Envidia

La tarde había caído, todas las jóvenes llevaban vestidos acordes a la ocasión. El ocaso era dorado, con matices morados y rosados en el cielo. Rin observaba asombrada; jamás había visto un atardecer tan imponente. La Señora del Oeste caminó hacia ella y se detuvo a su lado mirando también hacia arriba.

-No se ven así desde las alturas comunes por donde viven ustedes, los humanos- dijo como si pudiera leer los pensamientos de la joven. Rin la miró con atención, esperando saber más sobre lo que decía. –Mi esposo y yo solíamos llevar a Sesshomaru por caminatas a lo largo del territorio; se ponía tan feliz. Jamás lo has visto feliz, ¿cierto?- preguntó mirándola fijamente.

-No- contestó Rin con un aire de tristeza –Me temo que sólo he visto furia pero nada más. Nunca lo he visto sonreír-

-Querida, una sonrisa no significa felicidad-. De pronto la mirada de la Señora del Oeste se enfocó hacia atrás de Rin. Sesshomaru caminaba hacia ellas y se colocó al lado de la joven con autoridad. –Vaya, veo que has decidido deleitarnos con tu presencia- dijo su madre con sarcasmo.

-Rin, vámonos- dijo el youkai tomándola del brazo.

-No, espera Sesshomaru- intervino su madre sosteniendo el hombro de Rin –Entiendo que desees estar en cualquier lugar menos aquí pero por favor, no te vayas. No te pido que hagas nada, sólo quédate aquí, además, a Rin le gusta ver el atardecer-

-¿Es cierto?- preguntó el youkai sin mirar a la joven sino mirando hacia el cielo.

-Sí, bueno, es diferente a lo que he visto antes-

-Entonces sólo déjanos solos, madre-

La Señora del Oeste miró con sorpresa a Sesshomaru y le sonrió a Rin, alejándose. Sesshomaru la tomó del brazo y la encaminó hacia un lugar más apartado del resto. La soltó y se sentó apoyando su espalda contra un árbol. Rin se quedó de pie, mirando hacia todos lados, de pronto preguntándose lo que pretendía Sesshomaru haciendo todo eso. Se sentó a pocos metros de él, abrazando sus piernas, mirando hacia arriba, siendo cubierta por la luz naranja que poco a poco iba disipándose.

-Rin, ¿aún deseas ayudarme?- preguntó mirándola fijamente.

Lo miró por unos instantes, parpadeando como si intentara despertar de un sueño, y a los pocos segundos asintió lentamente con la cabeza. –Sí, claro… si eso desea-

-Fuiste evasiva cuando te pregunté cómo ibas ayudarme; repito mi pregunta, ¿cómo piensas ayudarme?-

El semblante del youkai era sombrío. Su rostro estaba cubierto en penumbra por la mitad gracias a la luz que poco a poco desaparecía conforme el sol se ocultaba. Sus plateados cabellos se escapaban de la trenza que llevaba sobre su hombro que ya se había aflojado. Todo a su alrededor parecía moverse y estar vivo, menos él, quien se encontraba atorado en ese instante, esperando la respuesta de Rin.

-Tengo revistas- contestó la joven encogiéndose de hombros.

De pronto, la joven vio en Sesshomaru una reacción que no había presenciado antes. Sesshomaru agitó su cabeza con el ceño fruncido. Rin no pudo evitar reírse al ver la confusión tan evidente en el rostro de su amo quien al percatarse de haber mostrado vulnerabilidad volvió a adoptar su semblante inexpresivo.

"¿Qué pretende con esto? ¿Se está burlando de mí?" pensaba mientras la joven se cubría la boca y agitaba sus pies.

-No puedo creerlo- decía entre risas. –Lo siento… revistas son, unos pergaminos de la época de Kagome- corrigió intentando controlar su risa.

-¿Exáctamente en qué me ayudarán estos pergaminos?-

-Bueno, supongo que nos ayudarán a saber el tipo de mujeres que atrae, así será más fácil encontrar a la prometida perfecta- dijo sin poder evitar sentir una sensación desagradable en el estómago.

-Estás molesta- dijo el youkai notando el cambio en la joven quien al instante intentó ocultarlo.

-No, estoy bien, es sólo que me preocupa no ser de ayuda-

"Miente" pensó Sesshomaru, mirándola con atención. Su olor despedía tristeza y no estaba seguro de comprender bien por qué.

