Saludos y bienvenidas

El día había pasado lentamente. Las manadas llegaban a su paso, algunas eran más grandes que otras, pero todas llevaban ese aire de competencia cada una a su manera. Rin vio desfilar al menos a treinta jóvenes youkai dispuestas a contraer matrimonio con Sesshomaru, lo cual le parecía sumamente extraño considerando su estilo de vida. Al mismo tiempo, muchos jóvenes youkai llegaban acompañando a las manadas, muchos hermanos de las jóvenes prometidas o familiares cercanos. Todo parecía ser una gran ceremonia de apareamiento, no sólo para Sesshomaru, sino para toda aquella manada que deseara arreglar un buen matrimonio de no conseguir que sus hijas fueran las elegidas para comprometerse con el Señor del Oeste.

En los amplios jardines las jóvenes se paseaban silenciosas pero coquetas, lanzándole miradas a Sesshomaru quien por fin había hecho acto de presencia en el evento. Sentado en el pabellón, acompañado de su madre, no mostraba ningún interés ante alguna de las jóvenes. La Señora del Oeste observaba divertida la situación, así como a los jóvenes recelosos por no ser machos codiciados. El propósito principal del evento era conquistar al futuro Señor del Oeste y hasta no concertar tal misión, las jóvenes no podían rendirse ante los encantos de algún otro macho.

-Querido, ¿no te halaga ni un poco asediado?-

-Hn. Es insignificante-

-Rin, ¡explícale a mi hijo lo importante que es esto!- la joven rió al ver la infantil desesperación en la Señora del Oeste. –Sesshomaru, sabes lo importante que es que tomes a alguien por esposa…-

-No entiendo cómo es eso de relevancia para adquirir poder sobre estas tierras-

-Ay mi querido hijo, no todo en esta vida es poder. Sabes que la supervivencia de nuestra dinastía es importante… sin una familia eres vulnerable, en cambio, teniendo asegurada una sucesión, no habrá nadie quien se tomé como algo sencillo el querer ocupar tu lugar- la señora del Oeste miró a Rin con una expresión difícil de leer pero era algo parecido a una súplica. –Ay querida, al menos tú proporcióname algo de alegría; tráeme un poco de té-

-No- interrumpió Sesshomaru –Trenza mi cabello- dijo autoritariamente.

-¿Por qué me retas incluso cuando quiero algo tan simple como té?- preguntó Kimiho irritada. Rin no sabía que hacer se encontraba de pie frente a los dos mientras se lanzaban miradas casi asesinas.

Ryuunosuke que se encontraba en la entrada del pabellón se paró al lado de la joven e interrumpió –Yo me encargó del té mi Señora- dijo con una reverencia y dicho esto se alejó rápidamente.

Rin, sintiéndose algo insegura, se hincó al lado de Sesshomaru y comenzó a trenzar su cabello. –Lento- dijo con voz profunda. La joven obedeció. La Señora del Oeste negaba con la cabeza y reía amargamente mientras se echaba aire con su abanico.

Sesshomaru la observaba triunfante y enfocó su mirada en Rin. La joven notó esto y no pudo evitar sentir que se desconcentraba. -¿Qué pasa?- preguntó bajando la mirada, sintiéndose de pronto algo molesta. Sesshomaru no respondía. -¿Puede parar eso? Me está desconcentrando.

-Además vas a causar un escándalo inmenso; es sólo el primer día- dijo su madre mirando hacia el frente, esperando a que llegara su té.

En respuesta, Sesshomaru miró hacia el frente, dejando escapar un pequeño y profundo gruñido. No fue un gruñido agresivo, sólo sonó como a una queja. Rin rió en silencio ante el pequeño berrinche de su amo y continuó trenzando su pelo.

Ryuunosuke apareció de nuevo con el té que sirvió frente a la Señora del Oeste. Pocos segundos después, apareció la misma joven que había llegado al amanecer, Hatsuko. Su rostro ya no estaba cubierto en un manto por lo que mostraba sus carnosos y redondos labios. Su cabello se encontraba suelto cayendo como una cascada brillante y negra. Con elegancia se paró frente a la Señora del Oeste. Ryuunosuke levantó las cejas sorprendido, y se hizo a un lado para no intervenir entre el contacto de ambas damas.

