Con la partida de Ryuunosuke se encontraba nuevamente sola. El día apenas comenzaba y el agobio de los nuevos acontecimientos la tenía sumamente angustiada. Ver en el rostro de Kohaku la decepción y la traición le había revuelto el estómago; sentía ganas de vomitar. Se permitió quedarse un rato más en sus aposentos, buscando las maneras adecuadas para abordar un incómodo tema que deseaba no tener que tocar… pero… era necesario. El destino parecía haberla alcanzado y en una manera no tan sutil le indicaba que era hora de acomodar los sentimientos en su corazón.

Lo había confesado ya. Decirlo en voz alta lo había hecho real y más teniendo a un testigo que escuchara lo que su corazón había callado. ¿Qué iba a hacer? No podía simplemente plantear esos sentimientos y pretender que todo se calmara. Habían decenas de familias dispuestas a pelear por la atención del Señor Sesshomaru e igualmente dispuestas a crear una guerra de no obtener lo que deseaban. ¿Eso quería para el ser que más amaba en la tierra?

Suspiró.

Salió de sus aposentos, dispuesta a darse rondas por el palacio esperando así poder despejar un poco su mente. En la soledad encontraba la suficiente cantidad de silencio para escuchar sus propios pensamientos pero era quizá esperar demasiado. En pocos minutos topó con alguien, Asami, una de las jóvenes de los clanes visitantes. Al topar mirada con ella, la bella youkai le sonrió a Rin, diferente a muchas de las mujeres que venían en plan de ser cortejadas, de ella siempre recibía los gestos más gentiles y genuinos. -Buen día Rin- saludó con amabilidad.

La humana hizo un esfuerzo por sacudirse el malestar y forzar una sonrisa pero era claro para la joven youkai que algo ocurría. Al igual que todos aquellos seres inu-youkai que eran capaces de intuir los sentimientos que aquejaban a otros por medio del olfato, Asami pudo figurarse la angustia por la que pasaba la chica. -Buen día joven Asami-.

Asami se acercó, enroscando su brazo con el de Rin para caminar a lo largo del pasillo. -¿Sabes? No había estado en un festival tan hermoso como éste? Dime… ¿Ha sido tu Amo el principal causante de todo esto?- preguntó mirando hacia el frente, levantando reacciones entre los sirvientes y miembros de las demás manadas que se encontraban en los alrededores.

La joven sintió un hueco en el estómago de pronto. -Ha sido más por sensibilidad de la Señora del Oeste, joven- respondió buscando por todos los medios no causar mala impresión a su Señor.

-Ya veo… Debo suponer que esa misma sensibilidad puede llegar a plasmarse a manera de poesía, ¿cierto?- la chica miró de reojo a Rin, esperando con un ligero gesto suspicaz a que respondiera.

De inmediato, la chica recordó que en días anteriores, la Señora del Oeste le había pedido que entregara un papel a manos directas de Asami. Recordó el gesto de la chica al leerlo y la manera tan dulce en que ésta le agradeció al Señor Sesshomaru. Por alguna razón le costaba trabajo responderle; la joven demonio parecía de buenos sentimientos, tan pura y hermosa que el sólo pensar en decirle que aquello no había venido por parte de su Señor le parecía despiadado… No deseaba romper su corazón.

-Intuyo que eso es un sí… El silencio de tu Amo es más claro de lo que muchas personas creen… Me atrevo a asumir- agregó mientras encontraban un espacio en los jardines sobre una pequeña banca. La joven se sentó, jalando suavemente a Rin para que se sentara a su lado. -Tu Amo no siempre ha sido un hombre enigmático… De pocas palabras…- rió. Su risa era tan dulce que ni siquiera el canto de las aves podía hacerle competencia. La humana se quedó callada, observando los matices de los gestos en ella. Tenía un aire soñador y tierno; parecía una mujer digna de esposarse con su amo… Podía ver en ella el potencial de hacerlo feliz. -Nos conocemos desde hace mucho tiempo… Pero en algún momento se creó una brecha; no sólo conmigo- la chica apoyó sus manos a la orilla de la banca, de pronto mirando a un punto ciego lejos de ella. Como si con la mirada esperara escarbar en el cielo los recuerdos de un pasado que parecía casi ficticio. -Prometió casarse conmigo… Éramos apenas unos niños… Yo viví feliz pensando en esa ilusión por mucho tiempo pero… Él ya no es el mismo-.

