Vida en el palacio
Durante el resto del día Sesshomaru no hizo acto de presencia frente a la joven quien pasó despierta toda la noche pensando en lo que su madre le había pedido hasta que cayó inevitablemente dormida. Abrió los ojos con los primeros rayos de sol que se filtraron por la ventana, apenas amanecía. Se sentí sobre su camastro tallando sus ojos y trenzando su alborotado cabello cuando de pronto la puerta de su habitación se abrió precipitadamente. Su reacción fue tomar su navaja y cubrirse con la sábana. En la puerta se encontraba un joven cuyas características eran muy similares a las de Sesshomaru a excepción de que su semblante era más jovial y su expresión era gentil y relajada. Llevaba el cabello por debajo de los hombros en una gruesa trenza. Las marcas en su cara tenían un tono azul marino que contrastaban con sus brillantes ojos ambarinos. El resto de su ropa parecía más informal que la de Sesshomaru y su madre, con tonos azules muy parecidos a los de sus marcas.
-Perdón, no quise asustarla- dijo el joven reverenciándola. –Vine a ayudarla con sus actividades de hoy-
-¿Mis actividades de hoy?- preguntó dejando su navaja cuidadosamente sobre el suelo.
-Así es. Nuestra Señora del Oeste nos ha informado de su estancia y sus actividades por el tiempo que permanezca en el palacio; si no le molesta- dijo señalando hacia la mesa que se encontraba frente a la ventana, pidiendo aprobación para sentarse. Rin asintió. –Como debe saber en unos días la familia, dueña de las Tierras del Oeste, serán anfitriones de una reunión con la finalidad de unir en matrimonio a nuestro amo y establecer alianzas y lazos de hermandad entre las familias de nuestras tierras vecinas. La señora hizo gran hincapié en la capacidad que usted posee para hablar y me pidió que le diera algunas clases para reforzar sus futuras lecciones con nuestro amo- dijo por fin con amabilidad, una amabilidad que no había visto en nadie en el palacio.
-¿Qué tipo de clases piensa darme… eh…?-
-Ryuunosuke- respondió el joven inclinándose educadamente. –Respecto a las clases, la señora me pidió asegurarme de que usted fuera capaz de escribir y leer correctamente-
Rin se puso de pie y se acercó a los estantes donde había colocado los libros que Kagome le había obsequiado. Tomó uno y se lo enseñó a Ryuunosuke quien lo tomó sorprendido ya que el objeto era desconocido para él. Lo abrió lentamente y hojeo con cuidado, leyendo cautelosamente las palabras. Estaba sorprendido de que las letras fueran tan pequeñas y las líneas tan finas y perfectas. –Sé leer y sé escribir- contestó la joven sonriendo. –Puedo prestarte uno de esos si quieres- sugirió al notar el interés del joven por el libro que sostenía.
-Será después- respondió el joven con cierta decepción. –Lo más importante ahora es que continuemos con lo que está destinado para usted. Ya que las lecciones de lectura y escritura no son primordiales podemos concentrarnos en que aprenda un poco sobre nuestras costumbres como manada-
-¿Y eso para qué?-preguntó la joven inclinándose ligeramente para estar más al nivel de Ryuunosuke.
-Bueno, es claro que la Señora del Oeste la quiere tener como asistente especial en la ceremonia. Usted serviría durante los festines y eventos de cortejo- respondió el joven anotando sobre un largo pergamino que había apoyado sobre la mesa conforme decía esto.
La joven colocó su dedo debajo de su nariz pensativa. Se preguntaba sobre el repentino interés que la madre de Sesshomaru había prestado en ella y no sabía si tomarlo positiva o negativamente. Se sentó frente al joven youkai pero sobre el suelo y lo miró con atención. –Dime, ¿sabes por qué de pronto ella quiere que yo haga todo eso?-
-Mi Señora gentilmente desea darle algo en qué ocuparse ya que teme que nuestro amo sea negligente y que la deje sola durante largos periodos- respondió sin despegar la vista del pergamino sobre el que apuntaba. Terminó de anotar y se dio la vuelta para extenderle el pergamino a la joven. –La tinta sigue fresca- dijo mientras Rin tomaba el pergamino de las orillas.