-Mi Señora, he venido a ofrecer mis saludos, ya que no tuve la oportunidad de hacerlo inmediatamente mi llegada-

-Ah, veo que no sólo eres bella sino educada- respondió llevándose la mano debajo de la barbilla. –Es admirable la valentía que posees al venir hasta acá. No has venido a rendir respeto y admiración por mí, sino por mi hijo-

Al escuchar esto, Rin dejó de trenzar el cabello de Sesshomaru e inmediatamente se sentó de frente, llevando sus manos sobre su regazo, sin embargo, el youkai tomó su mano y la dirigió de nuevo a su cabello. Hatsuko notó el gesto, sonrió con suspicacia y de nuevo se dirigó a la Señora del Oeste.

-No son mis intenciones las de ofenderla, es genuino el respeto y admiración que siento por usted; es más que predecible que se extienda también hacia toda su familia-

-Claro- respondió mirando a su hijo, sonriendo –Pues son bien recibidos de mi parte, Hatsuko pero al final de la ceremonia no son tus gracias y halagos hacia mí los que cuentan-

La joven con una sonrisa reverenció frente a la Señora del Oeste y se marchó, no sin antes enviarle una sugestiva mirada al youkai quien la ignoró completamente. Rin ya había terminado la trenza y soltó el cabello del youkai quien tomó el té frente a él y comenzó a sorberlo con serenidad. La Señora del Oeste dejó escapar un gran suspiró y se recargó sobre los cojines mientras que Ryuunosuke hacía guardia a la entrada del pabellón.

-Si por mí fuera, no te casabas con ninguna- dijo por fin rompiendo el silencio.

-El propósito de este evento es en base a tus deseos, madre- respondió el youkai dejando notar cierto enojo en sus palabras.

-Lo sé, querido, lo sé, aunque también es para mostrar nuestro poder. Después de años de haber estado ausente en el palacio, es necesario que todos recuerden que aún hay un futuro Señor para estas tierras, y ése eres tú-

Pocos segundos después, Sesshomaru se levantó y abandonó el pabellón. Rin se mantuvo en el mismo lugar sin moverse. La Señora del Oeste le hizo una seña y la joven se acercó. –Querida, necesito de tu ayuda, mi hijo, necesita de tu ayuda-

-En lo que pueda servir- dijo agitada.

-Has que mi hijo logre abrirse un poco más. ¿Recuerdas lo que te pedí? No esperes a que Sesshomaru te llame para que le ayudes ya que él no ve su actitud indiferente y callada como una falla; él no tiene ningún problema con ello, sin embargo le proporcionará gran dificultad para lograr conseguir pareja-

Rin aceptó con gusto y se puso de pie, buscando con sigilo a Sesshomaru. No lo veía por ningún lado, sólo a las jóvenes youkai quienes ya se encontraban en grupos conversando, otras se encontraban con sus manadas, tomando siestas o tomando té. Caminó a pesar de las duras miradas que la seguían y se adentró en los pasillos, al menos así fue hasta que fue detenida por Hatsuko, quien sostuvo una de las mangas de Rin, jalándola ligeramente.

-Eres tú, la concubina del Señor del Oeste, ¿cierto?-

-¡No!- exclamó la joven sintiéndose avergonzada.

-Supongo que entonces un acto tan íntimo como el de manejar el cabello del Señor es algo que cualquiera pueda hacer; ya veo-

Rin sabía que Hatsuko se expresaba con sarcasmo y desprecio, sin embargo no caería ante sus ataques. –Ama Hatsuko, le aseguro que actividades como las que usted sugiera no se acercan a la relación de servicio que existe entre el señor y yo- Rin detestaba empequeñecer la historia entre ella y Sesshomaru pero era la única manera de no dañar su imagen y de no provocar un problema que sólo resultaría en perjudicarlo a él y a su madre.

-¿Entonces por qué estás molesta?- preguntó la joven youkai cruzándose de brazos.

