Con la paciencia del mar esperaré
-¡Ya te dije! Llegaron en medio de la noche, no quise preguntar nada… de seguro venían cansados, ¡¿qué sé yo?!- exclamaba InuYasha manoteando por doquier.
-Mami… ¿por qué está tan enojado mi papá?- dijo el pequeño niño elevando sus pobladas cejas negras que exageraban sus redondas facciones debido al blanco cabello que caía por su frente.
-Taiyo, así es tu papá, acostúmbrate- esto último lo dijo mirando a InuYasha con ira. El hanyou sintió escalofríos. –Bien por ti que estás dando muestras de empatía InuYasha- continuó la joven con sarcasmo mientras mecía en sus brazos a una pequeña bebé de mejillas rosadas y cabello negro. –Pero te sugiero que en cuanto despierten hablemos con ellos; es raro que hayan llegado así-
-¡¿Crees que no lo sé?!- exclamó.
-InuYasha, pero te levantaste de buen humor hoy, hasta afuera se escucha- exclamó Miroku sonriendo sosteniendo la mano de Sango quien con la otra mano sostenía la mano de una de las gemelas.
-Mi hermano, ¿está bien?- preguntó Sango con preocupación sentándose al lado de InuYasha.
-Feh. Sí- respondió InuYasha calmando un poco su ánimo al ver a su amiga tan consternada.
-Ojalá no haya pasado nada malo- dijo Sango mirando a su esposo quien aún se encontraba de pie a su lado. Miroku se sentó junto a ella apoyándose sobre su hombro y la tomó de la mano.
-No te preocupes, seguramente que todo está bien. Ya nos habríamos enterado- agregó sonriente.
Minutos después Kohaku apareció en la puerta. Sango se levantó rápidamente y lo abrazó con fuerza. Miroku estiraba su brazo tratando de contenerla. –Sango, el bebé… no te lastimes- decía, pero su esposa no lo escuchaba y escondía su rostro en los hombros de su pequeño hermano.
-Sango, no es para tanto- dijo Kohaku con una débil sonrisa apartándola suavemente.
Se sentó alrededor de la mesa con el resto y al instante las gemelas corrieron hacia él para abrazarlo mientras que el pequeño Taiyo sacaba de sus bolsillos una pequeña pelota y se la mostraba con orgullo. Kohaku intentaba prestar atención a los niños para no herir sus sentimientos pero sabía que debía responder varias preguntas.
-Vamos niños, vengan un rato conmigo- dijo Kagome al mismo tiempo que se ponía de pie y salió de la cabaña con los tres niños dejando a los demás en silencio para poder conversar libremente.
Kohaku se aferraba a un vaso de barro con té verde. Intentaba relajarse a pesar de las miradas insistentes de Miroku, Sango e InuYasha por recibir explicaciones. Colocó el vaso muy a pesar de su pulso alterado y respiró profundamente.
-Sesshomaru… todo esto fue su idea-
-¿Todo esto? ¿A qué te refieres con todo esto? ¡¿Por qué hablas como si supiéramos?!- exclamó InuYasha con frustración. Sango giró rápidamente su cabeza y lo miró con ira. InuYasha ablandó su expresión y bajó ligeramente la mirada, intimidado por su amiga.
-Perdón. Sí. Sesshomaru ha estado pasando por algunas situaciones me imagino confusas para él… Es como si de pronto estuviera pasando por una etapa de desarrollo que… agh, supongo que Kagome lo explicaría mejor-
InuYasha giró los ojos hastiado. –Sigue, a ver explícate, no te detengas pues-
-Bueno, es que… ugh, esto es algo bochornoso de explicar estando mi hermana aquí-
-Tu hermana sabe más de lo que tú crees- respondió Miroku riendo dándole unas palmadas en la espalda pero no sin recibir un castigo a consecuencia de su comentario. Una de las sandalias de Sango había dejado su marca en su mejilla. Kohaku se sonrojó ante el momento incómodo.