-¿Entonces esto es todo lo que tengo que hacer?- preguntó mientras leía rápidamente el contenido del papel.
-Así es- respondió el joven inclinándose ligeramente hacia ella entrecerrando los ojos mostrando su interés –Si no es mucha molestia, ¿podría decirme cuánto tiempo le tomó aprender a leer trazos tan complicados?-
-Un poco más de dos años- respondió la joven mientras leía. –Una amiga en la aldea donde vivo me enseñó-
-Ha de ser una mujer con grandes riquezas- sugirió el joven intentando averiguar más.
-En realidad no- contestó sonriente, extendiéndole el pergamino.
-No, eso es suyo. Por favor consérvelo en algún lugar visible para que revise sus actividades cada mañana- el joven se puso de pie y caminó hacia la puerta –La espero aquí afuera una vez que esté dispuesta para salir- y con una sonrisa cerró la puerta corrediza.
Después de varios minutos de buscar ropa para trabajar, salió acomodando su cabello en una desarreglada cebolla. Le preocupaba que Ryuunosuke la regañara por su cabello pero contrario a lo que ella pensaba sonrió ampliamente con satisfacción. –Bien, no tendremos ningún problema. Por favor, sígame mientras le muestro el palacio-
Caminaron por el pasillo hasta el jardín, lugar que ya conocía. Ryuunosuke no dio descripciones extensas sobre cada flor pero sí sobre la historia de éste. Familias muy atrás de la de Sesshomaru habían cultivado el jardín. Los inuyoukais por su apreciación hacia la belleza veneraban ciertas figuras, la luna, como su patrona de la fertilidad y las flores, como patronas de la belleza. El jardín había sido colocado estratégicamente debido a que durante la primera, en un día en específico, la luna se posicionaba perfectamente sobre el pequeño estanque del jardín iluminando las gotas de rocío y los cristales durante la noche. –Un eclipse lunar- dijo Rin, interrumpiendo la explicación de Ryuunosuke quien arqueó la ceja pensando que la joven mencionaba palabras al azar desconociendo completamente tal fenómeno que la joven mencionó el cual aprendió de libros que Kagome alguna vez le prestó.
Salieron del jardín y caminaron por los aposentos de la Señora del Oeste, los cuales Rin ya conocía. Así mismo pasaron junto a varias salas con hileras interminables de pergaminos, prendas lujosas, acondicionadas con cojines, telas, y jardines interiores. –Esos son para familias con poder. Muchas viven aquí y otras son para las que vienen de visita- agregó Ryuunosuke. Visitaron los establos donde se encontraban varios demonios dragón iguales a Ah-Un, algunos caballos y varios inu youkai quienes saludaron a Ryuunosuke con familiaridad pero al ver a Rin su actitud cambió y continuaron con su trabajo. –No te preocupes, pronto se acostumbrarán- dijo Ryuunosuke amablemente. Casi cada cuarto que visitaron tenía lujos. Salieron del palacio y miró hacia debajo de la colina. Pequeñas casas rodeaban el palacio y el movimiento era más activo. Los inu youkais caminaban de un lado a otro acarreando telas, carne y vegetales. –Aquí vive el resto de la manada- dijo el joven youkai al notar el interés en la joven.
-¿O sea que esto no es sólo el hogar de Sesshomaru y su madre sino que es una aldea?-
-Somos una manada- respondió corrigiéndola amablemente.
