Segunda elegida:

Mei Aihara

—Buenos días Mei —escucho su saludo como ya es costumbre. Su voz alegre llega a mis oídos como todas las mañanas. Nunca se lo he dicho, pero me gusta mucho que haga eso; su manera tan sutil y a la vez tan animada de despertarme es suficiente para iniciar bien el día. Si tan solo encontrara las palabras exactas para decirle todo esto. Quizá hoy sea el día que por fin me arme de valor para decirle algo cariñoso, aunque... siempre que lo intento, las palabras simplemente no salen.

Siento como se levanta de la cama y sus pies suenan con el suelo. No me extraña que se encuentre tan emocionada. Por fin ha llegado el sábado que ha esperado desde hace dos semanas. En sus planes está dedicarme todo el día a mí y para eso tuvo se encargó de nuestros padres y del resto de las chicas. Hablaba en serio cuando dijo que ella controlaría todo y no me preocupara por nada. Según recuerdo, dijo sobre pasear por la ciudad sin seguir un plan específico y para comer iríamos el restaurante más cercano a donde estemos. No lo negaré, me pone un tanto ansiosa esa falta de planes, tanta espontaneidad, pero a la vez resulta agradable porque es parte de Yuzu. Además, respetó mi única petición: comer crepas.

Intento abrir los ojos y no puedo. Los parpados me pesan demasiado, como si no hubiese dormido en toda la noche. Curioso, pero me siento más cansada que anoche antes de dormir. No lo entiendo. Ni cuando me saturaba de trabajo en el consejo estudiantil me sentía de esta manera. Giro en la cama para queda sobre mi espalda. Extraño, la cama se siente más pequeña, como si fuera individual. Logro entreabrir mis ojos, todo se ve oscuro aún. ¿Será aun de madrugada? No, eso es imposible, Yuzu me dio los buenos días. Me muevo un poco más entre las sabanas; un leve dolor de cabeza se hace presente y también me pasan las extremidades. ¿Será un resfriado? Pero tampoco es época para eso.

Bienvenida.

Ahora me pregunto si ese extraño sueño tiene que ver con mi cansancio. Algunos sueños pueden ser tan agotadores como la actividad física. Al menos eso he leído. Nunca había tenido un sueño así, con un hombre desconocido vestido como pirata y me daba la bienvenida a un lugar llamado Lilium. Todo por ver esa película. A partir de ahora debo tener más cuidado con las cosas que Yuzu me ponga a ver. No quisiera tener una serie de pesadillas o sueños inquietos que terminen por arruinar mi descanso. Sin embargo, y pensándolo un momento, no había piratas en esa película ni se mencionaba algo parecido a Lilium. Es extraño. Lo normal en un sueño es olvidarlo o solo recordar algunos fragmentos, pero este lo sentí como si fuese real. Además, recuerdo todo el discurso de ese hombre: Leo Di Piero. Suena a un nombre europeo y me da curiosidad saber sobre él, da la impresión de ser algo importante. ¿Podría decir que es un presentimiento?

¿Uh? ¿Acaba de temblar? Fue débil, como una sacudida. No creo que sea necesario evacuar el edificio, no sonaron las alarmas sísmicas y el movimiento apenas pude percibirlo. Tal vez ni siquiera pasó y eso solo fue a causa de mi malestar. Me apena mucho pero si es por eso, tendré que cancelar mis planes con Yuzu. O no, no hará falta; ella misma me dirá que debo quedarme a descansar y hará todo lo posible por atenderme como si estuviera en un hospital. A veces puede exagerar demasiado las cosas. Otra sacudida. Puede que sea un temblor, aunque no escucho la alarma y Yuzu no suena alterada, solo está tarareando una melodía desconocida.

Con mucho esfuerzo logro abrir los ojos. Me arden un poco, como si no hubiese dormido nada. Todo sigue oscuro a mi alrededor, pero no porque sea de noche. Alrededor de la cama hay una cortina azul que bloquea la luz. Suspiro. ¿Ahora que se le ocurrió a Yuzu? Con trabajo puedo sentarme y... ¿qué? esta no es la pijama de esa extraña fruta con cara que Yuzu me obligó a usar. ¿De dónde salió este camisón? Y esta tampoco es nuestra cama, es demasiado pequeña. ¡Ah! Otra sacudida. ¿Qué está pasando?

—¿Ya estás despierta, Mei? —escucho su voz detrás de las cortinas. Suena tan animada como siempre. Lo primero que pienso es en una broma suya, pero esto es demasiado elaborado y complicado; no sé cómo podría cambiarme de ropa mientras duermo o llevarme a otra cama. Las cortinas se recorren y ella se asoma, mostrándome una amplia sonrisa. Su ropa… también es diferente, ella no estaba vestida así cuando nos acostamos a dormir. Esa camisa de tirantes es demasiado sencilla para su gusto—. Ah, lo estás. Perdona si te apuro, es que… quisiera darte un beso de buenos días antes de que lleguen las doncellas. Sería malo si me encontraran aquí.