-No te preocupes Kohaku, sigue- respondió Sango cruzándose de brazos.
-Es que… Rin, como en la naturaleza…-
-Sí, ya, se está convirtiendo en una mujer, ¿y?- interrumpió InuYasha impacientándose.
-¡InuYasha!- gritó Sango agudamente.
-Ay, ya, si bien sabemos que eso diría. Y no grites que vas a aturdir al niño que traes ahí- exclamó el hanyou.
Kohaku tragó saliva y continuó. –Pues, como Sesshomaru es un macho alfa, cuyo sentido del olfato es más sensible, pues, he notado que… he notado que su actitud ha cambiado un poco…-
-¡Ja!, yo también soy un macho alfa y mírame… no estoy persiguiendo a Sango por ejemplo-. Sango lo miró abriendo sus ojos enormemente.
-¡InuYasha, abajo!- exclamó la exterminadora y por costumbre el joven hanyou se tiró al suelo, reaccionado segundos después con la cara extremadamente roja por haber sido engañado. –A ver si así te callas InuYasha, y lo dejas continuar- exclamó Sango mientras que Miroku intentaba contener su risa, cosa que era casi imposible ya que su garganta lo delataba haciendo ruidos extraños.
-Sí… en cuanto a lo que dices pero digamos que tú estás más civilizado que él- respondió el joven.
-¿InuYasha más civilizado que Sesshomaru? Kohaku, sé honesto, aquí estamos Sango y yo para protegerte de InuYasha- dijo Miroku entre risas.
El hanyou se mantuvo callado cruzado de brazos.
-Lo digo en serio, hermano. Una cosa distinta es la naturaleza en el carácter de ambos, aunque Sesshomaru se proyecta como templado y calculador, pocas interacciones ha tenido con otras criaturas. Su interacción usualmente es casi nula por lo que no sabe reconocer ciertos intercambios de conducta… al igual que ciertos cambios en la naturaleza de los demás, en este caso, de Rin. Esto ha ido acentuándose con los años… comenzó desde el primer sangrado- Kohaku se detuvo tragando saliva y mirando hacia arriba ya que le costaba trabajo hablar de algo tan íntimo de su amiga –Claro que la reacción no fue invasiva o posesiva, al contrario. Por largos periodos Sesshomaru se ausentaba, especialmente durante esas temporadas específicamente… pero luego todo fue cambiando… de ser indiferente conmigo, comenzó a imponerse ante mí… Su ánimo era más irritable de lo normal y estoy seguro que todo se debía a que ni él mismo estaba seguro de poder controlar su temperamento-
-Entonces, ¿estás diciendo que Sesshomaru se ha sentido atraído por Rin?- preguntó Sango con tranquilidad a diferencia de Miroku quien se encontraba extremadamente preocupado.
-¡Es una niña!- exclamó Miroku.
-Sería excelente que tu yo de hace años escuchara eso Miroku- agregó InuYasha con sarcasmo. Sango asintió mirando a su esposo con recelo. El monje rió nerviosamente.
-No, no de esa manera- respondió Kohaku retomando el tema –Vaya, lo que diferencía a los youkais de los animales al igual que nosotros es que pueden racionalizar sobre sus actos, la única diferencia es que, debido a la sensibilidad que Sesshomaru posee por su naturaleza, su lado animal lo desequilibra en ocasiones. He llegado a pensar que él es más susceptible a causa de su aislamiento… InuYasha, ¿sabes cuánto tiempo llevaba Sesshomaru de estar solo, antes de conocer a Rin?-
InuYasha lo miraba incrédulo como si Kohaku debiera saber que ese tipo de preguntas eran inútiles. Cerró los ojos y rió con la insolencia que lo caracterizaba. –Feh. Debes saber que yo no conviví mucho con él. Lo poco que frecuentamos ahora es lo más cercanos que hemos sido y eso por decir algo porque nos detestamos. No sé nada de su vida; soy el menos indicado para hablar sobre él- respondió.
