Plan de escape

Llegaron hasta encontrarse afuera de la habitación de la Señora del Oeste. Sesshomaru se mantuvo de pie frente a la puerta sin tocarla o moverse mientras Ryuunosuke y Rin se encontraban ante la expectativa del siguiente movimiento. "Seguramente está nervioso" pensó Rin, intentando detectar algún movimiento que delatara al youkai y confirmara sus sospechas. Mientras esto sucedía, al otro lado de la puerta, se escuchó una voz profunda, muy similar a la del daiyoukai.

-Sé que estás ahí basuto-

Como si se tratara de un comando Sesshomaru empujo la puerta y entró con paso seguro. En el interior de la habitación se encontraba la madre de Sesshomaru, mirando con ansiedad a su hijo y a su lado se encontraba otro youkai de aspecto maduro, sin embargo, no parecía ser un anciano. Su rostro era perfecto, no poseía ninguna marca de edad que delatara su edad, sin embargo sus facciones eran severas, su nariz larga, delgada y puntiaguda le daba un aspecto tenaz. Sus alargados ojos ambarinos que inspeccionaban al daiyoukai, dejaban mostrar unas largas y plateadas pestañas al parpadear. Su ropaje era muy similar al de Sesshomaru, sin embargo, poseía una armadura más compleja y pesada. Su cabello se encontraba recogido en lo alto de su ovalada cabeza, provocando que su semblante se tornara más agudo aún. Por fin, Sesshomaru llegó frente a él.

Por varios segundos la ansiedad crecía en el aire, al menos la ansiedad que Rin sentía por los nervios de saber qué pasaría hasta que el youkai rompió el momento, abrazando a Sesshomaru con efusividad, dándole fuertes palmadas en la espalda.

-¡Pensé que no viviría para verte casado!- exclamó con alegría. –Pero sé que no lo haces para hacer feliz a tu viejo abuelo, basuto-

-Es falaz tu reclamo- indicó Sesshomaru sin corresponder el abrazo. El comentario del youkai provocó que su madre se llevara una mano a la frente y lloriqueara ligeramente. –No pienso casarme con ninguna de las perras de estas manadas-

-Siempre tan lleno de sorpresas- respondió el youkai sin inmutarse, sentándose frente a una mesa de té. De pronto su atención cambió de estar sobre su nieto a la joven humana que los observaba desde la entrada. -¿Quién es ella?- cuestionó sin dejar de sonreír, haciéndole una seña a Ryuunosuke para que le sirviera algo de té.

-Ella es nuestra invitada. Ha sido de gran ayuda para la realización de esta ceremonia-

-Yoshiro- dijo el youkai extendiendo su mano hacia la joven.

Rin se acercó con cierta cautela observando a Sesshomaru buscando aprobación pero el youkai parecía no querer dirigirle la mirada. Al estar frente a él extendió su mano. No estaba segura si estaba haciendo lo correcto ya que ella se encontraba de pie y él se encontraba sentado, no sabía si tal acto, siendo ejecutado hacia un youkai de su especie, podría interpretarse como intimidación, sin embargo, se arriesgó. –Rin- dijo con una ligera sonrisa.

-Mucho gusto pequeña flor. Soy el abuelo de basuto… Sesshomaru- corrigió al mirar a su hija quien negó ligeramente con la cabeza. –Veo que estás bastante acostumbrada a convivir con demonios; es curioso, siendo tan vulnerable- dijo tomando su té ahora mirando a su hija. –Kimiho, está de más advertirte el riesgo que corren al tenerla aquí-

-Lo sé padre pero me temo que de estar ella fuera del palacio, seguir llevando a cabo la ceremonia está fuera de cuestión, además, ha sido de gran utilidad y excelente compañía- respondió la Señora del Oeste sonriéndole a la joven.

-Mh, ya veo la situación. Basuto, puedes irte, tú también pequeña flor. El día será largo mañana; tenemos decenas de demonios a los que entretener- Sesshomaru caminó sin despedirse dispuesto a salir seguido de Rin quien se despedía agitando los brazos con efusividad. La puerta se cerró. Ryuunosuke servía más té a sus amos mientras estos comenzaron a discutir sobre las actividades del día que estaba por llegar. –Sabes que esta jovencita va a provocar problemas-

-Lo sé- respondió la Señora del Oeste de pronto mirando hacia abajo. –Pero al menos está aquí. Después de años de haber estado rondando estas tierras pero sin poner un pie en ellas, creo que es ganancia que al menos acepte estar aquí-

-¿Tú qué opinas Ryuunosuke? Has pasado suficiente tiempo con la joven como para tener información-

El joven youkai se sentó en el otro extremo de la mesa sirviéndose la bebida caliente en una taza, dio un largo sorbo y después exhalo como liberándose de una gran presión. –Rin es una criatura excepcional. La actitud de nuestro amo ha cambiado pero no sabría decir si gracias a intentos premeditados o accidentales- concluyó colocando la taza de té sobre la mesa con firmeza –Sin embargo, considero, si me lo permite mi Señora, estar preparados para las precauciones que debamos tomar, es prudente considerar todos los escenarios-

