Séptima elegida:
Kobayashi
No tengo la menor duda. Al principio creí estar soñando, aunque tener semejante nivel de conciencia dentro del mismo sueño ya me parecía algo extraño. Hasta los sueños lucidos tienen sus límites, lo sé porque ya los he experimentado antes. Lo habitual en estos casos es saber qué estás dormida. Esto lleva a dos opciones: o alteras el curso de las cosas para hacer lo que te venga en gana o solo te quedas mirando el transcurso de las cosas hasta que decides despertar. Debí ser muy ilusa al creer que se trataba de solo eso.
Realmente estaba convencida de tener un sueño porque, francamente, era la explicación más lógica a lo que estaba ocurriendo. Salvo contadas excepciones, una persona no despierta en una habitación por completo diferente a la que fue a dormir la noche anterior. Está bien, admito que me ha pasado varias veces después de una noche de borrachera. Sin embargo, cuando abrí los ojos estaba en un lugar irreconocible. No solo era distinta a mi habitación, ni siquiera parecía un lugar acorde a la época en la que vivo. Si tuviera que describirla en pocas palabras, diría que me pareció un cuarto dentro de un castillo medieval, en específico, el ocupado por su señor feudal. Y es que eso es. En su momento creí que se trataba de un sueño y decidí recorrer dicha habitación como si ese lugar fuera mío. Ahí vino la segunda sorpresa: ese castillo es mío.
Fue entonces que caí en cuenta de mi error. Me dolía la cabeza y el cuerpo me pesaba, como si tuviera un resfriado. Si esto fuera un sueño, no sufriría de esas dolencias. Entonces hice la prueba definitiva: me propuse a despertar. Me concentré en volver a mi habitación, a abrir los ojos y ver de nuevo mi sencilla habitación, las cortinas blancas en la pequeña ventana, la mesa de noche donde coloco mis lentes. Esperaba escuchar la televisión con los programas que Kanna suele ver por la mañana antes de irse a la escuela y a Tohru abriendo la puerta de nuestra habitación para avisarme que el desayuno está listo. No pasó nada. En ese momento supe que las cosas habían cambiado en mi entorno por alguna razón, no se trataba de un sueño, todo esto era real.
Los malestares pasaron pronto, tan repentinos como su aparición y las cosas se tornaban más claras a mi alrededor. Toqué los muros, me asomé por las ventanas, di pisotones en el suelo, comprobando que todo era real. Me senté en la cama y respiré profundo. Por supuesto que estaba asustada por despertar en un mundo nuevo pero los más impresionante era el hecho de que eso ocurriera. La primera pregunta era ¿cómo terminé aquí, en un castillo en medio de la pradera? Pude asomarme por la ventana de mi habitación y ver a lo lejos un campo por completo verde y plano; en medio de este se veían varias casas, pequeñas, con chimeneas y techos de madera. Me pregunto de donde vendría todo ese material, no parece haber árboles cerca. Entonces recordé el sueño que tuve antes de despertar. Estaba en una habitación oscura con un pirata y otras siete chicas; creo que todas eran estudiantes, pues se veían muy jóvenes, aunque estoy segura que he visto a dos de ellas antes. Si tan solo recordara con más claridad sus rostros. El pirata nos dio la bienvenida a un lugar llamado Tibitha y dijo algo sobre tener aventuras. Luego abrí los ojos y estaba aquí. Lo sé, suena ridículo el simple hecho de creer que he viajado a otro mundo a través de un sueño, pero no me queda más que creer en eso.
Estaba en eso, pensando en lo que pudo ocurrir, buscando una explicación cuando se presentó una prueba que considero irrefutable para comprobar la existencia de otra realidad, una alterna a la mía. La puerta se abrió de pronto y vi a Tohru, vestida como sirvienta, entrar con su habitual alegría, su voz tan escandalosa, la amplia sonrisa que resaltaba por sus colmillos y su cabello rubio peinado a dos coletas. Hasta ese momento todo estaba bien, pero noté tres detalles que me sorprendieron tanto como la habitación. Primero, de su cabeza salían unos cuernos; segundo, sus ojos eran anaranjados y, tercero, tenía cola… ¡una cola verde, semejante a la de un lagarto! ¡¿Qué demonios significaba eso?!
Estaba entre asustada y sorprendida, inmóvil ante su apariencia tan irreal. Y aunque ya le había visto usar un vestido de sirvienta, esos nuevos rasgos de su persona resaltaban demasiado. Lo más lógico era pensar en algunos accesorios: cuernos falsos, lentes de contacto... pero nada en ese momento se explicaría con la lógica. Al menos, no con la de mi mundo de origen. Supongo que en ese momento mi expresión era muy distinta a la esperada por Tohru, pues su sonrisa desapareció ante mi falta de respuesta y me miró extrañada por mi silencio. Intenté fingir un poco de alegría, dirigirle una sonrisa para calmarla, pero ella se me adelantó.
—¿Estás bien, Kobayashi? —dijo. Se acercó a mí, con una evidente preocupación. Me abrazó con fuerza, restregándome su pecho en la cara—. Estás un poco pálida y hueles... ¿a miedo? ¡Oh no! —de inmediato me arrojó a un lado y caí directo a la cama. Tohru volteó a todas partes, alarmada y estoy segura de que vi humo salir de su boca—. No me digas. ¡Nos atacan! ¡Detrás de mí, Kobayashi! Buscaré a ese intruso y le haré arrepentirse por intentar hacerte daño. ¡Me las pagaras, maldita escoria humana!
