Luka 1:

La isla de las Sirenas

Intenté convencerme de lo contrario, pero no pude hacerlo. Por más extraño e imposible que resulte, es evidente que he sido víctima de un suceso que desafía las leyes de la naturaleza. Mientras dormía, un fenómeno sobrenatural me hizo abandonar el mundo que conocía y me trajo a otro, un lugar tan diferente a todo lo que conozco. A juzgar por la ropa y la tecnología predominante, diría que estamos en una época cercana a los inicios del siglo XIX, aunque eso sería un error de mi parte. No puedo calcular la época de este mundo en base a la historia de dónde vengo. Por supuesto, es un estimado según lo que conozco y lo que veo y no por ello deja de ser arriesgado.

Como era de esperarse, hay bastantes diferencias entre ambos mundos. Tan solo la comida que me ofreció Kaito cuando bajé a desayunar era muy distinta a lo que acostumbro. Algunas frutas tenían un gran parecido a las que conozco de la Tierra, pero no eran iguales ni en su sabor ni en sus colores; nunca había visto una piña del tamaño de mi puño y menos que fuera completamente verde, o que los cocos crecieran como sandías y en su interior además de agua tuvieran una gran cantidad de semillas comestibles. También pude ver huevos de un color muy llamativo; el cascaron era blanco como estoy acostumbrada a ver, la clara al cocinarse pasó de ser translucida a amarillenta y la yema permaneció de un tono rosado similar a las plumas de un flamenco.

No me quejaré de la comida de este mundo, todo tenía buen sabor y muy parecido a lo que acostumbro, pero sin duda lo más impresionante fue ver el tamaño de los filetes de pescado que tenían en la cocina. He visto algunos muy grandes y pesados que, de no ser por estar ante estos, no habría creído que pudieran existir; sin embargo, lo que Kaito y Meiko tenían apartado para la cena era algo extraordinario, tanto que me fue difícil mantener la compostura y no gritar de la emoción. Uno de mis alimentos favoritos es el atún, todos mis fans lo saben; es una pregunta de trivia, tengo canciones hablando sobre los diferentes platillos que se pueden preparar con atún, es uno de mis distintivos en el grupo VOCALOID como lo son los puerros con Miku y el helado con Kaito, hasta he trabajado como la imagen oficial de una marca de atún enlatado. En términos simples, me encanta. Y aunque me encuentre en otro mundo, otra dimensión y tanto frutas y animales sean distintos, no hay manera de que pudiera confundirme. Ese tono rosado, casi rojo es inconfundible para mí. ¡En la cocina tienen un par de filetes de atún de dos metros!

Tranquilízate un poco, Megurine, no puedes perder el control cada vez que miras atún. Respiro profundo. Por alguna razón me es muy difícil calmarme en este momento; algo dentro de mí me dice con una fuerza descomunal que debo ir a la cocina y robarme esos filetes, pero no puedo hacerlo, no es correcto. ¿Por qué es tan complicado controlarme? Hasta tuve que salir de la casa para despejarme un poco. En cuanto vi aquellos filetes dejé de pensar con la cabeza y mi estomago amenazaba con tomar el control. No tengo idea del porqué, mi gusto por el atún se volvió de la nada un apetito feroz el cual debo reprimir con mucha voluntad. Debe ser provocado por algo en esta realidad.

Está bien, admito que en Japón mi gusto particular por los platillos elaborados con atún me ha hecho pasar por más de un momento vergonzoso desde que tengo memoria. El caso más sonado pudo afectar tanto mi reputación como a todo el grupo. Una vez fuimos a comer a un restaurante cerca del departamento donde vivo con el resto de VOCALOID y cuando la mesera se acercó a anotar mi pedido, me dijo que se agotó el atún y no habría un resurtido hasta el día siguiente. Como nunca había pasado, me molesté con la empleada, comencé un escándalo debido a mi injustificada reacción que, para detenerlo, fue necesario retirarnos. Era la primera vez que actuaba de una manera tan reprobable. Por suerte tenemos a Master como nuestro representante; no sé cómo lo hizo, pero evitó que aquel momento tan vergonzoso fuera conocido por la prensa. Naturalmente, pedí disculpas a los empleados del restaurante y a mis amigos por mi actuar tan reprobable. Creo que ellos ya lo olvidaron o lo ven como algo lejano, pero para mí es diferente, aun siento vergüenza por aquello. Siempre me reconocieron por mi templanza y por una nimiedad la dejé a un lado. Desde entonces tengo mucho cuidado con mis reacciones en público, debo evitar cualquier acción que pueda darnos problemas. Ya es demasiado con Miku...