La joven observaba maravillada, jamás se imaginó que Sesshomaru tuviera un origen tan social, siempre pensó que su vida había sido solitaria por su personalidad pero ahora le resultaba más enigmático al conocer sus raíces. Mientras tanto Ryuunosuke se dio la vuelta y señaló a lo alto del palacio a una torre ligeramente aislada del resto de la construcción. –Allá habita nuestro amo. Al llegar hace tres años mandó construir esa torre-
-¿Nunca sale de ahí?-
-En ocasiones. Usualmente revisa documentos importantes, generalmente tratados con otras tierras vecinas o peticiones de la manada. Durante las noches patrulla las tierras junto con los miembros de la armada que se encuentran de aquél lado- dijo señalando una construcción menor pero también bastante grande al lado del palacio, justo frente a la torre de Sesshomaru –Pocas veces sale durante el día-
-¿Y tú dónde vives?-
-Mis aposentos se encuentran en la torre de nuestro amo- respondió el joven llevándose las manos hacia atrás mirando hacia la torre –He estado a su servicio desde que era un niño. Sin embargo, durante su ausencia, serví a nuestra Señora-
-¡¿Entonces eres mayor que él?!- exclamó sorprendida.
-¿Por qué le causa tanta sorpresa?- preguntó el joven caminando de vuelta al palacio que se encontraba colina arriba.
-Es que no lo parece-
Ryuunosuke rió discretamente. Sus movimientos eran calculadores y elegantes al igual que los de Sesshomaru y su madre sin embargo su actitud era distinta así como su personalidad. Había sido amable con ella sin hacerle complicado a la joven para darse cuenta por lo que se sintió más tranquila sobre su estancia en el palacio. –Antes de dejarla por hoy- dijo el joven deteniéndose frente a la puerta de la habitación de Rin –Le advierto que muchos de los sirvientes del palacio pueden mostrarse hostiles-
-Ah, sí, eso lo noté al llegar. Tengo experiencia con ello- dijo riendo.
-Sí pero algunos no dudarán en intentar humillarla-
-Oh. No te preocupes Ryuunosuke, sé defenderme-
-Bien pero trate de no caer en sus provocaciones. Es complicado para muchos comprender cómo es que alguien que acaba de llegar y sobre todo humana, llegue al palacio con un cargo superior al suyo-
-¿Tengo un cargo superior?-
-Así es, usted será dama de compañía de mi Señora, como le dije hace rato. Cumplirá sus órdenes directamente y las de mi amo en todo momento. No tiene que someterse a las órdenes de otros sirvientes. Su cargo y el mío son iguales- contestó el joven abriéndole la puerta. –Ahora le sugiero que vuelva a revisar su itinerario- al decir esto la joven entró a su habitación y se despidieron. Rin se dirigió hacia la mesa y tomó el pergamino, leyéndolo cuidadosamente. "Atender las plantas" leyó como primera actividad del día.
"¿Por qué me querrán a mí para eso?" pensó haciéndosele extraño tener eso como tarea sin embargó salió de su cuarto aun leyendo el pergamino sin prestar mucha atención a sus alrededores. Los youkais la observaban hostilmente conforme pasaba a su lado. La joven seguía sin mirarlos. Caminó por varios minutos hasta que levantó la vista y se adentró hacia el jardín. –Ni siquiera tengo tanta experiencia con las plantas- dijo en voz alta. Se acercó a un arbusto silvestre que en ese momento daba bayas. Tomó una de las hojas inspeccionándola. "Esta es una de las plantas que el señor Sesshomaru siempre me mandaba a buscar" pensó asombrada "Supongo que es un remedio que viene de familia". Tomó una cubeta de madera y la sumergió en el estanque. Con sus manos creaba un pequeño hueco y arrojaba agua sobre las flores. Al meter su mano en la cubeta sintió presión en sus muñecas y miró a su lado. Sesshomaru sostenía su brazo con firmeza, la joven no sabía si el youkai se encontraba molesto o si era su actitud de siempre. "Vaya que ya perdí la práctica" pensó la joven mientras giraba su cuerpo en dirección al youkai.
-¿Qué pasa señor Sesshomaru?- preguntó la joven despreocupadamente. -¿No piensa soltarme? Su madre me encomendó esta tarea- dijo mirando hacia su muñeca.
-Ven conmigo- dijo el youkai sin soltarla pero disminuyendo la fuerza de su mano sobre la joven.
-No creo que sea una buena idea- dijo sacando el pergamino de su yukata con la mano que aún tenía libre. –Mire-. La joven extendió el pergamino hacia el youkai quien lo miró inexpresivamente. Soltó la muñeca de la joven y lo tomó abriéndolo ligeramente.