-Asami- dijo la joven provocando que Sesshomaru moviera ligeramente las orejas al haber sido interrumpido de sus pensamientos. –La joven a la que le entregué el pedazo de papel; es muy hermosa- dijo mirándolo de una manera que Sesshomaru no podía descifrar. Estaba sonriendo, apoyando su cabeza sobre sus rodillas, sin embargo, había algo agridulce en el aire. –Estoy segura que está interesada-

-Hn-

La noche cayó dejándolos a ambos entre la oscuridad, alumbrados sólo por la luna. Ambos sostuvieron la mirada por varios segundos. Rin comenzó a sentirse nerviosa, sin embargo, no podía despegar la vista de los ambarinos ojos de Sesshomaru, sin embargo, el momento fue interrumpido por la profunda voz del Señor Yoshiro quien se encontraba al centro del campo, alumbrado por un claro de luna. Todas las manadas se acercaron, rodeándolo, Rin y Sesshomaru lo hicieron también, más por el deseo de la joven que por el del youkai. La Señora del Oeste los observaba de lejos con una sonrisa mientras abaniqueaba su rostro con suavidad, y a su lado, se encontraba Ryuunosuke, elegante y solemne a su lado.

-¿De qué se trata?- dijo Rin con un susurro para sí misma mientras observaba al elegante youkai deslizarse de un lado a otro.

Todas las manadas se encontraban atentas a los movimientos del youkai quien proyectaba serenidad y elegancia. Con las manos reposadas sobre su espalda, caminaba lentamente frente a los otros demonios como si no deseara que le faltara de mirar a nadie. –Ceremonia de bienvenida- dijo Sesshomaru, rompiendo el pequeño silencio que los rodeaba pero no lo suficientemente fuerte para inmutar al resto de los youkais.

Mientras la joven dirigía toda su atención al ritual que él muy bien conocía, él dirigía toda su atención hacia ella. En sus ojos podía ver ese brillo que brotaba por la curiosidad, intentaba comprender qué le resultaba tan maravilloso de la situación ya que para él sólo eran compromisos, mentiras, y cuestiones diplomáticas por las cuáles no deseaba pasar para perder tiempo en ellas, sin embargo, como si sus pies tuvieran raíces, no lograba encontrar las fuerzas para marcharse del lugar. De nuevo, pensando en que sus decisiones dependían de Rin, comenzó a sentirse irritado.

-¿Está bien Señor Sesshomaru?- preguntó la joven acercándose hacia él susurrando proyectando curiosidad pero el youkai no contestó. Rin notó agitación en Sesshomaru al escuchar que su respiración se agitó por un momento, sin embargo, al no recibir respuesta, supuso que lo había imaginado todo.

De pronto sin esperarlo, comenzó a escucharse música. Cuerdas y percusiones resonaban entre los campos, las jóvenes youkai danzaban en un círculo, todas observando en dirección a Sesshomaru. Rin se sintió incómoda. Buscaba respuestas en el daiyoukai quien esta vez prestaba atención. La joven se preguntaba si era algo positivo o si simplemente estaba intentando ser prudente. De ser una u otra no era algo característico en su Señor. Miró hacia la Señora del Oeste quien se encontraba con la boca abierta, buscando la manga de Ryuunosuke buscando afirmación ante lo que veía con incredulidad. Probablemente las jóvenes youkai no estaban al tanto de que se tratara de algo positivo pero quienes eran cercanos a Sesshomaru sabían que era algo excepcional que al menos estuviera dirigiéndoles la mirada, incluso su abuelo, quien conducía a los músicos miraba de reojo de vez en vez. Sin embargo, Rin no sabía cómo sentirse al respecto. Hatsuko, la youkai de piel oscura y ojos negros era quien más energía cargaba al baile. Su mirada era penetrante y agresiva, Rin no estaba segura de leer las intenciones pero sabía que Sesshomaru también le dedicaba una atención especial.

Varias piezas después el baile terminó. Las jóvenes caminaron hacia donde se encontraban sus manadas y desaparecieron entre las habitaciones del castillo; la ceremonia había acabado. Sesshomaru caminó hacia donde se encontraba su familia, seguido por Rin. Al llegar, la Señora del Oeste estrechó su hombro y lo miró con cierto desconcierto, curiosamente, ya que Rin esperaba que su reacción fuera eufórica.