Sigo pensando en mi irracional y repentino apetito. Encontré unas cajas bajo una palmera; la sombra lucia agradable así que me senté a descansar un poco y mirar el océano. El sonido de las olas me tranquiliza, es tan agradable que me provoca saltar al agua para refrescarme un poco; tal vez así pueda aclarar un poco la mente y reflexionar sobre todo lo que ha pasado esta mañana. Por otro lado, siento que será inútil hacerlo. Creo que sin importar cuantas vueltas le dé al asunto, me será imposible encontrar las respuestas que busco. Debo investigar sobre este lugar y encontrar la manera de volver a mi mundo cuanto antes. Si tan solo tuviera una idea de por donde iniciar.

¡Es cierto! Tengo una pista: Leo di Piero, el capitán pirata con el que soñé durante la noche. Estoy segura de que él me trajo a este lugar. Si llegase a encontrarlo, no solo podría responder mis preguntas, también puede regresarme a Japón. Tengo el presentimiento de que no será nada sencillo dar con él y no me parece nada extraño. Al menos hay caras conocidas en este mundo. Por lo poco que he visto, en Tibitha todos tenemos un doble con su propia vida, pero no deja de ser esa persona que habita en mundo del que vengo. Las personalidades de todos, al menos de quienes he visto, son idénticas en ambas realidades y los nombres son idénticos. Eso hará sencilla la convivencia hasta cierto punto. Cuando comiencen a hablar sobre el pasado o aspectos más específicos de este mundo, estaré en problemas. A menos que les diga la verdad...

Ya que me refiero a los demás, hay dos cosas que me llamaron mucho la atención. Primero está Kaito. Si bien mantiene esa personalidad animada y alegre con un poco de torpeza, durante el desayuno noté que de pronto me dirigía unas miradas curiosas y, aunque quisiera mostrarse más amistoso cuando lo descubría, era evidente que estaba analizándome. Es posible que él notara un cambio en mí y por eso no dejaba de mirarme, pero de forma prudente no realizó ningún comentario. Yo sé que Kaito, aunque sea torpe y despistado, no es ningún tonto. Sí el descubrió algo diferente en mí, lo investigará antes de decir cualquier cosa.

La otra persona que ha llamado mi atención es Miku. Sí, se comporta igual a como lo hace en mi mundo, incluso mantiene la manía por comer puerro, que en Tibitha son más pequeños, pero igual de verdes. El problema con ella es... es... algo complicado de tratar, pues es mi novia en este mundo. Exacto. Mi contraparte en esta realidad ya tiene una relación amorosa con Miku, cosa que yo no he logrado por distintos impedimentos. Para empezar, está nuestra carrera como idols y un restrictivo contrato que nos impide, entre varias clausulas, formalizar cualquier tipo de relación amorosa, ya sea entre miembros de VOCALOID o personas ajenas a la agrupación. Si a eso le sumara el hecho de una relación homosexual... ya podríamos despedirnos del proyecto por el cual hemos trabajado tanto tiempo y con todas nuestras fuerzas. Ese ha sido el principal motivo para no formalizar nada. El otro es mi indecisión provocada por el miedo. Miku ha sido mi mejor amiga desde el primer año de preparatoria y la primera que hice desde mi ingreso. Si le confesara mis verdaderos sentimientos, no sé qué pasaría. Su reacción y el posible rechazo que podría recibir me aterran. Siento que, de decirle lo que en verdad siento por ella, podría terminar con tantos años de amistad que tenemos; se alejaría de mí y… no sé qué más podría pasar. Por eso no he tomado el valor suficiente para revelarle mi amor; la incertidumbre me da miedo, un miedo terrible.

¿Quién diría que le envidiaría algo a mi otra yo? Aunque seamos la misma persona, nuestras vidas son tan diferentes. Yo soy una cantante muy popular que vendió su alma a una compañía discografía y por ende tengo la obligación de reprimir mis sentimientos. La vida como idol tiene muchas alegrías y emociones, es muy divertida pero también muy exigente, agotadora y restrictiva. En cambio, la Luka de Tibitha tiene muchas libertades… quizá demasiadas. A juzgar por las ropas que uso, el hecho de vivir en una isla y la cantidad de oro que encontré en una habitación de la casa, diría que mi yo de este mundo es una pirata. Y no solo yo, todo VOCALOID es un grupo de piratas. Es un gran contraste en nuestros estilos de vida.

