El encuentro había sido incómodo; Sesshomaru había llegado tan sólo para convencerse de que realmente estaban ahí y así tan rápido como llegó, se marchó, dejando la habitación con aire pesado y lleno de tensión. Ryuunosuke se quedó, deliberando sobre cuál era la mejor manera de abordar esta complicada situación. -Er… Bienvenidos – dijo al fin. No había sido él quién los recibió en los dominios por lo que era apenas que estaban siendo formalmente notados en los territorios. -Seguro deben de estar cansados… de un viaje tan largo y… -.

-¿Qué hacen aquí? - interrumpió Rin mostrándose molesta.

Era una sensación compleja la de sentir gusto por ver a viejos amigos pero también por sentir que su presencia sólo traería problemas. Cada uno de los presentes reaccionó de manera distinta ante su cuestionamiento. InuYasha se mostró avergonzado, llevándose una de sus manos a la frente para sobarse con frustración, Shippo infló el pecho como si estuviera orgulloso por algo, seguramente alguna apuesta hecha entre ellos de la que ahora era ganador y Kohaku… la decepción y confusión en un gesto tan simple como el que tenía en su rostro. Dio un paso hacia ella, con la mano apenas extendida; no se atrevió a tocarla. -Yo… - tartamudeó como había hecho cuando era tan sólo un niño.

-Vinimos porque pensamos que había pasado ya mucho tiempo – declaró InuYasha con un tedio ya característico en él.

Por el tono de su voz y la manera en que sus hombros se hallaban caídos, Rin intuyó que aquello no había sido idea suya. Buscó entonces en el otro par… De Shippo seguramente había sido un intento necio por algo de diversión… y Kohaku… Era probable que el viaje haya sido motivado por la ansiedad de su amigo… No era para menos. No se atrevió a cuestionar más porque no quería poner al chico en una situación aún más incómoda. Suspiró resignada… Era quizá castigo por su egoísmo… Por ocultar la verdad y haber tomado una decisión pensando que eso resolvería sus problemas y aliviaría la ruptura de su corazón.

-Comprendo -

Ryuunosuke carraspeó. Qué situación tan embarazosa… No tenía detalles específicos pero podía darse una idea de lo que estaba pasando. Era más que claro que el compromiso que tenía atada la cordura de la chica se encontraba en esa misma habitación. -Llegan en buen momento… Justamente nos encontramos con preparativos para la Noche de Luces; nos complacería enormemente que se quedaran para celebrarla con nosotros -.

De inmediato Shippo e InuYasha reaccionaron al unísono, repitiendo lo que los labios del sirviente habían mencionado antes. -¿Llegamos a tiempo para una boda, eh? - intervino Shippo con un aire divertido. -¿Y no nos invitaste, Rin? -. Ante esto Kohaku reaccionó mostrándose por demás mortificado pero de inmediato el sirviente aplacó toda falsa suposición.

-No… Es el Señor Sesshomaru quien contraerá nupcias pronto… Su futura esposa está a determinarse aún – aclaró. Miró de reojo a la humana quien para ese entonces se encontraba cabizbaja. El tema cada vez tenía más peso sobre ella, más sabiendo que su Señor estaba más que indispuesto para tomar la mano de alguien.

El hanyou notó la reacción de la chica; la conocía bien y aunque era evidente la calma de sus gestos y su sorpresiva reserva, comprendía que ese malestar que mostraba lo llevaba desde hace tiempo. La suspicacia de InuYasha lo llevó a sentir arrepentimiento de incluso haber consentido el viaje hasta las Tierras del Oeste… Era realmente una tragedia. -¿No es un estorbo que estemos aquí? - preguntó en un tono seco y directo. -Es claro que la presencia del bastardo del Oeste, un zorro insolente y otro humano no son el tipo de concurrencia que se espera para eventos como este – agregó en un tono amargo y cínico.

