Competitividad

Habían pasado los días y Sesshomaru a duras penas salía de sus aposentos mientras que Rin pasaba los días con Ryuunosuke preparando las habitaciones del palacio para los invitados que estaban a un día de llegar. Al final del día ambos jóvenes fueron a reportarse a los aposentos de la madre de Sesshomaru quien se encontraba visiblemente preocupada.

-¿Está ya todo listo?- preguntó caminando de lado a lado.

-Lo está, mi Señora- respondió Ryuunosuke con una reverencia. Observó a Rin con ansiedad al ver que la joven no hizo una reverencia y no había respondido a la pregunta de su ama.

Rin caminó hacia ella y la tomó por los hombros intentando calmarla. Ryuunosuke se incorporó rápidamente sintiendo una gran y filosa punzada en su cuerpo, pensando que su Señora reaccionaría negativamente pero se sorprendió al ver que se desplomó sobre un cojín tomando la mano de la joven para que se sentara a su lado.

-Mi hijo no ha salido en días de su habitación; ni siquiera permite que tú te acerques- dijo la Señora del Oeste colocando su cabeza sobre el hombro de Rin quien comenzó a acariciar el cabello de la madre del youkai como lo haría con sus amigas –Si Sesshomaru arruina esta oportunidad estamos perdidos como dueños de estas tierras… ni siquiera quiero imaginar lo que dirá mi padre-

Rin se sobresaltó y se enderezó provocando que la Señora del Oeste lo hiciera también brusca y precipitadamente. -¿El Señor Sesshomaru entonces tiene un abuelo?-

-Sí querida, ¿qué te hizo pensar lo contrario?- preguntó ligeramente irritada.

-No es que pensara que no lo tuviera, sólo que nunca pensé en la posibilidad de que tuviera uno- respondió bajando ligeramente la mirada. –Ya sabe, soy huérfana, por alguna razón pienso que todos a mi alrededor también lo son-respondió riendo amargamente.

De pronto Ryuunosuke interrumpió acercándose con lentitud y agachándose un poco para estar a la altura de ambas. –No quisiera importunarla, mi Señora, pero debe descansar, mañana será un largo día-. Diciendo esto tomó del brazo a Rin y la levantó con cuidado. –Tú y yo tenemos un último trabajo-

-Sí, sí, vayan- respondió la señora del Oeste apoyando su mentó con sus manos, inflando ligeramente los labios como un ligero puchero y zapateando con ansiedad. -Le pediré a alguna de las sirvientas que me prepare un té para poder dormir; siento que está preocupación no me dejará dormir si no tomo algo-

-Bien. Mi Señora, si nuestro servicio no es solicitado por el día de hoy, entonces nos retiramos-. La señora del Oeste respondió con una seña; agitó su mano repetitivamente indicándoles que salieran. Ryuunosuke y Rin salieron de los aposentos de la Señora del Oeste. El joven youkai avanzaba rápidamente entre los pasillos, ignorando por completo las miradas ansiosas de los sirvientes quienes esperaban con un acto hostil llamar la atención de la joven humana. –Ven; sígueme, no los veas a los ojos- dijo Ryuunosuke deslizándose con gracia entre los pasillos largos y altos del castillo.

Rin se dio cuenta que se dirigían hacia la torre de Sesshomaru pero no sabía por qué a tan altas horas de la noche, sin embargo no se atrevía a interrumpir la travesía para ir hacia su habitación. Llegaron por fin hacia la puerta que daba hacia los aposentos del joven youkai. Ryuunosuke tocó la puerta con cautela y elegancia y espero a que la voz de su amo respondiera al otro lado, indicando aprobación para poder pasar. Al escuchar una respuesta, el joven sirviente abrió la puerta adentrándose seguido de Rin hacia el cuarto. Sesshomaru se encontraba frente a un gran ventanal sentado, reposando su mano sobre su rodilla flexionada, mirando hacia la luna llena que alumbraba la noche.