Podía escuchar la tristeza en su voz… Parecía que realmente lo quiso. Aquello hizo sentir a Rin aún más sofocada. Comenzó a sentir un hueco en su estómago pero el impulso de sus palabras se mostró en palabras entrecortadas. -U… usted… ¿aún espera que se cumpla esa promesa?-.

Sorprendida, Asami miró a Rin y nuevamente dejó escapar una risa. -Por supuesto que no-. Cubrió una de sus mejillas con la palma de su mano, mostrando nuevamente la calidez de su alma despojándose de la tristeza que había habido antes. -Créeme… hace un par de días pensé que tal vez había un eco de ese chico que me hizo esa promesa hace tantos siglos… Pero ahora estoy convencida que esa sensibilidad y ese candor nunca me pertenecieron-.

Era inevitable que Rin sintiera alivio. Le creía… No parecía una mujer caprichosa como Hatsuko; confiaba en la sensatez de sus palabras pero no podía evitar sentir pena por ella. Tal vez todo este tiempo Asami estuvo esperando por esto, sólo para darse cuenta de que realmente, todo lo que soñó alguna vez, jamás pasaría.

-… Aunque no es mentira que ahora su humor parece ser más suave… Antes solía ser aún más hosco y despiadado. Pasaba poco tiempo en sus territorios… Pero desde hace quizá… una década eso ha cambiado. Sus visitas al palacio han sido más frecuentes y parece haber tomado responsabilidad de los territorios del Oeste… Dicen que eso ha sido a raíz de que tomó una protegida humana-

La humana bajó la mirada sintiendo un rubor acumularse en sus mejillas. Asami sonrió al ver la reacción de la chica y continuó.

-Es… reconfortante. Tu Amo cambió a raíz de lo que él consideró la traición de su padre… Y la mayor parte de los miembros del clan lo vieron de la misma forma. Cortejar a un humano y crear descendencia es un acto penado en los tratados de las manadas que forman parte de los acuerdos de los Cuatro Territorios… Muchos lo ven como un acto de debilidad y es fecha que la decisión del General Perro sigue teniendo prejuicios entre los miembros más viejos… Lo que quiero decir Rin es que… Las cabezas de los clanes han seguido de cerca tu historia con tu Amo-.

De todo lo que podía esperar esto era quizá lo que menos esperaba. ¿Entonces sabían de ella? ¿Por qué? Rin transpiraba confusión; su gesto era sumamente expresivo… era imposible ocultar lo sorprendida y perturbada que se encontraba.

-Debo confesar que en algún momento fui enviada por mi clan a espiarte- dijo sumamente arrepentida. -Siempre fui indiferente al vínculo de la familia Taisho con los humanos… Siempre tomé distancia y nunca me hice de una opinión. Quizá porque la reacción de Sesshomaru al saber lo de su padre me pareció un capricho… Yo también me alejé… Pero el compromiso con la manada es… Siempre es prioridad. Entonces, supongo que los líderes de los clanes comenzaron a poner presión al ver más cercana la llegada de tu adultez… Siendo esta la razón por la que quizá tu Amo te dejó en aquella aldea y por la que ahora se está llevando acabo este festival… Fueron años de sugerir que de no existir un matrimonio bien fundamentado podrían perder los territorios-.

Eso sí le costaba trabajo creerlo, sonaba tan descabellado, tan irracional. Se puso de pie precipitadamente, causando curiosidad en Asami quien tan sólo la observaba desde su lugar.

-Debes perdonarme- dijo con cierta firmeza pero con la dulzura que era característica en ella. -Créeme que… después de haber visto más de cerca la manera en que los humanos viven y sienten… No entiendo por qué persisten los prejuicios hacia tu especie-.

