En las alturas

Durante toda la mañana Kohaku se paseaba ansioso afuera de la cabaña de Rin quien no salía. Al fin pasado el mediodía la puerta se abrió y Kohaku, quien se había quedado dormido junto a la puerta se puso de pie. Rin lo miró preocupada, sostuvo la mandíbula del joven y lo inspeccionó meticulosamente. –Te quemaste toda la cara; estás rojo, ¿estuviste bajo el sol desde cuándo?- preguntó de manera que sonaba más como un regaño.

-Estaba esperándote pero supongo que me quedé dormido- respondió entrecerrando los ojos a causa del leve dolor que sentía al estirarse su piel y estimular las quemaduras en su rostro.

-Ven, voy a adminístrate un remedio- le ordenó haciéndole señas para que entrara a la casa.

Hizo que se sentara frente a la fogata que se encontraba apagada y comenzó a machacar varias hierbas. Algunas se encontraban colgadas en la pared y otras reposaban frescas sobre la mesa. Después de varios golpeteos, la pomada estuvo lista y comenzó a aplicársela al joven sobre las áreas dañadas.

-Con el rostro quemado me imagino querrás cancelar todo- dijo el joven riendo amargamente.

-No digas esas cosas- respondió la joven sin dejar de aplicarle el remedio.

-Sólo bromeaba, claro que no lo cancelarás, al menos no por esto- dijo mirándola a los ojos esperando su reacción.

La joven se detuvo y comenzó a mezclar la pomada mirándolo reprobatoriamente. Continuó aplicando la medicina presionando con más fuerza provocando que el joven se quejara de vez en cuando. Por fin terminó y devolvió la pequeña vasija a la mesa y se limpió las manos. Kohaku la miraba insistentemente. Tenía demasiada curiosidad por saber exactamente lo que Sesshomaru le había dicho la noche anterior pero no sabía cómo preguntarle. Mientras él se preguntaba todas esas cosas, Rin se acercó con un poco de té que le ofreció. El joven aceptó y comenzó a tomárselo. En ese instante alguien tocó a la puerta, se trataba de Kagome quien sonrió asomándose ligeramente al interior de la choza, al ver a Kohaku saludó con la mano y entró. El joven se puso de pie y saludó, sin embargo decidió salir de ahí ya que suponía que hablarían de cosas que probablemente alguna de las dos no deseaba que él escuchara y se marchó.

-¿Cómo estás?- preguntó la joven sacerdotisa sentándose en el lugar que Kohaku ocupaba antes de marcharse.

-No sé- respondió Rin sentándose a su lado. –Supongo que InuYasha ya te contó todo-Kagome asintió bajando la mirada. –Estoy confundida. Ya me había hecho a la idea de que no regresaría, acepté casarme con Kohaku y ahora él regresa y me pide que vaya con él. No voy a negar que mi deseo en ese momento fue el de decirle que sí e irme con él pero entonces recordé los consejos que leí en esos textos que a veces traes contigo y decidí dejarlo con la duda, al menos hasta que regrese en algunos días-

Kagome sonrió ante lo absurdo que le resultaba que una joven del pasado estuviera tomando influencia de artículos modernos como revistas pero decidió no hacer ningún comentario, al mismo tiempo le llamó la atención que dijera que el youkai regresaría en unos días ya que podía percibir la presencia de Sesshomaru no muy lejos de la aldea, sin embargo decidió no decir nada ya que no quería perturbarla provocando que tomara una decisión precipitada.

-¿Entonces piensas decirle que sí tal vez?- preguntó consternada.

-Es probable- contestó Rin cabizbaja.

-¿Y Kohaku?-

-No lo sé, tengo que pensar muy bien las cosas. Todavía no me he decidido- respondió la joven sosteniendo la mirada con Kagome. –Todos piensan seguramente que es muy sencillo decir que no pero estar en mi lugar es diferente a sólo ver las cosas desde afuera-

-No Rin, nadie piensa nada, sólo nos preocupa que estés bien. Sea cual sea la decisión que tomes nadie te detendrá- contestó Kagome tomando la mano de Rin a quien veía como una hermana menor. –Tienes todo nuestro apoyo, sólo quería asegurarme de que estabas bien. Si necesitas algún consejo sabes que puedes pedírmelo y no intentaré influenciarte para que decidas tal o cual cosa-

Rin sonrió agradecida viendo cómo su amiga salía de la casa despidiéndose amistosamente. De nuevo se quedó sola en la cabaña sintiéndose relajada y libre para poder pensar. Sentía demasiadas cosas, por un lado sentía coraje, frustración, angustia y ansiedad pero por otro lado sentía una felicidad inmensa. Se preguntaba cómo es que una persona era capaz de producir tantos sentimientos a la vez y no estaba segura si le agradaba o no. Todo era demasiado para ella en ese momento y sentía que lo mejor era estar sola. No tenía cara para decirle a Kohaku lo que Sesshomaru le había propuesto, sin embargo no dudaba de la intuición del joven para suponerlo. Se levantó y miró por la ventana. No muy lejos de ahí pudo ver a Shippo jugando con los niños, curiosamente, a pesar de físicamente verse como un adulto, notaba que su amigo aún conservaba un aire infantil y sonrió un poco.