Supongo que tanta libertad influyó en que la relación que tengo con Miku llegara a un noviazgo sólido, tanto que Miku no quería apartarse de mí. Fue necesario asegurarle que estaba bien, que mi desconcierto por los alrededores y el malestar general que tuve al despertar se debía a una mala noche de sueño. En verdad estaba preocupada por mí; durante el desayuno se negó a separarse de mi lado y cada diez minutos buscaba algún signo de fiebre hasta que Meiko la regañó. Yo, aunque me ponía un poco nerviosa, me parecía lindo. Poco después del desayuno, llegó la hora de ir a buscar provisiones. Abandonar la isla le fue difícil; entre Rin, Len y Gumi tuvieron que llevársela arrastrando hasta el barco. A todo esto, no he visto a Gakupo por ninguna parte.

Ah, el sonido del mar. Es tan relajante.

No cabe duda, en este mundo sí que soy afortunada; vivo en una tranquila isla llamada "La isla de las Sirenas" (aunque no he visto ninguna. Seguro que recibe ese nombre por alguna leyenda) y tengo a una novia atenta y cariñosa, además de ser capitana de su propia tripulación de piratas. Hasta me siento culpable por haber recibido ese beso. ¿Debería sentirme así? Bien, ya lo tengo claro, Miku será la primera persona a la que le diga de dónde vengo; no puedo abusar así de su confianza. Estoy segura que si le explico lo poco que sé con la debida calma, ella entenderá y me ayudará. Ambas salimos ganando; yo regreso a mi mundo y ella recupera a la Luka de este mundo. Aunque… tal vez unos días de descanso no me sentarían nada mal. Sin las presiones de los ensayos, las coreografías. Unas pequeñas vacaciones no le vienen mal a nadie.

—¿Ya te calmaste, princesa del océano? —escucho a Meiko a de mi espalda. Así me ha llamado varias veces a lo largo del día. Quiero saber el motivo para ese sobrenombre, pero no puedo preguntarle. Me doy la vuelta y la veo recargada en la palmera, usando un sombrero blanco cuyo interior simula un cielo nocturno lleno de estrellas. ¿Cómo es posible eso? Obviamente la respuesta es magia—. ¿O acaso debo prepárate una de mis pócimas especiales?

—No hace falta preparar nada, pero lo agradezco.

—Ustedes nunca quieren compartir un trago conmigo —reniega. Vaya, hasta en eso actúa igual a la Meiko de mi mundo—. Una inocente copa de vez en cuando no los matará.

—Si es preparada por ti, posiblemente lo haga.

Por respuesta, recibo una sonora y sincera carcajada. No pensé que mi comentario llegara a causarle tanta gracia, pero agradezco que lo hiciera. Así tengo seguro que no he actuado mal y no he levantado ninguna sospecha. Si ellos supieran que no soy la misma Luka que conocieron, no quiero imaginar que podrían hacer. Tal vez me arrojarían al mar, abandonándome a mi suerte; o podrían hacerme prisionera y torturarme con la intención de conseguir información sobre el paradero de la Luka de este mundo. No, tranquila… estoy exagerando en mis pensamientos y me he ido a los peores escenarios posibles. Dudo mucho que me torturen.

—Tienes razón. Mis experimentos con alcohol son peligrosos para personas que apenas pueden tomar una cerveza —se acerca a mí y se sienta en una caja junto a la que ocupo—. Pero un vaso de jugo si lo aceptas, ¿no? Debes tener sed después de caminar por toda la isla.

—Sí, eso me vendría muy bien. Espera, ¿me estuviste siguiendo?

—No —obviamente si lo hizo.

Se quita el sombrero y mete la mano en el mismo. Parece tantear con los dedos antes de sacar un par de vasos cristalinos, el primero totalmente liso y el segundo con lo que puedo deducir es el escudo de alguna familia de la nobleza. Sí, somos unos ladrones. Vuelve a meter la mano y saca una botella de un tamaño considerable. Le calculo unos cuatro litros. No quiero perder ningún detalle de esto. Abre la botella y empieza a llenar los vasos con un líquido rojizo. Bien… dijo que es jugo, pero no aclaró de qué y, aunque lo hubiera hecho, no sabría de qué fruta se hizo.

—Aquí tienes. Recién lo hice esta mañana —dice al darme el vaso.

—No intentas emborracharme, ¿verdad?

—¡Claro que no! No quiero problemas con Miku —responde con una gran sonrisa.

