Trucos

Había pasado varios días ya y no encontraron rastro de Ah-Un. Rin comenzaba a preocuparse no tanto por la bestia, que de antemano sabía era lo suficientemente fuerte para cuidarse por sí sola, sino de no volverla a ver jamás. Desde que había desaparecido su estado de ánimo había decaído logrando preocupar a todos aquellos que convivían con ella. A diario Kagome iba hasta su choza para invitarla a comer pero la joven no salía de ahí sino era extremadamente necesario. Sango y Miroku motivaban a Kohaku para que intentara animarla pero ni siquiera los rumores de un gran jabalí en las montañas lograban motivarla lo suficiente para salir de la aldea. La joven no quería moverse de su casa con la esperanza de que tal vez regresara.

-Rin- dijo suavemente Kohaku al entrar a la cabaña –Ven, no te tortures así. Estoy seguro de que Ah-Un volverá contigo o sin ti aquí adentro. Hay muchas cosas allá afuera, además, todos están muy preocupados por ti; tienes que salir-

-Kohaku, no tienes idea de lo importante que es para mí. Además del Señor Jaken y él, Ah-Un siempre estuvo a mi lado. Que se haya ido me preocupa demasiado pero más que eso me pone muy triste- dijo mientras abrazaba sus rodillas con los ojos ligeramente húmedos –Tal vez sólo fue a dar un paseo y quiero estar aquí para él cuando regrese-

-Y aquí vas a estar- dijo Kohaku tomándola del hombro –Al menos ven a comer a casa de InuYasha y Kagome-

La joven lo miró brevemente y con hastío se puso de pie. Caminaron juntos hacia la casa siendo observados por los aldeanos. Algunos susurraban unos con otros mientras que varios sonreían entre sí señalándolos. Kohaku caminaba despreocupado pero Rin se sentía algo perturbada. El joven la miró sonriente y la rodeó de los hombros –No hagas caso, pronto se les pasará cuando otros decidan casarse-. Rin sonrió ligeramente.

Entraron a la cabaña en donde se encontraban todos, incluso Shippo quien ya no poseía más la figura de un niño. Se levantó rápidamente y la abrazó con efusividad. Rin se encontraba confundida al verlo con tal figura y buscaba entre las miradas de sus amigos respuestas. Como si el joven pudiera leer sus pensamientos dijo –Por fin llegué al primer nivel avanzado de transformación, es así cuando los zorros de mi especie logramos reclamar nuestra adultez. ¿Qué opinas?- preguntó dándose vueltas a saltos.

-Me sorprendiste, no esperaba verte así- dijo sonriente como no se le había visto en días.

-Eso pensé- contestó Shippo con una gran sonrisa.

Todos se sentaron alrededor de la mesa y comenzaron a servirse del estofado que se encontraba en el centro. Rin no podía dejar de ver a su viejo amigo Shippo, esperaba que la próxima vez que lo viera fuera con esa figura de niño pequeño pero todo era tan diferente. En esos momentos deseaba poder ser una niña y envidiaba los poderes de su amigo. La voz de su futuro concuño interrumpió sus pensamientos. –Shippo, ¿ya te contaron estos picarones?- preguntó refiriéndose a Rin y Kohaku. El zorro negó con la cabeza con un pedazo de carne saliendo de su boca.

Ambos se sonrojaron ante la pregunta de Miroku hacia Shippo. Por unos segundos ninguno de los dos lograba reunir el valor suficiente para hacer a un lado su timidez y responder hasta que por fin Kohaku fue quien contestó. –Bueno… Rin aceptó casarse conmigo-

Shippo tragó lo que tenía en su boca rápidamente logrando hacer visible el bulto que se transportó por su garganta. –Siempre pensé que yo sería el que se casaría con ella- dijo con inocencia.

-¡Shippo!- exclamó Sango mientras que Kagome e InuYasha reían.

-Es la verdad Sango- respondió con un ligero tono infantil que desentonaba con su grave voz. –Pero estoy feliz por los dos. Si dijiste que sí es porque de verdad lo amas, ¿verdad?- preguntó Shippo arqueando sus cejas.

