Sobre deberes y matrimonio
-¿Alguien ha visto a Ah-Un?- preguntaba a los aldeanos que pasaban frente a su choza. Caminaba con paso apresurado entre las casas, corrió hacia el bosque pero nada, no veía al dragón de dos cabezas por ningún lado.
Comenzó a preocuparse ya que desde que habían llegado a la aldea, la criatura jamás se había separado de su lado, incluso tenía que dejarle comida y agua ya que ni siquiera para eso abandonaba su techo a menos de que Rin saliera o se lo pidiera. Ya había buscado por todos lados y también le había preguntado a toda la gente del lugar sin obtener ningún resultado. A los pocos minutos Kohaku llegó corriendo negando con la cabeza. Buscaron por las áreas vecinas incluso pero no había ninguna huella. –Seguramente se fue volando- dijo Kohaku al darse cuenta que no había manera de rastrear a Ah-Un.
-Jamás había pasado esto, no entiendo- decía Rin sentándose sobre una roca a descansar después de varias horas de buscar en el bosque. –Ah-Un siempre ha estado a mi lado, que de pronto se haya ido me da un mal presentimiento- respondió la joven.
Mientras seguían buscando a Ah-Un en la aldea, el dragón de dos cabezas descendía desde las nubes sobre un gran jardín. Al pisar el suelo un joven sirviente tomó sus riendas y caminó por los pasillos hasta llegar a un salón. Tocó la puerta y al escuchar la voz de su amo la abrió y dejó libre a Ah-Un quien caminó lentamente en el interior de la habitación. Era un gran cuarto lleno de pergaminos, mapas, y artefactos viejos. Sobre el suelo había decenas de cojines por doquier, telas, y prendas. Al fondo del cuarto había un camastro grande y amplio, y una mesa, sentado detrás de ella se encontraba Sesshomaru quien al verlo se puso de pie con serenidad. Estiró su mano y al alcanzarla, Ah-Un se refugió en ella, saludando a su viejo amo.
Sesshomaru estaba consciente de la lealtad que la bestia sentía hacia Rin por lo que decidió dejarla ir con ella pero una vez más, Ah-Un le estaba probando que él siempre sería a quien le rendiría devoción. A simple vista Ah-Un parecía una criatura de carga, incapaz de comprender y comunicarse, sin embargo, la naturaleza del dragón era empática y noble. Muy pocos lograron alguna vez comunicarse con bestias de tal linaje y por esa razón eran usadas para la carga o transporte, pero Sesshomaru poseía un vínculo estrecho con Ah-Un y lograba escuchar la voz del dragón en su mente.
Pasó su mano por las duras y frías escamas de su rostro y mientras hacía esto cerró los ojos. Podía escuchar las voces y aunque no fueran palabras, era posible comprenderlas; fue entonces cuando supo lo que estaba pasando. Abrió los ojos, apartando su mano suavemente y Ah-Un se alejó hacia la esquina de la habitación donde se acostó para dormir. Sesshomaru retrocedió hacia su lugar e intentó concentrarse sobre los pergaminos que se encontraban sobre la mesa, sin embargo, una sensación no se lo permitía. Experimentaba frustración al no poder comprender ciertas emociones. Se repetía en su mente que haber dejado a Rin en la aldea había sido lo mejor para que pudiera llevar una vida como debía ser al lado de humanos igual que ella sin embargo el ardor que sentía sus venas no se disipaba. Se percató de que sostenía con bastante fuerza uno de los pergaminos provocando que la tinta en su contenido se distorsionara. Se levantó del cojín y se mantuvo de pie por varios minutos sin lograr decidir lo que deseaba al abandonar su lectura.
Sus cavilaciones fueron interrumpidas por el sonido de la puerta al abrirse. Dos jóvenes youkai entraron y se pusieron una frente a la otra para realizar una reverencia, entre ambas, caminó otra youkai con mayor porte lo cual evidentemente indicaba que era una youkai con mayor rango que las otras dos. Su largo cabello plateado caía como cascada sobre un mechón de pieles que se abultaba sobre sus hombros y pecho. Sonreía con delicadeza mirando a Sesshomaru quien la observaba sin cambiar su expresión firme y calculadora. Se paró frente a él extendiendo un pequeño y ornamentado abanico que agitaba suavemente frente a su rostro.
-¿Qué haces alejado de tu lectura, hijo mío?- preguntó con una voz suave y melodiosa. –Veo que algo te perturba y algo me dice que tiene que ver con esa bestia- dijo girando la cabeza ligeramente en dirección a Ah-Un quien había abierto los ojos y la observaba desde la esquina. –Creía que habías vuelto a casa para proteger estas tierras. Sabes lo que ello implica, ¿cierto querido?-
-Madre, ¿vino a fútilmente pretender dominarme o su preocupación es sincera?- cuestionó el daiyoukai inflando ligeramente el pecho.
La elegante youkai rió ligeramente abanicándose con un poco más de velocidad. -¿Me consideras tan hostil?- preguntó con un ligero tono de sarcasmo. –No querido, no vine a eso que tan insensatamente sugieres sino a hacerte un pequeño recordatorio: que soy tu madre, Señora de las Tierras del Oeste, título que me enorgullece verás- dijo sentándose sobre el cojín frente a la mesa para tomar uno de los pergaminos que se encontraban sobre ella –Sin embargo, por mucho orgullo que me proporcione tal título… hay quienes se preguntan sobre cuándo habrá una nueva señora- . Se podía casi saborear la amargura que había en las palabras de la Señora del Oeste, sin embargo, eran notables los esfuerzos que hacía para ocultarla –No venía a decirte qué hacer Sesshomaru sino a pedirte que consideres candidatas- Mientras la madre de Sesshomaru decía esto las concubinas que la acompañaban se mostraban más atentas a la plática. La Señora del Oeste notó la ligera conmoción en sus sirvientas y se volvió hacia ellas –Ni lo piensen queridas, es claro que no poseen el linaje necesario para un matrimonio con un daiyoukai. En cuanto a ti querido, te sugiero que tomes una decisión o sino tendré que hacerlo por ti. Hay tantas jóvenes youkai que desean un matrimonio tan favorecedor con alguien como tú, no dudo que en menos de una noche se concierte un buen matrimonio… ¿A dónde vas?-Sesshomaru caminó al lado de su madre aproximándose hacia la puerta, las concubinas hacían una reverencia mientras el daiyoukai pasaba entre ellas. La Señora del Oeste lo observaba ahora de pie conforme su hijo se acercaba a la puerta.
-Haga como quiera. Volveré en algunos días- respondió deteniéndose en la puerta por la que salió segundos después seguido de Ah-Un.
