Mei 1:
La princesa de Jinten
Desde que las doncellas entraron a la habitación, no me dejaron sola ni un solo segundo. Tal y como dijo Yuzu, ese es su trabajo. Entre las tres me vistieron, limitando mis acciones a solo elegir que vestido quería usar, que zapatillas ponerme y si no eran muy rudas con mi cabello mientras lo cepillaban. No lo fueron, su trato fue de lo más delicado y por momentos no sentía sus manos sobre mi cabello. En cuanto a las prendas que me mostraron, todas era muy parecidas a los tradicionales trajes hanfu de china. ¿Acaso esto es un viaje al pasado? No podía quitarme la idea de la cabeza, necesitaba saber que estaba ocurriendo en ese momento, por qué estaba ahí con esas doncellas, por qué estaba en un vehículo volador que obviamente no era un avión. Si tan solo pudiera hablar con alguien sobre eso o tuviera acceso a algún libro, podría comprender un poco la situación. Pensé en hablar con esas mujeres pero no lo sentí adecuado. No sabía sus nombres, pero una cosa me quedó clara: cualquier comentario que hiciera, podría resultar sospechoso.
Entre las opciones de ropa, terminé por elegir el hanfu celeste. La falda es por completo blanca y llegaba hasta mis pies. La tela, por completo lisa, tiene diminutos estampados florales de un tono aperlado sobre el dobladillo. La prenda superior es de color celeste, con el collar de un tono más oscuro y decorado con motivos florales. Las mangas, como es habitual en este tipo de ropajes, son amplias con un degradado de azul a blanco a medida que se acercaba a los puños. Estos últimos destacan por su triple dobladillo, el primero del mismo color que el collar, le sigue uno blanco y otro, por encima de los demás y mucho más alargado, en una tela blancuzca y liviana que se transparenta a la luz. Aunque parezca una cantidad considerable de tela sobre el cuerpo, es más ligera de lo que podría pensarse. Me ciñeron el traje a la cintura con una prenda parecida a un obi, solo que más delgada y del mismo color celeste que el resto de la ropa. No sé cuál sea al nombre de esta prenda, tendré que investigarlo después. Sobre este obi me pusieron un lazo blanco que caía por mi costado derecho y llegaba hasta mis rodillas, terminando en dos esferas también blancas. Tuve que verlas varias veces para asegurarme de algo que me pareció una ilusión óptica; creí que era una idea mía pero no fue así, estas esferas despedían su propia luz. Por último, sentí que trenzaron parte de mi cabello para sujetar el resto y le decoraron con un par de pasadores de plata a cada lado de mi cabeza.
Me veo al espejo, sorprendida por el resultado de su trabajo. Por un momento me siento parte de una película histórica sobre la antigua China, aunque el vestuario en si no sea del todo correcto. Mirándolo con atención, parece más una recreación estilizada para algún programa o una película que busca acercarse a aquellos tiempos, pero con ciertos toques de modernidad para provocar un sentimiento de familiaridad con sus espectadores. Aun así, son ropas preciosas, con una tela delicada al tacto y unos colores que armonizan a la perfección. De seguro Yuzu estaría encantada de ver esto. Yuzu… ¿Dónde estará?
—¿Ocurre algo, princesa? —escucho la voz de una doncella. Guardé silencio por un momento, pensando en que decirle, pero también me llamaba mucho la atención como se dirigía a mí. Desde que ellas entraron, no dejaron de llamarme princesa.
—¿Dónde está Yuzu? —pregunté al fin.
—¿Yuzu?
—Se refiere a la señorita Okogi —menciona otra de las doncellas—. Perdón, ahora la señorita Aihara.
—Oh, esa chica —responde. Noté cierta inconformidad en su tono de voz, nada extraño cuando se habla de Yuzu en la Academia—. Seguramente se encuentra en el comedor o aun dormida. Eso ultimo no sería nada extraño.