-No es en absoluto por usted. Estoy algo ansiosa ya que mi señor está esperando a que le asista en sus actividades del día. Ahora, si no le molesta, debo marcharme- y antes de que Hatsuko pudiera interrumpir, Rin desapareció entre los pasillos.

Seguía buscando a Sesshomaru hasta que por fin lo vio caminando hacia la torre. Corrió hasta él y caminó a su lado. –Por fin lo encontré-

-No puedes dirigirte a mí con tanta familiaridad- dijo sin mirarla.

-¡Pero si no hay nadie! ¿A dónde va?- preguntó sonriendo ampliamente, reflejando un poco de ese aire infantil que era tan característico de ella cuando aún viajaba con el youkai. Sesshomaru no respondió. –Está bien, lo seguiré-

-Rin, ¿qué es lo que pretendes?- preguntó mientras subían los escalones de la torre.

-Nada. Su madre me pidió que viniera con usted por si necesitaba algo. Por hoy sólo será un día de descanso para las familias así que no tengo trabajo por el día de hoy-

-Vienes porque ella te mandó-

-¡No! ¡No!- exclamó poniéndose frente a él, deteniendo su paso –Vengo porque quiero-

-Hn. Has lo que quieras- dijo caminando de nuevo.

-Siempre lo he hecho- respondió con una sonrisa caminando detrás de él.

Por fin llegaron a la habitación de Sesshomaru. Esta vez Rin cerró la puerta sin esperar a que Sesshomaru se lo pidiera. Al darse la vuelta se sintió confundida al verlo, parado al centro de la habitación, con los brazos extendidos y los ojos cerrados.

-… ¿Exactamente qué significa eso?-

-Dices que no tienes trabajo para hoy, pues, te asignaré algo qué hacer. Desvísteme- dijo con serenidad.

-¡¿QUÉ?!- exclamó llevándose las manos a la boca. –No pero…-

-Sino vas a ser de utilidad entonces regresa a tus aposentos; sólo despréndeme de la armadura-

Rin dejó escapar un suspiro sintiéndose aliviada. Caminó lentamente hacia él quien aún se encontraba con los ojos cerrados y brazos extendidos y comenzó a desatar los nudos correspondientes a la armadura que poco a poco comenzó a deslizarse por las telas. Tomó la pesada coraza y la colocó en el suelo con cierta dificultad. Las prendas de Sesshomaru se aflojaron al momento, dejando mostrar un poco de su torso. Al remover la armadura que llevaba en la cintura empezó a sentirse algo nerviosa.

-Colócala junto a la pechera- indicó con voz grave, sobresaltando a la joven quien dejó escapar un pequeño grito.

-Sí- respondió titubeando.

-Los zapatos- indicó el youkai levantando uno de sus pies.

-¿También?- respondió la joven con cierto hastío.

Sesshomaru abrió un ojo y la miró intensamente. –Sí- respondió casi con un gruñido.

-Bien, bien, bien-. La joven tomó la bota y la removió con un poco de dificultad, lo mismo hizo con la otra. Los pies del youkai se encontraban desnudos sobre la madera. Rin se maravilló al ver que también en los pies poseía marcas y no pudo evitar tocarlas, sin embargo, al tacto, Sesshomaru se estremeció, dando casi un brinco hacia atrás.

-No- dijo con algo de agitación.

-Está bien; no- contestó riendo. Se levantó y colocó las botas junto con la armadura. -¿Y bien?-

Pero el youkai no le respondió, de nuevo fue a sentarse detrás de la mesa y comenzó a leer varios pergaminos. Rin intentando hacer caso de la petición de la Señora del Oeste, se sentó frente a él, apoyando sus manos sobre su cara y lo miró con curiosidad. -¿Le gusta mucho leer, Señor Sesshomaru?-

-¿Hn?-

-Sí. Veo que tiene muchos pergaminos, hasta tiene dibujos, ¿le gusta dibujar?-

-¿Por qué haces tantas preguntas?- preguntó sin despegar la vista de su lectura.