-Hijo, mis ojos no me engañaban; ¿estabas mostrando interés, cierto?- preguntó encajando sus cejas hacia arriba mostrando preocupación para sorpresa de Rin.

-No de la manera que piensa- respondió el youkai bruscamente.

Ryuunosuke alzó las cejas, mirando a la Señora del Oeste, buscando su reacción. -¿Entonces?- preguntó.

-Hatsuko… le dedica especial atención a Rin-

La joven al escuchar esto no pudo evitar abrir los ojos mostrando casi la redondez de estos y miró al youkai desconcertada -¿De qué habla Señor Sesshomaru? Hatsuko no despegaba la mirada de usted-

-También me percaté de ello- agregó Ryuunosuke, dando un paso al frente para acercarse a su amo.

-No, no, esperen, ¿cómo?-

-Sí, ¿cómo?- dijo la Señora del Oeste igualmente confundida.

-Su olor era desafiante- contestó Sesshomaru alzando la barbilla -¿Qué razones tendría para desafiarme a mí?- cuestionó retóricamente sin cuidar de ocultar su orgullo.

-¿Qué razones tendría para desafiar a Rin?- preguntó la Señora del Oeste de pronto mostrándose suspicaz como si conociera la respuesta a su propia pregunta.

-¿Están diciendo que…?- de pronto Rin se llevó la mano a la boca y sus orejas se encendieron provocándole un calor insoportable que la hizo empezar a sudar -¡No! ¿Cómo pueden considerar algo así?-

-La evidencia es contundente, querida- dijo la Señora del Oeste colocando su mano sobre el hombro de la confundida joven quien miraba en todas direcciones como si esperara que alguien en algún momento dijera que todo se trataba de una broma muy pesada.

Yoshiro se aproximaba con paso lento, observando a los participantes de la conversación. –No creo que sea un problema- dijo una vez que estuviera a una distancia considerable para ser escuchado por la humana. –Incluso puede llegar a ser favorable- continuó deslizando su dedo índice por una de sus cejas.

-Explica- musitó Sesshomaru.

-Hatsuko es una de las jóvenes más comunicativas de todas las manadas. Es claro lo que su conducta de hoy sugiere- respondió mirando a Rin con nobleza. –Y es evidente por la manera en que te comportas y te diriges hacia ella, querido nieto. Es de esperarse que se creen rumores, que se crean cosas en base a ciertas situaciones. No estarás dotado con la cualidad del verbo sin embargo parece que hay otra herramienta a tu favor; si las cosas persisten, tu relación con esta pequeña humana puede levantar competencia entre las jóvenes de las otras manadas-

La Señora del Oeste intercambió miradas con Ryuunosuke, ambos parecían estar consternados, sin embargo Rin no podía comprender por qué y para sorpresa de Sesshomaru, el tampoco. –Padre, lo mejor será descansar por el momento. Vamos Ryuunosuke. Rin, acompaña a mi hijo a sus aposentos-. La Señora del Oeste se alejó junto con su padre y Ryuunosuke rápidamente mientras que Sesshomaru caminó lentamente pero no hacia la torre sino hacia la habitación de Rin.

-¿A dónde va Señor Sesshomaru?- preguntó la joven mientras intentaba alcanzarlo.

-Vamos a tus aposentos; solicito que hagas uso de esos pergaminos que hablas-

-Pero es tarde- replicó aferrándose a una de sus mangas sin embargo el youkai no avanzó más lento por lo que se resignó a hacerlo entrar a su habitación.

Abrió la puerta, olvidando dejarlo entrar a él primero pero el youkai no mostró ofensa. Prendió varias velas y buscó entre sus cosas las revistas de las que le había contado al youkai. Sesshomaru se instaló sobre la silla frente a la mesa, observando los movimientos de la joven. "Está nerviosa" pensó, sin embargo su semblante no la delataba. Sus cejas se encontraban juntas, arrugando su frente, señal de análisis. Se comenzó a preguntar sobre los pensamientos que pasaban por su cabeza y se obligó a formular una pregunta.