-He llegado a pensar que llevaba siglos estando solo- continuó. –Sería importante saber algo de su pasado y así poder solucionar las cosas… y bien, toda esta explicación se debe a la respuesta sobre la pregunta que me hicieron. Sesshomaru me pidió que la llevara lejos, no me dio ninguna explicación, nada… en otra ocasión no lo hubiera hecho ya que sé que hacer algo así sería cometer la falta más grave para Rin pero por primera vez vi en sus ojos algo diferente, algo que no era ira, odio o indiferencia, vi en sus ojos agonía- concluyó con tristeza.
Todos se mantuvieron en silencio por algunos segundos, digiriendo lo que el joven acababa de decir. Nadie, sobre todo InuYasha, creía capaz a Sesshomaru de sentir algo tan humano por decir una palabra. El hanyou observaba a Kohaku con atención atento a lo siguiente que diría pero Miroku fue el que habló después.
-Kohaku, dices querer arreglar las cosas con Sesshomaru, pero, ¿no crees que sea lo mejor para Rin? ¿Para ti? Todos sabemos lo que sientes por ella… sabemos que es un riesgo para una jovencita viajar entre el peligro por el resto de su vida. Es probable que Sesshomaru haya visto una oportunidad para dejarla ir y vivir una vida tranquila-
El joven lo miró con angustia. –Rin es quien tiene la libertad de tomar una decisión, yo no puedo elegir por ella… en algún momento tendré que decirle lo que pasó y ella decidirá lo que es mejor para ella-
Kagome caminó hacia la cabaña donde se encontraba Rin, tocó la puerta y al escuchar la voz de la joven dejándola pasar, entró. Los niños corrieron al interior de la casa riendo, Rin los recibió alegremente pero Kagome notó un ligero aire de tristeza en su aura. La sacerdotisa les dio a los niños algo con qué entretenerse, un pequeño cuaderno para colorear y crayones. Una vez que los niños se habían calmado se sentó al lado de Rin sosteniendo a la bebé.
-¿Qué pasó?-
Rin miró hacia el suelo y lágrimas corrieron por sus mejillas. Negó ligeramente con la cabeza y apretó los puños contra el suelo. –No sé- respondió tratando de contener el llanto. –De pronto Kohaku me subió a Kirara y nos fuimos- dijo mirándola a los ojos –No tengo pruebas para suponer que no lo veré en mucho tiempo pero algo me dice que así será-
Kagome sobó el hombro de la joven y se mantuvo callada. Recordó haber notado en Sesshomaru una actitud extraña en los días anteriores que los visitaron pero no estaba segura por qué, sólo sabía que se trataba de Rin, ahora que la joven le describía la situación Kagome parecía comprender un poco pero decidió quedarse callada por temor a estar equivocada. –Rin, a veces las personas toman decisiones, hacen cosas que no entendemos… y la mayor parte del tiempo, cuando no tenemos las respuestas es porque no estamos listos para saber muchas cosas. Espera pacientemente a que Sesshomaru te dé una explicación-
Rin rió amargamente –Perdóname Kagome… pero, ¿estás oyendo lo que dices? Mi amo en todo lo que llevo de conocerlo se ha sentido con la responsabilidad de explicar sus actos. No creo que lo haga…-
-Pero, ¿por qué estás dando por hecho que Sesshomaru no vendrá a buscarte? ¿Qué tal si es como aquellas veces en las que se iba y luego regresaba?-
-Lo sé porque esta vez fui yo quien se marchó. Puedo verlo en los ojos de Kohaku, Kagome… se siente culpable de algo que desconozco pero no puede ni siquiera mirarme a los ojos. No necesito que me digan con palabras-
En ese momento la puerta se abrió y Kohaku entró. Se reverenció suavemente para saludar a Kagome quien se puso de pie, llamó a los niños y salió de la cabaña. El joven se sentó al lado de su amiga quien en ese instante se levantó y tomó una de las ollas que colgaban de la pared. Comenzó a cortar algunos vegetales que se encontraban igualmente colgados en la pared y sirvió un poco de agua dentro dentro de la olla y la puso sobre el fuego. La joven miraba a Kohaku a los ojos intentando decirle con la mirada que esperaba una explicación pero éste la evadía.