Por un momento reinó el silencio. Tan sólo el suave bullicio de las voces en la lejanía, de los pasos de los sirvientes y demás invitados en el palacio eran los que hacían compás a la espera de que la humana respondiera a semejantes confesiones. -No… yo no tengo nada que perdonarle- respondió dándole la espalda. No quería que viera sus lágrimas, pero como siempre, el sensible olfato de los inuyoukai desenmascaraban ese tipo de secretos. Asami mantuvo distancia, esperando a que la chica dijera lo que tenía qué decir. -De haber sabido que mi existencia en la vida del amo causaría tantos problemas jamás hubiera venido aquí… Yo… no pensé...-.

La joven de cabellos blancos se puso de pie, poniendo una mano sobre el hombro de Rin. -Estás equivocada. Creo que… es necesario que hayas venido… de no ser por eso...-.

Antes de que Asami pudiera continuar, sus palabras se cortaron al ver a pocos metros de ella a otro humano. Kohaku. Al atestiguar su presencia, la joven youkai sometió un sonrojo y bajó la mirada, dando unos pasos hacia atrás entrelazando sus manos frente a ella. El repentino silencio de su acompañante hizo que Rin tomara atención de lo ocurrido y al percataqrse de la presencia de su prometido, nuevamente sintió aquél ardor en su vientre. -Kohaku...- dijo en voz baja.

-¿Podemos hablar?- preguntó con un gesto consternado. Extendió su mano esperando que la chica la tomara y al hacerlo, caminaron lejos del jardín. Mientras tanto Asami observaba con recato cómo el par se marchaba esto siendo señal de que volviera a sus actividades del día.

Tomaron camino al bosque, buscando un poco de privacidad en un palacio donde no sólo había cientos de oídos pero todos con una capacidad sobre humana de escuchar los más suaves susurros. Fue ahí que Kohaku detuvo el paso y se separó de Rin, separando los labios para hablar al fin. -Lo he pensado...- frunció el ceño, bajando la mirada por un momento sintiéndose incapaz de sostener el contacto con la chica. -Debí haber entendido lo que ocurría desde el momento en que él regreso…- estiró la mano para tomar la de Rin, apenas y sosteniéndose de la punta de sus dedos. -Fui demasiado tonto como para aceptarlo…-.

Inevitablemente las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de la joven. No… no era su culpa, nunca lo había sido. -Por favor ya no digas nada- le imploró estrechando con firmeza la mano de Kohaku. -Tú sólo deseabas causarme felicidad y créeme… de no ser por ti los años sin él habrían sido tortuosos pero… Yo lo arruiné todo-.

Pasaron un largo rato conversando, tomados de la mano y ambos dejando que el llanto corriera por sus rostros. Los dos aceptando las verdades que sus corazones habían mantenido bajo llave. Viejas ilusiones se disiparon y los sentimientos necios de culpa salieron a flote, pero al final de cuentas fue el perdón el que dominaba en aire entre los dos.

O

Los días transcurrieron y por fortuna, el peso en el corazón de Rin se había aminorado considerablemente. Había podido sincerarse con Kohaku y aquello no tenía precio; sin embargo, el trío había decidido permanecer unos días más en el palacio y más al saber lo que estaba pasando con la chica. La conversación de antes entre Rin y Kohaku se vio interrumpida por la indiscreción de Shippo quien no perdió tiempo en informarle a InuYasha absolutamente todo.

-¡TENÍA RAZÓN ENTONCES!- exclamó llevándose las manos a la cabeza como si tuviera que contener todos sus pensamientos con el mero gesto. -Lo sabía… Aún no entiendo Rin… Créeme, me falta vida para entenderte- decía el hanyou con una sonrisa derrotada.

Para ese punto la chica se encontraba sumamente sonrojada pero agradecía que estuvieran discutiendo aquello en la privacidad de la alcoba de invitados que ocuparían sus amigos en los próximos días.

