Tercera elegida:

Diana Cavendish

¿Dónde estoy? ¿Qué es este lugar? Es lo único en lo que puedo pensar al verme en esta habitación que no se parece en nada a la mía. Miro alrededor y encuentro paredes de piedra, pero finamente tallada. Extiendo mi mano a uno de los muros solo para comprobar lo evidente; la habitación está construida con piedra, pero trabajada de tal forma que al tacto se percibe como un azulejo. El suelo bajo mis pies está hecho con el mismo material, solo que le cubre una gruesa alfombra de piel, suave y cálida al contacto con mis pies. Ya conozco esa sensación, es idéntica a la producida por los abrigos que tanto odio de mi tía; hechos con autentica piel animal. Ya le he dicho que deje de comprarlos, pero pareciera que solo le alienta a conseguir más con tal de hacerme enojar. No comprendo esa manera de malgastar la fortuna familiar.

Me ocuparé de eso después, ahora lo importante es saber en dónde estoy. Solo necesito un momento para que mi cabeza deje de dar vueltas. Tal vez sea porque me levanté muy rápido o la sola impresión de amanecer en un lugar diferente a mi habitación. Sea cual sea la causa, me siento mareada y un dolor insistente me recorre toda la cabeza, incluso me molestan los ojos. Quisiera volver a dormir, tengo la sensación de no haber descansado nada durante la noche; pero no puedo hacerlo. Esto es más alarmante.

Incluso mi ropa cambió… ¿esta es una clase de pijama antigua? Parece sacado de una obra renacentista. Me froto los ojos hasta que sale una lagrima. El dolor de cabeza cesa poco a poco y el mareo disminuye. Veo de nuevo a mis alrededores con más calma. Definitivamente este lugar no está en mi casa. Los muebles están limpios hasta donde puedo distinguir. Todos hechos de madera, llenos de libros y otros objetos que no logro reconocer. Con cuidado me acerco a uno de los cajones. Hay un par de bolas de cristal sobre unos pequeños pedestales; una es por completo cristalina y la otra emite un brillo dorado, aunque se ve fracturada. No tengo idea de que pueda significar. ¿Qué es esto? Parece una medalla y tiene mi nombre. "Campeona de la carrera anual. Magna Luna. Diana Cavendish". ¿Campeona? ¿Magna Luna? ¿Qué se supone que es Magna Luna y cuál fue la carrera que gané? Ni mi familia ni los socios de nuestros negocios me permitiría participar en algo así con tal de mantener la reputación del apellido Cavendish. Sin embargo, ahí está mi nombre, en un premio que no recuerdo haber ganado.

He tomado uno de los libros sin fijarme en el lomo. A esta altura ya da igual que elija. La portada solo tiene una pasta gruesa y dura, de un solo color marrón y escrito su título en una lengua desconocida. Nunca había visto algo así. Manual básico de pociones. ¡Pude leerlo sin problema alguno! Pero, ¿cómo? No conocía esta lengua. Y todos los libros están escritos en el mismo idioma. Pociones avanzadas, teoría de la magia, control elemental, adivinación, profecías... ¿Qué clase de libros son estos? Sonará ridículo, pero lo más obvio es pensar que se tratan de libros para aprender magia. Y todos son míos por lo que veo. ¿Qué está pasando aquí?

Veo una libreta y la abro. Tiene mi nombre en su primera página, escrito en ese extraño lenguaje que, por algún motivo desconocido, puedo leer. Todo son notas sobre pócimas y algo parecido a fórmulas. Esto es muy extraño. No cabe duda, quien escribió en esta libreta fui yo; las páginas están llenas de mis letras, aunque también hay bocetos con anotaciones y... y... ¿Akko? Su nombre también aparece en varias hojas. Eso es algo que suelo hacer en medio de clase. Cierro la libreta y me acerco a la ventana. No sé qué veré allá afuera. Pero una cosa es segura, no será el jardín de mi casa. Mis manos tiemblan, tengo miedo de descubrir cómo han cambiado las cosas en una sola noche. Tomo la cortina, sin el valor suficiente para recorrerla. Y en ese momento recuerdo el sueño que tuve durante la noche. Un pirata llamado Leo Di Piero me daba la bienvenida a Tibitha; decía cosas sobre vivir aventuras y estudiar magia en ¡Magna Luna! Y ese nombre aparece en la medalla que "gané". Si ese es el caso, puedo deducir que esto es un sueño. ¿Eso es posible? De ser el caso, debería despertar en cualquier momento; abriré los ojos y estaré de nuevo en mi cama, en mi habitación y sin libros de magia. Sin embargo, contra toda lógica, presiento que estoy en un error. Para tratarse de un simple sueño, estoy divagando demasiado.