-No creas que no me doy cuenta, Kohaku. Deberías pensar en una mejor manera de ocultarme las cosas porque evitando a toda costa mirarme a los ojos dicen más de lo que crees que escondes-
-Perdón- respondió sobándose el brazo. –Sé que te duele mucho todo esto… si yo estoy intentando comprender lo que pasó. Aunque yo fui quien lo vio antes de marcharse estoy sin respuestas Rin… sólo tengo suposiciones, piezas de algo roto- dijo con desesperación. Rin meneaba con una cuchara el contenido de la olla sin mirar a su amigo. Kohaku se moría de ansiedad, no quería que lo odiara por ningún motivo; era lo que menos quería. Se acercó más a ella y se sentó a su lado. –Sé que tienes miedo, Rin y sé que lo que te voy a decir no te lo quitará hasta que lo veas de nuevo…- La joven elevó la mirada mirando a su amigo a los ojos quien se encontraba muy cerca de ella. –Me pidió que te llevara a un lugar muy lejos-
-¿Y por qué le hiciste caso?- preguntó la joven soltando en llanto. -¿Por qué no pudiste ignorar sus órdenes? ¿Por qué no lo ignoraste como usualmente lo haces?-
-No lo hice Rin, porque sé que lo decía en serio. Lo vi en sus ojos, vi lo importante que era para él- contestó Kohaku apretando los puños contra sus rodillas. –Me siento muy mal de haber hecho lo que hice pero sé que habría sido más doloroso para ti si de no haberle hecho caso él hubiera sido el que te trajera hasta aquí y se marchara, que si hubiera sido yo… y ese dolor sería a causa del coraje que habrías sentido hacia él-
Rin comenzó a sollozar, no sabía que sentir. Después de años a su lado y de pronto su amo la abandonaba sin la promesa silenciosa de volver. Esta vez él la mandó lejos sin posibilidades de darle una oportunidad de rastrearlo. Se llevó las manos a las mejillas y limpió las lágrimas que no dejaban de correr desde sus ojos. Kohaku la rodeó intentando consolarla pero la tristeza no se marchaba.
-Si me pides que lo busquemos, eso hacemos-sugirió Kohaku sacudiéndola ligeramente, tratando de levantarle el ánimo.
-No. Si él quiere que me quede aquí, lo esperaré-
-Rin, no hagas esto… no tomes una decisión sólo porque es su deseo…-
-¡Le debo la vida!- exclamó Rin sollozando. –Todo lo que soy y lo que vivo ahora se lo debo a él. Me salvó en más de una ocasión. Me salvó de la tristeza, del silencio y me salvó de dejar de existir y eso tú lo presenciaste Kohaku!- Kohaku quitó su brazo lentamente, recordando el amargo momento. –Sé que si lo persigo…- prosiguió con voz más suave –Se ocultará de mí… sé que no saldrá de su escondite desde donde estará observando en la distancia… En cambio, si me quedo… si lo espero, es posible que venga a buscarme, es posible que se dé cuenta de que somos una familia, Kohaku- dijo con una ligera sonrisa.
El joven rodeó a su amiga y la abrazó contra su pecho. Comenzó a llorar silenciosamente. –Rin, haré lo que me pidas. Si deseas esperarlo, yo esperaré contigo; no iré a ningún lado-. Rin suspiró con preocupación y se sostuvo del brazo de su amigo. Permanecieron en el abrazo por un largo rato, al menos hasta que la sopa que Rin calentaba estuviera lista para servirse sobre los platos.