—Maki, no hables así de ella. Se esfuerza mucho por la seguridad de nuestra princesa —contesta la tercera, doblando la ropa que usé como pijama y guardándola en un cajón del ropero—. Es algo admirable lo que hace.
—Ya saben lo que opino de ella. Llegó para poner de cabeza el palacio —sigue con su discurso contra Yuzu. De pronto se detiene y voltea a verme con una expresión temerosa. De inmediato inclinó la cabeza—. Discúlpeme, princesa, sé que no debería hablar así de su hermanastra.
Escucho sus murmullos, pero no les doy ninguna importancia. Con lo poco que dijeron me basta para comprender parte de la situación en la cual me encuentro. Es algo imposible de creer y todo lo que conozco del mundo me dice que no es una opción ni lógica ni creíble; el solo pensar en que llegué a una realidad paralela a la mía me hace sentir ridícula. No existe una manera en la cual eso pudiera ocurrir, sin embargo, tengo la prueba más contundente ante mí: estoy en un ambiente por completo desconocido, acompañada por unas doncellas que no puedo reconocer pero ellas a mí sí; la ropa no corresponde a la época en la que vivo, estoy en un vehículo volador que no puede ser un avión, Matsuri apareció y desapareció ante mis ojos, y, lo más importante, Yuzu no actuaba sorprendida. Tal como la conozco, ella estaría gritando desesperada por comprender lo que ocurre alrededor, estaría a mi lado tomándome de la mano para pedir que me calmara, aunque quien estaría inquieta sería ella. Sin embargo, eso no ocurrió. Al despertar actuó como es habitual en ella y siguió la que evidentemente es una rutina suya. Incluso sabía de la pronta llegada de las doncellas y se refirió a un incidente pasado.
Sigo pensando que es ridículo, pero no puedo descartar esa posibilidad hasta reunir las pruebas suficientes. También podría tratarse de un sueño, uno muy profundo y lucido, pero tampoco termina por convencerme esta opción. Lo único que queda por hacer es adaptarme al entorno que me rodea mientras investigo cómo he terminado en esta situación tan extraña. Al poco tiempo, las doncellas acomodaron la cama mientras yo solo las esperaba; no me dejaron hacer nada, así que solo me senté ante el peinador. Logré hacerme con el pequeño libro que tenía en la mesa y me puse a leerlo. Está escrito con unos símbolos que no puedo reconocer, aunque tengo la capacidad de leerlos. No hay lógica en eso, pero refuerza la idea de que he viajado a otra realidad. Sí es el caso, puede que también esté hablando una lengua distinta al japonés, pero quienes me rodean pueden comprender mis palabras y yo les escucho hablar en mi propio idioma.
Tenía la idea de obtener algo de claridad con ese libro, pero resultó ser una simple novela que narraba la relación amorosa entre un príncipe y una mujer a quien se referían como la cazadora. Una historia de un amor imposible entres dos personas de una condición social muy marcada por lo poco que pude leer. Dejo el libro a un lado y me enfoco en ese artefacto dorado que brilla sobre el peinador. Resulta ser una esfera de color dorado cuyo interior es visible; al centro se mira una llama ardiendo; a pesar de eso, la esfera no está caliente. Le doy la vuelta, observando cada detalle de la misma y sin poderme explicar cómo funciona ese objeto tan extraño. Sin duda es de cristal, pero carece de algún mecanismo que produzca la ilusión de una llama ardiendo, ni siquiera puedo ver por donde fue sellada la esfera, parece que se hizo de una sola pieza. Entonces, ¿cómo es que funciona? O se trata de una tecnología avanzada o, más acorde a lo que me rodea, esto es…
—Magia…
Han pasado unos cuantos minutos y una cuarta doncella llegó a la habitación, informando que el desayuno ya estaba listo. Se hizo a un lado de la puerta y la dejó abierta. Me levanto de mi asiento, lista para seguirla, pero no fue tan sencillo. Las demás doncellas salen antes que yo y me esperan en el umbral; las sigo y, en cuanto salgo al pasillo, me rodean. Comenzamos la marcha hacia el comedor por un pasillo completamente hecho de madera. En este se ven varias puertas que se extienden por lo largo, todas iguales y carentes de algún señalamiento que indicara quien se aloja ahí o que función cumple dicha habitación. Entre cada puerta, hay pequeñas mesas decoradas con alargados jarrones repletos de flores que no puedo reconocer y, cada tres puertas, está colgado un escudo cuadrado que llega hasta el suelo acompañado de un par de lanzas. Seguimos avanzando por el pasillo, dejamos atrás una escalera que bajaba. Esta se escuchaba un golpeteo metálico constante. Un poco más adelante, está otra escalera que sube y por la cual se logra filtrar la luz del sol.