Sintió ganas de alejarse de todo por lo que tomó una pequeña daga que siempre cargaba al salir de su casa y caminó en dirección al bosque para alejarse del ruido de la aldea y pensar mejor. Conforme se adentraba entre los árboles escuchó sonidos repetitivos, alguien estaba cortando árboles muy cerca de ahí. Siguió el ruido y llegó hasta quien estaba produciéndolos, se trataba de InuYasha quien al notar su presencia se detuvo, clavando el hacha que sostenía sobre el suelo y posando su pie sobre el mazo.

-¿Qué haces aquí Rin?- preguntó secándose el sudor al mismo tiempo que exhalaba.

-Quise venir a pensar un rato- respondió observando todos los pedazos de madera que se encontraban esparcidos alrededor del hanyou. No se le hacía extraño verlo cortar la madera con un hacha en lugar de hacerlo con sus garras o con su espada, ya que no mucho tiempo atrás, InuYasha insistía en hacer las cosas más como un humano que como un hanyou. Todo con la finalidad de apreciar más el tiempo que viviría al lado de Kagome, suponía Rin.

-Lo siento si te hice ruido- contestó InuYasha desclavando el hacha del suelo y llevándosela sobre sus hombros para regresar a la aldea.

-No, espera- interrumpió la joven provocando que el hanyou se detuviera. –De hecho, esperaba que pudieras aconsejarme- InuYasha se sentó sobre uno de los troncos ya cortados y levantó los hombros esperando la pregunta de Rin. –Pues, obviamente supiste lo que pasó ayer, dime, ¿tú que piensas?-

-Feh. Sesshomaru es muy obstinado, tú lo sabes y no necesitas preguntármelo; lo conoces mejor que yo-

-Sí pero… tú y él son más parecidos de lo que creen… llevan la misma sangre en sus venas y pertenecen a la misma especie. ¿Es acaso eso algo normal?-

-¿A qué te refieres con eso?- preguntó InuYasha con interés.

-Sí, a eso de desaparecer por un tiempo y luego regresar…-

InuYasha se quedó callado por un rato pensando en varias de las ocasiones en las que alejaba a Kagome para protegerla y se preguntaba de qué podría estarla protegiendo Sesshomaru como para hacer que Kohaku la alejara y la trajera hasta la aldea. Si era tan fuerte su temor porque la joven fuera a ser atacada, entonces por qué se esperó casi ocho años en mandarla a vivir a la aldea. Mientras tanto Rin esperaba ansiosa a la respuesta de InuYasha que ya llevaba un buen rato en silencio hasta que finalmente reaccionó.

-Nunca conviví con otros de mi especie Rin, siempre estuve yo solo. No sabría decir si eso es algo propio de nuestra especie-

-¿…pero?-

InuYasha giró los ojos al ver que la joven sabía que había un pero. Al igual que Kagome, no quería decirle algo que la influenciara a hacer algo sin pensarlo a pesar de que el hanyou estaba a favor de tomar las y hacer las cosas impulsivamente, no quería que Rin fuera a cometer un error por no tomarse su tiempo para analizar la situación. –Alguna vez se lo hice a Kagome. En una ocasión la mandé a su época de tal manera que no pudiera regresar; cuando lo hice siempre fue para protegerla- dijo mirándola severamente –Pero no me atrevo a decir que Sesshomaru lo haya hecho con la misma intención-

A pesar de que InuYasha no fue del todo positivo en su respuesta lo conocía lo suficiente como para sospechar que en realidad sí pensaba que su medio hermano la había querido proteger de algo. Sin pensarlo se abalanzó contra el hanyou y lo rodeó del cuello efusivamente. –Gracias- respondió la joven.

InuYasha sonrojado puso sus manos en los brazos de la joven alejándola bruscamente. –No te hagas ilusiones Rin, yo sólo te dije lo que aplicaba para mi situación-

-No, digo, gracias por ser honesto conmigo- contestó la joven sonriéndole ampliamente.