-Es irrelevante, ven- dijo jalándola del brazo provocando que la joven soltara la cubeta llena de agua.
-¡No! Espere- contestó Rin jalando su brazo hacia su cuerpo, zafándose del youkai. –Iré con usted, no necesita llevarme a la fuerza porque he decidido acompañarlo, además, será un gran problema para usted que los demás lo vean tratarme con tanta familiaridad- contestó la joven.
El youkai le dio la espalda y caminó. Rin lo siguió. En efecto, los demás sirvientes, sobre todo las mujeres, observaban con receló a la joven conforme caminaban a lo largo de los pasillos. No sabía con exactitud hacia donde se dirigían ya que el youkai parecía dar vueltas en casi todos los pasillos del palacio. Por fin llegaron a la base de la torre y Rin se preguntaba por qué habían tenido que caminar por tantos pasillos y salas. Subieron las escaleras hasta llegar al último piso. Sesshomaru abrió la puerta rápidamente revelando lo que había detrás de la puerta. Todo el piso de la torre eran los aposentos del youkai, Rin se encontraba sorprendida detrás de él, sin embargo no caminó, espero hasta que Sesshomaru lo hiciera primero. El daiyoukai caminó al interior y Rin lo siguió dejando la puerta abierta detrás de ella.
-Ciérrala- indicó el youkai.
-¡¿Qué?! No- exclamó la joven alternando su mirada entre el youkai y a la puerta sonrojada.
-No es una pregunta, es un comando; ciérrala- La joven obedeció sonrojada con la cabeza hacia abajo. –Estás equivocada si piensas que de ahora en adelante tienes derecho a objetar en lo que te pida. Aceptaste servir en este castillo y eso harás- dijo el youkai dejando ver algo de enojo en sus palabras.
-Señor Sesshomaru, su madre insistió en que la ayudara, no quise…-
-¡Silencio!- exclamó furioso –Ese es problema tuyo, ahora harás lo que has prometido. Acomoda los pergaminos- comandó mientras le daba la espalda y se sentaba detrás de una mesa a revisar varios papeles, ahora sin mirarla.
La joven se acercó hacia los estantes y comenzó a ordenar su contenido. Varios pergaminos se encontraban desenrollados, colgando desde los estantes hasta el suelo. Al ver la cantidad que había cayó en la cuenta de que le tomaría bastante tiempo, lo cual no le daría oportunidad de completar su itinerario y comenzó a pensar en maneras de explicar la situación a la Señora del Oeste. Conforme enrollaba los pergaminos, no podía evitar sentir curiosidad sobre su contenido. Lamentablemente para su entretenimiento, muchos de los pergaminos tenían contenido académico, textos bastante complicados que no serían útiles para su diversión en el poco tiempo que tendría para leerlos, por lo que los enrollaba decepcionada y los colocaba en su lugar. Sin embargo, entre aquellos textos, había varios que no tenían palabras sino dibujos. Muchos eran estudios de animales como jabalíes, siervos, aves, algunos eran de plantas y frutos con anotaciones. Se preguntó si esos dibujos los había hecho Sesshomaru.
-Rin- dijo el youkai con voz grave sobresaltándola. –Sigue trabajando- indicó el youkai sin levantar la vista de lo que estaba haciendo. La joven asintió rápidamente con la cabeza y obedeció.
Después de varias horas el silencio en los aposentos del youkai fue roto al abrirse la puerta precipitadamente. La Señora del Oeste apareció en la puerta y comenzó a caminar rápidamente hasta la mesa donde se encontraba Sesshomaru. Se mantuvo de pie frente a él con las manos en la cintura pero el youkai seguía sin mirarla. –Madre- dijo con indiferencia.
-Sesshomaru, esta joven aceptó asistirme con los preparativos de la ceremonia y eso hará-
-Fui yo quien la trajo hasta aquí; es mía- contestó elevando la mirada clavándose en los ojos de su madre.