Ryuunosuke no pudo dejar escapar una ligera risa. -Este evento ha sido más inclusivo de lo que podría imaginarse, Lord InuYasha -. Al momento en que el sirviente se refiriera a él de esa manera no pudo evitar arquear las cejas con desconcierto. No sólo sabía su nombre pero también le llamaba con un honorario que no consideraba propio. El hombre al notar la confusión en ojos del más joven se atrevió a extender una breve explicación. -Fui mano derecha de su padre… Lo conocí cuando usted era apenas un bebé -. No dijo más pero no sólo lo llegó a ver cuando era sólo un infante, era por parte de él que tantos obsequios llegaron a manos del niño. Después de la muerte de Inu no Taisho, Ryuunosuke se dedicó a ver por Izayoi y él desde la lejanía. Era una experiencia agridulce tener de frente al muchacho y no poder explicarle tantas cosas… Todo a su tiempo.

InuYasha agitó la mano no queriendo darse tiempo para procesar semejante información. Estaban ahí por otra razón y ahora veía un escenario distinto desenvolverse frente a sus ojos. La situación era compleja y comprendía que al estar ahí imponían más presión sobre Rin, quien ahora comprendía, tenía sentimientos fuertes hacia su hermano… Era más que claro. Le parecía algo increíble porque no encontraba ninguna cualidad digna de ser apreciada en él, no hallaba nada que lo hiciera tampoco digno del cariño incondicional de Rin… Pero finalmente… el mal carácter era de familia. Suspiró. -Será mejor que dejemos que hagan sus labores… Sólo dinos a dónde dirigirnos, nosotros nos encargamos -.

Sin más, con las indicaciones del sirviente, el trío se hizo al camino indicado hacia los aposentos que tomarían por tiempo indefinido… El hanyou ya lo veía venir; días de huir a la verdad, días de tensión y sobre todo, de aguantar las miradas fulminantes de su hermano. -Creo que no fue una buena idea venir – quebró el silencio mientras avanzaban por los pasillos, haciéndose notar entre los sirvientes que dispuestos a sus tareas quebraban la solemnidad para curiosear un poco.

-¿Por qué lo dices? - preguntó Kohaku.

El humano sentía un nudo en la boca de su estómago. Sí, era claro que InuYasha tenía razón. No le pasó desapercibida la actitud de Rin; su mirada triste y cansada, tan similar como aquella vez cuando Sesshomaru había borrado su existencia de la vida de la joven. ¿Si estaba tan triste por qué seguía ahí? A menos que… No… Ese sentimiento que manifestaba tenía que ser por su presencia ahí. La manera en que los había cuestionado era más clara… Clarísima.

-Porque no piensa regresar – contestó Shippo con un aire casual observando con atención a sus alrededores. De pronto conectaba miradas con algunos de los sirvientes y con gestos coquetos se hacía notar. No era correspondido, de inmediato estos volvían a sus labores haciendo como si nunca lo hubieran visto. Chasqueó los dientes, frustrado, volviéndose de nuevo a la incómoda conversación. -Es claro Kohaku… Tú y yo nunca hemos sido competencia para Sesshomaru -.

El chico frunció el ceño mirando al kitsune quien se notaba bastante despreocupado. -¿Tú y yo…? Shippo, esto no es un juego… No es un capricho para mí… -.

Llegaron al fin a los aposentos donde una sirvienta esperaba para abrirles la puerta. Entraron para toparse con una modesta habitación ya dispuesta con tres camastros y un escritorio pequeño con cuatro cojines para disposición de ellos y un invitado si era necesario. Sin decir nada, la chica los dejó a sus asuntos, cerrando la puerta detrás de ellos. Sin pensarlo, InuYasha se sentó sobre uno de los cojines, descansando después de un largo camino hasta ahí; Shippo y Kohaku hicieron igual.

La mirada del humano parecía desprender chispas, estaba sumamente molesto…

-Como sea… Pero es claro que Rin no desea volver -.

InuYasha se servía una taza de té de una tetera que había sido dejada por parte del personal del castillo, pensó. La discusión entre los más jóvenes lo tenía demasiado incómodo y esperaba no tener que participar de ninguna manera, sin embargo, el kitsune no bastó con tirar la contra y buscó en él concordancia.

¿Verdad, InuYasha? -.

Ambos chicos lo miraban, esperando su respuesta pero el hanyou pretendió por un rato más que la taza de té que tomaba era infinita. Sorbió y sorbió hasta que dejó prácticamente seca la porcelana… No había suficiente coherencia para pretender más que aún no terminaba su trago. Dejó la taza sobre la mesa con brusquedad. Eran niñerías.