-No te sientas tan especial InuYasha; era algo de esperarse- agregó Shippo recargado cómodamente sobre un grupo de cojines mientras encendía una de las pipas que se le habían proporcionado por parte de los sirvientes. -Lo importante es que Rin lo aceptara, después de todos estos años… No hay nada como aceptar la verdad y tomar las riendas de tu propio destino- dejó escapar un poco de humo por su boca, haciendo círculos como siempre aparentando estar más allá de las situaciones que aquejaban a sus amigos.

-Pero no se trata de tomar las riendas de cualquier destino, estúpido- vociferó InuYasha mostrando sin tapujos su molestia. -Estamos hablando de Sesshomaru… ¿Sabes lo que pueden hacerle esos fanfarrones a Rin si se enteran de esto? ¿Los problemas en los que puede meterse?- lo que decía eran sólo meras suposiciones… No estaba del todo enterado de las costumbres de los youkais y menos de aquellos aristócratas que por infortunio para todos, se hallaban ahí aglomerados en un sólo lugar. -Rin… Sabes que deseo tu felicidad… Pero no es prudente-.

-No… No pensaba hacer nada, InuYasha- respondió cohibida y un poco decepcionada pero tal vez su amigo tenía razón. Ella misma lo había pensado desde ese instante en que dijo a voz alta lo que sentía.

-Vale la pena intentarlo- la voz de Kohaku quebró de pronto esa tensión causando asombro entre todos. Se veía determinado y no pudo recibir más afecto por parte de su amiga quien lo abrazó con fuerza… Como en los viejos tiempos. El sonrojo que aquél gesto despertó en él lo hizo sentir acalorado mas no se atrevió a rechazarla porque era en esos detalles que sentía verdadera alegría.

InuYasha dejó escapar un suspiro derrotado… No había nada qué hacer cuando los jóvenes se ponían necios. Quizá no era su rol verdadero ser la voz de la razón… Siempre que intentaba hacerlo nadie lo escuchaba. Era tal vez el karma cobrándose todas aquellas veces en las que fue impulsivo… -Bah… No sé por qué me esfuerzo si al final terminarán haciendo lo que ustedes quieren… Siempre- manoteó, dándoles las espalda para recostarse sobre uno de los futones.

Shippo sonreía con un aire un tanto triunfal. Aún callaba los años que estuvo al servicio de Sesshomaru y ver toda esta situación desenvolverse era sumamente satisfactoria, principalmente por su diversión… o eso quería pensar. Y era por eso que sabía perfectamente que el Gran Señor de las Tierras del Oeste jamás quebraría su orgullo para aceptar su verdad sino era con un pequeño empujón. Se excusó con sus amigos para salir de la habitación.

A su paso saludaba a los sirvientes quienes seguían sin aparentar notar su presencia. Claro… seguramente que ese era uno de los castigos de Sesshomaru por su "pobre" trabajo todos estos años. Siendo con los sirvientes con quienes más solía divertirse, especialmente por las noches, era más que lógico que les ordenara que se portaran fríos y distantes con él. La sola idea hizo que el kitsune rodara los ojos… Debió suponerlo desde que pisó terreno ahí. Caminó hasta la torre donde moraba el youkai; conocía el palacio como la palma de su mano. Subió las escaleras, topándose con las puertas que se encontraban cerradas. Sabía que estaba ahí. Sin anunciarse las abrió, tomando camino dentro de la habitación del Señor para encontrarse con su figura detrás de un escritorio, rodeado de varios documentos que lo hacían ver sumamente ocupado.

-¿Y bien? ¿Voy a ser padrino o…?-

La gélida mirada de Sesshomaru no se hizo esperar; éste dejó todo lo que hacía para alzar el rostro y mirar al joven kitsune de manera tan despectiva que con sólo ese gesto debía ser suficiente para que Shippo se diera una idea de lo mucho que el youkai deseaba que se marchara. Pero eso no le hizo ni cosquillas al muchacho quien había perdido toda sensibilidad a esos tratos por parte del mayor.

