Matrimonio arreglado
El aire comenzaba a tornarse frío y acuchillaba sus mejillas conforme más se acercaban a la montaña. Aunque no quisiera, Rin se aferraba a las riendas de Ah-Un ya que el clima estaba haciendo de las suyas entumeciendo sus extremidades. Sesshomaru no se detenía y la joven no encontraba fuerzas para pedirle descansar, al menos para resguardarse, sin embargo no fue necesario ya que minutos después, comenzaron a vislumbrarse entre los árboles construcciones que a simple vista se veían pequeñas pero conforme iban descendiendo adquirían tamaños inimaginables para Rin. Así como los palacios se iban haciendo más fáciles de distinguir, de igual manera pequeñas personas iban adquiriendo forma. Por fin el suelo estaba cerca y la estabilidad se sintió al momento en que Ah-Un plantó sus cuatro patas sobre el césped. Varios inu youkais se acercaron y tomaron al dragón llevándoselo a un lugar desconocido, otros se quedaron parados reverenciando a Sesshomaru quien se acercó a la joven y la tomó de la muñeca. Caminaron entre los amplios pasillos forrados de madera provocando que varios youkais asomaran sus cabezas de sus habitaciones mirándolos alejarse. Rin notaba la conmoción en el palacio y miraba a Sesshomaru intentando conseguir una reacción, ya no tanto una respuesta, pero el youkai mantenía la mirada firme al frente. La joven comenzó a preguntarse si él vivía en el palacio y si era así, si le pertenecía. Comenzó a sentir curiosidad ya que en todos los años que llevaba de conocerlo, jamás había pisado en las famosas tierras que tanto decían le pertenecían al youkai. Siempre pensó que era un título nada más y no propiamente significaba que en realidad poseía tales tierras.
Mientras Rin avanzaba ciegamente prácticamente a través de los pasillos pensando en todas esas cosas, llegaron por fin a una pequeña habitación un poco más grande que su cabaña en la aldea. En ella había un camastro más acolchonado que el que tenía, había varios libreros con pergaminos, y en uno de los extremos había una ventana, al lado de ella había una mesa y sobre la mesa había unas cuántas flores, papeles y varias brochas con bloques de tinta en sus alrededores. La joven entró observando con cierta maravilla el cuarto que definitivamente era más lujoso que su casa. La madera de los pisos brillaba y el sólo pisar le preocupaba ya que no deseaba manchar el inmaculado trabajo que seguramente alguien había tenido que hacer para llegar a tal nivel de limpieza. Sesshomaru se encontraba detrás de ella observándola caminar con lentitud. Notaba que los movimientos de la joven eran más cuidadosos, menos atolondrados. Su energía tenía más control por lo que ya no había comentarios fuera de lugar, al menos no por el momento, ni movimientos precipitados.
-Este lugar… ¿tiene lo necesario para tu estancia temporal?- preguntó el youkai interrumpiendo la meticulosa inspección de Rin.
La joven lo miró sorprendida, a pesar de que era evidente, no se le ocurrió pensar que Sesshomaru ya tuviera un lugar previsto para ella. Asintió lentamente con la cabeza. El youkai hizo un sonido aprobatorio y salió de la habitación, avanzando entre los pasillos dejando detrás de él una ola de reverencias. La joven se asomó desde su puerta y el desaparecer el youkai en una de las esquinas los ojos de los que se encontraban en el palacio se volvieron hacia ella. Al instante la joven metió rápidamente la cabeza y cerró la puerta corrediza con fuerza. Se sintió intimidada y un poco asustada. No se había tomado el tiempo de pensar en que había más youkais como Sesshomaru y que al parecer todos se encontraban en el mismo lugar que ella y peor aún, estaban curiosos sobre su presencia. No sabía cómo tomarse las cosas, una cosa era conocer a Sesshomaru pero muy distinto era a otros cientos de ellos y de una sola vez. Tomó aire y exhaló intentando relajarse. "Bien, debo de ser amable" pensó. Abrió la puerta y salió juntando sus manos, caminando con lentitud, mirando con timidez a los curiosos e intimidantes youkais que más que observarla la acechaban. Les daba los buenos días y hacía unas cuántas reverencias pero ninguno le correspondía. Pasó frente a un grupo de hembras y al mirarla se concentraron en unas telas que sostenían y volvieron a enfocarse en zurcirlas, como si Rin no hubiera pasado por ahí. Rin no se ofendió, tenía experiencia con la indiferencia. Su primer encuentro con Sesshomaru había sido más o menos así, incluso en alguna ocasión recibió un gruñido. Recordar aquellos momentos le brindó mucha nostalgia. Conforme avanzaba y se topaba con decenas de youkais que no se tomaban la molestia de mantenerle la mirada, llegó a uno de los jardines del palacio. Había varias macetas hechas de madera que ocupaban demasiado espacio, eran más largas que ella, al menos al triple. Muchas de ellas eran flores que jamás había visto e impactada se acercó para inspeccionar sus colores y sus formas hasta que una voz femenina y melodiosa la sobresaltó.