-Kohaku… No pienso responder por Rin porque, ¿sabes qué? Sólo ella sabe la verdad… Pero lo que sí puedo decir es que desde el momento en que ella decidió venir acá para pensar las cosas era claro que casarte contigo no era su prioridad -.

Era doloso escuchar aquello. Una cosa es que la duda viniera por parte del zorro y otra que viniera de InuYasha. Él había pasado mucho tiempo con Rin, era su confidente en muchos aspectos y además… tenía una visión distinta de las cosas. Podía de alguna manera comprender las conductas de Sesshomaru; aunque no tuvieran un trato íntimo, el vínculo de la bestia los hacía más parecidos de lo que le gustaría admitir. Kohaku suspiró, apoyando los codos sobre la mesa y dejando que su frente reposara sobre sus palmas. -Tienen razón – lo admitía. Se había ilusionado tanto como para poderlo ver y aceptar.

-Perdón… no te escuché – dijo Shippo con altanería, meciendo la taza de té que ya se había servido mientras esperaba a que el humano repitiera lo que él perfectamente había escuchado.

-Que tienen razón – dijo más fuerte. -Ella no quiere casarse… no conmigo -. Dejó caer sus hombros, sintiendo una sensación desagradable en su pecho, era como un sofoco. -Sólo le di una carga más al aferrarme a este compromiso… Fui egoísta – levantó la cabeza. Se veía determinado sorprendentemente.

O

Mientras tanto en los aposentos de Rin, Ryuunosuke y la joven discutían sobre las actividades para la Noche de Luces la cuál estaría por darse en pocos días. La mente de la humana circulaba en caos por lo que intentaba enfocarse sólo en las cosas que eran inmediatas… En un festival que no concretaría como todos deseaban y esperaban porque ya se había decidido ayudar a Sesshomaru de salir bien librado de un matrimonio no deseado.

El sirviente estaba sumamente intrigado y curioso pero no encontraba maneras de cuestionarle nada a Rin. Era más que claro que el humano que estuvo minutos antes con ellos era el susodicho prometido de ella. -Sabes… La Noche de Luces es quizá el festival más esperado por los miembros de los clanes… - dijo tratando de aminorar el aire tan tenso que había dejado la visita. -No lo hemos celebrado en siglos… Y bueno, la Señora del Oeste no había asistido a ninguno por falta de razones… El Amo Sesshomaru se mantuvo ausente de las Tierras por lo que no había una razón por la cual asistir y… sola no es propio que vaya -.

Rin asentía, atenta pero no del todo interesada. Tenía demasiado en la cabeza como para corresponder a la conversación como usualmente hacía.

-Desde que el padre del Lord InuYasha murió, la Señora del Oeste ha tenido que reservarse de muchos privilegios. Se ha mantenido recluida en el palacio desde entonces… El matrimonio del Amo puede traerle un poco de libertad, por decirlo así -.

-¿Libertad a cambio de someter a Sesshomaru? - replicó con cierto reproche.

Ryuunosuke aclaró su garganta. -No es lo ideal que el Amo lo haga a la fuerza… Es complicado. Han habido tantas líneas generacionales en la familia del Oeste y jamás nadie se había negado a contraer nupcias… La Señora del Oeste no espera que el Amo lo haga con resentimiento ni tampoco que sea infeliz… -

-Quizá las costumbres que tienen ustedes son ya obsoletas… - contestó dejando uno de los pergaminos que sostenía sobre la mesa. -La misma Señora del Oeste se casó sin sentir un amor profundo… Sin poder estar con alguien que la hiciera sentir inmensamente feliz. ¿Eso es lo que espera? ¿Que Sesshomaru se ate a una felicidad moderada y no inmensa? - calló sabiendo que estaba exaltándose demasiado. -Perdón – bajó la cabeza.

Comprendía las palabras de la chica… más de lo que ella pudiera imaginarse. Sonrió amargamente sintiendo un poco de derrota. No podía contradecirla, sabía muy bien lo que era sacrificar por amor a la persona indicada; todo por un compromiso… por una alianza. Él mismo lo vivió y seguía viviendo pero no podía dejarse llevar por su experiencia personal y consentir a las palabras de Rin… ¿O sí?