-¿Planeas mantenerla aislada todo el día? Hijo, no sé qué es lo que tramas pero no puedes evadir tus responsabilidades. Además los humanos no funcionan adecuadamente cuando se les tiene encerrados. Déjala que continúe su trabajo. Te quiero ver abajo pronto así que no demores- esto último dijo dirigiéndose a la joven. La elegante señora sacó su abanico y comenzó a agitarlo más rápido de lo usual frente a su rostro. –Aún a estas alturas sigues provocándome humores- dijo saliéndose de la habitación de la misma manera en la que entró.
Rin se mantuvo de pie frente a los estantes sin despejar la mirada de ahí. No sabía a quién obedecer y comenzó a sentirse algo ansiosa. Escuchó que el youkai se puso de pie y con menos ganas se sintió de quitar la vista de las espirales de los pergaminos enrollados. Al sentir la presencia de Sesshomaru cerca los nervios comenzaron a traicionarla. –Señor Sesshomaru yo no quise provocar ningún problema. Si esto va a ser así de tal manera que provoque problemas entre su madre y usted, prefiero irme antes de que pase algo de lo que luego me arrepienta. Verá es que- pero fue interrumpida al sentir un ligero tirón en su cabeza. -¿Señor…?-
-Este no es el peinado apropiado para el trabajo- respondió el youkai sin que la joven pudiera verlo. Sentía ligeros tirones que no le resultaban molestos. De pronto sentía algunos de los dedos del youkai introducirse en su cabello por lo que comenzó a sentirse relajada y cerró los ojos. De pronto terminó. Abrió los ojos buscando su cabello y al sentirlo se dio cuenta que estaba acomodado en una trenza. Se volvió hacia el youkai sorprendida quien lo observaba como siempre inexpresivo. –Ve a trabajar pero recuerda que es porque yo te lo ordené-
-Claro- respondió la joven sonriendo divertida al notar lo orgulloso que seguía siendo su señor. –Como usted diga-
Salió de los aposentos de Sesshomaru sintiéndose aliviada de que la discusión no pasara a mayores. Bajo de la torre y caminó en dirección a la habitación de la Señora del Oeste. Abrió lentamente la puerta y al verla, la madre de Sesshomaru le pidió que pasara. Se sentó frente a la imponente youkai esperando su comando.
-Querida, tienes suerte de que seas tan especial, a cualquier otro sirviente que se sentara frente a mí antes de recibir una orden lo reprendería severamente. Pero no, no, no te levantes, me agradas. Mira- dijo señalando varios pergaminos en blanco –Ryuusuke me informó sobre tu habilidad para leer caracteres complicados, me imagino que así tan bien como puedes descifrarlos, los puedes escribir-
-Puedo escribir- respondió Rin sonriente.
-Bien, entonces acompáñame al jardín, tenemos varias invitaciones qué hacer-
Descendieron hasta el jardín, por supuesto que Rin era quien cargaba los pergaminos con dificultad. Se sentaron sobre una jardinera y la Señora del Oeste comenzó a inspeccionar los pergaminos al instante. –Es un material excelente. Miembros de nuestra manada se encargan de producirlo- agregó con orgullo –Bien, copiarás lo siguiente sobre ellos, yo te indicaré los errores-
Rin tomó una brocha y comenzó a copiar lo que estaba escrito sobre el papel que la señora le había entregado. Conforme realizaba los trazos podía ver de reojo a la madre de Sesshomaru asentir con la cabeza, lo cual le dio motivación y tranquilidad a la joven. Comenzó a sentirse con más confianza y energía por lo que comenzó a hablar como usualmente lo hacía. –Nunca me imaginé que Sesshomaru viviera en un lugar así-
-¿Por qué lo dices querida?- preguntó juntando las manos.
-Porque el Señor Sesshomaru siempre fue muy solitario. Habla poco- dijo la joven sin despegar la vista del pergamino sobre el que escribía –No pensé que fuera miembro de una manada-
-Ah, querida… Sesshomaru cambió desde su infancia. Desde que su padre tomó a la madre de InuYasha como pareja, su carácter se hizo severo y frío- Rin levantó la cabeza con interés ante las palabras de la youkai –Sigue trabajando, anda que te seguiré contando si quieres-
-¿Entonces usted sabe sobre InuYasha?- preguntó la joven volviendo a su trabajo.