Volvió ligeramente la cabeza en dirección a su sirviente más no del todo como para mirarlo de frente. –Señor, estamos aquí esperando a que disponga de nuestros servicios. Estamos a pocas horas de finalizar la jornada y sólo queríamos asegurarnos de que no requiriera de nosotros-

-Vete- dijo Sesshomaru. Ryuunosuke se dio la vuelta en dirección a la puerta; Rin lo imitó. –Tú no- interrumpió el youkai dirigiéndose a Rin –Ven-

Ryuunosuke se dio la vuelta sin mirar atrás y salió de los aposentos de su amo cerrando la puerta detrás de sí. Rin se volvió rápidamente en dirección a la salida sintiéndose algo sobresaltada y confundida pero se sorprendió aún más al sentir la presión en su muñeca. Miró al frente y Sesshomaru la observaba con determinación. Confundida le sonrió un poco logrando zafar su mano.

-Disculpe señor Sesshomaru, ¿necesita que le ayude en algo?- preguntó la joven incorporándose un poco.

Sesshomaru caminó hacia la mesa que se encontraba frente a la ventana y se sentó detrás de ella. La joven lo siguió preguntándose exactamente qué era lo que su amo quería, sin embargo, se aguantó las ganas de hacerle más preguntas. Se quedó de pie frente a él esperando un comando pero el youkai sólo miraba hacia afuera de la ventana. Por fin, el rostro del youkai suavemente se volvió hacia ella y la miró con la misma severidad de siempre.

-Al amanecer comenzarán a llegar los dueños de las tierras vecinas. Empezará la ceremonia y seguirás sirviendo para esta familia, ¿estás al tanto de ello?-

La joven inspeccionó a Sesshomaru quien no mostraba ninguna emoción, sólo la miraba con esos ojos ambarinos, severos y calculadores pero le era imposible comprender a lo que iba con aquella pregunta por lo que decidió arriesgarse y preguntar. -¿Sugiere que tal vez quiera regresar a la aldea una vez que comience todo esto?- preguntó con cierta inseguridad, entrecerrando sus ojos y rascándose el brazo. –Porque si eso es lo que me quiere decir pues, la respuesta es no-. Rin no estaba muy segura por qué deseaba quedarse, claro era que se quedara o no, su señor estaría casado para cuando el final de la ceremonia llegara y ella al regresar a la aldea haría igual.

-Si cambias de opinión al amanecer, será muy tarde-

-No señor- contestó la joven alzando la voz. –Permaneceré aquí hasta que esto acabe-

-Hn. ¿A pesar de los problemas que puedan surgir a raíz de las otras perras mirándote con desprecio?- preguntó el youkai de nuevo posando su vista hacia las montañas que se difuminaban con la profundidad de la oscuridad.

-Señor, creo que suficiente práctica he tenido con el servicio del palacio- respondió con una sonrisa amarga.

-No seas infantil Rin. Es imposible comparar tales condiciones; quienes vendrán al palacio poseen un estatus superior lo que les da posibilidades inmensas de arremeter su hostilidad hacia ti con mayor libertad que como quisiera hacerlo un simple sirviente. A partir de mañana sólo será más difícil-

Rin podía percibir amargura en las palabras de su señor; algo le decía que no tenía ni una pizca de deseo porque comenzara la ceremonia de enlace que su madre le organizaba. No pudo evitar sentir tristeza al suponer que tal vez Sesshomaru no deseaba casarse y se preguntó si lo que pensaba era cierto. Lo miró con preocupación. Sesshomaru la miraba de reojo aseverando su expresión y apretó la mandíbula.

-Vete- dijo por fin.

La joven no esperó más y salió rápidamente. Corrió al descender la torre hasta llegar a sus aposentos. Respiraba agitadamente recargando su espalda contra la puerta que recién había cerrado con fuerza y miraba los rayos de la luna que se filtraban por la ventana romper con la penumbra del cuarto. Se acercó a la mesa y encendió una vela. Sacó una de las revistas que había guardado en su equipaje y comenzó a leerlas intentando distraerse. Se sentía asustada ya que por primera vez, las palabras de Sesshomaru la habían alterado al grado de pensar en una estrategia para sobrellevar los días tan difíciles que le aguardaban. De pronto el ruido de la puerta la desconcentró. Alguien tocaba por lo que se levantó rápidamente y abrió. Ryuunosuke sonreía con gentileza.

-¿Puedo pasar?-

-Sí, sí- contestó la joven confundida enrollando la revista contra su pecho. Ryuunosuke observaba a Rin expectante hasta que la joven reaccionó. -¡Lo siento! Siéntate- dijo señalando en dirección a la silla con la revista ya enrollada.

-¿Qué es eso?- preguntó con curiosidad llevándose las manos a la espalda manteniéndose de pie.