-Hm, comprendo. Has elegido bien a tu servicio, Kimiho. Sugieres que la razón por la que Sesshomaru se niega es por la joven-

-No me atrevo a llegar a tales conclusiones, sin embargo, considero que es una gran posibilidad-

La Señora del Oeste observaba con atención sosteniendo su pulgar sobre su boca, intentando buscar respuesta en sus labios. –Es completamente natural llegar a tales conclusiones-

-A simple vista así parece ser- interrumpió Ryuunosuke sosteniendo la mano de la Señora del Oeste –Sin embargo, le sugiero que no se aferre a esta teoría. Hay que seguir observando. Por el momento, si me permiten, considero de suma importancia enfocarnos en la comodidad y halago del resto de las manadas; provocar una situación de fricción en un momento como este puede ser perjudicial para nuestro territorio-

-Ah Ryuunosuke- exclamó Yoshiro –No me cabe ni la menor duda que Taisho y yo tomamos la decisión correcta al dejarte al mando de la armada de la manada- dijo dándole una fuerte palmada al youkai quien le sonrió triunfante.

-Es un honor seguir sirviéndolo a usted y a su esposo- esto último diciéndolo con solemnidad a la Señora del Oeste quien estrechó ligeramente la mano de Ryuunosuke y sonrió con amabilidad.

-Ryuunosuke, gracias por tus sugerencias. Por favor lleva a mi padre a su habitación y a primer hora de la mañana, dile a Rin sobre sus actividades del día-

La mañana del día siguiente había sido más tediosa que la anterior ya que el tedio de servir durante la comida era exhaustivo. Sin embargo, Rin y Ryuunosuke no tenían que encargarse de llevar y traer los platos con comida pero sí de que las órdenes que se hicieran se cumplieran. Al encontrar un pequeño descanso, la joven se acercó al pabellón donde la familia del Oeste desayunaba. Se paró en el umbral junto a Ryuunosuke esperando a recibir alguna orden.

-Hijo, ¿has enfocado tu atención en alguna de las hijas de las manadas?- preguntó la Señora del Oeste mientras se llevaba a la boca, con suma delicadeza, unas cuántas bayas.

-No- respondió con sequedad.

Rin observaba la conversación desde lejos y sabía que Sesshomaru se encontraba sumamente fastidiado. No podía imaginarse al youkai contrayendo matrimonio, ni siquiera entablando un acercamiento con alguna mujer. Siempre había sido solitario y callado, jamás se había puesto a pensar por un segundo si el youkai poseía tales intereses. La mirada de Sesshomaru era severa, más severa de lo normal, por primera vez en mucho tiempo podía ver a través de él, sin embargo, nadie de los que se encontraban ahí parecían sentirse intimidados, al contrario. Por un lado, el abuelo de Sesshomaru parecía verse más y más divertido conforme su nieto se enfuriaba y su madre más y más insistía. "Qué familia tan extraña" pensó Rin. Verlos juntos y conversando de esa manera con él hacían que se preguntara, ¿qué había pasado en la vida de Sesshomaru para haber sido de esa manera? Tan callado, tan aislado y reservado. Ni su madre ni su abuelo despedían esa energía y por lo poco que había escuchado de su padre, igual. Sesshomaru parecía ser el único miembro de su familia que se encontraba enojado con la vida.

La joven salió de sus cavilaciones al momento en que sintió que alguien agitaba su hombro. Ryuunosuke la observaba confundido al mismo tiempo que las miradas en el pabellón eran dirigidas hacia ella, incluyendo la de Sesshomaru. Se enderezó rápidamente sintiéndose algo avergonzada, sobando su brazo con intimidación. Yoshiro comenzó a reír estruendosamente, mientras que la madre de Sesshomaru le sonreía, mirándola de manera extraña.

-Querida, decíamos que te acercaras un poco pero es evidente que tus ojos estaban más ocupados que tus oídos- dijo mientras miraba de reojo a su hijo.

Rin sintió que su cuerpo hervía al rojo vivo sin embargo, se acercó lentamente hacia la Señora del Oeste. Una vez cerca de ella le entregó un papel y sostuvo su mano conforme le decía algunas palabras. –Entrégale esto a la joven que está allá-. Sesshomaru de pronto parecía tener interés y miró a su madre con dureza mientras que Rin caminó sin cuestionar hacia la joven que le había indicado la Señora del Oeste.

Conforme caminaba hacia ella inspeccionaba sus rasgos. La joven poseía un cabello blanco y brillante, adornado con flores rosas y blancas, al igual que su vestido. Sus ojos eran redondos y celestes. Sus labios carnosos y rosados, al igual que sus mejillas. La redondez de su rostro despedían gentileza, al menos de vista. Al irse haciendo más corta la distancia, la joven se percató de la presencia de Rin, y desde lo lejos la seguía con la mirada, inspeccionando sus movimientos. Mientras tanto en el pabellón, todos observaban con atención, incluso el daiyoukai, quien de pronto decidió que era hora de hacer preguntas.

-¿Qué pretendes madre?- preguntó intentando ocultar su impaciencia.