-Así que tú eres la nueva adquisición de Sesshomaru- dijo agitando un abanico con elegancia. Rin la vio de frente y le saludó con una reverencia. Al observarla supuso que era alguien de suma importancia pero no se atrevió a suponer qué era de Sesshomaru. –No he visto a mi hijo, tuve que enterarme por los sirvientes que había llegado y que no lo había hecho solo- dijo con cierto dramatismo viendo hacia el otro lado del palacio. -¿Sabes en dónde se encuentra?- pregunto tomando una de las flores en sus delicadas y delgadas manos.
-No. Apenas me llevó a mi habitación y se marchó-
-Ah, ¿así que te asignó un área en el palacio?- dijo de pronto mirándola con interés. Caminó a su alrededor inspeccionándola, provocando intimidación en la joven quien se encorvó ligeramente. –No creo que sea conveniente que estés vestida así mientras estés aquí- dijo mirando las pieles que colgaban de las pantorrillas y hombros de la joven. –Sabía que por lo general los humanos no tenía buen gusto pero al menos en su mayoría se visten con decoro, sin embargo, tú te vistes como una salvaje querida- dijo con cierto aire de lamento. –En cuanto termines de instalarte irás a mis aposentos- La mujer se dio la media vuelta y se marchó, acompañada de dos concubinas.
Rin permaneció de pie frente a las flores sin saber si la mujer había sido amable o cruel. Era difícil definirlo pero era más de lo que los otros demonios del palacio le habían correspondido. Caminó de regresó a su habitación y se sorprendió al ver que sus cosas se encontraban sobre el camastro. Desenvolvió su equipaje y acomodó lo que llevaba en ella a lo largo del camastro. Entre las cosas, había una imagen tomada con un artefacto que Kagome traía de su época; foto, como ella la llamaba. La colocó sobre la mesa, al igual que varios libros que su amiga le había prestado y los acomodó entre los pergaminos que se encontraban en los estantes. Tomó varias de sus prendas y las colocó en otros estantes contiguos a los de los pergaminos. Tomó entre sus manos la peineta y el espejo que guardaba de aquel cumpleaños años atrás y los colocó al lado de la fotografía. Todo parecía estar en orden ya por lo que decidió hacer la visita a la madre de Sesshomaru, no sin antes revisar los kimonos que había empacado. Tomó uno de ellos, un kimono con tela amarilla suave y brillante, con patrones floreados anaranjados y rosados. Lo sostuvo frente a ella por un buen rato, pensando si debía o no usarlo.
Al salir de su habitación se ajustó el nudo del obi y caminó cuidadosamente teniendo precaución de no arrugar la tela. Sin saber en dónde se encontraba, se movía entre los pasillos sin dirección. Su única referencia era el jardín por lo que se propuso llegar hasta ahí. Al llegar, las dos concubinas que acompañaban a la madre de Sesshomaru la esperaban. La observaban rígidamente pero Rin estaba bastante despreocupada. Les sonrió amigablemente y las siguió una vez que éstas le dieran la espalda y la condujeran hasta los aposentos de la Señora del Oeste. La habitación era más grande que cuatro cabañas como la suya juntas. Había flores por todos lados, telas que caían de los techos con colores púrpura y dorado. La Señora del Oeste se encontraba sentada sobre una ostentosa silla sosteniendo un gran pergamino. Levantó ligeramente la cabeza al verla y se acercó inspeccionándola de nuevo. Con señas corrió a sus concubinas quedando sólo ella y la joven humana.