-No te disculpes; tienes razón -

Sorprendida, Rin levantó la cabeza con los ojos bien abiertos y un gesto incrédulo en su rostro. -¿Qué dices? -. Lo escuchó bien… sí.

-Eso mismo… Tienes razón… Por años se han buscado las alianzas entre los clanes y el matrimonio es quizá la forma más eficiente de mantener esos lazos unidos de por vida. Es la falta de confianza y compromiso entre los miembros de otras manadas lo que nos ha llevado por tantos siglos concretar esto; dejar una marca ante estos pares como lo es la descendencia es la manera más… sencilla de hacer cumplir los deberes pero… Los tiempos han cambiado; las guerras ya no son como eran antes… -

Rin intentaba comprender. Sí, Ryuunosuke concordaba con ella pero parecía seguir justificando el asunto de los matrimonios arreglados. Le parecía tan trágico.

-Incluso las Tierras del Oeste se mantienen distantes de los conflictos de otros… Tan sólo siguen formando parte de las cuatro alianzas por mero asunto geográfico… Aún así Rin… De no casarse el Amo deberá enfrentarse a constantes rebeliones por parte de los demás clanes incluso intentos de derrocar a la familia del Oeste. Negarse al matrimonio con alguna mujer de los clanes importantes es romper con los tratos que se tienen desde hace miles de años… No… es imposible… El Amo debe casarse… incluso si su felicidad está en juego…-.

Pudo notar en la joven un gesto de enfado; se estaba reprimiendo. El sirviente comprendía esa frustración, ese enojo… Se veía reflejado y experimento tan fresco el recuerdo de hace siglos cuando recibió noticias del matrimonio de su amada… Podía comprenderla mejor que nadie y ahora estaba totalmente convencido de los sentimientos que florecían dentro de ella. -Lo amas...- murmuró, asomándose para ver el rostro de la chica que se hallaba cabizbajo.

Dos lágrimas recorrieron las mejillas de la joven quien comenzó a sollozar en ese instante, incapaz de aguantarse más. -Sí- contestó sin someterse, sin intentar ocultar lo que su corazón a gritos deseaba poder decir.

El joven sonrió dejando que un profundo suspiro se le escapara. -Sabes… yo tengo que seguir haciendo mi trabajo… Y mientras yo vea que hagas el tuyo, no tendremos problemas…- se puso de pie, cruzándose de brazos. Había un brillo en sus ojos y en su sonrisa; esperanza. -Las costumbres están fuertemente marcadas en nuestras vidas… Son las que marcan nuestros deberes… nuestra rutina, nuestro día a día, pero siempre hay alguien que da la pauta para un cambio en la dirección de nuestro destino… Eventualmente esos cambios encaminan las cosas a su debido lugar y nos dan la valentía para reclamar lo que nos pertenece – no dijo más y salió de los aposentos de la chica.

Decidido caminó por los pasillos hacia los aposentos de la Señora del Oeste hasta empujar la madera debajo de sus palmas sin anunciarse sorprendiendo a las sirvientas y a la señora misma, que se encontraba envuelta en una yukata suelta mientras las jóvenes a su alrededor sostenían su cabello mientras cepillaban. -Déjennos solos- ordenó el joven. A su comando las mujeres dejaron lo que hacían, saliendo por el par de puertas que estuvieron abiertas hasta que en aquél lugar sólo se encontraran ellos dos. Cerró con llave.

-Ryuunosuke, ¿qué está pasan…-

El sirviente se había hecho camino hasta ella, a paso apresurado, determinado. Colocó sus manos sobre las mejillas de la mujer y calló sus palabras con un profundo beso. Kimiho abrió sus manos, dejando caer el abanico que sostenía. Confundida pero totalmente sometida al impulsivo gesto del hombre, dejó que sus palmas reposaran sobre la espalda ajena, dejando que las yemas de sus dedos se fundieran entre la tela suave que cubría la piel de Ryuunosuke.

Sus labios se separaron por un instante para tomar aire y entre agitadas respiraciones, la Señora del Oeste terminó su pregunta. -...do?-.

-Haciendo lo que debí haber hecho hace muchísimo tiempo- y al decir esto volvió a besarla esta vez impulsando suavemente su cuerpo sobre ella, sometiendo a la mujer a la suavidad de los cojines.