Puedo confiar en ella. O eso espero. Doy un sorbo pequeño al vaso. La bebida tiene un buen sabor a cítricos y algo que me recuerda a la fresa, pero muy tenue. No es muy dulce y la acidez apenas se nota, todo está bien balanceado y se sienten los gajos de la fruta, pequeños y fáciles de tragar. No está mal, podría acostumbrarme a esto en poco tiempo. Doy otro trago. No es el tipo de jugo que suelo consumir en Japón; si tuviera que hacer la comparación, diría que es mucha la diferencia entre ambas bebidas por una sencilla razón. En la Tierra solo consumo bebidas procesadas, con saborizantes artificiales; aquí, esto se hizo con fruta real, es el auténtico sabor de las frutas el que hizo este jugo. Quise voltear para agradecerle a Meiko, sin embargo, lo que veo me detuvo. Tenía en su mano un frasco pequeño lleno de esa masa negra y humeante que vi en el desayuno. Tomó un poco con una cuchara y se la llevo a la boca. ¡Dios! Eso es asqueroso.

—Creo que nuestra capitana estaba exagerando esta mañana —dijo después de tragar el bocado. Por lo visto, esa masa tiene buen sabor a pesar de su aspecto es tan repugnante que de solo verla siento nauseas. Difícilmente podré comer eso—. Yo te veo muy bien.

—Eso mismo que le dije. Solo pasé una mala noche, nada para alarmarse.

—Ya sabes cómo es. Ella te adora y no soportaría la idea de verte enferma. Pero no niego que fue exagerado sacarla a la fuerza.

—Debieron dejar que se quedara. Seguramente no está tranquila en el pueblo; espero que no se meta en problemas por eso.

—Estoy segura de que encontró como distraerse. Más bien creo que tú quieres estar con ella —dice con una risa burlona—. ¿Querías tener encima a la capitana todo día? Que traviesa, Megurine.

—¿Y-y e-eso que tiene de malo? —cielos, me tomó desprevenida. ¿Por qué Meiko siempre es tan... así? Siempre he sido la más abierta a estos asuntos y también la única que sabe en mi mundo que estoy enamorada de Miku. Sí, allá es igual de bromista con estos temas—. Ella es… es mi novia. Que quiera pasar tiempo con ella es normal.

—Pues sí, tienes razón. Entonces —insiste en usar ese tono de voz, siento como viene otra burla de su parte—, admites que solo querías llamar su atención.

—Te equivocas. En verdad me sentía mal al despertar.

—Qué cara de seriedad. Bueno, te creo —se levanta de la caja y veo como guarda el frasco de la masa negra en su sombrero. Le doy el vaso, ahora vacío, para que se lo lleve. Ella lo toma y junto al que ella usaba, los mete en el sombrero—. No tienes porqué mentirme.

Ambas miramos el océano por un momento. A lo lejos se alcanza a ver un barco con velas blancas, atravesando las aguas tranquilas del medio día. Esta vista me recuerda a uno de los pocos días libres que tuvimos. Queríamos ir a la playa y tuvimos que secuestrar a Master para que nos dejara salir del departamento. Fue un día muy divertido, a pesar de la necesidad de escondernos cada vez que alguien se acercaba a donde estábamos y el nerviosismo de nuestro representante. Por suerte se tranquilizó durante el día.

—¡Bien! Solo venía a ver cómo estabas. Miku no me dejaría en paz si no te cuido.

—Hablaré con ella para que no te moleste con eso.

—No es molestia. Solo cumplo ordenes —responde con una sonrisa. De pronto su mirada cambia y lejos de mostrarse maliciosa, parece conmovida—. En verdad has puesto mucho empeño para acostumbrarte a nuestro modo de vida. Eso me da mucho gusto.

¿Por qué dijo eso? Fue una manera bastante extraña de terminar la conversación. Mientras la veo marcharse entre las palmeras, no puedo evitar pensar en lo que ha dicho. ¿A que vendría eso? Es imposible que se refiera a mi presencia en este mundo, ellos aún no saben que soy una Luka distinta a la que conocen o al menos eso tengo entendido. Por su expresión en el rostro tampoco puede deberse a eso; parece un proceso largo y complicado por el cual mi yo de esta realidad ha pasado. Supongo que debe referirse al hecho de ser una pirata; mi yo de Tibitha debe ser la última en unirse a la tripulación y adaptarse a la piratería no le ha resultado nada sencillo. Esto solo me hace pensar que debo investigar mucho más sobre mi otra yo. ¿Cuál será su historia?

Miró por última vez el océano. Es muy extraña la sensación que me causa. Siento como si me llamara… ¿por qué será?