Detrás de ella solo veo madera; miro a mis costados y… no puedo creerlo, esta no es nuestra habitación. No esté nuestro librero ni el gran espejo de Yuzu. Aquí no están nuestras cosas. En vez de eso, veo esta cama adoselada, un gran ropero a mi derecha y al frente un peinador blanco con un espejo. Algo brilla en este… algo amarillo. Y los muros son todos de madera sin pintar. A mi izquierda veo una mesita en la que descansa un libro pequeño. No entiendo que pasa ni donde estamos, tampoco puedo comprender por qué Yuzu está tan tranquila con esto, actúa como si nada pasara.

—Lo recuerdas, ¿verdad? Esa vez que casi me atrapan en tu habitación y tuve que esconderme bajo tu cama. Ya sé que ellas solo hacen su trabajo, pero no quiero pasar de nuevo por eso.

—¿Doncellas?

—No deben tardar. También le dije a Matsuri que despertara temprano para que me sacara pronto. Espero que no tarde tampoco.

—Ella… ¿se quedó a dormir aquí? —no recuerdo eso. La última vez que la vi fue en la academia, cuando nos despedimos. Pero que estuviera en nuestra casa… no, es imposible. Esta no es nuestra casa, no tengo idea de donde estoy, pero esto no puede ser ni parte del departamento.

—¿Sí? Ella vino con nosotras al viaje. Tenía que hacerlo, después de todo visitamos su país natal —¿país natal? Algo está muy mal aquí. Debo seguir soñando, porque esto no tiene sentido alguno: ni las palabras de Yuzu, nuestra ropa o el lugar donde estamos.

—Yuzu... ¿Qué está pasando? ¿Dónde estamos? —le pregunto con la esperanza de poder despertar o, si esto es alguna broma para televisión, me lo diga ahora mismo. Sin embargo, por alguna razón creo que eso no pasará.

—Debemos estar sobre Tarquia, pero el capitán dijo anoche que llegaríamos a casa a medio día —responde y puedo verla preocupada. Ahora mencionó un nombre desconocido. Se acerca a mí; puedo ver que está tan confundida como yo pero la causa es distinta para cada una. Pone su mano en mi frente, buscando alguna fiebre que evidentemente no tengo—. Mei, ¿te sientes bien? Pareces desorientada.

Pensé en responderle, pero no encontré palabras para expresarme. No tengo idea de cómo empezar a pedir información sobre esta situación. La única certeza que tengo en este momento es la auténtica preocupación de Yuzu. No ha dudado en acercarse con la idea de ayudarme, aunque no sepa de qué manera. La habitación se sacude de nuevo y escucho unos gritos en el exterior, parecen un reclamo sobre mantener la nave estable. De nuevo más cosas extrañas. Yuzu volteó a la puerta de pronto, alarmada y se alejó. Se detuvo frente a esta y acercó su oído para escuchar al otro lado. Por alguna razón no quería ser descubierta por nadie. Suspiró y entre dientes preguntó por Matsuri. Y como si de una invocación se tratase, entre nosotras apareció la chica de cabello rosado, vistiendo unas ropas extrañas y con un par de cuernos pequeños decorando su cabeza.

—Lamento la demora —dijo con una sonrisa—. Estaba desayunando.

—¿Desayunando? Pero no sirven hasta dentro de una hora.

—Exacto —respondió guiñándole un ojo. Por alguna razón, Yuzu se sonrojó.

—Suficiente... solo sácame de aquí —le ordenó muy apurada. Volteó a verme y me dijo—: espero que te sientas mejor. Nos vemos en cubierta —Matsuri le tomó de la mano y chasqueó los dedos. Ante mis ojos, ambas desaparecieron en el aire sin dejar rastro alguno. ¿Ahora magia? ¿O estoy alucinando? Las cosas no tienen sentido por ahora.

Me levanto de la cama. El dolor se ha desaparecido, aunque podría haberme acostumbrado a este o solo lo ignoro por lo que acabo de presenciar. Me acerco a la única ventana de esta habitación. Es redonda, como la de un barco. Me asomo y todo lo que veo es azul. ¿Acaso es el cielo? No puedo creer que estemos volando. Por más que busco, no encuentro nada más, solo una que otra nube. No cabe duda; sea lo que sea este lugar, está volando.

La puerta a mis espaldas se abre. Doy la vuelta y veo a tres chicas entrar, todas vestidas de la misma manera con vestidos largos de un color rosa pálido. Me miran y hacen una reverencia antes de caminar. Supongo que ellas deben ser las doncellas de las cuales Yuzu quería huir. Dos de ellas se acercan al ropero y lo abren, la otra se acerca a mí; hace otra reverencia.

—Buenos días, princesa. Como siempre, usted siempre se levanta antes que nosotras podamos llegar a despertarla. Admirable.

—Buenos... días —no puedo decir otra cosa. Y ahora se refirió a mi como una princesa—. Disculpa, pero ¿dónde estamos?

—Estamos cruzando la frontera de Tarquia y nuestro país, mi princesa. El capitán se disculpa por las sacudidas, no se esperaba un viento tan fuerte.

—No importa. No ha sido ninguna molestia.

Esto dista mucho de ser una elaborada broma para televisión. Sé que es imposible y me siento ridícula de solo considerarlo, pero mi situación se parece más una realidad alterna, un mundo que es distinto al mío, como esos anime en los que sus protagonistas quedan atrapados en un mundo de fantasía. Sé que es completo disparate y a la vez es la única opción en la que me queda creer.