-Feh-. InuYasha le sobó la cabeza bruscamente y la empujó alejándola del lugar. –Vete ya tonta, déjame trabajar-

Los días siguientes se la pasó no muy lejos de su casa, sólo salía a alimentar a Ah-Un y a acariciarlo. Regresaba a su choza, comía y leía un poco de los libros que Kagome le prestaba, sin embargo recibía pocas visitas. A pesar de que a diario tocaban a su puerta, no pasaban de allí ya que la joven insistía en querer estar sola, sólo dejaba pasar a InuYasha en ocasiones y a veces a Kohaku pero no pasaba mucho tiempo sin que les pidiera que salieran.

Kohaku se sentía ansioso por saber lo que pasaba, sabía que Sesshomaru no había ido sólo a saludar o a preguntar cómo estaba. Conociendo al youkai y sabiendo lo dominante que era, era definitivo que le había pedido a Rin que se fuera con él. Una mañana tocó a la puerta de su prometida quien abrió en seguida. Sus ojos brillaron al entrar la luz del sol en sus retinas y se cubrió el rostro con la mano haciendo sombra sobre su cara.

-Pasa- dijo con cierta solemnidad.

El joven entró y observó la cabaña. Se encontraba más ordenada que de costumbre, las sábanas del camastro meticulosamente dobladas, las hierbas de las paredes habían desaparecido, la mesa sobre la que cocinaba limpia y sin mancha alguna. Miró al suelo y se percató del equipaje que se encontraba al lado del fogón. Rin lo miraba con cierta tristeza y se acercó a él con la cabeza hacia abajo.

-¿Entonces tenía razón? ¿Se va a cancelar todo esto?-

-Para poder tomar una decisión honesta debo asegurarme, Kohaku- respondió mirándolo a los ojos.

En ese momento no sabía si sentirse complacido por la honestidad de Rin o si prefería que se quedara con él, sin embargo disipó el egoísmo que amenazaba con invadir su mente. Agitó la cabeza y asintió con suavidad. –Entiendo. Esto es más difícil para ti que para cualquiera- contestó con seriedad.

-Lo siento mucho Kohaku, no debí haber dicho que sí si no estaba segura pero…-

-Está bien- interrumpió Kohaku esforzándose inmensamente por sonreír. –Entiendo por qué lo hiciste. Te estabas esforzando y de verdad aprecio que hayas considerado darme una oportunidad-

Rin no pudo evitar sentirse avergonzada de lastimar a su amigo. No se lo merecía. Lo abrazó con ternura derramando una pequeña lágrima. –Todavía no he dicho que no- respondió intentando aligerar el dolor en su amigo.

-No pienses en eso. Aquí voy a estar esperando hasta que tomes una decisión- respondió Kohaku acariciando su cabello. –

En ese momento alguien tocó a la puerta. Rin se desprendió del abrazo suavemente y la abrió. Shippo se encontraba de pie con los brazos hacia atrás columpiándose con sus talones. –Hola Rin- exclamó infantilmente. -¿Puedo pasar?-

La joven se hizo a un lado dejándolo entrar, Kohaku lo miró con cierta sospecha. Sabía todo lo que había detrás del joven zorro pero decidió no hacer algún comentario al respecto. Kohaku sonrió hacia Rin y se marchó dejándolos solos. Shippo caminó a lo largo de la habitación aún con las manos hacia atrás inspeccionando todo. Observó el equipaje de la joven que se encontraba ya listo y la miró.

-¿Vas a algún lado?- preguntó pretendiendo no saber lo que pasaba.

-Tengo que resolver algunas preguntas-

-Claro, claro- dijo Shippo observando de nuevo y abriendo las ventanas. – ¿Te molesta?-. La joven negó con la cabeza. – ¿Y resolver estas preguntas requiere que te vayas por mucho tiempo de aldea?- preguntó sacando la mitad de su cuerpo por la ventana agitando las manos en dirección al bosque, provocando que muchos aldeanos lo miraran confundido. Rin no se dio cuenta de lo que pasaba ya que le había dado la espalda para guardar algunas cosas en su equipaje.

-No sé qué tanto tiempo me vaya pero espero resolver estas preguntas pronto-

-Ah, mira- dijo Shippo acercándose a la puerta. –Bueno, yo ya me iba, tengo que volver a mi entrenamiento-. El joven extendió la mano. Rin la tomó la estrechó con fuerza pero antes de soltarla, Shippo la jaló y la presionó contra su pecho, abrazándola efusivamente. –Me puse muy feliz de verte- dijo con ternura. Rin podía percibir el cariño que su amigo sentía por ella. Shippo por su parte, se sentía algo arrepentido de tenerle que ocultar cosas a Rin pero todo lo hacía por su bien, tarde que temprano, la joven sería feliz y eso le daba paz. Rompió con el abrazo y le dio unas palmadas en el brazo. –Vas a estar bien. Tú y yo nos veremos pronto otra vez- dijo guiñándole un ojo, saliendo de la cabaña.