-Ah… esto-

-Sí. Es un pergamino bastante particular- dijo Ryuunosuke, sentándose por fin.

-Lo es. Me lo dio una amiga que viene de un lugar bastante extraño- fue lo único que se le ocurrió responder ya que ni ella misma llegaba a comprender bien la situación de Kagome.

-Mh, es bastante extraño. ¿Te importaría que tomara alguno de estos pergaminos que tienes?-

-No, claro que no. Hace días te dije que podías pedir prestado cualquier libro y esto… que no es un pergamino, se llama revista-

-Creo que prefiero seguirles llamando pergaminos… no tiene mucho sentido para mí esa palabra-

-Ja. Sí… oye, no quisiera ser grosera pero, ¿hay alguna razón por la que estés aquí? Justo iba a terminar de leer un poco y luego a dormir… ya sabes, mañana será un día largo, ¿no?-

-Sí, tienes razón- respondió Ryuunosuke con sorpresa levantando las cejas –Sólo quería preguntarte si el amo dejó alguna tarea o actividad especial después de que me fui-

-No, ninguna- contestó Rin dándole la espalda, colocando la revista al lado de su camastro –Fue muy extraño, en realidad no me pidió nada, sólo me preguntó si estaba segura de querer seguir aquí-

-¿Por qué no abrías de estarlo? ¿Qué no te trajo al palacio para que formaras parte de la servidumbre?- preguntó confundido.

-No- sentándose sobre su camastro y mirándolo a los ojos desde ahí –Yo vine por mi cuenta, bueno, digamos que me invitó a estar aquí por un tiempo. Acepté a servir aquí por su mamá-

-La Señora del Oeste- corrigió Ryuunosuke mirándola con cierto reproche.

-Sí, la Señora del Oeste- corrigió riendo un poco –Hay varias cosas que tengo que resolver. Como el señor Sesshomaru, yo también debo casarme… no sé qué tan pronto, pero lo debo hacer-

Ryuunosuke notó el súbito cambio en la energía de la joven y frunció ligeramente el ceño al intentar descubrir de lo que se trataba. –No deseas casarte-

-No, no es eso- respondió la joven sonrojándose y elevando un poco la voz.

-No estaba haciendo una pregunta. Es evidente, lo puedo escuchar en tu voz; tú NO deseas casarte-

Rin dejó escapar un largo y profundo suspiro y miró al joven quien se encontraba mirándola expectante desde la silla. Miró hacia la puerta aun suspirando y se dejó caer sobre su almohada. –No se trata de querer o no querer…-

-Es muy sencillo para los humanos tomar decisiones-

-¿Cómo sabes eso? ¿Acaso has convivido con más humanos antes que yo?- preguntó la joven levantando ligeramente la cabeza, mostrándose ligeramente ofendida por las supociones de Ryuunosuke. –No es blanco y negro como crees, como todos creen más bien. Nosotros también nos vemos comprometidos en situaciones que no queremos pero nos convienen-

-¡Ah!- exclamó Ryuunosuke –De eso se trata todo: conveniencia-

Rin se incorporó rápidamente y miró al joven con angustia. -¡No lo digas así como si fuera una mala persona!-

-No es de seres malignos buscar su beneficio, pero dime, ¿en qué hayas conveniencia en esa situación que te compromete?- dijo el joven youkai mostrando interés al sostenerse con firmeza en la orilla de la silla.

-No sé. Pensé que era algo conveniente; es mi amigo-

Ryuunosuke dejó escapar una risa y se puso de pie. –Es tarde, debes descansar. A partir de mañana somos más indispensables que nunca, habrá que disipar toda duda, toda preocupación. A primera hora de la mañana llegarán las primeras manadas. No olvides llevar la vestimenta correcta- y al decir esto salió silenciosamente de la habitación.

La joven se puso de pie y sopló la vela que ligeramente alumbraba la habitación. Soltó su cabello y lo desenredó al pasar sus dedos sobre los nudos creados por las trenzas. Se cubrió con la sábana y se concentró inmensamente para dejar de pensar en las respuestas que le había dado a Ryuunosuke.