-Entiendo, entiendo- murmuró sentándose frente al youkai del otro lado del escritorio. -De toda la gente a la que pudieran hacerle un festival como éste tenían que hacértelo a ti… Si sólo supieran que esas cosas no te placen-

-¿Qué hacen aquí?- preguntó ya perdiendo la paciencia.

-Pensé que nunca preguntarías- dijo acomodándose sobre los cojines. -Fue por Kohaku… ya sabes… humanos. Viven tan poco tiempo que el tiempo es quizá lo más preciado que tienen. Has estado reteniéndola mucho aquí… No me sorprendería que todo este circo sea para que se quedara más tiempo-.

El youkai entrecerró los ojos, trabando la mandíbula en el proceso.

-Lo sabía…- continuó sin resistirse de hacer notar el cinismo en su voz. -Sabes… en todos estos años que llevo de conocerte no entiendo cómo es que la gente dice que eres tan misterioso e impredecible… Si es que te conozco como la palma de mi mano- rió pero aquello no le causó gracia al youkai en lo más mínimo quien se abalanzó con fuerza sobre él, sosteniéndolo del cuello de su yukata.

-Ya basta- dijo entre dientes.

-¿No me crees?- contestó sin inmutarse aún sonriente muy a pesar que quizá el ser más poderoso de todas esas tierras lo tenía sometido en ese instante. -Moverás cielo, mar y tierra ahora que estás por saber que el compromiso entre Rin y Kohaku se ha roto-.

El agarre sobre las telas de la ropa de Shippo se hizo más severo. El rostro de Sesshomaru se encontraba ensombrecido por la rabia. -No juegues conmigo- masculló mostrando sus colmillos ante el joven zorro quien tomó el atrevimiento de posar sus manos sobre la de Sesshomaru y alejarlo, así dándose un poco más de libertad para volver a su lugar.

-Eres demasiado aburrido como para jugar contigo. Es la verdad, toda la verdad- confesó cruzándose de brazos. -Claro… eso no significa nada para ti, ¿cierto? Tan sólo significa que tendrás a tu protegida lista para una vida de servidumbre en tu palacio para ti y para tu futura esposa, ¿o no?-.

-Largo- ordenó con voz ronca y profunda golpeando con su puño la superficie de madera.

El joven no hizo esperar y se puso de pie saliendo de la habitación a carcajadas, dejando a un Sesshomaru envuelto en miles de incógnitas. Se mantuvo tenso con ambas manos cerradas sobre el escritorio. La mirada la tenía perdida entre las escrituras de sus pergaminos que se habían desacomodado por el impacto de su reacción. Sabía que no mentía… Conocía al escuincle lo suficiente como para detectar sus mentiras.

No lo admitiría en voz alta pero la noticia le causaba satisfacción… podría decirse que hasta júbilo. ¿Cómo podría tomar en sus manos lo que tanto anhelaba? Era un hombre que solía ser impulsivo, necio… quienes lo conocían lo sabían perfectamente pero, en ese momento, tan sólo una persona le cruzaba por la mente: Rin. Había visto cómo era observada por el resto de los clanes… Cómo su sola presencia era capaz de causar las mayores inseguridades en demonios que habían ganado mil batallas. Sus afectos por ella podrían ponerla en riesgo… Volvió a golpear la mesa frustrado… Había sido tan descuidado…

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Notas: ¡Hola! Sé que muchos se han quedado con ganas de seguir leyendo esta historia y yo lamentablemente por cosas de la vida no he tenido tiempo para continuar esta historia tan frecuentemente como me gustaría. Quiero decirles que no me olvido de lo que he escrito por acá y en ratos me llega la inspiración y hago algo. Por eso quiero dar las gracias a quienes siguen leyendo esta historia y a los que han llegado por acá a leer por primera vez.

Espero pronto poderle dar a conclusión a esta historia que es quizá la que más tengo formada de principio a fin en mi cabeza. Sí estoy casi segura que pronto llegará su fin.