—¿Atacar? —eso solo me confundía aún más. ¿Por qué alguien me atacaría? Solo soy una programadora. Claro, eso en el mundo del que provengo, pero aquí... ¿Quién se supone que soy?—. Tranquila Tohru, estoy bien. Solo tuve una pesadilla. No debes preocuparte.
—¿Una pesadilla? Pero tú nunca tienes pesadillas. ¡Tu provocas pesadillas!
—¿Ah sí? —¿qué rayos quiso decir con eso?
—Por supuesto, a todos tus enemigos y a los criminales de las praderas de Nosor. Nadie quiere enfrentarse a la asombrosa caballero dragón.
—Tienes razón. Hasta dudaría de enfrentarme a mí misma —respondí. Traté de sonar lo más convincente posible y, por suerte, funcionó. Tohru volvió a sonreír. Me tomó del brazo y me llevó hacia un comedor enorme, del tamaño de todo mi departamento en Japón.
Sin saberlo, Tohru me dijo bastante sobre este mundo. Han pasado tres días desde que desperté en este castillo y han servido para aclarar un poco el panorama, aunque aún tengo demasiadas preguntas. Según he visto, mi sospecha es cierta. Estoy en un mundo paralelo, solo que en este lugar parece un mundo sacado de esos anime isekai que se pusieron de moda. Incluso mi llegada es parecida a uno de estos. ¿Eso quiere decir que estoy muerta en Japón? Supongo que en algún momento lo descubriré. Lo más curioso de todo, es que existía una yo en este mundo y todas las personas que conozco también están aquí. Kanna y su amiga Saikawa suelen pasearse por el castillo; Takiya y Takeshi también están aquí, este último se llama Fafnir en este mundo. Según Tohru, Lucoa suele visitarnos a menudo, pero en este momento viajó a otro país. Creo que lo llamó Astorus. Ni idea de qué lugar sea ese. Y aunque esta tierra sea muy diferente al mundo del que vengo, es sorprendente que todos a quienes conozco se comporten igual a como recuerdo.
Pero lo más extraño de todo es respecto a Tohru. Sus cuernos, la cola y el color de sus ojos se debe a que ella es un dragón. ¡Un dragón! La Tohru de este mundo es en verdad un dragón que adopta forma humana para vivir conmigo. Y no solo ella, lo mismo pasa con Kanna y Takeshi… Fafnir. Tengo que referirme a él de esa manera para que no se moleste. En cuanto a mí, he armado la identidad de mi yo de este mundo basándome en lo que escucho de los demás. La pista más valiosa me la dio Tohru la misma mañana que desperté en este castillo. Soy la caballero dragón. ¿Y qué significa eso? Obviamente no podía preguntarle a nadie sobre eso, así que me vi obligada a investigarlo por mi cuenta. Por suerte este castillo tiene una biblioteca. Tardé un día entero en encontrar la información que necesitaba, cómo extrañé tener internet en ese momento. Según los libros que hablan sobre ese título, soy una guerrera adorada por los dragones, tengo la habilidad de dirigirlos en combate y puedo adquirir algunas de sus habilidades. No estoy muy segura de que habilidades se refiere… ¿quiere decir que puedo arrojar fuego por la boca o volar? Me gustaría intentarlo aunque no tengo idea de cómo hacerlo. Hasta ahora, lo único que he hecho ha sido tomar la espada y practicar unas cuantas estocadas. Fue una sorpresa agradable descubrir que puedo manejarla sin ningún problema. En mi vida había estado cerca de un arma como esa, ni siquiera había tomado alguna en las obras del colegio. Pero esto fue increíble; practiqué un poco con Takiya y pude usarla como si hubiera hecho esto durante toda mi vida. Al parecer conservo las habilidades de mi yo de este mundo. Esto puede ser muy útil para no levantar sospechas de nada.
Sin embargo… cuando llega la noche y tengo un momento a solas no puedo evitar pensar en lo que pasó para traerme a Tibitha. ¿Por qué ocurrió? Me atormenta no saber que hago en este lugar. Y también me pregunto qué pasó con la Kobayashi de este mundo. ¿Ella estará ocupando mi lugar? Sé que es algo en vano, pero aún tengo la esperanza de despertar a la mañana siguiente y descubrir que he vuelto a mi departamento, con Tohru humana saltando a la cama para avisar que el desayuno está listo y Kanna alistándose para ir a la escuela. Debe existir alguna manera de volver, así como un motivo por el cual estoy aquí. Solo debo descubrirlos.
—¡Kobayashi! ¡Kobayashi! —esa es la voz de Kanna. Me doy la vuelta y la veo correr hacia mí, tomando la mano de Saikawa quien está llorando.
—Kanna. ¿Qué ocurre?
—Kobayashi, unos hombres están atacando los campos de Saikawa.
Un ataque. Ahora entiendo lo que Tohru dijo aquella mañana. Esta región tiene enemigos, sus pobladores son atacados con frecuencia y el deber de la caballero dragón, mi deber es protegerlos de esas amenazas.
—Por favor, señorita Kobayashi —alcanza a decir entre sollozos—. Tiene que ayudar a mis padres.
—Tranquila. Yo me hago cargo. Kanna… llama a Tohru. Tenemos que salvar esos campos.