Al fin llegamos al comedor. Las doncellas, antes de entrar, tocaron la puerta con delicadeza y esta se abrió. Lo primero que vi fue una amplia pared de cristal que iba desde el suelo hasta el techo; la luz entraba por esta pero no percibí ninguna sensación de calor ni los rayos del sol resultaban molestos. Poco después noté que el muro de cristal tenía una capa apenas perceptible que, seguramente, retenía la luz y la volvía más amistosa con el interior de la sala. Sobre el techo colgaban una serie de lámparas de papel, todas blancas y carentes de algún escrito. Abajo, la mesa era tan larga que con facilidad podrían acomodarse unas veinte personas, aunque solo la estuviesen ocupando cuatro, dos a cada lado. Una quinta silla esperaba en la cabecera de la mesa. Ese debía ser mi asiento y yo conocía a las cuatro mujeres que estaban esperando a mi llegada.
—Buenos días, Princesa Mei Aihara —saludan las cuatro al mismo tiempo, solemnes. Se habían levantado de su asiento, inclinaron un segundo la cabeza y llevaron su puño derecho a la altura del pecho, cubriéndolo con su mano izquierda. No estaba segura de cómo responder a eso, sí este es un mundo diferente al mío, desconozco las costumbres y, con mayor motivo, los protocolos de la realeza. En un acto arriesgado, camino hasta mi silla, más grande que la de ellas, y antes de tomar asiento, replico el saludo que ellas me dirigieron. Las doncellas parecen sorprendidas, pero a mis cuatro acompañantes aquello les causa gracia. En cuanto me siento, ellas hacen lo mismo y las doncellas abandonan la habitación. Hasta ese momento noté que había una quinta, quien nos abrió la puerta y se fue con el resto.
—Por fin nos dejaron a solas —dice Matsuri, con una voz de fastidio. Aún tiene esos pequeños cuernos sobre su cabeza. Las cuatro llevan el mismo estilo de ropa; usan un qipao a manera de uniforme, pero cada una con un color diferente y algunas variantes. El de Matsuri es de un color vino, similar a esa chaqueta que suele usar a diario; su traje carece de mangas y lleva un diseño floral blanco con detalles verdes. Se da cuenta que la veo y me sonríe—. ¿No lo crees, Mei? Esas doncellas deben ser un fastidio, siempre detrás de ti.
—Deja en paz a esas mujeres, ellas solo están haciendo su trabajo. No es que de verdad quisieran ser así —le responde Taniguchi-san. La interacción entre ellas dos siempre me ha resultado curiosa y, al parecer, en este escenario es igual a como la recuerdo. Su atuendo azul solo lleva el diseño de varias flores blancas a lo largo de toda la tela y si tiene mangas, cortas, que apenas le llegan hasta la mitad del brazo. Sin embargo, desde aquí veo que su masa muscular es mayor y más definida a como la recuerdo—. Se supone que ellas deben acompañar a la princesa en todo momento, solo tenemos estos momentos a solas porque Yuzuchi pudo convencerlas.
—Y porque somos la guardia personal de Mei, no olvides eso, "maestra" —dice Matsuri sin dejar de sonreírle.
—No soy tu maestra, más bien soy tu niñera.