Rin se sonrojó ante la pregunta pero fue salvada de tener que responder por una de las vasijas lanzadas por InuYasha hacia Shippo. El joven zorro volteó con furia hacia el hanyou gritándole con fuerzas –¡Ahora tengo el tamaño para devolvértelas todas InuYasha!- y al terminar de enunciar su amenaza se le echó encima. InuYasha reía a carcajadas mientras todos a su alrededor intentaban separarlos. Los niños a diferencia de los adultos gritaban los nombres de quien creían ganaría.

Poco después, la pelea fue interrumpida cuando Ah-Un asomó una de sus cabezas entre la puerta. Rin corrió y abrazó a la criatura derramando varias lágrimas. Kohaku se acercó posando su mano sobre el hombro de Rin y buscó su mirada. –Te dije que volvería contigo dentro o fuera de tu casa- La joven rió suavemente.

-No entiendo, ¿Ah-Un había escapado?- le preguntó Shippo a InuYasha de pronto olvidando su disputa previa.

-Sí- contestó InuYasha observando la reunión.

-¿Y dónde está Sesshomaru?- preguntó el zorro en voz baja.

InuYasha miró al joven con severidad. –Después respondo a esas preguntas-

Mientras tanto Kagome se acercó a Rin y a Ah-Un sosteniendo una bandeja con comida –Toma, de seguro que debe tener hambre. La pondré afuera para que Ah-Un coma y para que regreses a comer- sugirió la joven. A pesar de que Rin no quería separarse de su amigo aceptó y regresó a sentarse a comer.

-Rin- dijo Shippo mirando hacia su plato y acercándose el estofado a la boca -¿Dónde está Sesshomaru?- En ese momento la cabaña cayó en un pesado silencio ante la imprudente pregunta que el zorro sin intenciones de dañar a nadie había hecho. -¿Qué? ¿Pregunté algo que no debía?- preguntó dejando caer un pedazo de carne al abrir la boca.

InuYasha estaba a punto de darle un puñetazo al joven pero Rin lo detuvo al responder a su pregunta. –No sé dónde está- dijo por fin –Simplemente un día Kohaku me trajo hasta acá siguiendo sus órdenes y no lo he vuelto a ver desde ese día-

-Claro…- contestó Shippo asintiendo con la cabeza dejando su plato vacío frente a él. –Con razón te vas a casar con Kohaku- dijo después de varios segundos sin ruido alguno.

De nuevo, Shippo provocó el segundo silencio incómodo del día. La cara de Kohaku se puso tan roja que tuvo que bajar la cabeza para ocultar su color. Shippo comenzó a reír dándole palmadas al joven en la espalda –Vamos Kohaku, ten algo de sentido del humor, ¡Estaba bromeando! Todo es un juego para nosotros los zorros, incluso crecer. Vaya que tantos años con Sesshomaru te robaron todo el sentido del humor, ¿eh?- El ambiente se relajó un poco más.

Después de que la comida terminó Kohaku y Rin salieron de la casa seguidos por Ah-Un. El joven la miraba con insistencia ya que se había tocado el tema de Sesshomaru y se encontraba preocupado por su tranquilidad pero el rostro de Rin era bastante complicado de leer. Levantó su brazo dispuesto a abrazarla pero fue detenido por el cuerpo de Shippo que se interpuso entre los dos recibiendo ese abrazo que iba dirigido hacia su prometida.

-¡Ah! ¡Qué buena comida! Es la mejor que he tenido en tres años- decía mirando a ambos jóvenes. –Y dime Kohaku, ¿cómo te armaste de valor?- preguntó abrazándolos a ambos.

-¿Para qué deseas saber? ¿Para intentarlo tú también?- preguntó Kohaku sonriendo.

-Ja, Kohaku. ¿Y tú qué sentiste cuando Kohaku te preguntó? ¿Se te llenó el estómago de mariposas?- preguntó Shippo tronando los dedos y apareciendo decenas de mariposas a su alrededor. Rin se despegó del abrazo mientras reía intentando tocar a las mariposas que volaban a su alrededor.

-¿Cómo hiciste eso?- preguntó la joven mirando a Shippo con alegría.