Algunas horas después, los aullidos a la lejanía la despertaron. Su cabello invadía su cara y desesperadamente intentaba peinarse mientras buscaba la ropa adecuada. Aún no caía el sol pero sabía que estaban a pocos minutos de que comenzara el amanecer. No sabía cuándo era el momento para salir pero supuso que debía estar lista ya que parecía que sería en cualquier momento. Tomó su ropa y se vistió con rapidez. Trenzó su cabello y esperó a que alguien le indicara lo que debía hacer. Se asomó por la ventana pero no veía más que la luna sobre las montañas. Podía escuchar los aullidos a lo lejos pero no podía ver nada. Sus ojos se encontraban atentos al menor cambio hasta que minutos después, a lo lejos, divisó unas figuras que se movían con gracia y fluidez por encima del bosque. Salió de su habitación sintiendo un hueco enorme en el estómago. Una vez que ya se encontraba afuera, sólo podía concentrarse en mirar más allá de la muralla que protegía el territorio del Oeste, mientras que los demás miembros de la servidumbre asomaban sus cabezas por detrás de sus puertas. Rin los observaba de reojo y tomó una decisión en base a su puesto en el palacio.

-¿Qué hacen aún en sus habitaciones? Es hora de recibir a nuestros invitados- dijo con una sonrisa, sin embargo, a pesar de su amable gesto dibujado en su rostro, un aire autoritario se liberaba en su voz y en su esencia.

A pesar del desagrado que les producía a los youkais, no les quedó más opción que hacer caso de quien en ese momento era su superior, y salir preparados para realizar una bienvenida digna de la familia del Oeste. A los pocos minutos Ryuunosuke se reunió con Rin, observando con asombro al ver a todos ya listos y le sonrió a la joven con orgullo. Ambos dirigieron a todos hacia los límites de la muralla donde esperarían a recibirlos a todos. Poco tiempo después la madre de Sesshomaru se añadió a la comitiva, pasando entre los sirvientes quienes la reverenciaban conforme caminaba entre ellos.

La señora del Oeste había elegido de sus mejores prendas para recibir a sus aliados. Su cabello se encontraba arreglado de manera diferente, se encontraba recogido en un peinado más sobrio, las coletas habían desparecido. No había adornos de ningún tipo en su plateada cabellera. Su kimono era negro con flores color salmón. Algo demasiado sobrio viniendo de la madre de Sesshomaru. Al notar que la joven la observaba con insistencia dijo –Debo rendir mi solemnidad ante la muerte de mi difunto esposo. Todo esto se trata de diplomacia querida, ante los ojos de quienes pisaran nuestras tierras, el padre de Sesshomaru sigue siendo el Señor de estas tierras; no recordar su muerte sería un insulto a nuestro orgullo y familia-

-No pretendía… yo…-

-No te sonrojes querida. Yo también opino que me sientan mejor los colores, sin embargo, hay que ser corteses con nuestros invitados- interrumpió dando ligeros abaniqueos mientras miraba hacia el cielo.

Las siluetas de los youkais se hacían más grandes conforme la distancia era más corta. Rin observaba con atención y conforme se acercaban no podía evitar sentirse más y más nerviosa. De pronto sintió un sobresalto al sentir una mano sobre su hombro. –Ya querida, no tienes de qué preocuparte, estás bajo nuestra protección- dijo la Señora del Oeste dibujando una sonrisa de la que Rin pudo percibir honestidad. La joven asintió agradecida y volvió a concentrarse en los inu-youkais que estaban ya por fin tocando territorio del Oeste. Lentamente volvieron a transformarse.

Todos parecían miembros de la misma manada. Eran seis inu-youkais, todos mostrándose solemnes y elegantes. En una línea, se mantenían callados, esperando a ser recibidos. La Señora del Oeste, caminó en dirección a dos de ellos quienes parecían ser los líderes de la manada y los padres de la hembra quién sería ofrecida como prometida a Sesshomaru. La madre de Sesshomaru estrechó la mano del macho, quien no se veía más grande que la Señora del Oeste. Sus pobladas cejas le daban un aspecto severo pero no agresivo, mientras que la hembra tenía un aire solemne y frío, muy diferente al que la dueña de las Tierras del Oeste proyectaba. Podía notar en ellos que pertenecían a otra área, incluso parecían como si pertenecieran a otra raza. Las marcas que ellos llevaban eran distintas, incluso su color de piel era distinto; era oscuro. Su vestimenta no era tan ostentosa sin embargo no era menos elegante. Su ropaje era más ligero por lo que Rin intuyó que provenían de áreas más cálidas. La joven, quien Rin pensaba, fuera hija de los líderes de la manada, se encontraba cubierta con un manto, a su lado, se encontraba un joven de aspecto rudo, sosteniendo ambas manos al frente, con la mandíbula apretada mientras inspeccionaba discretamente el territorio. El cabello de todos era negro y liso, sus facciones afiladas y sus ojos profundos y almendrados. Sus marcas eran de colores claros, algunos llevaban líneas blancas, otros tenían líneas celestes y otros líneas rojas, muy diferentes a las marcas de la manada de Sesshomaru y su madre. De pronto, la mirada del joven se posó sobre Rin quien inmediatamente dirigió su vista hacia otro lugar, enfocándose de nuevo en la Señora del Oeste, quien caminaba del brazo del macho alfa y al otro lado, quien fuese su pareja.