Respiro hondo. Sueño o no, eso lo descubriré en algún momento. Por ahora debo saber en dónde me encuentro, si es que puedo reconocer algo. De un tirón abro la cortina. Lo primero en aparecer es la luz del sol, cegándome por un instante. Demasiado intenso para ser solo un sueño. Mis ojos se acostumbran al resplandor tan repentino, aunque debo frotarlos con cuidado; la molestia persiste por unos segundos. El paisaje se define poco a poco ante mí y no... no puedo creerlo. ¿Qué es este lugar? ¿Qué es este edificio? Es muy alto, mucho más que la mansión o los hoteles en lo que me he hospedado. No, no puedo calcular la altura. El suelo, completamente verde, se nota tan lejano que me he vuelto a marear de la impresión. Distingo movimiento... sí, son personas. Todas visten igual, de azul y es lo único que puedo ver. Más allá se distingue una muralla blanca; no es muy alta pero si larga. Parece delimitar el terreno que esta academia comprende. A mi izquierda se distingue otro edificio de tres pisos al cual caminan todas esas personas vestidas de azul. Detrás de este se distingue una alta torre que termina en una cúpula y en su interior se nota un brillo verdoso a pesar de la luz solar. A la derecha, aún más lejos, hay otra torre, más delgada y una serie de aros suspendidos en el aire. No importa como lo vea; no hay manera de que esto sea Londres, ni siquiera Inglaterra.

Retrocedo unos pasos, sin comprender que está pasando aquí. Anoche subí a mi habitación directo a dormir después de una mala platica con mi tía; me arrojé a la cama sin cambiarme de ropa y antes de darme cuenta, me quedé dormida mientras el resentimiento con mi parentela permanecía dando vueltas en mi cabeza. Mis primas son igual de desconsideradas que mi tía, solo piensan en gastar la ya menguante fortuna Cavendish sin pensar en el futuro de nuestros negocios. Tontas, no se da cuenta que de seguir así, su vida de lujos se acabará pronto. A mi edad no debería estresarme por esas cuestiones, pero es mi lamentable suerte; heredera a una posición y responsabilidades que aún no deberían ser mías. Sin duda que el destino puede ser muy caprichoso.

Abro la puerta del que parece ser un armario; está lleno de ropa que no reconozco y lo más destacado son esos vestidos azules, idénticos a los utilizados por las personas allá afuera. Deben ser los uniformes de esta academia. Aun sin comprender nada ni saber dónde estoy y mucho menos con una idea de cómo ha pasado esto, sacó uno de los vestidos. Es de mi talla; y ya que mi nombre aparece en una medalla y en la libreta, llego a la siguiente conclusión: soy una estudiante de Magna Luna, una estudiante de magia, de algo que no existe. Debo seguir dormida, no existe otra explicación lógica para esto. No volveré a hacerle caso a Akko y sus recomendaciones de lectura.

—¡Diana! ¿Estás lista? —escucho afuera de la habitación. Esa voz me es familiar.

—Quizá ya hasta se fue.

—Diana no nos haría eso, ¿verdad?

—No lo sé. Ha cambiado un poco desde que Kagari se acercó a ella.

Si… no puedo confundir esas voces. ¡Son mis amigas! Si ellas también están aquí, debe ser que estoy en un sueño lucido. Entonces, no debería preocuparme más… es mejor que las cosas fluyan. Ya podré despertar cuando las cosas se tornen más extrañas. De inmediato me acerco a abrir la puerta. Ahí están, mis amigas de siempre Hannah y Barbara. Al fin veo caras conocidas en este lugar.

—¡Diana! ¿Pero qué te pasó? —exclama Barbara al verme.

—Solo tenemos quince minutos para que inicien las clases —agrega Hannah, igual de asombrada que Barbara.

—Disculpen que no esté lista… tuve una mala noche y debí quedarme dormida —a estas alturas, solo debo seguir la corriente—. Acabo de despertar.

—No puede ser —dijo Hannah y me tomó de la mano—. Vamos, ¡la mejor estudiante de la Academia no puede quedar mal!

—No después de los cumplidos que recibiste de la directora —mencionó Barbara con mucha emoción. Ambas entraron a mi habitación y cerraron la puerta—. Debes estar nerviosa por la próxima visita del ministro de Tarquia.

—Todo un honor para nuestra Diana.

—Sí… es todo un honor —Tarquia… nunca había escuchado ese nombre tampoco. Y aunque no puedo imaginar de que hablan ellas dos, solo debo seguirles la corriente. Ambas me llevaron al peinador; Hannah tomó un cepillo para peinarme mientras Barbara se acerca al armario y veo por el espejo extiende sobre la mano el uniforme que yo acababa de inspeccionar—. Para ser sincera, no siento ninguna presión. Dejaré el nombre de esta Academia en alto.

—No esperábamos menos de ti —dice Hannah con entusiasmo. A veces quisiera que dejara de celebrar tanto lo que yo…

—¡Ah! Cuidado —me dio un tirón en el cabello. En serio fue doloroso… ¿doloroso? Pero… pero esto es un sueño… debería haber despertado en mi cama. Sin embargo, sigo aquí, en esta habitación de Magna Luna.

—¡Lo siento! No volverá a pasar, te juro que seré más cuidadosa… ¿Diana? —la escucho como una voz lejana en mi cabeza. No importa que tan insistente sea, no puedo concentrarme en sus disculpas—. ¿Diana? Perdóname, Diana.

No puedo creerlo… esto no es un sueño. Esta habitación, los libros, la medalla… todo esto es… real.