—Mei —me llama Yuzu en un susurro. De inmediato volteo a verla. Esta sentada a mi lado, sonriendo de la misma manera que esta mañana cuando despertamos—. ¿Ya te sientes mejor? Si no es así te llevaré de nuevo a tu habitación y le diré al cocinero que prepare algo diferente.
—No la abrumes tan temprano, aun no desayuna y ya empezaste a acosarla.
—No la estoy acosando, Matsuri. Solo me preocupo por Mei, es mi responsabilidad ver por su bienestar.
Yuzu tampoco ha cambiado nada. Cada vez toma más fuerza la idea de que estoy atrapada en una realidad alterna, por imposible que sea. No había que ser muy observadora para notar que el uniforme de Yuzu es diferente al resto. También era un vestido del mismo estilo chino, solo que completamente blanco con flores anaranjadas cargadas a su costado izquierdo. Las mangas le llegan hasta medio antebrazo, pero tiene unidas a la tela varias placas de metal que se extienden por todo el brazo hasta llegar a los hombros; también el torso luce reforzado por partes metálicas que terminan hacia el vientre. Pareciera llevar una armadura por debajo vestido. No estoy segura de que semejante vestimenta resulte cómoda de utilizar, aunque para Yuzu no parece un inconveniente.
—Estoy bien —le respondo—. No tienes por qué preocuparte.
—Es que trabajas demasiado y no quiero que te desmayes de nuevo por exigirte tanto —de nuevo... recuerdo, cuando apenas conocí a Yuzu, una ocasión en la que me desmayé en la escuela por dar prioridad a mis deberes del consejo estudiantil. Ella me llevó a la enfermería y desde entonces me prohibió trabajar en exceso de nuevo. Si eso ocurrió una sola vez con mis responsabilidades escolares, ¿cuántas veces pasaría en este mundo tomando en cuenta que soy una princesa? ¿Qué me espera al salir de aquí?—. Y antes de que pongas un pero, recuerda que soy tu hermana mayor y guardiana personal. Todo lo hago por tu bien.
—No pensaba reclamarte nada. Agradezco que te preocupes por mí.
En cuanto llegue al palacio tengo que investigar todo lo que pueda sobre este lugar, claro, sin levantar sospecha alguna. En un mal escenario, la gente a mi alrededor podría pensar que soy una impostora y traería consecuencias graves para todos, aunque en verdad soy una suplente de la Mei de este mundo. Debería ser cuidadosa también en mi manera de hablar, podría decir algo que nadie esperaría. Sin embargo, todo esto es difícil de hacer, pues no tengo idea de cómo se comportaba mi yo de esta realidad. Dudo que seamos muy diferentes, pero en algo debemos distinguirnos. En cuanto a mi relación con Yuzu, por lo que poco que he visto hasta ahora, debe ser igual a la que tenemos en mi realidad o muy parecida. Tendré cuidado de todas formas, no puedo asegurar en este momento si aún es un secreto o ya lo saben más personas; lo único seguro es que ella no tiene el mismo título que yo. Entonces, ¿qué pasaría con mi familia?
Las doncellas volvieron, cargando una charola cada una que colocaron frente a nosotras. Hasta ese momento centré la mirada en la última miembro de la guardia real: Nene Nomura. A diferencia del resto, su uniforme era por completo negro, con las mangas tan largas como el de Yuzu pero sin las piezas metálicas; además, carecía de cualquier diseño floral. Solo era negro, sin detalles en el cuello ni nada. Pude ver que guardó algo parecido a una libreta entre su ropa; su cara estaba roja por completo y tomó una servilleta para limpiarse la nariz. Me pareció ver un hilo de sangre. Aparto la mirada de ella; quería saber que nos habían llevado para comer pero antes me encuentro con los ojos de Matsuri, fijos en mí y llenos de intriga. Fingió una sonrisa y volteó hacia Taniguchi-san para fastidiarle. ¿Por qué me miraba de esa manera? Parecía estar interesada en algo.