-Es un gusto que estén aquí, Gyousei, veo que la pequeña Hatsuko ha crecido espléndidamente, me parece. Posee buenas cualidades, las cuales son notables incluso a través del velo-

-Recibo tus halagos con gusto, Kimiho, mi querida Makoto y yo nos regocijamos de estar aquí, al fin- esto último lo dijo levantando una de sus pobladas cejas.

Kimiho, la Señora del Oeste, pudo percibir algo de reproche y también algo de burla en el comentario de Gyousei pero decidió ignorarlo. –Claro, el regocijo que les causa esta visita es verdaderamente notable, ¿cierto Makoto?- Makoto, la esposa de Gyousei se encontraba con una expresión fría y de desprecio, sin embargo, al escuchar el comentario de la Señora del Oeste respondió con una fingida sonrisa.

-Vaya, ¡qué ironía- exclamó Makoto, deteniéndose frente a Rin quien no pudo ocultar su temor al ver a la hermosa criatura que la miraba con desprecio. Los ojos negros y profundos de la hermosa youkai la inspeccionaban de pies a cabeza. –Una sirvienta humana… es algo típico de tu familia, Kimiho-

Rin sabía a lo que se refería. Miró a la señora del Oeste quien no se inmutó y se mantenía sonriente y serena. –Claro y si nuestra querida Hatsuko no es lo suficientemente tenaz para hacer uso de sus cualidades, es probable que la tradición continué-

Makoto borró su cínica sonrisa de su rostro y se aferró al brazo de su pareja. La Señora del Oeste en cambio, soltó el brazo de Gyousei y se acercó a Rin. –Espero que no les resulte problemático que esta indefensa humana se encuentre bajo mi protección-

-Kimiho, has de estar acostumbrada a los comentarios poco prudentes de Makoto-

Después de un largo silencio, el resto de la manada caminó detrás de Gyousei y Makoto quienes seguían a varios sirvientes que los llevarían a las habitaciones asignadas para los invitados. El resto permaneció ahí, esperando a las demás manadas. La Señora del Oeste abaniqueaba su rostro rápidamente y una vez que la manada recién llegada se había alejado, golpeó el suelo con sus pies con firmeza.

-Esa perra, juro que su hija no se quedará con Sesshomaru- decía con furia.

-Mi Señora, le sugiero que no permita que tales provocaciones le afecten-

Rin observaba con sorpresa a la madre de Sesshomaru. De no ser por saber que se trataba de ser la mamá de Sesshomaru la vería igual que como veía a Kagome y a Sango a veces. Se portaba de pronto tan jovial y menos seria de lo que había pensado cuando la conoció. Miró hacia la torre y se preguntó por qué Sesshomaru no bajaba al igual que su madre, sin embargo decidió no hacer preguntas. Al recobrar la atención ante lo que sucedía inmediatamente a su alrededor, la Señora del Oeste continuaba echándose aire como si su vida dependiera de ello.

El día sería largo y pesado, y la joven se dio cuenta que no sólo lo sería para ella misma sino también para el resto de la manada. Confirmó que el matrimonio entre youkais de rangos altos era complicado, incómodo y era una competencia, no sólo entre los directamente involucrados pero también para el resto de la manada.


Nota: Siento haber estado ausente a pesar de haber dicho de que iba a actualizar seguido. Surgieron algunas cosas personales y laborales pero con suerte aquí voy a seguir con esta historia. Espero les siga gustando. Sé que este capítulo fue algo lento y que hubo muy poco de Sesshomaru pero prometo que los siguientes serán más interesantes. Gracias a los que leen y a los que dejan sus reviews!