-Algo que aprendí hace años- respondió el joven sonriendo orgulloso. -¿Te gusta?-

Kohaku observaba cuidadoso al youkai. Comenzaba a sospechar de las intenciones de su llegada pero se mantuvo en silencio. Shippo lo volteó a ver con una mirada distinta; tenaz. Kohaku no tenía mucha experiencia con los zorros mágicos ya que eran criaturas que poco se manifestaban frente a los humanos sin su disfraz pero Shippo era una excepción, sin embargo, poco a poco adoptaba esa secrecía característica de su especie ya que sus visitas a la aldea eran cada vez más esporádicas. Llegaron a la choza y Ah-Un de nuevo se instaló debajo del techo donde usualmente estaba. Ya había caído el atardecer y Kohaku regresaría a su cabaña, se despidió de Rin con una suave caricia en la mejilla y estrechó la mano de Shippo quien le dio un saludo amigable y caluroso a pesar de haber detectado las sospechas en Kohaku quien se alejó en la distancia.

Rin hizo una reverencia y se dispuso a entrar en su cabaña sin percatarse de la presencia del joven youkai hasta que quiso cerrar la puerta y se dio cuenta de que la siguió hasta su interior. Amablemente le pidió que saliera pero el zorro se rehusó. –No saldré hasta que me digas qué fue lo que pasó-. Rin sabía que su amigo se refería a la situación con Sesshomaru y lo dejó pasar. El joven tomó varios leños y con su fuego mágico encendió la fogata del centro. Extendió su mano indicándole a la joven para que se sentara. -¿Y bien?-

-Pues no hay nada más qué decir más que lo que ya dije… Sesshomaru le ordenó a Kohaku que me trajera aquí-

-Claro, claro, es algo que Sesshomaru haría- sugirió Shippo.

-¿Cómo sabes que es algo que él haría?- preguntó la joven arqueando la ceja y sonriendo ligeramente. –No es como si hayas convivido tanto con él-

-Ah, no, no, sólo que basándome en la personalidad que proyecta, proyectaba, vaya- respondió el joven sonriendo excesivamente. –Pero bueno, y respecto a Kohaku, ¿en realidad te vas a casar con él?-

-Eso hace la gente cuando se compromete- contestó Rin elevando sus hombros.

-Claro, claro- respondió Shippo llevándose el pulgar a sus labios.

Rin se puso de pie y caminó hacia la mesa que se encontraba sobre la pared para preparar un poco de té, dándole la espalda a Shippo. Tomó la tetera que llenó de agua, la puso sobre una charola junto con dos vasos y las yerbas de té blanco. Al darse la vuelta se impactó al ver a Sesshomaru sentado frente al fuego. Sorprendida dejó caer lo que sostenía en sus manos. Rápidamente Sesshomaru se abalanzó contra los objetos y logró atraparlos antes de que tocaran el suelo. Se puso de pie y rosando los brazos de la joven volvió a colocarlos sobre la mesa. Puso su rostro frente al de la joven y acarició su mejilla. Se acercó lentamente hasta sus labios casi tocándolos.

-Caíste- dijo con voz profunda. Al instante el rostro cambió transformándose en el de Shippo quien le dio un beso rápido y juguetón a la joven quien se quedó parada en shock. Segundos después reaccionó y golpeó el pecho de Shippo con ira. El joven youkai la sostuvo de los hombros con fuerza. –Rin, cálmate, fue sólo una broma, lo siento- dijo el joven buscando la mirada de Rin. –De verdad lo siento- dijo con honestidad manifestando su arrepentimiento.

La joven se sentó sobre el suelo mirando hacia abajo aún impactada. Shippo se sentó a su lado mirándola arrepentido. –Perdón… ¿pero te diste cuenta que no te moviste ni un poco al tener a quien tú pensabas era Sesshomaru frente a ti?

-¿Qué esperabas Shippo? No lo he visto en tres años. Estaba sorprendida- respondió haciendo visible su enojo. –Además no puedes venir después de todo lo que ha pasado a hacerme estas preguntas y a jugar de esta manera conmigo-

-Sí, lo siento, tienes razón. He pasado tanto tiempo con los zorros que ya se me olvidó que los humanos no son muy buenos con las bromas- contestó rascándose la nuca. Rin se dio cuenta de la honestidad de su amigo y se sintió un poco más relajada.

-¿Y tú Shippo, qué has hecho en estos tres años?- preguntó la joven tratando de cambiar el tema.

-Pues he estado estudiando y adquiriendo nuevas habilidades. Cómo pudiste notar soy muy bueno transformándome pero te soy sincero, siempre creí que tú y yo terminaríamos juntos- dijo el joven dándole un pequeño golpe con su puño a Rin en el brazo.