—¿Nene? Estas sangrando —dice Yuzu. Ella también se ha dado cuenta que Nomura sangra de la nariz.
—No es nada, es solo que tengo lastimada la nariz por limpiarla tanto —se excusa. Debe ser temporada de alergias.
El plato que me llevaron es de un tamaño considerable y esta servido con una ración generosa de comida que no luce nada mal. Sin embargo, no reconozco nada. Hay frutas extrañas en un extremo, algunas están enteras y son tan pequeñas como una uva, solo que de un color anaranjado brillante. Otras parecen fresas grandes de color morado; vi que Taniguchi-san se comió una. Dichas frutas por dentro son igual de moradas y al centro se vuelven blancas. Tomo la que parece una manzana; su cascara es de un amarillo brillante. Es la más parecida a la comida de mi mundo, así que es la mejor opción para empezar. Le doy una mordida. El sabor es parecido, solo que más dulce y mucho más jugosa que una manzana de las que conozco, incluso la textura es más suave. Ahora tomaré una de esas fresas moradas. También tengo un trozo de carne delgado cuyo aroma es agradable, hay un par de huevos duros partidos a la mitad con las yemas rosadas y, apartado, una masa negra humeante de aspecto desagradable. Es lo único que no pienso probar, sin importar lo que pase.
—¡Mei! ¡Tienes que probar la ternera de Daera! —Yuzu me acerca un trozo de carne a la boca, impidiendo que probara la fresa morada. Sí, es la misma Yuzu de siempre, emocionada por compartirme algo tan sencillo y a la vez significativo para ella. Acepto el bocado y ella no puede parar de sonreír mientras me mira masticarlo. Es una carne tan suave, da la impresión de deshacerse solo con presionarla con la lengua; es de gusto ligeramente salado y provoca la sensación es muy agradable al paladar—. ¿Y? ¿Verdad qué está deliciosa?
—Sí. Está deliciosa —respondo.
—Les dije que la Reina Flammina tiene muy buen gusto cuando se trata de carnes. Son sus platillos preferidos y por eso tiene un selecto ganado para ella —comenta Matsuri. Parece no darle mucha importancia. Se levanta de un salto repentino que a todas nos toma desprevenidas. Corre hacia el muro de cristal, apoyando ambas manos en este y agitando su cola con gran emoción. Un momento, esto está mal… ¿ella tiene una cola?—. ¡Miren! ¡Ya llegamos a Jinten!
Tanto Nomura como Taniguchi se levantan tras ella y se acercaron al cristal. Se veían muy emocionadas por llegar. Yuzu también se levanta del asiento, pero en vez de correr tras ellas, me extiende la mano.
—Vamos, Mei. Ya estamos más cerca de casa.
Tomé su mano y la dejé guiarme hasta el muro de cristal. Al asomarme sentí un vértigo terrible; me habría caído de la impresión a no ser porque Yuzu me sujetaba la mano con fuerza y eso me hace sentir segura. Tuve que respirar hondo varias veces antes de calmarme. Abajo, en tierra firme, se logran ver dos altas torres, una frente a la otra, separadas por un camino empedrado. La torre del este es por completo cuadrada y puedo notar que fue construida con piedra. La otra torre, al oeste, también es cuadrada pero su techo asemeja mucho las construcciones antiguas de Japón; no puedo adivinar de que material fue hecha, pues sus muros están pintados por completo de rojo. Tal como me dijeron al despertar, estábamos por cruzar la frontera y era esta. El paisaje natural era una llanura por completo verde; no había arboles grandes ni tampoco montañas, solo un amplio campo verde que no parecía tener fin. Taniguchi dijo que aún faltaría un par de horas para llegar al palacio. Tendría un poco de tiempo para comprender mejor el entorno.
Despacio y con precaución, desvío la mirada hacia Matsuri. Ella debe pensar que no me di cuenta, pero si lo hice. Noté que me estaba mirando. ¿Ella sospechará que vengo de otro mundo?