A los pocos minutos volvió a sonar la puerta. Rin comenzó a sentirse fastidiada de tener que estarse levantando a cada rato para abrirla pero cuál fue su sorpresa al ver a Sesshomaru esperando detrás de ella. Instintivamente se hizo hacia atrás ya que no esperaba verlo en ese momento. El youkai notó el sobresalto de la joven y se preguntó si después de varios años sin verlo se había desacostumbrado a su presencia, ahora sintiéndose intimidada ante él a diferencia de cómo eran las cosas en el pasado. El youkai dio un paso en el interior de la choza y se concentró en el equipaje que se encontraba preparado.

-Decidí ir con usted pero sólo por un tiempo. Necesito estar segura de la promesa que le hice a Kohaku- dijo sonrojada parándose a su lado, tratando de captar la atención del youkai quien la miraba.

-¿InuYasha ya sabe de esto?- preguntó el youkai.

"¿Por qué de pronto le interesa lo que opine InuYasha?" pensó Rin confundida. –No, pensaba decírselo a todos en algunos minutos; la verdad es que no esperaba que llegara tan pronto, qué casualidad que haya llegado justamente hoy que tomé una decisión- dijo mirándolo sospechosamente.

-¿Qué esperas para ir a decirle?- dijo ignorando las suposiciones de la joven.

Rin giró los ojos al notar que Sesshomaru no había cambiado. Salió de la cabaña y se dirigió a casa de InuYasha y Kagome, al entrar todos se encontraban ahí, incluyendo a Kohaku. Se quedó helada en el umbral de la puerta. InuYasha y Kagome la observaban preocupados, ambos sospechaban lo que estaba pasando, Miroku se encontraba a la expectativa mientras que Sango controlaba sus impulsos de darle una cachetada. Kohaku mientras tanto intentaba sostenerle la mirada ya que le resultaba muy doloros todo.

-Vengo a despedirme- dijo por fin rompiendo el silencio.

Sango se levantó con brusquedad y la tomó de los hombros. -¡¿En qué estás pensando?! ¡¿De verdad piensas irte y dejar a Kohaku así?!-

En ese momento todos se pusieron de pie, Miroku se levantó a sostener a Sango, mientras que InuYasha y Kohaku se pararon al lado de Rin. Kagome se acercó hacia los niños y los sacó de la cabaña.

-No necesito que intercedas por mí, hermana. No hay nada por lo cual interceder- dijo Kohaku rodeando a Rin por los hombros. –Rin sólo necesita tiempo para pensar y tomar una decisión sincera, ¿qué no aprecias que Rin quiera ser sincera conmigo?-

Sango se calmó un poco pero aún observaba a la joven con recelo. –Cálmate Sango- insistía Miroku acariciando el brazo de su esposa. –Esto no te concierne- concluyó el monje mirando a Rin con cariño. –Rin, no te sientas mal, Sango sólo se preocupa por Kohaku, tú vete y haz lo que creas que es correcto- dijo tocándose el pecho.

Rin se encontraba agitada y avergonzada ya que le apenaba preocupar a Sango y a los demás. Sin embargo se despidió de todos abrazándolos, incluso de Sango quien a duras penas le correspondió. Al final se despidió de InuYasha y Kagome con quienes estaba demasiado agradecida. Salió de la cabaña y Sesshomaru la esperaba afuera, la miró con frialdad pero Rin le sonrió remontándolo al pasado. El youkai vio en esa sonrisa un pedazo del pasado y caminó hacia la choza de Rin en donde se encontraba Ah-Un ya con el equipaje de la joven montado. Tomó las riendas del dragón y se las entregó.

-Vámonos- dijo elevándose seguido por la joven quien miraba con cierta tristeza hacia abajo. Vio a sus amigos que se despedían desde abajo al igual que el resto de los aldeanos, varios salían corriendo de sus cabañas señalando hacia arriba. Rin dejó de ver ya que sentía que si seguía mirando comenzaría a llorar. Se enfocó en Sesshomaru quien volaba frente a ella y en su cabello plateado que a pesar de ir contra la corriente del aire se movía suavemente a diferencia del suyo que ondeaba con violencia.