-No seas ingenua niña, por supuesto, siempre lo supe. Jamás odié a mi difunto esposo por ello, sin embargo Sesshomaru desarrollo un resentimiento terrible hacia su padre y ni hablar de la humana y su cría. Sabes… mi hijo poseía un gran sentido de unidad, confiaba en que nuestra familia era la más unida de las Tierras del Oeste. La traición que muchos piensan fue hacia mí, en realidad fue para nuestro hijo-
-¿Entonces usted no odia a InuYasha?- preguntó Rin asombrada.
-Por supuesto que no- respondió sacando su abanico –Ni tampoco a Izayoi. Así como nuestro hijo lo hará en poco tiempo, mi esposo y yo nos casamos para cerrar una alianza. Es parte de las responsabilidades de un noble- dijo suspirando –Para nosotros el amor no es más que una maldición. Es difícil amar a la persona con la que debes contraer matrimonio- Rin no pudo evitar sentir tristeza al escuchar esas palabras. Al parecer todos tenían problemas con el matrimonio pero jamás pensó que Sesshomaru se viera expuesto a tal dificultad. –Pero no te preocupes querida, quita esa cara. Nuestro Sesshomaru es fuerte-
-Lo sé- dijo Rin sonriendo. –Es sólo que me preocupa pensar que tal vez corra con la misma suerte- respondió mirando a la señora. Al instante se dio cuenta de que lo que había dicho había sido impertinente y se retractó. –Lo siento, lo siento, no quise decir que lo suyo fuera algo malo- dijo apenada inclinándose para pedir disculpas.
-¿Te referías a mí?- preguntó la Señora del Oeste riendo a carcajadas –Oh niña, a pesar de no haberme casado con quien amé, al menos lo hice con un gran amigo. No pudo haber sido algo malo ya que también, gracias a esa amistad, nació nuestro hijo y aunque no es el alma de las fiestas, lo amamos-
Volviendo a su escritura la joven sonrió al notar el cariño que la madre de Sesshomaru sentía por él. Se sintió tranquila ya que durante los tres años que estuvieron separados siempre pensó que había estado sólo con Jaken. De pronto recordó al demonio y no pudo evitar sentirse angustiada por su ausencia en el palacio.
-¿Y Jaken?- preguntó la joven de pronto angustiada.
-¿Jaken?- preguntó de vuelta la Señora del Oeste abriendo los ojos. –Jaken fue a explorar las tierras vecinas con algunos miembros de la armada. Hay algunos tratados que se deben arreglar antes de nuestra ceremonia- respondió abaniqueando suavemente su rostro. De pronto Rin se sintió aliviada ya que por unos segundos había pensado que el pequeño demonio había muerto. No pudo evitar sonreír.
Horas después terminó su actividad. La Señora del Oeste amablemente le indicó que sería todo por el día y le permitió volver a su habitación. Rin caminó de vuelta sintiéndose satisfecha de haber sido de utilidad y de haber logrado puntos de simpatía con la madre de Sesshomaru, con quien ella pensaba sería complicado llevarse bien pero aparentemente la Señora del Oeste necesitaba de alguien con quien hablar tanto como ella.
Conforme la joven se alejaba, la Señora del Oeste la miraba sonriente. -No sé qué pretende mi hijo dejando su esencia en ella- dijo en voz alta riendo y negando con la cabeza. Se puso de pie y caminó de regreso hacia sus aposentos, señalándose a sus concubinas quienes se encontraban en la entrada del jardín para que recogieran los pergaminos.
Nota: ¡Gracias a todos por seguir leyendo y dejar sus reviews! Me da mucho gusto que les esté gustando la historia y que estén curiosos de saber cómo va a continuar. Afortunadamente ya tengo casi toda la estructura en la cabeza sólo necesito incluir detalles, eso quiere decir que al menos durante las próximas semanas estaré actualizando casi a diario, tal vez dos veces al día. De nuevo, gracias por seguir leyendo. Si pueden dejen reviews que me encanta leerlas.