-¿Qué estás pensando?-

Sin embargo por la costumbre Rin tomó la pregunta como un regaño y rápidamente se incorporó sosteniendo las revistas que ya tenía separadas sin encontrar las que quería. –Lo siento Señor Sesshomaru, estaba buscando un pergamino en especial pero, con estos son suficientes-

-No- dijo con profundidad.

"¿Está enojado?" pensó Rin de pronto confundida.

-No te estaba reprimiendo; ¿qué estás pensando?- esta vez se enfocó en articular cada palabra de su pregunta.

-Ah, nada Señor, estoy pensando en ayudarlo de la mejor manera posible- contestó sonriendo débilmente.

"Miente" –Estabas nerviosa-

Rin tomó varias revistas y las apiló sobre el camastro que estaba sentada. –Sólo deseo ser de ayuda para usted, es todo; me preocupa no serle de suficiente ayuda- contestó mirando hacia abajo conforme hojeaba las revistas. No estaba buscando nada en particular, sólo quería verse ocupada para desviar al youkai de sus preguntas. –Mire- dijo por fin extendiéndole una de las revistas.

El youkai la tomó con cuidado, sosteniéndola de uno de los extremos, provocando que todas las hojas se abrieran, mostrando su contenido a medias por cada página. Por fin la tomó de ambos extremos y observaba con confusión. Acercaba su cara al ver las fotografías ya que jamás había visto algo así. -¿Qué clase de artista pintó esto?- dijo en voz alta pero la pregunta no era dirigida hacia Rin sino que su asombro era tal que por primera vez, probablemente en siglos, su curiosidad se le escapó del pensamiento, sin embargo, Sesshomaru no lo notó.

-No lo sé, Kagome intentó explicármelo pero al parecer hay que comprender otras cosas de su mundo y es algo bastante complicado-. Se acercó ligeramente hacia el youkai quedando frente a él y mirándolo desde el suelo. Mirarlo tan perplejo y curioso le recordaba a la actitud de un niño; se preguntaba si en algún momento él llegó a sentirse así cuando ella era niña. Comenzó a sentirse emocionada de poderle enseñar algo nuevo a alguien a quien admiraba. – ¿Señor?-

-Qué forma de escritura tan terrible. No entiendo cómo estos pergaminos serán de utilidad-

Rin se puso de pie parándose a su lado, inclinándose un poco para quedar a la altura de la revista. Tomó las hojas y comenzó a buscar. Se detuvo en una de las páginas donde se encontraba un cuestionario y lo señaló. –Mire, si responde a estas preguntas de la manera en la que usted actuaría, es posible que pueda descubrir el tipo de pareja que busca- dijo mirándolo con una sonrisa.

Sesshomaru se mantenía serio mientras la observaba. –No estoy buscando- contestó.

-Sé que es difícil… casarse es una decisión difícil. Su madre y su abuelo confían en usted, en que puede hacerse cargo de esa responsabilidad. Yo sé lo que es sentirse con esa responsabilidad- contestó la joven mirando hacia el suelo. Se sentó de cuclillas, apoyando su cabeza sobre su mano al mismo tiempo que dejaba escapar un suspiro.

-No quieres casarte- indicó el youkai cerrando la revista.

-¿Qué?... no dije eso- dijo la joven tragando saliva, sintiéndose acorralada.

-De nuevo estás nerviosa-

Rin comenzó a sonrojarse. Se puso de pie y por primera vez desde que había llegado se sintió con poder para tomar al youkai del brazo y conducirlo hacia la puerta y conveniente y curiosamente, el youkai no opuso resistencia. –Váyase a descansar- dijo después de darse un portazo. Se quedó apoyada sobre la puerta por algunos segundos, intentando recobrar el aliento. La sugerencia del youkai la había agitado al grado de sentir las palpitaciones de su corazón por todo su cuerpo.

Por el otro lado de la puerta, Sesshomaru se encontraba pegado a ella apoyando una de sus manos sobre el panel de madera que los separaba. Miró a la revista sintiéndose extraño por la mujer desconocida de ropajes extraños que lo observaba, le dio la vuelta para no verla más y caminó sintiéndose por alguna razón satisfecho hacia la torre.


Nota: Hola a todos. Gracias por seguir leyendo. Olvidé mencionar que en el capítulo anterior, el abuelo de Sesshomaru le dice basuto; significa ráfaga en japonés. Ojalá les guste y dejen sus reviews si pueden. Gracias!