo rompas. No lo digo por mí si no por ella- respondió señalando hacia atrás con su pulgar. –El hecho de que Rin lograra abrigarte es un logro para ella. Si hubiera sabido que sus intenciones eran las de darte este chaleco la hubiera detenido en ese preciso instante. Sé que mi aroma está impregnado en estas pieles- Al decir esto Sesshomaru parecía que lo asesinaría con la mirada. Kohaku continuó –Después de lo que pasó ayer, Rin está arrepentida, lo puedo ver en su actitud y quiere recompensarte-Sesshomaru comenzó a prestar más atención. Sus orejas se movieron ligeramente y sus ojos se abrieron un poco más. Kohaku notó estos cambios pero decidió no hacérselo saber al youkai. –Toda especie tiene sus reglas y aunque Rin no está acostumbrada a vivir con humanos, posee ciertos temores que por instinto todos sentimos… Supongo que tú mejor que nadie comprende lo que se siente formar parte de una manada-

-No intentes darme lecciones sobre mi propia especie- articuló Sesshomaru con voz grave.

-Y no es lo que pretendo, al menos no de tu especie… sólo intento mostrar que Rin actúa en base a dos especies-

Sesshomaru parecía irritarse cada vez más con cada palabra que el joven pronunciaba, prudentemente Kohaku le saludó con la cabeza y se retiró a continuar preparando su equipaje. El youkai observaba a Rin quien sonreía ampliamente mientras doblaba las pieles que Kohaku cargaba siempre y se movía con libertad entre el viento y la nieve. Llevaba tanto tiempo sin vivir en una manada que ya había olvidado ciertas conductas y tratos tácitos entre los miembros de una comunidad. A pesar de haber vivido con los dos humanos por varios años y más con Rin, nunca lo había visto de la manera en la que fue cuando era joven mientras perteneció a la manada de sus padres. Sin quererlo, la joven lo estaba forzando a recordar, a realizar actos por el bien de la manada. No quería recordar aquellos tiempos de los que huyó y por los que llegó al lugar en el que estaba en ese momento.

Después de algunas horas por fin habían terminado de revisar todo y empacar todo. Rin se encontraba ajustando varias bolsas y pieles sobre Ah-Un mientras que Kohaku guardaba en otras bolsas algunas bayas y hierbas que había recolectado durante la mañana. Sesshomaru dejó su rincón y se acercó a donde se encontraba la actividad. Antes de que se acercara a los jóvenes, Jaken caminó y se paró frente a él.

-Amo, ¿no cree que es bastante insolente por parte de estos chiquillos comenzar a preparar todo para irse, sin habérselo contestado antes?-

Lentamente descendió su mirada hasta el pequeño y verde youkai. La mirada de Sesshomaru era más helada que el invierno y hacía sentir a Jaken temer por su vida. – ¿Insinúas que están pasando sobre mí, pisoteando mi poder?-

-¡No amo, amo! No, no. Si así fuera no hubiera esperado a que yo le hiciera mención al respecto, no, no, ¿cómo cree?- lloriqueaba Jaken tirándose al suelo y levantándose, rogando por su vida pero Sesshomaru lo ignoró y por primera vez en mucho tiempo lo pasó de largo. Por los arrugados e irregulares pómulos de Jaken, corrió una pequeña lágrima.

-Rin- llamó con voz grave y profunda.

"Es hora" pensó el youkai al verla alejarse de Ah-Un para responder a su llamado.

-¿Sí? ¿Qué pasa señor Sesshomaru?- preguntó con una amplia sonrisa.

-Ve y recolecta estás hojas- respondió el youkai extendiendo unas pequeñas hojas a la joven quien las miró con curiosidad.

-¿Ahora?-

-Hn-

Confundida Rin se internó en el bosque en compañía de Ah-Un. Una vez que Sesshomaru escuchó sus pasos a lo lejos se acercó a Kohaku. Mientras tanto Rin escarbaba entre la nieve que cada vez más se iba haciendo agua para encontrar las hojas tan extrañas que su amo le pidió. No las había visto antes pero hizo su mejor esfuerzo. A pesar de no hallar ni una pista de esas hierbas recolectó otras que consideró útiles para el futuro, algunos frutos y bayas de los arbustos que florecían en el invierno. Estiró sus brazos y respiró hondo. El aire puro de la montaña le inflaba los pulmones de tranquilidad haciéndola sentir limpia por dentro.