-Shippo… dijo Rin sonriendo –Tú y yo sabemos que eso es mentira, eso se lo dices a todas-

El joven zorro comenzó a reír. –Sí, me conoces muy Rin. Sólo digo eso porque todavía no conozco a nadie. No he tenido cabeza para eso más que para continuar con mi entrenamiento- contestó de pronto comportándose más serio. Se puso de pie –Voy a dormir- dijo mirando en dirección a la joven.

-¿Y dónde piensas dormir?- contestó Rin preocupada.

-En el bosque, me sirve para entrenar- respondió el zorro desde la puerta –Buenas noches- dijo despidiéndose con una gran sonrisa.

Salió de la choza y caminó en dirección al bosque mirando hacia todos lados, sospechoso. Se introdujo entre los matorrales como si buscara algo hasta que llegó a un claro en el bosque iluminado por la luz de la luna. Junto varios leños y encendió una fogata, se sentó frente a ella mirando hacia los árboles. Entre las sombras de los troncos y los arbustos fue formándose una silueta que al ser iluminada por la luz del fuego reveló su identidad. Se trataba de Sesshomaru quien se sentó frente al joven youkai quien le sonreía con picardía.

-¿Y bien?- preguntó el daiyoukai.

-Me pregunto Sesshomaru… ¿por qué en todo este tiempo no eres capaz de plantar tu cara frente a ella?- cuestionó Shippo cruzándose de brazos con fanfarronería.

-¿Quién te crees que eres para cuestionarme?-. La mirada de Sesshomaru se tornó más severa pero Shippo no se inmutó.

-Es sólo una pequeña duda-

-Responde a mi pregunta, ¿y bien?-

-Bien pues que te extraña y ya. ¿Para eso me querías? ¿Para responder a una pregunta sobre la cual ya conoces la respuesta?- contestó Shippo picando el fuego con una rama.

-¿Qué hay de él?-

-Se van a casar- contestó Shippo mirándolo con seriedad –No sé qué tanto haya influenciado tu ausencia en esa decisión-

-Hn-

-Sesshomaru, si tanta curiosidad tienes sólo te digo que está a pocos metros de aquí. No sé qué pretendes mandándome a mí y a Ah-Un a la aldea pero tú no plantas ni un pie ahí. ¿Me pregunto si tienes miedo de darte cuenta que tal vez Rin no te siga esta vez?- Tales acusaciones le costaron a Shippo un moretón en la cabeza, sin embargo, Sesshomaru permaneció sentado frente a la fogata a pesar de ser perturbado por las palabras del zorro. Shippo sobaba el área golpeada pero sonreía ya que sabía que había dado en el blanco con su comentario. –Ya deja ese orgullo que tienes, mejor que nadie sé que te estás muriendo por ir-

-No seas condescendiente. Si crees que estos últimos años te dan cierto derecho de dirigirte de esa manera hacia a mí Sesshomaru, el Señor de las Tierras del Oeste, estás equivocado. No eres nadie comparado conmigo-

-Sí, sí, blah, blah, blah. Ya sé que tres años trabajar para ti son nada. Ocultarme como aldeano en varias ocasiones para espiarla no me dan ni un poquito de confianza entonces. Llegué a niveles escalofriantes para saciar las dudas y temores que no has sido capaz de admitir y ni con eso me gano algo de respeto, psht.-

-Sin embargo no estuviste en el momento en el que era necesaria tu presencia; fue Ah-Un quien al final terminó siendo útil en realidad-

-Wow, Sesshomaru, nadie me creería si les dijera que eres capaz de hablar tanto. Volviendo a tu punto; también tengo necesidades, no podía estar todos los días a cada hora vigilándola, además, ¿qué opinaría Rin de que un aldeano desconocido la mirara a través de su ventana?-

El daiyoukai se quedó callado, esta vez no tuvo respuesta ni siquiera una violenta. Shippo lo miraba de reojo orgullos de su victoria. Sesshomaru se puso de pie mirando en dirección a la aldea vislumbrando a lo lejos las pocas antorchas que dejaban encendidas durante la noche. –Te digo, si tantas ganas tienes de ir, ve… Creerá que soy yo- Sesshomaru se volvió rápidamente hacia él mirándolo rígidamente –Je, olvidé decirte que por unos segundos me hice pasar por ti sólo para probar su reacción- contestó Shippo encogiéndose esperando recibir un golpe pero en cambio captó la atención de Sesshomaru. –Ah… pues, no fue mala al menos- contestó dudoso. –No sabría explicar, jeje, sólo sé que al menos no le desagradó verte. Aprovecha ahora que es tarde y nadie se va a dar cuenta-. El youkai desapareció entre las sombras de los árboles. Shippo lo esperó frente al fuego.