-Pues, nada más. Supongo que el tiempo que esté aquí debo aprovecharlo, ¿no cree? En algún momento usted tendrá su compromiso y yo deberé volver a la aldea… nuestras posibilidades de vernos de nuevo serán pocas, ¿cierto?- preguntó de pronto sintiendo tristeza. Sesshomaru la miró y pudo percibir nostalgia en sus palabras. La joven a duras penas podía sostenerse la mirada pero al poco rato sustituyó esos ojos tristes por una sonrisa. –Lo importante es disfrutar del momento… qué mejor que hacerlo que ayudándole, ¿no?-

-¿Ayudándome?- se preguntó el youkai dejando el pergamino sobre la mesa, ahora enfocándose por completo en lo que decía Rin.

-Sí. Usted debe casarse, parte del poder que posea como dueño de estas tierras se apoya en su compromiso, en su futura familia...-

-¿Cómo planeas ayudarme?- preguntó el youkai inexpresivo.

-Tengo mis maneras- respondió la joven intentando sonar misteriosa, de pronto recordando las revistas que su amiga Kagome le había obsequiado. "Pueden serme útiles" pensó.

-Hn. No quiero tu ayuda- respondió de nuevo concentrándose en el pergamino.

-La va a necesitar, quiera o no- respondió Rin, esta vez algo molesta, mostrando algo de autoridad.

Sesshomaru se preguntó por qué de pronto el cambio en la actitud de Rin, quien en los días anteriores se había comportado reservada y seria. Pensar en que tal vez había adquirido confianza le hacía sentir algo desconocido, sin embargo, intentaba no manifestar su curiosidad ante la joven quien ya se había puesto de pie para tomar uno de los pergaminos e imitar su concentración en la lectura.

-¿Sabes leer?- preguntó el youkai sorprendido, abriendo un poco más sus ojos al mismo tiempo que levantaba las cejas.

-Sí. Kagome me enseñó a hacerlo, también a escribir- De pronto el youkai estiró su brazo arrebatándole el pergamino de las manos. Rin se sorprendió ante el acto sintiéndose molesta y desconcertada. -¿Qué? ¿Por qué?- preguntó con insistencia.

-El contenido de estos documentos no son de tu incumbencia- contestó poniéndose de pie y colocando el pergamino en su lugar.

-¿Es acaso su diario?- preguntó de pronto sintiéndose curiosa y divertida de sólo pensar en Sesshomaru escribiendo sus sentimientos.

"¿Diario?" pensó el youkai confundido. La joven lo observaba con una amplia sonrisa en su rostro, esperando una respuesta. Sesshomaru podía percibir en la esencia de la humana euforia y anticipación, sensaciones que sólo había identificado antes en enemigos pero esta vez se encontraban dentro de un contexto completamente diferente.

-Un diario, bueno, supongo que no…- dijo la joven en voz baja más para sí misma que para el youkai.

El silencio fue interrumpido al abrirse la puerta. Al mismo tiempo Sesshomaru y Rin miraron en dirección a la entrada para ver a Ryuunosuke de pie en medio del umbral. A pesar de no haber recibido respuesta de su amo se introdujo en la habitación. El daiyoukai se puso de pie con tranquilidad avanzando hacia su sirviente.

-Señor, el Amo Yoshiro, ha llegado- indicó con una reverencia.

Sesshomaru no respondió y caminó hacia la puerta. Confundida, la joven se puso de pie y caminó al lado de Ryuunosuke quien seguía a su amo con determinación. Rin no poseía poderes como los de un youkai o como los de Kagome que le permitieran percibir las energías a su alrededor, sin embargo, podía notar que el ambiente se había tornado más solemne por lo que decidió no hacer preguntas, al menos no en voz alta.

-¿Quién es Yoshiro?- preguntó susurrándole al oído a Ryuunosuke mientras salían de la torre caminando a pocos metros detrás de Sesshomaru.

-Es el padre de la Señora del Oeste; el abuelo de Sesshomaru-


Nota: Han de disculpar los capítulos tan lentos y aburridos. Después de un tiempo de ausencia tengo que agarrar el ritmo de nuevo. Espero les siga gustando.