-Veo que has tomado una decisión de estilo- dijo la madre de Sesshomaru con cierta satisfacción. Tomó una de las mangas del kimono y acarició suavemente la tela. –Veo que esto es de excelente calidad pero no creo que lo hayas conseguido tú. Te lo regaló mi hijo, ¿cierto?-
-Hace años- respondió la joven con la cabeza en alto. –Jamás lo usé pero creo que ahora es un buen momento para hacerlo-
-Te sientan bien esos colores- respondió la elegante mujer. Caminó hasta su silla y le pidió a Rin que se acercara y se sentara frente a ella. –Mi hijo tiene un exquisito gusto por las prendas. Definitivamente sabe qué colores le sientan bien a tu piel-
Rin se sonrojó ligeramente mirando las mangas de su ropa. Después observó a la imponente señora que la observaba con interés, colocando su mano debajo de su barbilla, mirándola con una suspicaz sonrisa. –Disculpe, pero, ¿por qué me trajo hasta aquí?- preguntó la joven tratando de sonar lo más respetuosa posible.
-Sabes, hace un tiempo, no hace mucho –aunque seguramente para ti sí ha sido considerablemente mucho-, mi hijo se encontraba en una búsqueda constante por fortalecerse. Una de sus últimas pruebas lo llevó hasta los rincones más oscuros de este y el otro mundo, sin embargo, ese poder requería de un sacrificio muy grande. Llegó hasta mí con una niña en brazos una niña que ya había muerto y no podía ser salvada por segunda vez, sin embargo, el gran cariño y fe que tengo en mi hijo me llevó a salvarle la vida a esa pequeña y frágil humana-. Rin miraba a la madre de Sesshomaru intentando contener su asombro y nerviosismo. Sabía que la historia era de ella, sin embargo poco recordaba de ese momento; se preguntaba a qué iría recordando aquella historia –Nunca había visto a mi hijo tan frágil… entonces de nuevo, llega con esa pequeña y me pregunto, ¿qué es lo que pretende con semejante capricho? Aun así no puedo enviarte de regreso por donde viniste sin corroborar que hay algo en ti digno de apreciar-
-Le prometo que no vengo a causar ningún problema- dijo la joven de pronto olvidando que hablaba con alguien casi de niveles divinos.
La madre de Sesshomaru rió ante la ingenuidad de la joven. –Claro, eso no es necesario aclararlo. Nadie conoce mejor Sesshomaru que su propia madre; quiero ver el problema que mi hijo desea causar. ¡Qué casualidad que corre del palacio y regresa con una joven humana justamente después de insistirle que debe casarse pronto!- exclamó la madre de Sesshomaru desviando la mirada de la joven hacia la puerta. Rin abrió los ojos con sorpresa.
-¿Va a casarse?- preguntó la joven acercándose a la madre de Sesshomaru como lo haría con Kagome o Sango, de nuevo, olvidando que no se trataba de una amiga, sin embargo a la youkai parecía no molestarle la familiaridad con la que la joven se dirigía hacia ella.
-Es algo que debe hacer- respondió con hastío. –Lamentablemente en nuestra especie hay altas expectativas de nuestra familia. Llevamos más de dos siglos sin un líder con una familia que prometa sucesores; la gente se hace preguntas… Si no hay cachorros que prometan ser futuros daiyoukais, otras familias intentaran ocupar el lugar de Sesshomaru una vez que deje de ser el Señor de las Tierras del Oeste-
"Así que él también tiene un compromiso" pensó la joven mirando hacia el suelo.
-Tú lo conoces de hace tiempo querida, sabes que mi hijo no es un hombre de palabras y lamentablemente eso es primordial en el cortejo de nuestra especie. Si tan sólo pudieras ayudarlo a ser más suelto con su verbo…-
-¿Por qué yo?- preguntó sorprendida.
-Jaken siempre dijo que las palabras se te salían hasta de las uñas de los pies- respondió la señora seriamente pero Rin se sonrojó ante los comentarios siempre atolondrados de Jaken. –En unas semanas realizaremos una reunión; familias de las tierras vecinas vendrán con jóvenes aptas para el matrimonio y cuando llegue ese momento, mi hijo deberá ser lo que su título promete: el marido perfecto. ¿Me ayudarás?- preguntó la madre de Sesshomaru tomándola de las manos jovialmente.
Rin asintió intentando ocultar su preocupación. Por alguna razón no se sentía muy a gusto con la situación, sin embargo, debía hacerlo o de otra manera no se ganaría la simpatía de la mujer más importante del palacio y no quería entrar en un conflicto. La Señora del Oeste le agradeció a la joven por su complicidad y le dio permiso de salir de sus aposentos. Rin caminó por el pasillo con la cabeza hacia abajo sin saber exactamente por qué se sentía así, decepcionada. Entró en su habitación y tomó una de las revistas que Kagome le había obsequiado intentando encontrar respuestas en los textos extraños que a pesar de leer durante varios meses, seguía sin comprender del todo.