Caminó más rápido de lo usual dejándose llevar por el olor. Se acercó a la cabaña de la joven y miró desde la ventana. La luz del fuego se mantenía aún encendida pero estaba a punto de extinguirse, Rin se encontraba durmiendo al lado del fuego. A pesar de haberla visto crecer en un adulto, los tres años que había pasado sin verla la habían cambiado. Notó que lo poco de redondez que quedaba de su infancia tres años se atrás se había ido, dejando unas facciones delgadas y afiladas en su delicado rostro. Su cabello era más largo y su piel se había tostado un poco más. Más pecas poblaban su rostro aun preservando la inocencia en su semblante. Desde donde estaba podía olerla, sintiendo la necesidad de acercarse más. De pronto percibió la presencia de alguien más, sabía de quién se trataba, no tenía que darse la vuelta para conocer su identidad. –InuYasha- dijo con voz grave.

-Mira lo que ha traído el dragón- dijo InuYasha sonriendo fanfarronamente. –Ah-Un estaba impregnado de tu olor, era sólo cuestión de tiempo para que te aparecieras- dijo InuYasha cruzándose de brazos dirigiéndose a su medio hermano quien seguía dándole la espalda.

-¿Piensas correrme?- cuestionó Sesshomaru condescendientemente.

-Feh. Sé que tu pregunta no es en serio aun así la voy a responder: no.- Sorprendido Sesshomaru se dio la vuelta, dándole la cara a su medio hermano. Notó que a pesar de que la esencia de InuYasha no había cambiado, su energía se había transformado. -No sé por qué razón la abandonaste pero ha estado bien- continuó el hanyou.

-Sé que Ah-Un desapareció porque estaba contigo y sé que estás aquí por lo que te acabas de enterar- Sesshomaru gruñó levemente, InuYasha sonrió –No intentes ocultarlo, ¿por qué venir ahora y no antes? Es la primera vez que vienes en tres años, no me digas que no es por eso- Sesshomaru se dio la vuelta en dirección al bosque y caminó. –Si de algo sirve, yo no creo que quiera casarse con él en realidad- dijo InuYasha mirando sus garras despreocupadamente tanteando los intereses de su medio hermano cuya atención logró captar.

-¿Qué te hace pensar que sabes algo así?- preguntó el youkai girando ligeramente en dirección al hanyou.

-Durante estos tres años la he conocido lo suficiente para darme cuenta de algo así-

De pronto ambos se movieron rápidamente al escuchar el sonido de los pasos en el interior de la cabaña de Rin, InuYasha corrió hacia donde estaba Sesshomaru y lo empujó dentro del techo donde Ah-Un siempre dormía. El youkai gruñó a su medio hermano quien corrió de nuevo frente a la puerta de Rin. La puerta se abrió y la adormilada joven se asomó por la puerta con los ojos hinchados y al ver a InuYasha frunció el ceño.

-¿Qué haces aquí InuYasha?-

-Escuché algunos ruidos y quise venir a asegurarme de que todo estuviera bien-

Al escuchar lo último Rin parecía recobrar energías y salió de su cabaña tomando una pequeña espada antes de cerrar la puerta- ¿Dónde, crees que sea algún demonio?- preguntó preocupada.

-Feh, seguramente- contestó el hanyou olvidando que en efecto, sí se trataba de un demonio.

-Ahora que lo mencionas escuché ruidos extraños hace rato, voces- dijo Rin mirando a sus alrededores.

-Ah, sólo estaba jugando- insistió InuYasha tratando de hacerla entrar en su casa –De verdad no es nada, ¿crees que no me habría dado cuenta si se tratara de una amenaza?- preguntó señalando su nariz. –

-Está bien- respondió dudosa y entró a su casa.

Al cerrarse la puerta InuYasha corrió hacia el techo pero no encontró a su medio hermano. –Psht, ese imbécil- dijo mirando en dirección al bosque.