-Nada- respondió con voz melodiosa, enfocándose en la escena que había creado. –La mandé a que le entregara un poema escrito por ti-

-Yo no escribí ningún poema- dijo el youkai entre gruñidos al mismo tiempo que se levantaba y salía del pabellón con paso firme.

-Kimiho, ¿en qué redes lo estás metiendo?- pregunto su padre divertido.

Sesshomaru caminó lo más rápido que pudo intentando no llamar la atención de nadie. –Rin- dijo con voz profunda. La joven quien ya se encontraba de la youkai, se dio la vuelta con una ligera sonrisa y le hizo una pequeña reverencia.

-Amo- dijo en señal de respeto.

-¿Exactamente qué haces?- preguntó tomándola del brazo pero esta vez sin ejercer fuerza.

-Vino a entregarme esto- respondió la joven youkai con una suave y dulce voz. –Gracias- dijo con una ligera sonrisa.

El daiyoukai no respondió, ni siquiera la miró a los ojos, sólo se enfocaba en los de Rin quien lo miraba confundida. Sesshomaru caminó aun sosteniéndola del brazo atravesando el jardín bajo la mirada de todos. Se empezaron a escuchar voces de entre los otros pabellones y Rin al notar lo que estaba pasando intentaba zafarse. –Suélteme- dijo susurrando pero el youkai no respondía, sólo dejó escapar un pequeño gruñido.

Por fin llegaron al pabellón y soltó a la joven. La Señora del Oeste y su padre intercambiaban miradas y por fin se dirigieron a Sesshomaru quien de nuevo se sentó al lado de su madre mirando hacia otro lado. Ryuunosuke se acercó a servirle una taza de té pero Sesshomaru la ignoró. Rin se quedó parada en donde el youkai la había dejado y miraba hacia atrás, hacia donde le había entregado el papel a la joven. Sabía que todos estaban atentos hacia la familia del Oeste pero especialmente hacia ella. "Otra vez le voy a causar problemas" pensó ahora mirando a Sesshomaru quien permanecía indiferente.

-Fue sólo un pequeño empujón mi amor- dijo la Señora del Oeste tomando la barbilla de su hijo y dándole un corto beso pero Sesshomaru no reaccionó.

-No puedes hacer todo por él Kimiho- dijo el abuelo de Sesshomaru con seriedad, pareciendo alguien completamente diferente.

-Sé que no pero en un principio le dije a Sesshomaru que si él no tomaba una decisión, yo tendría que hacerlo por él-

-Madre, no es necesario. No pienso hacerlo. Soy el Señor de estas Tierras, no necesito una mujer para tomar lo que es mío-

La Señora del Oeste pudo vislumbrar una ligera franja roja en los ojos de su hijo, sabía que se encontraba furioso, sin embargo, sonrió, de nuevo tomándolo de la barbilla. –Sesshomaru, por eso lo haré yo. Ya basta, por el momento no hay ninguna presión, sólo déjame hacer todo a mí-

El youkai se puso de pie y se alejó de su familia y sus sirvientes. Caminó hasta la torre evitando a toda costa a ser seguido. Podía sentir la presencia de Rin y bruscamente le pidió que se alejara, la joven hizo caso y se marchó. Llegó hasta sus aposentos y cerró la puerta. Se acercó a una de las ventanas por donde podía ver toda la ceremonia. Apretó los puños y la mandíbula con furia. Deseaba transformarse y desterrarlos a todos de las Tierras del Oeste. Pensar en tener que contraer matrimonio no le proporcionaba ni un poco de diversión, ni siquiera la idea de ser cortejado por las hembras le atraía; no le interesaba.

La rabia que sentía al ver a Rin involucrada no ayudaba tampoco. No estaba seguro de por qué la había traído hasta el palacio, del por qué había llegado en ese momento, al saber que se casaría con Kohaku. Comenzó a sentir más rabia de sólo pensar que estaba dependiendo de ella para tomar una decisión. Se tocó las sienes suavemente y se alejó de la ventana. Se quedó de pie en medio de la habitación, cerrando los ojos, intentando resolver la situación. ¿De qué manera podía evitar el matrimonio? A pesar de no manifestarlo, quería conservar las tierras pero no por su madre, ni tampoco por su abuelo, sino por él mismo, sin embargo, casarse estaba fuera de la cuestión. La única razón por la que permitió que la ceremonia siguiera dándose a cabo era porque de esa manera Rin tendría una razón por la cual quedarse.

-Patético- dijo para sí mismo.

Comenzaba a darse cuenta de las cosas y no le estaba agradando analizar la secuencia en sus acciones. Se sentía vulnerable, por esa razón se encerraba en su habitación cuando lo que en realidad quería hacer era estar con Rin, al menos sentado a su lado en silencio, como años atrás pero algo lo detenía. Lo único en lo que podía pensar por el momento era en la aberración inmensa que sentía al pensar que todos esperaban un enlace entre él y alguna de esas jóvenes youkai, su única salida era pensar en una manera de convencerlas de que no era el prospecto perfecto.

Una idea llegó a su cabeza. Por primera vez en años, Sesshomaru sonrió.