-Ah… si tan sólo el invierno no fuera tan agresivo, ¿verdad Ah-Un? Es hermoso sólo ve, lo blanquito de la nieve, las ramas que hacen música cuando chocan unas con otras… pero el invierno es agresivo porque cuando llega se lo lleva todo, dejando vivas sólo algunas cosas, como… ¿esta pequeña flor amarilla?-.

Una pequeña flor amarilla había florecido entre la nieve. Rin se agachó y la observó sonriente. No quiso cortarla, la flor seguramente no sobreviviría si se le desprendía del suelo. En ese instante se escuchó un paso acelerado y sin darse cuenta la pequeña flor se asfixiaba debajo de las botas de Kohaku quien rápidamente levantó a Rin del suelo, la tomó por la cintura y la subió a Kirara. La nekomata se elevó por los cielos seguida de Ah-Un. Rin se encontraba confundida y buscaba a Sesshomaru por todos lados pero no lo veía. Forcejeaba con Kohaku quien la sostenía con fuerza.

-¿A dónde vamos? ¿Dónde está?- gritaba pero Kohaku no respondía.

Sesshomaru no se veía por ningún sitio. De pronto las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos y desistió; ya no forcejeaba más con su amigo. No hizo ninguna pregunta se mantuvo en silencio hasta llegar a donde fuese que Kohaku la llevara. Después de horas de volar descendieron en la aldea de InuYasha. Era de madrugada y Kohaku se esforzó por llegar sin hacer el menor ruido sin embargo las orejas del hanyou eran sensibles incluso a la nieve siendo pisada por ellos. Salió de la cabaña apresurado y al ver que se trataba de alguien conocido desaceleró el paso.

-¿Qué pasó?- preguntó una vez que llegó hasta donde habían aterrizado. – ¿Qué tiene?- preguntó refiriéndose a Rin quien se encontraba cabizbaja. Ya no lloraba más.

-Tuvimos que venir de improviso- respondió Kohaku mirando con tristeza a su amiga –Perdón por despertarte-

-Psht, como si no lo hicieran los lobos de por aquí; vengan-

En eso Miroku también había salido de su cabaña y corrió para caminar al lado de ellos.

-Kohaku, ¿sabe Sango que vendrían? No me dijo nada…- preguntó aún adormilado tallándose los ojos.

-No, le decía a InuYasha que fue de improviso. Perdón por las molestias-

Caminaron hasta una de las cabañas abandonadas. InuYasha sabía muy bien que si despertaba a sus hijos Kagome lo haría responsable de arrullarlos por el resto de la semana. Abrió el cerrojo y los hizo pasar a todos. Encendió una fogata y volvió a cerrar la puerta. De unos estantes tomó varias sábanas y pieles que colocó sobre el suelo y miró a Kohaku.

-Hablaremos por la mañana- dijo señalándolo autoritariamente.

InuYasha y Miroku salieron por la puerta. Kohaku miró por la ventana y los veía alejarse. No quería voltear, sabía que se encontraría con una imagen que no le gustaría. Estaba al tanto de que su amiga no sólo estaba confundida pero que seguramente se sentiría traicionada y desolada. Después de tantos años de viajar con Sesshomaru, estar lejos de él sin saber por qué seguramente que no era nada fácil, aunque no comprendía qué tan diferente era esta situación de cuando Sesshomaru se iba sin avisar.

-Él siempre se aleja de mí pero yo nunca de él- dijo Rin con voz temblorosa como si pudiera leer los pensamientos de Kohaku.

El joven volteó a ver a su amiga quien se encontraba frente a la fogata calentando sus manos, cubierta de una sábana de cabeza a pies. Kohaku se acercó y se sentó frente a ella tapándose del frío también pero no se atrevía a verla a los ojos. Kirara se acomodó en su regazo y se quedó dormida, Rin observaba con una media sonrisa en su rostro.

-Ojalá Ah-Un pudiera venir a recostarse en mi regazo. Seguramente que tiene frío allá afuera- dijo mirando por la ventana por donde se podía ver una de las orejas de la noble criatura.

-Rin…-

-Buenas noches- dijo la joven enroscándose entre las sábanas dándole la espalda.

Kohaku se mantuvo despierto toda la noche.